
Antonella, James y las barras: el fútbol como nuevo campo de batalla en las elecciones presidenciales
Crédito: Colprensa - Cortesía
En una campaña marcada por la polarización, el fútbol se ha convertido en un espacio de disputa entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. La recta final de la contienda ha estado marcada por la controversia por el uso de la camiseta de la Selección, los intentos por restringirla en actos proselitistas y las lecturas políticas de los gestos de los jugadores.
Por: Jonathan Beltrán
La camiseta de la Selección Colombia, uno de los pocos símbolos capaces de reunir durante años a millones de colombianos alrededor de un mismo sentimiento, terminó arrastrada a la disputa política de la campaña presidencial. La prenda, que hasta hace poco era asociada casi exclusivamente al fútbol y a las celebraciones colectivas, ahora provoca debates jurídicos, cruces entre campañas y acusaciones de instrumentalización electoral.
Desde el inicio de la campaña, Abelardo de la Espriella convirtió esa camiseta en una de las principales insignias de su movimiento. En caravanas y concentraciones, miles de seguidores han acudido vestidos con la tricolor para acompañar la consigna de estar “firmes por la patria”. El propio candidato suele vestir una versión personalizada de la prenda, a la que incorporó un tigre bordado en el costado izquierdo del pecho, a la altura del escudo, como parte de la identidad visual de su aspiración.
En la recta final hacia la segunda vuelta, y a pocos días del debut de la Selección en el Mundial, la campaña de Iván Cepeda también ve la camiseta tricolor como un frente de disputa que no está dispuesta a ceder. Con la necesidad de remontar en el tiempo extra, el petrismo ha cuestionado la apropiación de ese símbolo para impedir que la prenda siga siendo utilizada como una extensión de la estrategia proselitista del abogado.

La camiseta salió de las plazas y los estadios para aterrizar en los despachos judiciales. Una jueza admitió una acción de tutela contra De la Espriella y ordenó como medida cautelar suspender su uso con fines electorales. La decisión incluía restricciones temporales para mostrar la prenda en actos públicos, redes sociales y entrevistas. Sin embargo, el candidato ha incumplido la decisión y en cada acto público se muestra con la prenda tricolor.
Tras solicitar sin éxito la intervención de la Federación Colombiana de Fútbol y ante el incumplimiento de la decisión judicial por parte del abogado, la campaña del Pacto Histórico optó por disputar el símbolo en lugar de abandonarlo. En los últimos días, dirigentes, militantes y simpatizantes han empezado a usar también la tricolor mientras entregan en las calles figuritas del candidato con el uniforme del equipo nacional.
James Rodríguez, el capitán de la Selección, en medio de la disputa entre petristas y abelardistas
La Selección Colombia partió el pasado 4 de junio rumbo a California para disputar su último partido preparatorio. Antes de abordar el avión, los jugadores de la tricolor participaron en un acto de despedida encabezado por el presidente Gustavo Petro y altos funcionarios de su gobierno. Sin embargo, lo que debía ser una ceremonia protocolaria terminó convirtiéndose en un nuevo episodio de la contienda política.

En redes circuló un video en el que Antonella Petro, hija del presidente, se acerca a saludar a varios integrantes de la Selección. Algunos usuarios interpretaron las imágenes como un supuesto desplante de James Rodríguez al considerar que no respondió al gesto de la joven. Del otro lado de la contienda, simpatizantes de De la Espriella difundieron una fotografía del futbolista junto al candidato para insinuar una mayor cercanía con el abogado.
La apropiación del lenguaje futbolero no se ha limitado a fotografías o interpretaciones de gestos. En grupos abelardistas circulan videos elaborados con inteligencia artificial que trasladan la contienda a una cancha de fútbol. En una de esas piezas, Iván Cepeda, Gustavo Petro, María José Pizarro, Armando Benedetti y Juliana Guerrero aparecen integrando un equipo que viste un uniforme inspirado en la bandera de Guerra a Muerte. Al frente está un conjunto liderado por De la Espriella.
Para Andrés Dávila, director de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana y estudioso de la relación entre fútbol y la política, este tipo de narrativas terminan reforzando la lógica de polarización que ha marcado la campaña presidencial. En ese sentido, explica que el fútbol presenta un lenguaje atractivo para dirigentes políticos porque apela a conceptos como victoria y derrota, pertenencia y rivalidad.
“El fútbol ofrece un lenguaje muy poderoso para la política porque divide el escenario entre ganadores y perdedores, amigos y rivales. El problema es que, cuando se lleva esa lógica al terreno electoral, se corre el riesgo de profundizar la polarización y de convertir cualquier gesto, imagen o símbolo en una muestra de apoyo político”, explica el docente universitario.
El refuerzo de Cepeda al final de temporada: 32 barras y 18 colectivos del fútbol
La disputa por los símbolos del fútbol tuvo un nuevo capítulo este viernes. En la cancha del Club Ferroviario de Puente Aranda, Iván Cepeda y su fórmula vicepresidencial, Aida Quilcué, recibieron el respaldo de 32 barras y 18 colectivos de distintos equipos del fútbol profesional colombiano, quienes les entregaron a los congresistas la camiseta tricolor.

Desde allí, Cepeda insistió en que el uniforme de la Selección no puede convertirse en patrimonio de ninguna campaña. “Este no es un mero objeto mercantil, esto nos representa como nación, es un símbolo que nos une. No le pertenece a nadie, nos pertenece a todas y a todos y por eso no podemos permitir que nos la roben. No podemos dejar que alguien venga y se arrogue la potestad de decir que representa sus ideales”, sostuvo.
Los colectivos que acompañaron el acto reivindicaron el trabajo que muchas barras realizan alrededor de causas sociales como la defensa de los derechos de la juventud, la equidad de género, la inclusión, la diversidad y la construcción de paz. “No sea ladrón, no se nos robe la camiseta a todas y todos nosotros”, dijo Cepeda en referencia a De la Espriella.

La campaña de De la Espriella, sin embargo, no ha limitado su apuesta por el fútbol al uso de la tricolor. En sus concentraciones son frecuentes las adaptaciones de populares cánticos de tribuna convertidos en himnos de campaña, mientras que el propio candidato ha sostenido que, si la justicia así lo ordena, “iría a la cárcel antes que dejar de vestir la camiseta”.
Para María Alejandra Trujillo, experta en Gerencia Política, estos movimientos responden a la necesidad de las campañas de apropiarse de símbolos con una alta capacidad de movilización emocional. Según explicó a CAMBIO, “el fútbol ofrece una gran conexión y permite construir relatos que resultan especialmente valiosos en una elección tan polarizada”, detalla.
¿De quién es la camiseta?: las barras frente a la disputa política por el fútbol
En medio de la pelea por la camiseta de la Selección, las decisiones judiciales y las estrategias de campaña, han quedado los aficionados que ven la tricolor como un símbolo que trasciende las disputas políticas. Por eso, varios de los integrantes de barras de equipos colombianos cuestionan que el deporte sea utilizado como herramienta electoral.
En las barras existen posiciones encontradas sobre el papel que debe jugar el fútbol en la campaña presidencial. En diálogo con CAMBIO, un integrante de la Guardia Albi-Roja Sur, la barra más representativa de Independiente Santa Fe, sostuvo que “una cosa es que los hinchas participen en política como ciudadanos y otra muy distinta que los equipos, las barras o la camiseta sean instrumentalizados”.
El barrista también detalló que al interior de las tribunas conviven personas con convicciones políticas muy diferentes que deben ser respetadas en la contienda. “Hay gente de derecha, de izquierda, de centro. Lo que nos une no es la política, sino el amor por unos colores (...). Como decía Maradona, la pelota no se mancha”, sostuvo.

En contraste, un barrista que participó en el encuentro de respaldo a Cepeda en Bogotá plantea que los hinchas no pueden permanecer indiferentes frente a una elección que enfrenta dos proyectos distintos. A su juicio, el barrismo social ha construido durante años agendas relacionadas con la defensa de los derechos de los jóvenes, la inclusión, la convivencia, la diversidad, la equidad de género y la construcción de paz, temas sobre los cuales los candidatos tienen posturas claramente diferenciadas.
“Las barras no son solo fútbol; también son organización social, trabajo comunitario y participación ciudadana. Pretender que todo eso quede al margen de una elección presidencial también es una forma de tomar partido”, afirman quienes respaldan al candidato del Pacto Histórico, en medio de una disputa que se presenta a un par de semanas del debut ante Uzbekistán en el Estadio Azteca.
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