
Olor a tierra
El 11 de enero pasado, la galería Almine Rech, una de las más influyentes a nivel mundial y con sedes en tres continentes, celebró la apertura en París de ‘Olor a tierra’, la exposición individual del artista colombiano Carlos Jacanamijoy.
Es sábado. Mientras caminamos por la rue de Turenne hacia la galería Almine Rech, la noche cae profunda: es azul Yves Klein, o índigo Jacanamijoy, una coloración inusual para estos días grises de invierno.
Ingresamos a un espacio blanco que contrasta con el destello de sus pinturas: verdes, rojos, amarillos, naranjas y violetas, y hasta el mismo azul, parecen desprenderse de los muros como estallidos. Nos acercamos y, al observarlas de cerca, los tonos se contraen y nos absorben hacia el interior del lienzo. ¿Es una visión nocturna de la selva? ¿Una experiencia chamánica? ¿O, quizás, el reino de duendes ocultos bajo un denso follaje?
Nos integramos al círculo en donde el artista habla de su obra. En el centro, varios cuencos emanan el humo de tapir, palo santo, incienso y copal, y se expanden por el espacio, envolviéndonos.
—Son sahumerios para invocar a los guardianes ancestrales de mi cultura inga, a mi tierra, a mis antepasados— manifiesta Jacanamijoy.
El aroma de la ofrenda lo conoce desde niño, aunque no le llega por la nariz sino por el cuerpo, una experiencia que le recuerda los baños de su abuela, quien le transmitió su conocimiento de las plantas. Él debió reemplazar el olfato por el sentimiento, por la vista, el oído, el tacto y el gusto, cuando, siendo adolescente, comprendió que no olía y que nunca lo haría, pues no se trataba simplemente de una destreza que se aprende, como caminar o leer.
Fue por esa misma época en que supo que sería artista.
En última instancia, los sahumerios no solo aluden al título de la exposición Olor a tierra, sino a su dimensión ceremonial —empleada en rituales indígenas para invocar la memoria de los abuelos—, que la encontramos también en el proceso creativo de Jacanamijoy: frente al lienzo, apela a sus recuerdos, su tierra, sus ancestros y, en un estado meditativo, viaja en su interior para plasmar en pinceladas esas vivencias. Sus cuadros aparecen como incisiones en su memoria sensorial, vibraciones de un tiempo y un espacio íntimos que se entrelazan con lo universal a través de sus pinturas.

Frente a una de ellas, Siempre un camino, Jacanamijoy reflexiona sobre el amarillo, un color que aviva la nostalgia de su infancia solitaria en el Valle de Sibundoy, mientras esperaba ansioso el regreso de su padre quien, por su oficio de chamán, viajaba durante largas temporadas. Algunos tonos de amarillo los asocia con una luz que pasaba, fugaz, tras el perfil de las montañas —es el abandono—, pero luego, si se instalaba, era plena e intensa: es la llegada del padre. Quizás por eso los amarillos de su obra son tan luminosos.
Sus pinturas cuentan historias personales que lo ligan a sus raíces ingas, aunque admite que superar el racismo y el estigma le tomó décadas. Durante años, sintió la presión de ocultar su herencia, incluso su apellido, o su quechua materno, que era considerado como la “lengua del diablo”. Sin embargo, con el tiempo, descubrió que su verdadero tesoro reside en su cultura, lengua y tradiciones.
Y transformó su sentimiento de vergüenza en orgullo y lo supo afirmar en su lenguaje artístico.
Jacanamijoy nació en Santiago (Putumayo) y sintió una atracción temprana por el arte: “Yo nací dibujando”, afirma, mientras compara los artistas con duendes que expresan su necesidad innata de dejar huella. Aunque pensó en ser médico para que lo llamaran doctor, su vocación siempre prevaleció. A los trece años estudiaba a Miguel Ángel y a Da Vinci: quería ser como ellos. Por eso ingresó a Artes Plásticas en la Universidad Nacional y a Filosofía en La Salle, en Bogotá. Se preparó, aprendió las diversas técnicas, la historia del arte y conoció la obra de grandes europeos como Kandinsky, Miró o Picasso que lo marcaron.
No obstante, su propio lenguaje artístico lo encuentra una vez sobrepasa el estigma y se conecta con sus raíces, para dejarlas permear en cada uno de sus trazos.
Continuamos la visita de las once obras que componen la muestra, mientras su hijo Inti traduce al francés. Nos detenemos frente a Las múltiples miradas del Auca. Allí, él mismo nos da otro indicio clave:
–Yo pinto desde la perspectiva del Auca, ese espíritu travieso e invisible que se transforma en follaje, reptil, pájaro o insecto para evitar que lo detecten.
Así, el Auca simboliza para el artista la libertad que se manifiesta en las infinitas visiones de un ser que se renueva constantemente. Desde esta mirada, nadie puede capturarlo. Es por esta razón que sus cuadros son abstractos y sus pinturas sin bordes; su interés radica en la sensación del instante, en lo efímero que tan solo deja una ráfaga de color. Su pintura captura lo veloz y lo esquivo, similar al Auca, que no se deja ver. Es una experiencia que trasciende lo formal.

Esta exposición, Olor a tierra, es crucial para él: es un símbolo de resiliencia y también un diálogo con Occidente que reivindica su esencia y la conexión con sus orígenes. A través del arte encontró su voz y a partir de él celebra su identidad. Este valor único fue una de las cualidades que Almine Rech encontró en el artista. Jacanamijoy actúa como un mediador que integra tanto el conocimiento de las técnicas artísticas adquiridas a través de sus estudios, como el saber profundo de su cultura nativa. En él convergen estas dos ‘corrientes’, y a partir de esa fusión traduce sus experiencias en sus pinturas. Para ella, él y su obra, son un puente entre estos dos saberes.
Esta muestra individual en París, epicentro del mundo del arte, es la antesala de una serie de manifestaciones en el Viejo Continente donde podremos apreciar su obra. Entre ellas se destaca la gran exposición Amazonie, que abrirá sus puertas en septiembre de 2025 en el Museo Etnográfico de París Quai Branly, que además ha adquirido su obra El collar de los abuelos para su colección permanente.
Ante el actual contexto del cambio climático, el mundo entero busca soluciones de sostenibilidad y comprende la necesidad de transformar nuestra relación con la naturaleza para asegurar un futuro en este planeta. Las miradas se dirigen hacia la Amazonía, comenzando a reconocer su biodiversidad, así como la gran importancia de los saberes ancestrales y de las comunidades indígenas que la habitan. Este enfoque se convierte en un tema relevante en la actualidad, y el arte de Carlos Jacanamijoy encuentra, más que nunca, una ventana para ser comprendido.
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