
En la jungla de asfalto del rock norteamericano
Jacobo Celnik.
‘Welcome to the jungle, destellos de gloria del rock norteamericano de los 80’ es el nuevo libro de Jacobo Celnik. Es un viaje en profundidad al sonido del rock de Estados Unidos y Canadá que surgió en la década de los años 80 y lo hace desde un punto de vista personal.
Por: Eduardo Arias
A Jacobo Celnik le encanta la música, en particular el rock y sus alrededores. Le encanta coleccionar discos (el compact disc es su formato favorito) y, como si fuera poco, le encanta escribir sobre música. Lo ha hecho como periodista, como ‘promotor de casas disqueras', como investigador y, sobre todo, como obsesionado por su gusto y pasión por la música que no paran de crecer a medida que transcurre el tiempo.
Nació en Bogotá en 1979 y desde que se graduó como comunicador ha publicado centenares de artículos, reseñas y entrevistas (algunas de ellas en CAMBIO) y varios libros: Satisfaction, La causa nacional, Melómanos, historia de una obsesión, Los ochenta: volver al futuro, Bob Dylan. A las puertas del cielo, Notas al margen… por sólo citar los de música, porque también escribió la novela El pintor de Auchwitz y los libros de investigación histórica Guerra y paz en Irlanda del Norte y Un siglo de memorias, la comunidad judía en Bogotá.
Su más reciente libro se titula Welcome to the jungle, destellos de gloria del rock norteamericano de los 80. Está dividido en tres partes. La primera es un contexto histórico en el que Celnik explica la evolución del rock desde sus inicios hasta llegar al sonido de los años 80. En este capítulo no sólo habla de música sino también de cómo evolucionó la industria musical, el papel que comenzaron a jugar los productores, los avances tecnológicos que permitieron la aparición de la música digital y que cambaron de manera profunda los ciertos hábitos en las maneras de consumir música y, muy importante también, la aparición de instrumentos, en particular sintetizadores y cajas de ritmos electrónicas, a precios accesibles para músicos profesionales e incluso aficionados, que definieron lo que coloquialmente se conoce como “el sonido ochentero”.
La segunda parte del libro está subdividida en tres, en la que Celnik reseña 90 discos. El primer bloque está dedicada al sonido de una era, es decir, a discos de las bandas que empezaron a hacer música en los años 80. En el segundo reseña trabajos de leyendas de la música de años anteriores que sobrevivieron dignamente a los años 80, como Billy Joel, Paul Simon, Steely Dan, Bob Seger o Bruce Springsteen. La última sección está dedicada a bandas sonoras de películas como Top gun, Footloser, Back to the future y un puñado más.
En la tercera parte, Celnik presenta unos listados que confeccionó ya sea para intentar llenar algunos vacíos que quedaron inconclusos en temas abordados a lo largo del libro o para guiar a los lectores poco familiarizados con la música norteamericana de los años 80 para que comiencen a explorar. Ejemplos de esas listas son las que se titulan “Álbumes de culto de los 80”, “Himnos inmortales de los 80” o “Voces femeninas memorables de la década de los ochenta”, por sólo citar tres tomadas al azar.
De las redes sociales a los estantes de librerías
Celnik ya había ya publicado en 2019 Los Ochenta - Volver al futuro, otra edad de oro de la música británica, un libro muy profundo sobre el desarrollo del rock en el Reino Unido e Irlanda en aquella década. Entonces, para que la torta quedara completa, decidió escribir otro sobre los años 80 en Norteamérica. “Adicionalmente, es un canto de amor a una época que para mí es fascinante. En mi opinión es la es la mejor década de la historia del rock”.
Un componente emocional que también lo impulsó a escribir esta obra fue un texto que leyó en redes sociales de alguien que denigraba de la obra de Billy Joel. “A partir de ese comentario empecé a escuchar la obra de Billy Joel de los años 80 y, casi que como para darle una respuesta a ese post, escribí una reseña sobre el disco 'Glass houses'. Y escribiendo me di cuenta de que, en los especiales, en los escalafones, en lo mediático, siempre se habla de los mismos discos de esa década. Que si Lionel Richie, que si Prince, que si Michael Jackson, que si Tina Turner, pero nunca se habla de los Billy Joel o Stevie Wonder de inicios de la década de los 80, o del Toto de otros álbumes distintos al disco 4 o de Donald Fagen o de Triumph o de Eddie Rabbit, de Frank Zappa o Lou Reed en los años 80, o de Neil Young o de Michael McDonald, que tuvo su época de oro con los Doobie Brothers”. Y a partir de ahí empezó a escribir reseñas y con el paso del tiempo se dio cuenta de que ya tenía la columna vertebral para un libro.
Escoger los 90 discos que conforman las reseñas fue para él un ejercicio exigente y difícil. “La premisa era que fueran parte de mi colección y, en segunda instancia, discos de los que casi no se ha hablado. Cuando uno ve los tops, los 100 grandes discos de los 80, entonces siempre está Thriller, está Sonic Youth, está Pixies, está Public Enemy o están los Beastie Boys. Hay muchos álbumes que de los que se ha hablado y se ha comentado hasta el cansancio, pero poco se habla del álbum debut de Robbie Robertson o del disco de Diana Rose de 1980 que es como un renace. La gente suele siempre estar enfocada en los grandes éxitos y yo creo que, en las obras de los años 80, sobre todo entre 1980 y 1984, se esconde una era fascinante e irrepetible”.

Dice que es, sin duda, una premisa muy arbitraria pero que su libro no es para satisfacer los escalafones de la Rolling Stone o de VH1 o de MTV. Respecto de la omisión de algunos discos, Jacobo Celnik sabe muy bien que este tipo de ejercicios siempre generan polémica. “No faltará el que va a decir: ‘¿cómo se le ocurre poner a Madonna en un libro dedicado al rock de los 80?', pero finalmente, ¿qué es rock y qué no es rock? En ese orden de ideas, ¿Yesterday o Eleanor Rigby son rock o no son rock? De entrada, siempre hay una mirada subjetiva. Yo no estoy compitiendo con el American Top 40, con Billboard, con New Musical Express ni con algunos de los sabios que rondan por ahí que saben más que los propios artistas o que los propios medios. Esto es una cuestión de gustos y de percepciones. Aquí priman mis gustos, mis percepciones, mi conocimiento, lo que me apasiona. Si al lector le gusta, pues tanto mejor”.
Reivindicar una década a veces vilipendiada
Decir que los 80 es la década dorada del rock es una aseveración que no comparten muchos conocedores de esta música, que suelen decantarse por los tiempos del Sargento Pimienta y el Verano del Amor y por Woodstock. Al respecto, Celnik dice que cada generación tiene sus criterios y sus formas de ver cada era según lo que les tocó vivir. “Indudablemente, quienes se criaron con la Beatlemanía no van a salir a defender a Madonna o quienes crecieron con el auge del rock progresivo mucho menos se van a desvivir por Skid Row o Cinderalla. Yo creo que eso va en función de lo que impacta a cada uno”.
Sin embargo, Celnik no se apoya únicamente en sus percepciones y gustos personales, sino también en investigaciones, libros y opiniones de voces muy autorizadas. Como la de Steven Wilson, quien además de ser un sobresaliente guitarrista y músico que está asociado a los años 90 y lo que va corrido del siglo XXI, es un melómano y estudioso consumado. “Escuchándolos a ellos, que vivieron de primera mano esa era, se convence uno de lo que sucedió entre el 76 y 77 hasta el 84 en calidad de creatividad, composición, ingeniería, capacidades creativas, de producción, de mercadeo, de posibilidades de alcance, fue único e irrepetible para la historia de la música”. Lo sustenta con hechos y con cifras. Con avances tecnológicos como la aparición del Walkman, primer dispositivo de sonido de alta fidelidad realmente portátil, la aparición y posterior consolidación del disco compacto o CD, la explosión del video musical como principal medio de difusión de las nuevas canciones, la música se volvió absolutamente masiva y de gran alcance en la década de los 80, asegura Celnik. “Los niveles de creatividad, experimentación y de una cantidad de cosas que sucedieron en los años 60 indudablemente todo aquello es muy valioso. Pero yo creo que cada generación responde según lo que le tocó vivir y por eso aquí no hay buenas ni malas respuestas”.
Lo que el viento aún no se llevó
Han pasado ya entre 40 y 50 años de esa época que tanto ha maravillado a Celnik y a tantos otros estudiosos. ¿De todo aquello qué ha trascendido, se ha mantenido vigente de una u otra forma? Celnik considera que son muchos los elementos que han sobrepasado la barrera del tiempo dignamente. “Esa estética de Ozzy Osbourne, que luego fue imitada por Motley Crue y Bon Jovi, todavía perdura. La fuerza y el impacto de la música en vivo. Live Aid marcó un punto de inflexión en los años 80 en términos de comunidad, de mercadeo, de causas sociales, en aquel caso por la hambruna en Etiopía. Ese concepto se ha mantenido. La narrativa, las letras de los músicos de los años 80, que en algunos casos fueron grandes cronistas de una era, trovadores en el mejor estilo de la palabra… pensemos no más en Bob Seger o Bruce Springsteen… eso se mantiene hoy en día. Otra cosa que me parece muy interesante son las fusiones entre los géneros. Hay un sincretismo sonoro muy marcado en el rock de los años 80, sobre todo su apego y su asociación con el blues, que todavía está muy presente. Y si uno revisa la música urbana o el pop contemporáneo, indudablemente está muy ligado al funk, al soul, al pop ochentero. Otro aspecto que en menor medida se mantiene y es el álbum como una obra de arte. Indudablemente el álbum sigue siendo valorado, y todavía hay grupos que deciden hacer cinco, ocho, 10 canciones en formato físico en LP, en el revival del LP, y ni se diga el revival del cassette. La portabilidad de la música es uno de los grandes legados de los años 80 y hay muchísimos más ejemplos”.
Ese impacto también lo ve reflejado en las series de la actualidad. “Si no fueran tan importantes, tan trascendentales los años 80 para la música, series de altísimo impacto como 'Stranger thing' no utilizarían una canción icónica de los años 80 como 'Running up that hill' de Kate Bush para una de sus grandes escenas, a tal punto de que toda una generación de jóvenes conoció a Kate Bush gracias a Stranger Things”. Cita también la serie Dark, que utilizó a Dead or Alive, o Thirteen reasons why, que acudió a un clásico de Echo and the Bunnymen. “Si las grandes productoras de series deciden echar mano del catálogo de los años 80 para encontrar canciones memorables, para escenas inolvidables, quiere decir que en esta época no ha aparecido un Echo and the Bonhomme, un Duran Duran, un The Cure o un Depeche Mode que les sirva para eso y la década de los 80 sí que lo dejó”.
Puede estarse o no de acuerdo con Celnik. Lo que sí resulta cada vez más evidente es que él ha dejado (y por lo visto seguirá dejando) un material de referencia que ha ayudado a muchos de sus lectores a conocer, a entender y -sobre todo- a querer cada vez más la música.
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