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El voto femenino en Colombia: la conquista que transformó la democracia
69 años han transcurrido desde aquel 1 de diciembre de 1957, cuando las mujeres votaron por primera vez en Colombia. FOTO: Colprensa.
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El voto femenino en Colombia: la conquista que transformó la democracia

Mucho antes de cada jornada electoral, como la del próximo 31 de mayo, hubo mujeres que tuvieron que luchar para que votar fuera también un derecho de ellas. Esa conquista, alcanzada en 1954 tras décadas de movilización y resistencia, transformó la democracia colombiana. Hoy, instituciones como la Registraduría Nacional del Estado Civil hacen posible que ese derecho pueda ejercerse en todo el país.

Por: Redacción Contenidos Especiales

Conservadoras, liberales y comunistas se unieron para reclamar un derecho que ya tenían los hombres en el país: votar.


En la tarde del 25 de agosto de 1954, luego de varios años de lucha en distintos rincones de Colombia, el Acto Legislativo No. 3 reconoció el derecho al voto femenino. La propuesta fue aprobada con 60 votos a favor y ninguno en contra, después de que quienes se oponían abandonaran el entonces Capitolio Nacional con la intención de romper el quorum.


La victoria de ese día fue principalmente simbólica, porque solo tres años después pudo materializarse en las urnas. La primera vez que las mujeres ejercieron este derecho fue durante el plebiscito nacional impulsado por la Junta Militar de Gobierno, que buscaba refrendar el acuerdo político entre liberales y conservadores que luego sería conocido como el Frente Nacional. En diciembre de 1957 votaron 1.835.255 colombianas.

 

Confianza y fortalecimiento institucional

Ese paso marcó un hito en la historia democrática del país, una democracia que con los años se ha fortalecido gracias a la participación ciudadana y a la confianza en las instituciones encargadas de garantizar las elecciones.


En ese proceso ha sido clave la labor de entidades como la Registraduría Nacional del Estado Civil, responsable de coordinar la estructura electoral que permite que incluso en las regiones más apartadas los ciudadanos puedan ejercer su derecho al voto.
Sin embargo, los antecedentes de esta conquista se remontan mucho antes de 1954. La lucha de las mujeres por ser reconocidas como ciudadanas plenas comenzó, al menos, un siglo atrás.


Existen registros de que en 1853, en Vélez, Santander, ocurrió un hecho sin precedentes: gracias a una Constitución provincial, las mujeres pudieron votar durante dos años. Aunque la medida fue efímera, resultó pionera en América Latina, donde el sufragio femenino solo empezó a reconocerse oficialmente desde 1929, cuando Ecuador se convirtió en el primer país de la región en aprobarlo.


Las colombianas insistieron durante décadas. Uno de los primeros grandes impulsos ocurrió en 1945, cuando cerca de 500 mujeres, lideradas por Lucila Rubio, firmaron un memorial dirigido al presidente Alfonso López Pumarejo para exigir el fin de la discriminación y reclamar el derecho a expresar su voluntad en las urnas, como ya lo hacían los hombres.


El reclamo fue escuchado y López Pumarejo presentó un proyecto de ley que, además de fracasar, imponía restricciones al derecho de elegir y ser elegidas. El Congreso rechazó los distintos intentos que surgieron después.


Hoy el país es distinto. En el Congreso hay más mujeres participando en la construcción de leyes, y existen instituciones como la Procuraduría, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría Nacional del Estado Civil que fortalecen la confianza en los procesos democráticos.

 

Dos mujeres determinantes

En ese recorrido histórico, la oportunidad definitiva llegó con la Asamblea Nacional Constituyente. Allí, dos mujeres desempeñaron un papel central en el triunfo de las sufragistas: Josefina Valencia y Esmeralda Arboleda, delegadas de los partidos Conservador y Liberal, respectivamente. Ambas llevaron la voz de las mujeres al Capitolio Nacional y defendieron la idea de que la democracia estaba incompleta sin la participación femenina.


“Sabéis que en el martirio de Colombia, la mujer sufrió la tragedia de la destrucción de su hogar, la pérdida de sus seres queridos, de los abandonos y de la persecución; que mostró al país entero su decisión, su entereza, su fidelidad y su heroico valor; con el desgarramiento de su propia vida aprendió a amar la paz como el mejor de los dones y clama por ella desde todos los ámbitos de la patria (...). Estamos seguras de que vosotros, honorables diputados, estaréis a la altura de vuestra gran misión histórica y consagraréis para la mujer de vuestra patria el derecho de plena ciudadanía”, dijo Arboleda en un recinto dominado por hombres, muchos de ellos opuestos al reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres.


Finalmente, en la tarde del 25 de agosto de 1954, los votos favorables fueron suficientes y la voluntad de la mitad de la población comenzó a ser reconocida en las decisiones democráticas del país.


La persistencia de Josefina Valencia, Esmeralda Arboleda y muchas otras mujeres ayudó a abrir el camino hacia una Colombia más igualitaria. Arboleda se convirtió en la primera mujer elegida al Congreso de la República y Valencia fue ministra de Educación. El paso que impulsaron marcó un antes y un después en la historia nacional.

 

Una democracia con todas

Desde aquel histórico 1 de diciembre de 1957, cuando las mujeres votaron por primera vez en Colombia, han transcurrido 69 años. La participación política femenina también ha crecido en cargos de elección popular.


De acuerdo con la Registraduría Nacional, entre 1958 y 1974 la participación femenina creció 6,79 %. Desde entonces, los retos han sido constantes, pero también la persistencia, heredera del legado de las sufragistas.


Ese avance continúa reflejándose en la representación política. En las elecciones legislativas del pasado 8 de marzo, por ejemplo, el 50 % de las curules de la Cámara de Representantes por Bogotá para el periodo 2026-2030 quedó en manos de mujeres. En 2014 esa cifra era del 38 %.


Paralelamente, distintas reformas y políticas públicas han buscado fortalecer una democracia más incluyente. Una de las más relevantes fue la reforma de 2011, que estableció que los partidos y movimientos políticos deben incluir al menos un 30 % de mujeres en sus listas para cargos de elección popular.

 

Registrador propone más acciones

Hernán Penagos, registrador nacional del Estado Civil, ha señalado en reiteradas ocasiones que una de las tareas prioritarias de la entidad es fortalecer las herramientas necesarias para garantizar la participación plena de todos los colombianos en la toma de decisiones del país.


El registrador también ha advertido que aún queda camino por recorrer. “Debemos impulsar acciones afirmativas que permitan que las mujeres participen con mucha más determinación en la política, pero también que resulten elegidas”, ha dicho.


De cara a las elecciones del próximo 31 de mayo, el compromiso ciudadano e institucional sigue siendo fundamental. Solo así podrá continuar cerrándose la brecha de desigualdad para millones de mujeres que durante siglos lucharon por el reconocimiento pleno de su ciudadanía.
 

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