
España: Oxígeno para Pedro Sánchez
El corresponsal de Cambio en España, Francesco Rodella, analiza cómo, el presidente español, quien está en apuros por un escándalo de corrupción, busca recuperar la confianza de sus aliados al proponerle al Parlamento un “plan estatal” contra ella. Por ahora, ninguno de los partidos que lo apoyan se muestra dispuesto a dejarlo caer y a favorecer la llegada de la derecha al poder.
Por: Francesco Rodella
Un “balón de oxígeno” para Pedro Sánchez. El resultado que obtuvo el presidente español en uno de los momentos más delicados de sus siete años de gobierno fue bastante mejor de lo que auguraban algunos. El miércoles, Sánchez afrontó una difícil sesión parlamentaria sobre el escándalo de corrupción que afecta a su Partido Socialista (PSOE). Tras conocerse que dos de sus colaboradores más cercanos están investigados por graves delitos, se creía que esa jornada iba a ser fundamental para determinar si sus partidos aliados le confirmarían su apoyo .
Y Sánchez logró salir con más certezas de las que tenía al entrar, pues en el Congreso de los diputados descartó renunciar y propuso la aprobación de “un plan estatal de lucha contra la corrupción”. Entonces, ninguno de sus aliados manifestó que estuviera dispuesto a darle la espalda lo cual, según varios analistas, afianza (por ahora) su continuidad en el cargo.
El clima político que rodea al presidente español le es cada vez más hostil. La oposición no cesa de pedirle que renuncie y convoque a nuevas elecciones generales (actualmente previstas para el 2027). Pero también muchos progresistas le reprochan que no haya sido capaz de evitar que personas de su entorno se hubieran involucrado en supuestos actos ilícitos y temen que eso lleve a la caída del gobierno y le abra paso a uno formado por los conservadores (Partido Popular) y la extrema derecha (Vox). Sin embargo, el presidente español tiene fama de poseer en política las siete vidas del gato.
En sus intervenciones en el Congreso admitió que sentía “una honda sensación de decepción” tanto hacia sí mismo como hacia personas en las que no habría tenido que “confiar” (se refería a los principales investigados por corrupción: el ex secretario de organización del PSOE Santos Cerdán, que está en prisión provisional, y el ex ministro de Transporte José Luis Ábalos). Pero declaró que no estaba dispuesto a rendirse. “He considerado las opciones de dimitir y convocar elecciones”, sostuvo. “Pero después de reflexionar y escuchar a mucha gente comprendí que tirar la toalla no es nunca una opción”.
Desde el principio de la jornada, la bancada de la oposición dio muestras de la animadversión que le tiene a Sánchez. Gritos, abucheos, risas irónicas, algunos insultos: en más de una ocasión, la presidencia del Congreso tuvo que intervenir para llamar a algunos diputados al orden. En este ambiente, el presidente declaró estar seguro de poder “recuperar la confianza” de sus socios y “superar esta crisis”. Se definió a sí mismo como “un político limpio”. Y aseguró sentirse “orgulloso” de guiar “un partido ejemplar”, al considerar que el PSOE reaccionó rápidamente y con contundencia ante las noticias sobre presunta corrupción en su seno y al despedir de sus cargos a los investigadores. “El Partido Socialista tiene tres investigados por una trama de corrupción, el Partido Popular, 300 cargos investigados”, dijo.
Más allá de las palabras, los aliados de Sánchez (partidos de izquierda radical y territoriales, entre ellos independentistas catalanes y vascos) esperaban iniciativas concretas para garantizar de forma clara su compromiso contra la corrupción. Las propuestas que lanzó parecen haberlos dejado satisfechos al menos parcialmente. El presidente planteó un plan “ambicioso, honesto y realista” con “15 medidas de importante calado diseñadas conjuntamente” con la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). En él, se prevén, entre otras cosas, la creación de una “agencia de integridad pública”, más protección para quienes denuncian casos de corrupción, mayor vigilancia a partidos políticos y empresas que intentan lograr la adjudicación de contratos públicos y más recursos para la justicia.
Las promesas de tomar en serio el tema y comprometerse a evitar que se repitan casos como el de Cerdán y Ábalos (a los que se les acusa haber gestionado o recibido pagos ilícitos) no le ahorraron a Sánchez una buena dosis de regaños por parte de sus aliados, en particular de los más exigentes. “Nuestra confianza va camino de la unidad de cuidados intensivos” le dijo, por ejemplo, la portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Maribel Vaquero. “Usted está en prórroga, y la prórroga no dura toda una legislatura”, agregó Miriam Nogueras de Junts per Catalunya. Sin embargo, en contra de los pronósticos que auguraban la ruptura, ninguno anunció que le retirara el apoyo al gobierno.
Por ahora, y a la espera de saber cómo evoluciona la investigación judicial, para todos es mejor mantener una actitud prudente. Y es que una caída anticipada del gobierno de Sánchez precipitaría la convocatoria de elecciones, escenario que no parece favorable para muchos de ellos: las encuestas más recientes otorgan una amplia ventaja al eje constituido por PP y Vox.
A no ser que surjan novedades judiciales más comprometedoras para Sánchez, que hicieran realmente imposible para sus aliados confirmarle su confianza, es probable que los partidos de derecha tengan que esperar un buen tiempo antes de que les llegue su momento. Así que ambos están centrados en afinar sus estrategias electorales. En la sesión del miércoles, tanto el líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, como el de Vox, Santiago Abascal, profirieron durísimos ataques contra Sánchez. “Lo mejor para usted es confesar todo lo que sabe, ayudar a devolver el botín y convocar elecciones”, le dijo el primero. “El único plan que nos sirve es su dimisión”, afirmó el segundo.
Fuera del Congreso, ambos tratan con frecuencia el tema de la inmigración, con propuestas para endurecer las políticas al respecto. En ese sentido, Voxestá especialmente desatado, con discursos abiertamente anti-migrantes: en los últimos días, Abascal ha repetido que si llega al gobierno expulsará a varias categorías de personas, entre ellas “todas las que entraron ilegalmente” en España, “todas las que vengan a imponer religiones extrañas que menosprecien a la mujer” y “todas las que vinieron a vivir del esfuerzo de los españoles”; y una portavoz del partido, Rocío De Meer, llegó a decir que hasta “ocho millones” de extranjeros y sus hijos “tendrán que volver a sus países” porque “es extraordinariamente difícil que puedan adaptarse” a las costumbres locales.
Sánchez y su gobierno, sin embargo, dicen que quieren hacer todo lo posible para evitar que escenarios de ese tipo se conviertan en realidad. Y después de la prueba de resistencia que enfrentó el presidente el miércoles en el Congreso, se sienten en mejores condiciones para hacerlo. “El acuerdo de la mayoría se ha renovado y el gobierno se ha fortalecido”, dijo este jueves la portavoz oficial del ejecutivo, Pilar Alegría.
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