
La cultura de Quibdó resiste al terremoto y a la falta de apoyo estatal: cuatro espacios que se levantan por su cuenta
Así quedó el centro de ensayo, en la casa de La Diva del Ritmo Exótico, tras el Terremoto. Créditos: archivo personal
El terremoto del 10 de agosto dejó daños en cuatro de los centros culturales más importantes de Quibdó: el centro de memoria afro Muntú Bantú, el Teatro Andamio, el movimiento La Diva del Ritmo Exótico y Casa Ubuntú. Todos operan de forma independiente, sin ayuda estatal, no han recibido apoyo del ministerio y hoy siguen en pie a pulso.
El historiador quibdoano Sergio Mosquera describe a Muntú Bantú como el único y más importante centro de memoria, documentación y materiales de la afrodiáspora en el país (y, si le preguntan, de Latinoamérica). Dice que es un centro de memoria y no un museo porque los museos, por su naturaleza, perpetúan las narrativas de una "élite racista, sexista y machista" que se cree fundadora de la patria.
En los 700 metros cuadrados de Muntú Bantú hay tres salas abiertas al público. La de historia, "que parte de la base de que Egipto es la cuna de la humanidad y entonces toda la historia que se ha contado del mundo hasta ahora, como no parte de esa cuna, es una historia incompleta". El trabajo etnohistórico para esa sección, dice el historiador, formado en la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá y con maestría en curso en la Universidad Externado de Colombia, ha consistido en rastrear de qué partes de África trajeron personas esclavizadas, especialmente al Chocó. De dónde vinieron y qué saberes ancestrales trajeron consigo en esos muchos barcos de la infamia.
–Hay que diferenciar entre esclavos y esclavizados. En África no había esclavos, los esclavizaron acá. Y sus saberes en la agricultura y en la minería deben tenerse en cuenta para entender, por ejemplo, la gran riqueza de los ingenios del Valle, cuyas élites forjaron su riqueza a partir de la explotación del oro con mano esclava en el siglo XVII. Esa historia no la cuentan–, apunta Mosquera.

En la segunda sala de Muntú Bantú, destinada al cine afro, hay un archivo de 1.500 películas en las que "la gente negra no está de reparto, sino que protagoniza las historias". La colección en DVD, como muchas de sus películas no son comerciales, se ha forjado a partir de múltiples viajes. El terremoto del 10 de agosto no la afectó, "pero sí es un campanazo para buscar otro formato de preservación". La sala conserva sillas de cine antiguas que eran usadas por Cinecolombia y fueron compradas hace más de diez años en un mercado de las pulgas.
La tercera sala, que el sismo afectó dramáticamente, está destinada a la indagación sobre la relación entre lo humano y lo animal. "Nosotros confrontamos el discurso que se instauró en el siglo XVI, gracias a Descartes, que separó al cuerpo y al alma hasta llegar al extremo de separar sociedad y animalidad". Su postulado es que la historia de los africanos no empieza con la esclavitud, sino millones de años antes, cuando el ser humano todavía hacía parte de la fauna. "De ahí que tantos comportamientos nuestros sean herencia, aprendizajes, del mundo animal".

Aunque la habitabilidad general del centro de memoria no está comprometida, esta sala sí sufrió daños considerables: se cayeron paredes que destruyeron buena parte de las 80 piezas de animales tallados en madera que han traído desde varias partes de África. Por los recursos limitados del centro, que por decisión de Mosquera ha operado por 20 años de forma independiente, "sin mendigarle a la institucionalidad", la reapertura completa podría tomar unos tres meses, aunque su director advierte que podría demorarse más. Primero deberán saber a ciencia cierta cuántas piezas se dañaron y cuáles se pueden recuperar. Y luego tendrán que reparar, con recursos propios, las averías en las paredes que dejó el temblor.
—¿Y en esta quijotada tiene algún Sancho Panza para la reconstrucción?
—(Risas) No, soy un Quijote sin Sancho. Hay una chica que me ayuda con las redes sociales, porque no soy experto en eso, pero hoy no tengo cómo pagarle.

Lo cierto es que Muntú Bantú es uno de los centros culturales más importantes de Quibdó que, dañados por el terremoto, no entran en el reporte que ha hecho el Ministerio de Culturas, cuyo registro se ha centrado en los bienes patrimoniales afectados. Y que deja por fuera los proyectos independientes, autogestionados, que como el de Mosquera, se preguntan, desde adentro, por la identidad, los saberes, y la historia no contada de ese rincón del mundo tan rico y biodiverso como asolado y marginado.
El techo sin estrenar del Teatro Andamio
“Aquí, sosteniéndonos”, me responde Danny Suley Castro, gestora del Teatro Andamio, ubicado en el barrio El Jardín de Quibdó, cuando se le preguntó cómo estaba.
Me cuenta que dos días antes del terremoto terminaron de construir el techo para una de sus salas. Y que por el temblor le cayó encima un tanque de agua y lo dañó casi todo, lo desplomó. “No alcanzamos a estrenarlo”. Las paredes del teatro también sufrieron daños, se agrietaron, y los materiales, por la cantidad de lluvia que ha caído en los últimos días en Quibdó, se mojaron casi todos.

–Necesitamos generar unos procesos de contención para los niños porque sabemos que están emocionalmente ansiosos, todavía angustiados y con un montón de sensaciones y sentimientos, pero no ha sido posible porque nos sigue dando temor las condiciones del espacio–, dice Castro.
Se refiere a los 32 niños y niñas que van todas las semanas al Teatro Andamio a aprender sobre dibujo y pintura, técnicas audiovisuales, danza moderna y tradicional; y a los 20 jóvenes que conforman su grupo de teatro y que, antes del terremoto, estaban ensayando para la celebración (hoy cancelada) del 22 de agosto, Día de los teatros y espacios públicos territoriales. Su plan era ofrecerle a la comunidad una visita guiada y experiencial al Teatro César Conto, recién abierto al público.
Danny Suley es maestra en artes escénicas y, junto a cuatro docentes más, sostienen la operación de este centro cultural que lleva vivo más de 15 años. Hasta la fecha, dice, no han sido contactadas ni recibido apoyo por parte de ninguna entidad territorial, ni por el Ministerio de Cultura de la ministra Paola Holguín. Pero sí de amigos en Bogotá y de parte de las salas de teatro de Medellín, que se juntaron para enviarles alimentos y facilidades de aseo.

Por la inclemencia del clima, solo han podido reunirse con la comunidad que hace parte de sus procesos de formación, creación y circulación para repartir las ayudas a las familias más afectadas. “Fue un momento de mucho regocijo, de mucho amor, de muchos sentimientos encontrados. La verdad es que todos los chicos expresaron la alegría de sentirse útiles en momentos tan difíciles, y de ayudar a los más afectados”.
La buena noticia, ante la falta de respuesta estatal, es que el diagnóstico que dio como ingeniero uno de los padres de un joven que asiste a los programas del teatro es que el centro no tiene daños estructurales y no debe ser demolido.
—¿Por qué para Quibdó son importantes los centros culturales como Teatro Andamio y por qué hay que prestarles especial atención? –le preguntó CAMBIO antes de cortar la comunicación.
–Porque en estos centros se gesta la cultura; y la cultura es que la mueve un pueblo, su idiosincrasia. Y porque son muchos los jóvenes que acá buscan las prácticas artísticas, conscientes de que estas los ayudan a liberar, canalizar y transformar todo lo que vivimos.
La Diva del ritmo exótico
Su nombre artístico es La Diva del Ritmo Exótico. Me dice que desde pequeña ha estado montada en los escenarios y que su carrera artística, que fusiona ritmos latinos, africanos y caribeños, lleva más de 12 años. El 30 de junio del 2024 fue invitada como DJ al Festival Diverso Lúcido Delirio en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella.
—¿Qué es el ritmo exótico?
—Un género musical que fusiona ritmos diversos, nacido aquí en Quibdó y que se ha transportado a través de todo el Chocó, hasta el punto de que ya estamos internacionalizados. Más que música y baile, es todo un movimiento de jóvenes, artistas, escultores que decidimos, a través de la danza, el arte, la música, transformar la realidad de nuestros territorios, que han sido tan vulnerados.
La Diva pertenece, como 2.000 artistas más, al Gremio Nacional del Ritmo Exótico, con sede en el barrio Tomás Pérez de Quibdó, en donde hay un estudio de grabación fundamental para el movimiento, y que sufrió daños no estructurales por el terremoto. Suerte distinta a la de su casa, en donde tiene un espacio de ensayo para colectivos de mujeres trans, y que después del temblor quedó inhabitable. Las 15 mujeres que frecuentan su espacio, “para bailar, para empoderarse, para crear” ya no podrán hacerlo.

En los primeros días después del temblor, junto a su mamá y otros familiares, durmieron por fuera de la casa, pero dado que el único albergue de la ciudad está lleno tuvieron que retornar a dormir bajo una estructura que a todas luces quedó inhabitable. Como quedaron inhabitables las casas de varios miembros del Gremio del Ritmo Exótico, DJ, artistas, bailarinas.
–Mira que yo tenía el lanzamiento de una canción programada para esta semana. ¿Cómo voy a hacerlo? ¿Cómo lanzar una canción en medio de esta tragedia?
Dice La Diva, y explica que su círculo, como toda la ciudad, está enfocada en reconstruir y rehabitar sus hogares. Las actividades culturales están paralizadas y la sede del Gremio se ha convertido en centro de acopio para la comunidad. Hasta nueva orden. Hasta que se pueda.
Misael y la Casa Ubuntú: Soy, porque somos
Misael baila danza folclórica desde los 5 años. En Bogotá, donde vivió 15 años, hizo parte del Ballet de Colombia y trabajó con Esperanza Biojó en una casa dedicada a los saberes afro cerca de la plaza de toros. Cuando volvió a Quibdó, como talismán en contra de la falta de espacios para que los grupos de danza de la ciudad pudieran ensayar, convirtió una tierra que heredó de su familia en centro de reuniones y ensayos. “Es un espacio barroco, decorado con objetos históricos del departamento, con techo de paja y piezas relacionadas con la minería”, dice.
Con los años, además de los ensayos de baile, el lugar se empezó a usar para velorios, bailes de chirimía, cumpleaños y encuentros de los sabedores de Quibdó. En un lugar seguro en medio del caos del orden público de una ciudad que, aunque lo intenta con todas sus fuerzas, no ha podido acallar ni sitiar a sus artistas.

Como La Diva, Misael es un activista (el primero en la ciudad, dice) de la comunidad LGTBI en el Chocó.
—¿De dónde viene el nombre Casa Ubuntú? —inquiere este periodista.
—El concepto lo conocí por una historia sobre unos antropólogos que investigaban una aldea en África. Resulta que a los niños de la aldea les propusieron hacer una carrera hasta la cima de una loma, con frutas como premio para los ganadores. En vez de competir, todos los niños se tomaron de las manos y subieron juntos. Las frutas las repartieron en partes iguales. Cuando les preguntaron por qué no habían competido individualmente, remitieron al concepto de ubuntú: yo soy porque somos.
Cuenta Misael y dice que esa filosofía es la que cimenta su centro de encuentro. Que la mayoría de los vecinos conocen también como “la casa de Misael”. Esa que está abierta a todos con tan solo ir a pedirle las llaves a Misael. Y que se ha ido convirtiendo en un lugar de referencia para los visitantes y también para periodistas que la usan para hacer entrevistas sobre la región.

El terremoto, por suerte, no le causó daños estructurales; pero las paredes sí se agrietaron y las láminas del techo se rompieron porque les cayeron escombros de un edificio vecino que se vino abajo.
En la mañana, antes de nuestra conversación, me cuenta que fue a comprar con su plata láminas de segunda para remendar el techo y así poder hacer de la casa un lugar de acopio para la comunidad diversa de Quibdó. Y termina contándome, ya con la mente en lo que está por venir, que después de arreglar el espacio quiere emprender el proyecto de construirle un segundo piso. Que oficialmente sea el de las tertulias de cultores y sabedores del Chocó. Mientras que en el primero se baile. A pesar de todo. Dentro de todo. Porque es lo que hay que hacer.
A estos centros se les suma, entre otros, la Corporaloteca de la Universidad Tecnológica de Chocó, que sufrió daños en sus paredes y equipos. Y la Biblioteca Departamental Arnoldo de los Santos Palacios, cerrada hasta nuevo aviso. Y las 14 bibliotecas afectadas en todo el departamento de Chocó; en Istmina, Acandí, Riosucio, San Juan, Sipí, el bajo Baudó, Bagadó.
Todos estos centros culturales están al margen del radar del Ministerio de las Culturas, más enfocado en las iglesias y en los bienes patrimoniales.
Lugares sostenidos por la comunidad, como siempre y desde siempre.
Lea los comentarios








