
“Colombia está cambiando, y la educación socioemocional tiene que estar en el centro de esta transformación”
¿Qué significa que el país tenga una cátedra Socioemocional en los colegios? Santiago Espinosa, escritor y rector del Gimnasio Sabio Caldas, le preguntó sobre esta ley a Henry May, uno de los mayores conocedores de este tema.
Por: Santiago Espinosa
Henry May lleva diez años trabajando en Colombia. Después de su paso por varios de los colegios más retadores de Londres –crímenes en la escuela, estudiantes implicados en delitos gravísimos– en los que fue profesor, comprendió que lo socioemocional debía estar en el centro de los esfuerzos y no sólo en lo académico. Un día llegó a Colombia y se enamoró del país. Actualmente dirige Coschool, una organización que ha trabajado con colegios privados y públicos, formando a sus maestros. Una de sus experiencias, ‘Edumoción’, fue premiada en Finlandia como una de las experiencias educativas más innovadoras del mundo.
Hoy, en Colombia se adelantan varias iniciativas legales para que la educación socioemocional sea transversal en las instituciones educativas. En este diálogo con CAMBIO, Henry May se refiere a estas propuestas.
Santiago Espinosa: En estos días se le ha visto muy activo en sus redes sociales, explicando la ley de educación socioemocional. Colombia es de los primeros países en tener una ley de este tipo. ¿En qué consiste esta ley y cuál es su importancia?
Henry May: Pues la ley, o lo que está pasando con la ley de educación socioemocional, es que hay muchas leyes y muchos proyectos diferentes: la Ley 2383 de 2014, la Ley 2414 de 2024, la Ley 2460 de 2025, además de otro proyecto, el 222. Y está también la propuesta de la cátedra socioemocional, que ha tenido mucho interés en la prensa. Entonces, hay muchas cosas que están pasando. Creo que lo que podemos ver es que hay un gran interés en el tema político: muchos políticos están sacando sus propios proyectos de ley, y eso, sin duda, es muy positivo. Lo difícil va a ser cómo interpretamos y entendemos todos estos proyectos. Ahora mismo hay un bombardeo de información y tendremos que aprender a navegar en medio de ella.
**S.E: Colombia, a diferencia de Inglaterra, es un país de leyes hermosas pero que no siempre se cumplen. ¿Cómo garantizar que esta propuesta no se convierta en otra cátedra más? Es el caso de la cátedra de Historia o la cátedra de Paz, pensadas con propósitos maravillosos pero que no se han ejecutado en todos los colegios de manera integral o continua.
H.M.: Creo que Colombia tiene experiencias no tan positivas con otras cátedras como la de Historia, la de Paz o la de Afrocolombianidad. Y la cátedra socioemocional aún está pendiente de la aprobación presidencial. Lo que es diferente frente a esta cátedra de educación socioemocional es que, por sí misma, es transversal en la educación. Todo el tiempo estamos educando las habilidades socioemocionales con nuestro ejemplo, con la cultura, con el clima. Tenemos que lograr que los colegios entiendan que esto es diferente a una cátedra. La cátedra puede ser un momento oportuno para hablar del tema, para que algunos profesores profundicen. Queremos que los estudiantes estén más informados sobre su desarrollo emocional, que sepan poner nombre a lo que sienten. Pero claramente hay que entender que la cátedra en sí misma no es la solución.** Si pensamos que es el único momento de la semana para trabajar el desarrollo socioemocional, estamos cometiendo un gran error. Hay que entender la transversalidad, lograr el desarrollo profesional de todos los profesores y reforzar la idea de que la educación socioemocional es distinta a otras cátedras. Por ejemplo, no solucionamos la convivencia en los colegios simplemente por los ‘días de convivencia’. Se trata de una tarea más compleja y más permanente.
**S.E: Usted es un educador de educadores. ¿Qué pueden hacer los colegios que quieren empezar a trabajar lo socioemocional? ¿Por dónde podrían empezar? ¿Qué consejos daría a los rectores?
H.M.: El primer paso es pasar tiempo con los directivos y líderes del colegio. El rector tiene que entender que esto es parte de su responsabilidad, que no puede simplemente delegar a la psicóloga diciendo: “listo, tú te encargas de esto y yo de otras cosas”. Necesitamos que el rector y los directivos asuman el tema, que hagan un diagnóstico**: cómo van, qué están haciendo bien y cómo pueden mejorar. Creo que es un gran lugar para empezar: entender dónde estamos parados y qué estamos viviendo no solo con datos fríos, sino también con la información que ellos tienen del día a día.
**S.E: Esta ley coincide con una situación muy preocupante en los colegios, sobre todo en las relaciones entre estudiantes. Los estudios hablan de un aumento en reportes sobre abusos y violencias en los colegios, los suicidios consumados aumentaron drásticamente, el bullying y las riñas entre compañeros de curso ¿Cuál es su lectura de esta situación? ¿Qué podemos hacer como educadores para enfrentar esta realidad?
H.M.: Sí, hoy hay más reportes y más casos, pero también más conciencia del tema. Es posible que haya más casos que antes, pero también estamos reportando y recogiendo más información que antes. Por ejemplo, la Ley 2460 dice que los colegios deben tener rutas claras para conectar con servicios de salud y que las escuelas deben asumir responsabilidades para prevenir y detectar situaciones de violencia, bullying e incluso de ideación suicida. Idealmente, vamos a ver un mayor apoyo de los gobiernos, aunque quizás no podemos garantizarlo del todo. Creo que hay que aprender a hablar más de las emociones, crear ambientes seguros, aprender de los primeros auxilios psicológicos: qué hago cuando veo a un estudiante que está triste, o que no está hablando, o que cambia su comportamiento; qué puedo hacer yo y qué no puedo hacer.** Los profesores, por ejemplo, pueden preguntar, ponerse a disposición, abrir espacios de conversación. Creo que la palabra clave es comunicación: mayor comunicación entre profes, entre profes y estudiantes, entre las diferentes áreas del colegio, con psicología, con los directores de grupo. Así empezamos a descubrir imágenes más claras de lo que pasa con estos estudiantes en situaciones de vulnerabilidad. En resumen: rutas claras, protocolos claros, habilidades de toda la comunidad educativa para manejar estas situaciones y más cuidado y atención sobre estos temas.
**S.E: Aparte de su trabajo con Coschool, usted es el padre de una niña de tres años y de un niño de un año. Hablemos de las familias: ¿qué podemos hacer los padres para trabajar con nuestros hijos sus emociones? Pasamos de unos padres más bien autoritarios, a otros padres demasiado sobreprotectores o permisivos.
H.M.: Debemos recordar que hay que ser valientes y tener el coraje de hacer cosas diferentes a lo que se hacía hace 20, 30 o 40 años, cuando nosotros fuimos niños. Algunos tuvimos la fortuna de tener padres con alta inteligencia emocional, que hablaban de sus emociones y sentimientos. Pero muchos no. Hablar de nuestras emociones es el primer paso, para dar nombre a estas cosas, para que nuestros hijos también puedan ponerle nombre a cómo se sienten. Como dijo Wittgenstein: “Nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo”. Sin lenguaje y sin vocabulario emocional, es muy difícil entendernos.** También es clave que se trabaje en la regulación emocional: cómo mantener la calma en situaciones de tensión y estrés. Aprender estrategias: respirar, no actuar de formas violentas en nuestras palabras y acciones, ser modelo para nuestros hijos. Me gusta mucho esta idea de ser un caring demander, alguien con altas expectativas, pero al mismo tiempo cariñoso.
**S.E: En la educación de las emociones, los celulares y las redes han jugado un papel muy problemático. Expertos como Jonathan Haidt hablan de un aumento de la ansiedad y de la depresión como resultado de esta adicción a los teléfonos móviles. ¿Qué deben hacer los colegios para enfrentar esta situación? ¿Debemos prohibir el celular en los colegios?
H.M.:** La prohibición de los celulares es un paso importante que ya está mostrando resultados positivos en muchos lugares. La tecnología tiene su lugar y se puede usar de forma responsable, pero el nivel de adicción y el impacto negativo de las pantallas y los celulares en los niños es enorme. Por eso, algún nivel de prohibición o control es necesario, y estoy de acuerdo con esa tendencia. Debemos educar, además, sobre los riesgos del teléfono móvil, tal como hacemos con el cigarrillo o el alcohol. Hoy es interesante que ya hay niños de 12, 13 o 14 años que entienden esos riesgos; hace cinco años no era así.
**S.E: Los niños y las niñas aprenden del ejemplo, y esto es especialmente cierto en cuanto al carácter y al desarrollo socioemocional, pues el carácter de los mayores nos marca profundamente. ¿Cuáles fueron esos maestros o maestras que formaron su carácter de educador, y por qué fueron tan especiales para usted?
H.M.:** Puedo pensar en Mr. Holden, que fue mi profesor de arte y de fútbol en Inglaterra. Él me dio dos cosas que nunca nadie más me había dado: creyó en mí como líder. Me nombró capitán del equipo de fútbol. Para mí fue fundamental, porque nadie más había creído en mi liderazgo ni en mi capacidad de liderar. Ver que alguien veía ese potencial en mí fue un cambio enorme. También me abrió al mundo del arte. Yo era el típico que pensaba “soy malísimo en arte”, pero con él, durante dos años, empecé a dibujar y a crear obras que jamás pensé que podría hacer. Y también recuerdo a Aileen Neylor, que fue mi profesora cuando estudiaba la maestría en Educación. Ella me visitaba en el colegio donde trabajaba, que estaba ubicado en un contexto muy difícil. Aileen creyó en mí y estuvo siempre presente, en los buenos y malos momentos. Tenía mucha empatía: estaba ahí para escuchar, llorar conmigo, reír conmigo, y acompañarme constantemente.
**S.E: Usted es un educador inglés que se ha volcado a la transformación de la educación en Colombia. ¿Qué lo llevó a tomar esta decisión? ¿Qué encontró en los colegios de Colombia que fue tan inspirador?
H.M.:** Colombia está en un momento histórico. Está cambiando, y la educación socioemocional tiene que estar en el centro de esa transformación. Las nuevas leyes son un ejemplo de esto. Una apuesta que hice hace diez años se está volviendo realidad: “poner la educación socioemocional en el centro”, y es emocionante estar aquí en este momento.
**S.E: En Inglaterra, cuando comenzó su carrera como profesor, usted trabajó en el que podría ser el colegio más violento de Londres. Cuéntenos sobre esta experiencia. ¿Qué le aconsejaría a los educadores de estos territorios tan vulnerables, que muchas veces no saben qué hacer?
H.M.: Lo primero es poner a los niños en el centro.** Aunque a veces son los más violentos, problemáticos, cerrados o difíciles de conectar, son víctimas también: víctimas de un sistema que les ha fallado, de no tener apoyo y amor en sus familias. Segundo, cuidar el propio bienestar: propiciar espacios para uno mismo, separarse un poco de la tragedia, tener momentos divertidos, mantener rutinas saludables y contar con una red de apoyo. Y tercero, construir relaciones. Cada niño necesita un modelo a seguir, un “Champion”. Seguramente ya lo eres para alguien, pero tenemos que proponernos ser ese modelo para los niños de estos contextos.
**S.E: Usted es un gran deportista, y un fanático del fútbol. Incluso lidera una fundación que se llama Huracán Fundation. ¿Qué puede enseñarnos el deporte sobre la gestión de las emociones?
H.M.: El fútbol tiene un poder mágico y universal de conectar a las personas. Lo aprendí siendo profesor en Londres: el fútbol nos permite disfrutar juntos de ese momento, sin nada más que una pelota.** Y, además, nos enseña comunicación, creatividad, trabajo en equipo, resiliencia, autoconocimiento. Muchas veces un profe, en un contexto difícil, no logra conectar con sus estudiantes durante un año en el aula, pero saca una pelota y en una hora logra más que en todo ese tiempo.
**S.E: Dos preguntas para cerrar. Si pudiera cambiar algo del sistema educativo en Colombia, ¿qué cambiaría? Y por último, ¿qué consejos le daría al actual ministro de Educación?
H.M.: Me encantaría que los colegios tuvieran más autonomía, incluso en el manejo de presupuesto. Que los docentes tengan más formación de verdad y que haya una cultura de observación y aprendizaje entre pares. Necesitamos atraer mejor talento a la profesión docente, porque hoy no estamos consiguiendo que los mejores quieran ser profesores,** a pesar de lo importante que es este rol. Y, sobre todo, espero que las nuevas leyes vengan acompañadas de grandes proyectos de financiación. Menos normatividad en papel y más prácticas reales que cambien vidas. Si lo ponemos como prioridad de verdad en la educación, vamos a ver un país transformado.
Lea los comentarios







