
El cambio se queda. Por Humberto de la Calle
Humberto de la Calle, exnegociador de paz.
Previo a la jornada electoral de este de marzo, Humberto de la Calle analiza el panorama político que dejan hasta ahora las campañas y revela que votará en una de las consultas interpartidistas.
Por: Humberto de la Calle
CAMBIO reclutó a grandes firmas colombianas de diversas posturas políticas para analizar qué está en juego hoy en estas elecciones. Así respondió Humberto de la Calle:
Este 8 de marzo es el primer eslabón formal de un proceso electoral que producirá decisiones cruciales. Se sabrá qué será distinto y qué será prolongación de lo que hemos vivido este cuatrienio. Pero como veremos, algo también llegó para quedarse.
Es común que, en la pomposa retórica política, se acostumbre atribuir carácter histórico a cada evento electoral. En esta ocasión, sin embargo, el término es acertado. Las elecciones anteriores se han desenvuelto en dilemas importantes, pero no existenciales. Lo que comienza este 8 de marzo define el rumbo que deberá seguir la nación. En efecto, un camino es perdurar en una ruta de izquierda regida por cambios no todos alcanzados, dar un viraje autoritario o persistir en la línea ubicada en el centro del espectro político.
Este 8 de marzo se escogen algunos de los candidatos presidenciales mediante un mecanismo de consulta popular. Y se elige al Congreso que, pese a su descrédito, será determinante como lo ha sido durante este gobierno.
El panorama es confuso. Por un lado, demasiadas normas bastante intrusivas en el quehacer político han generado un enjambre de controversias indeseable. En Colombia se ha venido presentado un creciente fenómeno de ‘hiperregulación’ que le ha quitado espacio a la política en beneficio de disputas de abogados. No es un buen camino. Habría que limpiar muchas regulaciones. El Consejo Electoral es el gato al que se le atribuye cuidar el queso a nombre de los partidos. De hecho, a las consultas del domingo no concurren los candidatos que encabezan las encuestas. Iván Cepeda, de izquierda, con el sello del continuismo, no lo hará porque fue inhabilitado por el Consejo Electoral tras una tortuosa discusión normativa. Tampoco el candidato del ala más a la derecha por decisión propia. Habrá tres consultas que, aunque no incorporan los candidatos delanteros, tienen importancia. Podrían cambiar todo el juego.
El enjambre abundante de encuestas coincide en algo: habría segunda vuelta y allí competirían los dos extremos. Cepeda a la izquierda y De la Espriella a la derecha. Un dilema que muchos miran con preocupación. El centro se debate en su propia incapacidad de organizarse y la dispersión no superada de candidaturas. No obstante, si alguno de los candidatos que triunfe en las tres consultas obtiene una votación importante, aún no se puede descartar que entre a competir con los dos punteros. Y también habrá que ver si el candidato que corre por tercera vez con la bandera de la honestidad bien ganada, supera esta racha.
En resumen, la nota clave es la indefinición. Y la convicción de que, por tanto, no es posible anticipar ningún resultado.
Los augurios sobre el Congreso muestran también dos bloques virtualmente empatados. Alrededor de 20 senadores para cada una de las agrupaciones ubicadas al extremo del cuadrante, principales protagonistas de la polarización. Los sesenta restantes jugarán al vaivén de los acontecimientos. Y los halagos del Gobierno. En el Congreso, nadie será fuerza dominante por sí misma, lo que anuncia una situación basculante parecida a la actual. Algo bueno: nadie va a arrasar. Algo malo: la agonía de estos años se prolongará.
Hay algunos riesgos. Los principales se derivan de una insólita campaña emprendida personalmente por el presidente, quien es el jefe del Estado, dirigida a desprestigiar a la Registraduría, cuya solvencia solo él discute. Algo sin antecedentes y particularmente desestabilizador. Por fortuna, esta institución ha mostrado solvencia y confiabilidad.
Hay zonas donde el control de los grupos ilegales ha aprisionado la vida cotidiana de varias comunidades sometidas a la férula de la intimidación armada. Se supone que incidirán en el voto a favor de quienes ofrezcan mayor lenidad. El número de sufragios es imposible de calcular. Podría no ser significativo, salvo que el final resulte muy reñido.
Además, hay un número no despreciable de candidatos ligados a la corrupción. Varios serán elegidos.
Los riesgos, sobre todo los dos últimos, no desaparecerán de la noche a la mañana. El mejor antídoto será una alta votación independiente, regida por la opinión personal libérrima de cada ciudadano. Ya en varias ocasiones, ese voto libre pudo neutralizar y diluir el efecto nocivo de las flaquezas del régimen político colombiano que, pese a ello, se ha distinguido por la continuidad democrática.
Este 8 de marzo no se resuelven las incógnitas, pero sí tendremos más capacidad de evaluar el estado del arte y los rumbos que vendrán.
Pero sea de ello lo que fuere, hay algo que ya no cambiará. Este Gobierno ha sido ineficiente y descuidado, pero ha tenido éxito en cambiar la narrativa instalada ya de manera indeleble en el disco duro de los colombianos. La necesidad de empatía frente a los pobres, los desarrapados, los nadies, ya será ingrediente inevitable para quien desee gobernar en el futuro. La oposición al Gobierno se empeñó en limitarse a pronunciar la palabra “no” en forma repetitiva. Con razón. Los desaciertos del Gobierno han sido enormes. Pero olvidó que la política exige también el sueño de una tierra prometida. Creo que eso ha estado ausente. La oposición ha terminado en un pantano de nostalgia, un aroma de pasado. La favorabilidad del presidente se nutre de eso. Petro recogió la indignación, vio que una de las sociedades más inequitativas del mundo solo había sobrevivido porque los gobernantes tiraron el balón hacia adelante con habilidad y regresó convirtiendo el rencor en ilusión.
El que Cepeda vaya adelante casi sin campaña, montado en un silencio acojonante, solo puede ser producto de eso.
No hay forma de hacer pronósticos. Porque las deficiencias del Gobierno pueden romper el hilo del continuismo. Y porque la segunda vuelta puede voltear la torta. No lo sabemos.
En lo personal, prefiero un recorrido cuyo centro de gravedad sea un diseño basado en el genuino Estado de derecho, lejos de la altisonancia de ambos bandos, que huya del insulto, que restablezca la reflexión, y que, eso sí, mantenga la ruta del cambio. Que lo haga con una estrategia progresiva, sin las convulsiones de un lado y del otro. Creo que Colombia no debe abandonar el reformismo.
Las consultas del domingo se debaten en un mar de contradicciones y desorden del sistema electoral que asemeja más una ópera bufa. Pero pueden señalar un camino distinto al binomio que en las encuestas va comandando. Votaré por alguna de ellas.
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