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La Paz Total vista comparada con otros procesos de paz
Resulta deseable intentar negociar con todos los actores armados presentes en un país, sean ideológicos, narcotraficantes o pandillas. Si se puede negociar reducir la violencia armada, cualquiera que sea el perfil de sus actores, debe intentarse. Foto: Ministerio de Interior
Conflicto armado en Colombia

La Paz Total vista comparada con otros procesos de paz

¿Qué enseñan décadas de negociaciones de paz alrededor del mundo? Que la fase más importante no es la de la firma, sino la exploratoria: la de la verificación de la voluntad real para evitar agendas imposibles y garantizar que cualquier acuerdo implique abandonar las armas. Análisis de Vicenç Fisas, analista español experto en negociaciones y procesos de paz

Sin pretender dar lecciones sobre cómo gestionar la complejidad única del conflicto colombiano, sí quisiera compartir algunas reflexiones surgidas de la observación, durante muchos años, de cerca de setenta procesos de negociación en distintos contextos del mundo, pues hay lecciones que pueden ser de utilidad de cara al futuro. Una primera consideración es que resulta deseable intentar negociar con todos los actores armados presentes en un país, sean ideológicos, narcotraficantes o pandillas. Si se puede negociar reducir la violencia armada, cualquiera que sea el perfil de sus actores, debe intentarse. Lo dije ya en el año 2000, respecto a Colombia, en una entrevista que me hizo Alfredo Molano. Se trata de hablar con quien esté dispuesto a ello, pero con condiciones. Dicho esto, y en momentos preelectorales, creo que lo que se necesita es convocar a todas las delegaciones negociadoras del Gobierno, para hacer un análisis de lo que ha ido bien y lo que no, para encarar las futuras negociaciones en mejores condiciones. Pero la experiencia comparada muestra, y con notable consistencia, que no basta con la voluntad de sentarse a dialogar, sino que es imprescindible establecer condiciones mínimas antes de iniciar formalmente una negociación. Y esas condiciones han de verificarse, precisamente, en una fase exploratoria, que es quizás la más determinante y, paradójicamente, la más descuidada y subestimada de todos los procesos. 

En esa etapa previa, exploratoria, es donde deben comprobarse las auténticas disposiciones al diálogo de todas las partes, descartando planteamientos maximalistas o de suma cero, y constatando que existe verdadera flexibilidad y capacidad de cesión. Es también el momento de acordar un respeto irrestricto a la población civil, y de definir con claridad y cumplir estrictamente cualquier alto al fuego bilateral, sin aprovechar esos períodos para ganar territorio, consolidar posiciones o reclutar. La fase exploratoria debe servir igualmente para concretar los procedimientos y la metodología de la negociación, para definir y acotar los ejes de la agenda, haciéndola viable y no una lista interminable de aspiraciones, y para establecer garantías sólidas de cumplimiento de lo acordado, a sabiendas de que un Gobierno futuro puede modificar leyes o revisar compromisos. Otros elementos igualmente críticos que hay que concertar en esta etapa son no ejercer presión militar mientras se negocia, blindar el proceso de perturbaciones externas que puedan instrumentalizarlo, disponer de un marco jurídico claro y de mecanismos de verificación robustos, independientes y creíbles; establecer protocolos precisos para gestionar la presencia de otros grupos armados en las zonas afectadas; y tener meridianamente claro que se respeta la legitimidad del interlocutor, pero sin equiparar identidades ni otorgar una legitimidad política que no ha sido conquistada por vías democráticas. 

Debe quedar también establecido, desde el principio, que cualquier acuerdo final implica necesariamente el abandono de las armas, pues la ambigüedad sobre este punto ha sido fuente de innumerables frustraciones en procesos de todo el mundo.
 

"No basta con la voluntad de sentarse a dialogar, sino que es imprescindible establecer condiciones mínimas antes de iniciar formalmente una negociación. Y esas condiciones han de verificarse, precisamente, en una fase exploratoria, que es quizás la más determinante y, paradójicamente, la más descuidada y subestimada de todos los procesos. Disposición a negociar, siempre, pero con condiciones ya pactadas".

La experiencia comparada añade además aspectos que con frecuencia se subestiman o se abordan demasiado tarde. Uno de ellos es la gestión del tiempo: las negociaciones que no tienen horizontes temporales orientativos tienden a dilatarse indefinidamente, lo que genera fatiga, erosiona el apoyo social y abre espacio a los llamados "saboteadores de la paz", presentes en prácticamente todos los conflictos, tanto dentro de los grupos armados como en sectores del establecimiento político, económico o militar que se benefician de la perpetuación del conflicto. En este sentido, siempre recomiendo hacer rondas mensuales, o cada dos meses como máximo. Otro aspecto recurrente en la experiencia internacional es la necesidad de gestionar adecuadamente las denominadas "economías de guerra". Muchos grupos armados colombianos han desarrollado, a lo largo de los años, estructuras económicas vinculadas al narcotráfico, la minería ilegal o la extorsión, que generan rentas, lealtades internas y redes de poder que ningún acuerdo político toca por sí solo. Si la negociación no contempla mecanismos creíbles de transformación de esas economías y de reinserción económica real de los combatientes, el acuerdo sobre el papel no se traduce en paz sobre el terreno. La experiencia muestra que los combatientes de base raramente abandonan las armas si no ven una alternativa de vida digna y concreta, más allá de las declaraciones generales sobre reintegración. La experiencia de la desmovilización de las FARC fue un fracaso, por falta de planificación y recursos, y por durar demasiado tiempo. No puede volver a suceder.

A ello se suma la cuestión de la justicia transicional o restaurativa, que debe ser abordada con criterios claros desde una fase relativamente temprana, pues su indefinición genera desconfianza en ambas direcciones, ya que los grupos armados temen una justicia retributiva que haga inviable su participación en la vida política, mientras que las víctimas y la sociedad exigen verdad, reparación y garantías de no repetición. No menos importante es la dimensión territorial y local de la paz. Cuando el acuerdo final llega a esos territorios, puede encontrar una realidad que lo hace inaplicable o que genera nuevos conflictos, especialmente si otros actores armados han ocupado los espacios dejados por el grupo que negocia. La paz negociada en una mesa debe tener, desde el principio, un correlato territorial concreto, con medidas de presencia institucional, inversión social y seguridad que hagan tangible el dividendo de la paz para las comunidades que más han sufrido. Sin ese correlato, la paz firmada queda como un documento noble pero inerte.

Finalmente, la experiencia comparada subraya la importancia de cuidar la cohesión interna de ambas partes negociadoras a lo largo de todo el proceso. Es frecuente que, a medida que avanza una negociación, surjan fracturas internas en los grupos armados entre quienes apoyan el diálogo y quienes lo rechazan, a veces con consecuencias violentas. Detectar estas tensiones a tiempo, y disponer de mecanismos para gestionarlas sin que rompan el proceso, es una de las habilidades más exigentes que requiere cualquier equipo negociador. La conclusión que se desprende de todo lo anterior es sencilla: si en la fase exploratoria no se alcanza un consenso suficiente sobre estos fundamentos, probablemente sea más prudente no iniciar una negociación formal y esperar a que maduren o se provoquen desde la sociedad las condiciones necesarias. Comenzar sin esas bases no solo suele condenar el proceso al fracaso, sino que, en demasiadas ocasiones, deja la situación en peor estado que antes de intentarlo. Disposición a negociar, siempre, pero con condiciones ya pactadas.

 

*Vicenç Fisas es un analista español sobre negociaciones y procesos de paz, con presencia en Colombia desde hace 30 años.

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