
Las mujeres del Ejército Nacional que protegen a Colombia desde el ciberespacio
Dos uniformadas hacen parte de la unidad estratégica del Ejército Nacional que, de manera silenciosa, protege más de 53.000 activos informáticos y lidera desarrollos tecnológicos clave para la seguridad nacional.
Por: Javier Patiño C
Desde 2022, la Brigada de Interoperabilidad de Comunicaciones, Computación y Ciberdefensa del Ejército Nacional se ha consolidado como una pieza fundamental para garantizar la seguridad digital de la institución, proteger su información y asegurar que cada operación cuente con sistemas confiables, disponibles y seguros.
En estos cuatro años, esta brigada fortaleció capacidades esenciales para el Ejército. Más de 53.000 usuarios dependen de su infraestructura tecnológica; procesos críticos han sido optimizados y, gracias al desarrollo de soluciones propias, se han generado ahorros superiores a los 12.500 millones de pesos.
Detrás de estos avances tecnológicos hay historias que pocas veces se cuentan. Una de ellas es la de la capitana Yakelline Sánchez, ingeniera de sistemas y oficial de operaciones tecnológicas, quien desde hace más de una década encontró en el Ejército una forma de servir al país desde un frente menos visible, pero estratégico.

Su labor, explica, consiste en garantizar que la información que circula dentro de la institución sea precisa, oportuna y segura, un factor clave para la toma de decisiones en terreno.
“Es una labor silenciosa, pero esencial. Protegemos la información que permite que las operaciones se desarrollen”, señala la oficial.
Como ella, la sargento segundo Marcela Sánchez también hace parte de ese engranaje invisible. Desde el Batallón de Interoperabilidad, su trabajo consiste en garantizar que las comunicaciones funcionen en todo el territorio nacional, donde la conectividad puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de una operación.

“Llegamos a los lugares más recónditos del país y garantizamos que cada integrante del Ejército Nacional tenga acceso a la información que necesita”, afirma.
Ambas comparten una vocación que las llevó a asumir una vida exigente, marcada por la disciplina, la distancia de sus familias y la responsabilidad de sostener, desde el ámbito técnico, el funcionamiento de toda una institución. Como ellas mismas reconocen, no se trata de un trabajo convencional, sino de una forma de vida.
Hoy, cuando las amenazas también se desplazan a través de redes, datos y sistemas, su labor adquiere una dimensión aún mayor. Ya no se trata solo de tecnología, sino de una nueva forma de entender la defensa nacional, en la que la información es tan valiosa como el territorio. En ese contexto, estas mujeres representan una línea de defensa que no siempre es visible, pero que resulta cada vez más determinante para la seguridad del país.
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