
La religión ha dejado de cumplir su función esencial
Eduardo Lora analiza el contraste que existe entre las convicciones morales que los católicos mantienen sobre ciertos temas y su laxitud frente a otros.
Por: Eduardo Lora
La relación entre la religión y la moral es un tema que ha captado la atención de teólogos, filósofos y sociólogos a lo largo del tiempo. En Colombia, donde el catolicismo ha sido la religión predominante, esta relación adquiere una especial relevancia.
Como lo analizo en mi libro Los colombianos somos así, la moral de los católicos en el país está lejos de ser homogénea o estática, como sería de esperarse en cualquier sociedad fragmentada y sometida a grandes cambios. Sin embargo, es evidente el contraste entre las fuertes convicciones morales que los católicos colombianos mantienen sobre ciertos temas y su laxitud respecto a otros. Por ejemplo, mientras que un alto porcentaje de católicos se opone con vehemencia a la despenalización del aborto, la eutanasia, y el matrimonio entre parejas del mismo sexo, sus posturas sobre temas como la corrupción y la ilegalidad son sorprendentemente indulgentes.
En la encuesta de Latinobarómetro de 2020, 47 por ciento de los católicos reconocieron haber incurrido en al menos una de tres prácticas socialmente cuestionables: pagar menos impuestos del que debían, simular enfermedad para no trabajar o beneficiarse de un subsidio estatal al que no tenían derecho. Además, solo uno de cada cuatro considera que no denunciar un acto de corrupción los convierte en cómplices.
Esto sugiere que, aunque los dictados de la Iglesia católica influyen en las posturas de los creyentes sobre ciertos temas, no necesariamente se traducen en un comportamiento moral coherente en otros aspectos de la vida cotidiana. La severidad moral en temas como la sexualidad no se ve reflejada en el mismo nivel de exigencia en la honestidad y la integridad en la vida pública.
Este contraste es aún más claro en el caso de los cristianos de otras iglesias, como los evangélicos y pentecostales. Estos grupos de cristianos suelen tener posturas más unificadas y rígidas sobre la moral sexual, la familia y la muerte. No obstante, con más frecuencia que entre los católicos, esas posiciones tradicionalistas no se reflejan en sus creencias y sus prácticas en otros aspectos de la vida cotidiana, como la corrupción y la ilegalidad.
Esta dualidad plantea preguntas importantes sobre la influencia de la religión en la moralidad y el comportamiento social. La moral de los cristianos colombianos, sean católicos o no, parece estar en una encrucijada, puesto que las enseñanzas religiosas tradicionales coexisten con una cultura de tolerancia hacia la ilegalidad. Por consiguiente, la religión ha dejado de cumplir la función esencial de ayudar a la convivencia y al respeto de las normas sociales. En un país donde la desigualdad y la corrupción son preocupaciones centrales, esta paradoja moral invita a una reflexión profunda sobre el papel de la religión en la configuración de una sociedad más justa y equitativa.
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