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Asocaña y las comunidades se enfocaron en formular estrategias productivas y coherentes con las realidades que allí viven las diversas etnias.
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La apuesta por el norte del Cauca: sembrar futuro

Avanza a paso firme la primera fase de la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca, firmada por la agroindustria de la caña, el Gobierno y las comunidades. En medio del conflicto armado se consolida un futuro sostenible para los emprendimientos agrícolas de la región. ​¿Cómo se logró y qué se espera de este importante acuerdo?

Por: Olga Sanmartín

En medio del conflicto armado que vive el Cauca, avanza la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca, convenio firmado el pasado mayo entre Asocaña, el Ministerio de Agricultura y las comunidades afro y campesinas del norte del departamento. La meta es convertir emprendimientos comunitarios agrícolas en empresas robustas y sostenibles, que mejoren la calidad de vida de las comunidades y honren y respeten los usos y costumbres locales.

La firma del acuerdo se llevó a cabo luego de tres años de acercamientos y diálogos entre Asocaña y los diversos grupos étnicos y campesinos de la región. Fue necesario superar las tensiones que comenzaron a gestarse años atrás y que se iniciaron, en 2014, con las primeras invasiones a las fincas azucareras. Hoy permanecen invadidas 5.031 hectáreas sembradas de caña en el norte del Cauca. La situación más crítica se presentó entre enero y agosto de 2022, cuando hubo 43 invasiones (en promedio, más de una por semana). Desde agosto de 2022 se han presentado sólo tres nuevas invasiones en predios con caña.

No se sabe con certeza quiénes lideraban estas tomas, pero las motivaciones estaban relacionadas con el incumplimiento consuetudinario de entrega de tierras por parte de los gobiernos a las diferentes comunidades, el reclamo de tierras sustentado en los derechos que para los interesados confieren la ancestralidad y la territorialidad y por el llamado mandato de “liberación de la Madre Tierra” que busca “recuperar y darle un descanso a la tierra cultivada”.

En 2022, este conflicto de invasores y propietarios derivó en fuertes enfrentamientos entre afros e indígenas que reclamaban lo mismo: ancestralidad, territorialidad y derecho a tierras planas, o sea a los valles del río Cauca. A comienzos de ese año, con el incremento de las invasiones, gran parte de los trabajadores de los cultivos de caña salieron a marchar en contra de los ocupantes ilegales, que en su mayoría aparecían encapuchados. Al provocar incendios y destrucción de los cultivos con herramientas como machetes en las fincas cañeras, dejaban sin trabajo a un porcentaje significativo de jornaleros y sin cultivos a los pequeños cultivadores.

‘Todos cabemos en el norte del Cauca’

Este complejo panorama de enfrentamientos entre comunidades y cultivadores de caña, pero también entre indígenas, afros y campesinos, impulsó a Asocaña a fortalecer los acercamientos y los diálogos con los líderes en busca de mejorar la convivencia y el bienestar en su región de influencia, bajo la premisa de que “todos cabemos en el norte del Cauca y todos podemos ser prósperos”.

Asocaña y las comunidades se enfocaron en formular estrategias productivas y coherentes con las realidades que allí viven las diversas etnias. En la estructuración del proyecto participaron campesinos y afros, representados por la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca (ACONC), la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) y la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro). El proceso se fortaleció en agosto de 2022 con la instalación de la mesa de diálogo social en el Cauca, iniciativa del Gobierno Nacional. Al inicio de los acercamientos, la entonces ministra de Agricultura, Cecilia López, solicitó a las comunidades ponerles freno a las invasiones.

El proceso avanzó y por primera vez fue posible materializar proyectos de largo alcance en la región entre la empresa privada, representada por Asocaña y los ingenios azucareros, las comunidades y el Gobierno. El café, la panela y el cacao, considerados parte de la riqueza tradicional de los caucanos, fueron los tres productos priorizados. Ya contaban con iniciativas de transformación y de comercialización internacional a pequeña escala, cadenas productivas con ciclos completos, y opciones de comercialización internacional y de mercados especializados. La selección de las 1.170 familias beneficiadas la hicieron los propios líderes de las distintas agrupaciones, basados además en cuáles eran las organizaciones de base que estaban trabajando de manera más ordenada con estos productos agrícolas, dándoles así un valor agregado.

En 2023 se presentó al Gobierno la propuesta inicial y, luego de llegar a acuerdos con los equipos técnicos oficiales sobre las metodologías a implementar, en enero de 2024 se le hizo llegar al Ministerio de Agricultura el documento final. Firmado por todas las partes en mayo, nació entonces la Apuesta por el Desarrollo Rural del Norte del Cauca, proyecto a implementar durante los próximos 10 años. Los primeros cinco estarán dedicados a la inversión y en los siguientes habrá acompañamiento para la sostenibilidad de esas empresas comunitarias y su expansión en el mercado. En lo que queda de este año se invertirán más de 13.000 millones de pesos: 7.500 millones que aporta el Ministerio de Agricultura y 6.102 millones que ponen los ingenios azucareros.

El tema ya ha avanzado en todas sus facetas. A comienzos de octubre pasado, los integrantes de la Mesa de Diálogo del Norte del Cauca presentaron al país el acuerdo en defensa de la vida, la convivencia y el territorio, firmado por las comunidades negras, campesinas, indígenas, los trabajadores y gremios del sector azucarero y el Gobierno Nacional. Este acuerdo es el fruto de dos años de diálogos que han permitido bajar las tensiones en esta zona del país.

Sembrando futuro

El programa se encuentra en su primera fase, dedicada principalmente al mejoramiento de siembras. “Hicimos un diagnóstico del estado de los cultivos. Algunos están viejos, otros con baja productividad o enfermos. El objetivo de esta primera etapa es brindar asistencia técnica especializada para mejorar la productividad de estas plantaciones”, explica Claudia Calero, presidenta de Asocaña. Una vez se logren llevar los cultivos a otro nivel, se iniciará la fase de la cadena productiva, que es la de transformación. Abrir nuevos mercados es un paso que depende de contar con materia prima suficiente y de calidad. Por ejemplo, la caña de azúcar colombiana es la que tiene mayor productividad de azúcar por hectárea a nivel mundial, indicador que no se repite en la caña panelera pero que, con transferencia de conocimiento y capacidades, se puede lograr.

El proyecto promete ser exitoso a pesar de las complejas condiciones de violencia que enfrentan las comunidades por la extendida presencia de las disidencias de las FARC en el norte del Cauca, el crecimiento de las economías ilegales, las singulares formas de organización social de las etnias y la diferencia en el acceso a la tierra que existe entre las comunidades.

Las particularidades en las estructuras sociales y políticas de los indígenas han hecho que el proceso con este grupo avance más lentamente. Su condición de cabildos, por ejemplo, exige determinados parámetros y Asocaña está en proceso de culminar la alianza para el fortalecimiento agropecuario con esta comunidad.

Agro sostenible, el puente común en la diversidad

El Cauca es un departamento diverso y complejo. Sus comunidades ancestrales y campesinas se agrupan en distintas organizaciones con diversidad de intereses, saberes y costumbres, pero también con sueños en común. Principalmente, el desarrollo agrícola sostenible parece ser un grito que une. Pasar de ser productores artesanales a semi industriales o industriales es el sueño compartido, que se construye al conservar los saberes y las tradiciones de cada una de las comunidades.

Un breve resumen de cómo están organizados los pobladores de esta zona del país refleja su diversidad étnica. Los afros, por ejemplo, están divididos en dos grupos, uno de los cuales es la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca (ACONC). Son 43 consejos comunitarios en toda la zona plana y parte alta de la región, que cuenta con unos 140.000 habitantes, según sus propias cifras, los cuales hacen presencia en municipios como Puerto Tejada, Villarrica, Padilla, Guachené, Santander, Suárez, Buenos Aires, Caloto, Corinto y Miranda. No todos tienen acceso a la tierra, pero quienes lo disfrutan cultivan una gran variedad de productos.

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El café, la panela y el cacao fueron los tres productos priorizados. La propia comunidad los eligió, con base en las iniciativas que ya tenían procesos en desarrollo. Foto: Guillermo Gutiérrez.

Es el caso de cacaoteros como Orlando Balanta, productor de Choculas Betsabeth, elegido para formar parte de la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca y quien aspira a “pasar de una producción artesanal a una semi-industrial y eventualmente industrial”. O de Adán Orejuela y Donalid Labio, pareja productora de Chocotonga, quienes aprovecharán al máximo este apoyo “para superar cuellos de botella, pues no es fácil potenciar la empresa, mejorar la planta de transformación y actualizar nuestras herramientas, porque la maquinaria es obsoleta”.

A transformar la materia prima

Los campesinos también se dividen en dos grupos. El primero está conformado por los que pertenecen a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos del Norte del Cauca (ANUC), con presencia en los municipios de Miranda, Corinto, Caloto, Santander de Quilichao, Caldono, Suárez y Buenos Aires. La mayoría de estos labriegos se ubican en zonas de cordillera y son muy próximos al cultivo del café. Aunque subsisten algunos cultivos de coca y marihuana, no son pocos los agricultores que comenzaron a erradicarlos y sustituirlos por cultivos lícitos.

La otra facción de la población campesina se agrupa en la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro). El norte del Cauca concentra a los cultivadores ubicados en algunas zonas conocidas como de reserva campesina, creadas después de mediados de los años noventa por la presión ejercida por los movimientos cocaleros y de cultivos de marihuana para que limitaran las áreas de cultivos tradicionales. Todas esas bases sociales forman parte del corazón de Fensuagro Norte del Cauca y tienen presencia en Miranda, Corinto, Caloto, Santander de Quilichao, Suárez, Buenos Aires y Caldono. Básicamente son, en su mayoría, cultivadores de café y caña panelera, y cohabitan con los cultivos de marihuana y coca que subsisten.

Al igual que la comunidad afro, los campesinos participaron activamente en el proceso que culminó con la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca. “Es la primera vez que en Colombia se establece una alianza entre el sector privado, el sector público y las comunidades locales para fortalecer cadenas productivas agropecuarias. En representación de los campesinos participamos Fensuagro y ANUC Norte del Cauca, la cual presido. La idea es llevar estas cadenas productivas hacia una mayor industrialización sin alterar las tradiciones y costumbres culturales, transformar la producción en el norte del Cauca y fortalecer las organizaciones productoras”, explica Edward Prado, presidente de la ANUC en el norte del Cauca y gestor de Café Tabi.

Franklin Dagua, representante de Café Aromo, también fue elegido beneficiario de esta apuesta y tiene claro que en la transformación de la materia prima está la mayor ganancia. “Café Aromo ya implementa parte de este proceso de renovación, pero con la ayuda de este programa esperamos crecer. Hemos observado que vender sólo la materia prima no es tan rentable. La transformación agrega valor, genera empleo y permite mostrar un producto de excelente calidad”.

Santiago Zamboní, productor de Café Turko, coincide con esas afirmaciones y agrega que “educar al campesino y a los jóvenes es muy importante y que esa educación se refleje en la comercialización. El labriego produce, pero a menudo no tiene acceso a mercados adecuados o los precios no valoran su esfuerzo. Con esta apuesta, queremos que tanto campesinos como jóvenes se mantengan arraigados a la cultura cafetera y agrícola y vean en ello una oportunidad”.

Los productores de panela elegidos para formar parte del programa no esperan menos. Eyder Montero, panelero de Pinar del Río y miembro de la ANUC, aspira a “consolidar un proceso de producción, y a que la tecnología sea nuestro aliado para garantizar mejor calidad y un volumen para los mercados que hoy están demandando. Nos mantenemos firmes en nuestro compromiso de sembrar con responsabilidad. Estamos decididos a cambiar la percepción del Cauca como un territorio conflictivo y a demostrar que, si trabajamos todos de la mano, podemos construir un futuro más prometedor”.

En varias oportunidades, Cambio quiso visitar las fincas y las plantas de proceso de los emprendimientos vinculados al proyecto, pero las autoridades no pudieron garantizar la seguridad en los desplazamientos del equipo periodístico a cargo de este especial. Fue necesario que los protagonistas citados se desplazaran hasta Cali para incluir sus voces.

De cabildos y planes de vida

La etnia indígena la conforman, según cifras de los cabildos, unos 96.000 habitantes que pertenecen a los resguardos de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), que pertenece al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Son 22 cabildos y 22 territorios constituidos de manera formal, de los cuales 16 son resguardos, muchos de origen colonial. Algunos cabildos tienen una presencia muy minoritaria de campesinos. Un 95% están asentados en la parte alta, mientras un 5% lo hace en la zona plana.
Los diálogos entre líderes indígenas y la agroindustria continúan hoy con la esperanza de unir próximamente a estas comunidades a esta apuesta por el desarrollo rural del norte del Cauca.

Compromiso rural

Varios de los emprendimientos incluidos en la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca ya tenían una historia con la industria de la caña, sector que comenzó a apoyar el desarrollo rural en las regiones de su influencia hace tres años, en septiembre de 2021, con el programa Compromiso Rural, la iniciativa de Asocaña que nació tras la protesta social de 2021.
Las comunidades reclamaban trabajo y apoyo para convertir sus emprendimientos en empresas sostenibles y la agroindustria azucarera no puso oídos sordos.

El programa Compromiso Rural ha apoyado 700 emprendimientos y ha generado 1.851 empleos en la zona de influencia azucarera del Valle, Risaralda, Caldas y norte del Cauca.

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Llueva, truene o relampaguee, Jorge Iván Ríos y Johanna Ramírez, gestores de Café La Elda 1941, comienzan a trabajar en el cafetal a las 5:00 de la mañana. Amor y disciplina han sido clave del éxito. Foto Oswaldo Paez.

Dar a conocer estas iniciativas a través de ferias, impulsar su presencia en grandes y medianas superficies, prestar capacitaciones técnicas en mercadeo y administración de empresas, brindar acompañamiento en todos los procesos de formalización y donar capital semilla para maquinaria y otros equipos de trabajo, son parte del aporte que le ha cambiado la vida a más de 700 familias.

CAMBIO visitó cuatro emprendimientos del Valle, Risaralda y norte del Cauca para conocer los avances y las historias de estos productores: Café La Elda 1941, Setas Katalejo, Maizal Roceño y Café Aromo.

Esta demostración de que sí se puede trabajar en equipo entre Gobierno, empresa privada y comunidades abre una enorme puerta y anima a avanzar en proyectos en los que todas las partes (empresarios, Gobierno y comunidades) ponen y todas las partes ganan para una convivencia armónica y para fortalecer a los agricultores y emprendedores rurales y urbanos de todo el país.

*Contenido elaborado con el apoyo de Corazón de Caña.

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