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Tato Marenco y Anita Vergara

Tato Marenco: de tararear en una mecedora a nominado en los Grammy Latino

Tato Marenco y Anita Vergara, nominados en los Premios Grammy 2025 por la colaboración con la que le dieron vida a la canción Ella. Créditos: Cristian Escorcia.

El escritor y profesor David Lara Ramos cuenta dónde y cómo saca la música que tiene, de nuevo, a Tato Marenco como representante preferencial del Caribe en los Grammy Latino.

Por: David Lara Ramos

El 25 de enero de 2004, durante el velorio del tamborero Paulino Salgado Batata, en San Basilio de Palenque, la gente decía que el joven blanco de pelo largo al que todos llamaban Amed había cogido el frío del muerto. 

En la tarde de aquel domingo, Amed sufría de fiebres altas y escalofríos constantes. Se mantenía encobijado en su casa a pesar de la humedad y la temperatura, que bordeaba los 34 grados. La cantadora Graciela Salgado, hermana del difunto, se afanaba en frotarle en pecho, frente y espalda un linimento amarroso que sacaba a chorros de una botella de vidrio, mezcla de ron ñeque con una variedad de hojas de plantas, astillas de madera y raíces secas. “Es asunto de tiempo”, decía Graciela Salgado, mientras el joven Amed se tendía en una hamaca colgada en un cuarto trasero.  

Tato Marenco 2
Tato Marenco 2. Créditos: Prensa Tato Marenco.

Afuera, en el centro de la calle Tronconá, Rafael Cassiani y José Valdés, voces líderes del Sexteto Tabalá, y las cantadoras Petrona Martínez y Etelvina Maldonado, lloraban al muerto con sus cantos de despedida. 

Hoy, el mismo Amed Torres, conocido artísticamente como Tato Marenco, recuerda aquel episodio con las brumas naturales del paso del tiempo: “Eso está en mi cabeza de muchas formas, es un recuerdo que se me aparece y aparece con frecuencia. Fue una experiencia dolorosa, por un lado, porque Paulino fue mi gran maestro, y por el otro, un momento de dicha, de agradecimiento, porque él murió en Bogotá el viernes 23 de enero y me dije: ‘Hay que llevárselo para su palenque’. Tenía una plata para pagar el semestre de la universidad, y lo que hice fue pagar los gastos para devolverlo a su tierra”. 

‘Hay que llevárselo para su palenque’. Tenía una plata para pagar el semestre de la universidad, y lo que hice fue pagar los gastos para devolverlo a su tierra».

El avión procedente de Bogotá llegó a Cartagena a mediodía. El cajón con el cuerpo de Paulino fue puesto en el platón de una camioneta blanca. Álvaro Llerena, hijo de Petrona Martínez, y Amed Torres, fueron tocando por todo el camino hasta llegar a la plaza Benkos Bihojó de San Basilio. Minutos después, el cortejo siguió hacia la casa de Graciela Salgado, hermana de Paulino, tamborera, cantadora y líder de la agrupación. 

Las alegres ambulancias

Toda la tarde, la noche y la madrugada se cantó y bailó con vigor, mientras tamboreros de Cartagena, Mahates, Malagana, Gamero, Evitar y San Basilio fueron pidiendo su turno para despedir al más grande de los tamboreros.  

Paulino Salgado Batata fue enterrado al día siguiente, con la presencia de varios de sus discípulos. Entre ellos estaba Amed Torres, quién al día siguiente, ya recuperado de sus escalofríos, pudo tocar desde la Calle Tronconá hasta la puerta del cementerio de San Basilio de Palenque. 

"Cuando yo regresé a Bogotá —cuenta hoy Tato Marenco— comienzo a vivir su ausencia. Paulino iba a mi casa con frecuencia y dejaba su cédula, camisas, pantalones, zapatos, así… Entonces como a los 10 días de su muerte, en medio de pena que yo viví, comencé a ponerme su ropa, sus zapatos, a vivir su presencia en mí de muchas formas. Si él ya no iba a estar, yo tenía que comenzar a trabajar por nuestras raíces, nuestra tradición, a componer en su memoria a reproducir esos golpes de tambor que él me enseñó. Mi mamá pensaba que yo me estaba volviendo loco, pero no. Esa fue la forma que encontré para vivir mi propio duelo, mantener su presencia, algo que sigo viviendo todos los días cada vez que tomo el tambor y sueno esos golpes que Paulino me enseñó”. 

“Mi mamá pensaba que yo me estaba volviendo loco, pero no: esa fue la forma que encontré para vivir mi propio duelo, mantener su presencia, algo que sigo viviendo todos los días cada vez que tomo el tambor y sueno esos golpes que Paulino me enseñó”.

Con el recuerdo de aquellos días, Amed Torres compuso el tema titulado Monasita mí, que narra el momento en que un grupo de tamboreros irrumpe fuerte para liderar el cortejo del maestro Paulino Salgado, aquel 25 de enero de 2004:  Llegaron los tamboreros,/ prepárense bailadores,/ son puro sudor y fuego, abran paso a los mejores// 

Es la voz, según su autor, del mismo Paulino Salgado quien va relatando escenas de su propio entierro.   

Monasita mí hace parte del álbum Mamá Cumbé, homenaje a maestros y maestras como Totó la Momposina, Pedro Ramayá Beltrán, Gabriel Segura, Petrona Martínez y Juan Fernández, entre otros. El álbum fue nominado en 2023 en la categoría de Mejor Álbum Folclórico, que refleja la coherencia de Amed Torres y el cumplimiento de una promesa que hizo hace 21 años, desde el momento que pisó Palenque para devolver a la tierra a su maestro y continuar por la ruta de las raíces musicales del Caribe. 

Tato Marenco mece sus cantos

Podría decirse que la carrera de Tato Marenco (Amed Torres) comenzó a los 14 años, cuando entró a la banda de música de su colegio. Cantaba y era percusionista. También podría decirse que estuvo en varios grupos de danza y baile con los que participó en el carnaval de Barranquilla. Para intentar cierta precisión podría decirse que fue director del grupo Calimba, que se formó mientras estudiaba en la escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico. 

Pero no: para profundizar en certezas, hay que ir más atrás.

Sus inicios (con certeza) tienen que ver con sus vaivenes en una mecedora cuanto tenía escasos cuatro años, y el ritmo que acompañaba con su boca mientras de balanceaba: “Ta, ta, ta, to, ta, ta, ta to”. Por esa razón, su madre, Gloria, le llamaba ‘Tato’, y su padre, Amed, ‘Tata’.

La puja entre madre y madre se solucionó en 2007, año en que Tato Marenco preparaba el que sería su primer álbum: “Ahí decido usar mi nombre artístico, Tato, y escogí el apellido Marenco en homenaje a mi mamá. Además, sonaba mejor que Tato Torres, y de ahí en adelante todo me conoce así. En algunos créditos yo aparezco como Amed Torres Marenco, porque era un pedido de las editoras de música y productoras con las que he trabajado, pero yo soy Tato Marenco, el mismo que sigue meciéndose en la mecedora”. 

"En algunos créditos yo aparezco como Amed Torres Marenco, porque era un pedido de las editoras de música y productoras con las que he trabajado, pero yo soy Tato Marenco, el mismo que sigue meciéndose en la mecedora”.

Asegura que tiene mecedoras en su casa de Miami, en donde vive desde 2015, y en su casa en Barranquilla, lugar al que vuelve con frecuencia, en especial en épocas de fiesta y carnaval: “Yo compongo es en movimiento, cuándo voy caminando, trotando, manejando y, por supuesto, cuando estoy meciéndome: allí se me aparecen las melodías, que es para mí fundamental, de ahí parte todo. Luego llegan las frases, los versos, y todo eso me va dando vuelta en la cabeza hasta que digo: ''aquí hay una canción'. Sigo con el proceso de los arreglos que también los hago yo, y todo eso ocurre es en movimiento, en acción. No he compuesto sentado nada, y así ha sido desde que estaba _pelao_”.

Meciéndose, por supuesto, Tato Marenco compuso Ella, tema que este 2025 está nominado en la nueva categoría ‘Mejor canción de raíces’, que premiará al compositor de un tema (vocal o instrumental) que refleje la cultura, prácticas y tradición de una comunidad hispanoamericana, que puede están en español, portugués o una lengua indígena. “Esto me parece estupendo, porque antes solo se premiaba un álbum completo, y eso es mucho trabajo, tiempo dedicación. Ahora con un sencillo como Ella pude participar para ser considerado en esa categoría, que es un premio para el compositor. Eso me tiene muy feliz, porque estaba en el proceso había comenzado a trabajar con la cantante cartagenera Ana Vergara, y apareció esta nueva categoría y dije: ‘voy a participar’. Sé que la competencia está dura, pero la nominación ya es un gran premio para mí, porque el Grammy te da mucho reconocimiento, visibilización y prensa y te conecta con nuevos artistas con los que podrás trabajar en el futuro. Con la fe puesta en todos mis ancestros, iré con orgullo a la ceremonia de entrega”. 

El sencillo Ella, con la voz de Ana Vergara, competirá con nombres como la mexicana Natalia Lafourcade, el mexicano Luis Enrique, el puertorriqueño Bad Bunny y el grupo colombiano Monsieur Periné, entre otros.

El proceso de Ella

Fue un “verdadero reto” componer Ella, asegura de inmediato Tato Marenco: “Lo que pasa es que yo siempre he compuesto desde mi propia experiencia, y cuando conocí a Anita Vergara, médica de profesión, que había hecho una carrera como cantante en Cartagena y que tiene una historia de luchas y de resiliencia, me dije: ‘aquí hay una canción’. Entonces le pedí que me contara más sobre su vida. Recuerdo que siempre me decía: ‘Yo cantaba’, ‘Yo canté en el teatro Adolfo Mejía de Cartagena' y tal, pero yo ni le paraba bolas. En ese momento yo estaba ocupado en hacer el tema. Primero hicimos una salsa, y creo que eso no funcionó y luego buscamos en las raíces y llegamos a este garabato barranquillero, que tiene gaitas, millo, brass, mucha vanguardia, algunas distorsiones con un ímpetu novedoso y eso funcionó. Luego sí, le presté atención a Anita con su canto, y apenas la escuché dije: ‘esta es la voz’”.

"Y luego buscamos en las raíces y llegamos a este garabato barranquillero, que tiene gaitas, millo, brass, mucha vanguardia, algunas distorsiones con un ímpetu novedoso y eso funcionó. Luego sí, le presté atención a Anita con su canto, y apenas la escuché dije: ‘esta es la voz’”.

La voz de Ana Vergara tuvo una presencia en la escena musical de Cartagena con el trío Cuerdas de cristal, y luego con la Cartagena Caribe Big Bang, bajo la dirección del maestro Pacho Fortich, en la primera década de los años 2000. Se trasladó a Barranquilla, donde continúo sus oficios como médica, hasta que, en 2024, conoció a Tato Marenco y comenzamos a trabajar juntos. 

El recuerdo de aquellos instantes lo cuenta Ana Vergara: “Había seguido la carrera de Tato, desde que estaba con Carlos Vives y otros músicos del Caribe, y me parecía que su labor era excelente. Una amiga en común nos presentó, no recuerdo ahora el año, pero hablamos, y él comenzó a escribir una historia sobre las segundas oportunidades que te puede dar la vida, sobre la fuerza de la mujer y cómo salir adelante. Claro, si uno escucha la letra y luego ve el video, todo está lleno de símbolos y sugerencias sobre mi vida, sobre sucesos pasados que es mejor dejar atrás, pero estuve a punto de perder mi libertad por temas políticos, injustos, que prefiero no mencionar. La canción Ella es para mí ese legado que uno quiere dejar como mujer, a mis hijos, a mi familia. Es seguir el camino de luchas tanto en mi carrera como médica, como en el canto y la composició,n algo que hago desde que estudiaba en el colegio La Presentación de Cartagena”. 

“La canción Ella es para mí ese legado que uno quiere dejar como mujer, a mis hijos a mi familia”.

El video clip de Ella es de un preciosismo elevado: cada detalle tributa a una historia coherente lleno colores vivos que resaltan el protagonismo de la mujer: “Esa fue siempre nuestra idea —dice Tato Marenco —, la mujer como centro de la historia. Hay material que fue rodado en estudio, otros en las playas de Salgar, un rodaje que estuvo a cargo de Javier Saltarín, con la producción de Guisela Vitola, puro talento local que grabamos en julio de 2025”. 

Tato Marenco academia y tradición

Al finalizar su bachillerato, Tato Marenco hizo el ciclo básico de dos años en la Escuela de Música de Bellas Artes. Ya impregnado de todo el folclor del Caribe, se fue a Bogotá a seguir sus estudios en el conservatorio de músicas de la Universidad Javeriana: “Iba muy bien allá, pero se atravesó una audición que estaba haciendo Totó la Momposina para una gira que tenía por Estados Unidos, unos 30 conciertos. El músico y gaitero Jorge Aguilar me llevó con Totó, y ella, un tanto desconfiada, me citó en su apartamento y me hizo un examen de todo: me puso a tocar varios ritmos, pues además yo toco caña ‘e millo, clarinete, saxofón, gaita, tambores y hacía coros… bueno, le hice una muestra de lo que podría hacer en el escenario y, cuando terminé, así como es ella, con una risa amplia, exclamó: ‘¡Ombe, tú te vienes conmigo!’. Y la verdad, eso era lo que yo quería, así que abandoné los estudios en Universidad Javeriana y me fui con Totó en octubre de 2004 y en 2005 salió otra gira para Europa y allí comienza una etapa trascendental en mi vida”.

Al llegar a Francia, sintió nuevamente el deseo de volver a la academia y el contacto con la sociedad francesa lo cautivó al instante: “Me encantó el idioma, me encantó el tema cultural, pero sobre todo el valor que le dan al artista, al músico, a los creadores en general, podría decir, así que volví a la universidad y le dije a Totó que yo me quedaba. Ella lo entendió y sin reproches me dijo que siguiera. Así estudié música de cámara y percusión clásica en el Conservatorio Georges Bizet, y ritmos del mundo y percusión tradicional en el Conservatorio Regional de Aubervilliers. Luego hice la licenciatura en musicología en la Universidad de París VIII y obtuve el DNSPM (Dîplome National Supérieur Professionnel de Musicien) en Músicas tradicionales en el Pôle Sup 93, que es el diploma más alto que un músico puede obtener en Francia, eso es realmente un orgullo para mí, fueron 10 años de mucho aprendizaje musical con profesores muy consagrados”. 

Tato Marenco en Las Vegas.
Tato Marenco en Las Vegas. Créditos: Prensa Tato Marenco.
 

Después de mencionar todos sus títulos y usar un francés fluido, con un dejo barranquillero, Tato Marenco sonríe como esperando otra pregunta. Guardo silencio y casi como una reacción comenta sin afanes en tono de aclaración: “Bueno, pero tú sabes que mi opción ha sido siempre por la tradición musical del Caribe que aprendí a través de los años, y por ahí siempre está Paulino Salgado, mi gran maestro de percusión. Siempre lo recuerdo. Lo conocí en 2001 en Muelle Mackenzie, en Bogotá, donde Paulino tocaba los fines de semana. Recuerdo de una vez se emborrachó y lo llevé donde él se quedaba cuando venía a esa ciudad. Ahí surgió una amistad y admiración, y él después comenzó a frecuentar mi apartamento en Chapinero y ahí se quedaba. Se ponía a tocar, siempre recordando a su papá, y me decía: ‘coge el tambor que te voy a enseñar’. Yo comenzaba y él me corregía los golpes, así que puedo decir que tengo sus golpes”.      

Tato Marenco tuvo a Jesús David Gutiérrez como profesor de millo. La gaita la aprendió solo, estudiando todos los días, como siempre lo ha hecho, con una fiebre de principiante que no se le quita, con una dedicación absoluta, que es la marca de su maestría.

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