
Sin plata ni dientes: el odontólogo caleño que engañó a extranjeros y no da la cara
Viajaron a Colombia atraídos por la promesa de una sonrisa de película. Regresaron con deudas, miedo y los dientes destruidos. Pacientes de Andrés Felipe Libreros aseguran que el odontólogo les habló de cáncer y pérdida ósea y les ofreció inyecciones de un supuesto “hueso líquido”, además de tratamientos cada vez más costosos. CAMBIO y Univisión Investiga reconstruyeron sus historias.
Por: Iván Serrano
Gabriel Terra llegó a Cali el 27 de enero con 4.500 dólares y una idea sencilla: quería unos dientes más blancos y simétricos, una sonrisa como las que brillan en los comerciales de crema dental. Había ahorrado durante años para conseguirla. Vivía en Charlotte, Carolina del Norte, donde trabajaba como electricista, y había decidido gastar parte de sus ahorros en algo que llevaba tiempo esperando. En el consultorio de Andrés Felipe Libreros, sin embargo, el propósito del viaje cambió.
Tras revisar una radiografía, Terra asegura que el odontólogo le dijo que tenía una infección que llevaba años destruyéndole el hueso del paladar y de la mandíbula. Si no se trataba de manera urgente, podía desarrollar cáncer, le dijo Libreros. Ya no bastaba con el diseño de sonrisa: había que tratar 23 dientes, eliminar la supuesta infección y luego inyectarle “hueso líquido” para recuperar el hueso que, según le explicó el odontólogo, había perdido.
Los 4.500 dólares dejaron de ser suficientes. El tratamiento aumentó en otros 7.600 dólares, dinero que Terra sacó de una reserva que había destinado a celebrar los 15 años de su hija. Cuando le dijo a Libreros que ya no tenía cómo pagar, recuerda haber escuchado una respuesta que, por un momento, volvió a tranquilizarlo: el odontólogo estaba dispuesto a ayudarlo. Podía pasar su tarjeta de crédito y el dinero, le aseguró, sería devuelto.
No hubo devolución. Terra dice, tras romper en llanto, que terminó pagando 20.200 dólares. Tampoco pudo celebrar los 15 años de su hija como había planeado.

“No, doctor, es que no tengo dinero”
“Yo no tenía forma de agradecerle”, recuerda Gabriel. El odontólogo le había dicho que contaba con un seguro llamado “Bold” y que podía pasar su tarjeta de crédito con toda confianza: el dinero, aseguró, le sería devuelto después. Pero quienes viven en Colombia saben que Bold no es ningún seguro, es un sistema de datáfonos usados de manera frecuente por pequeños comercios y por profesionales independientes. Por supuesto, no hubo devolución.

Su historia es una de las que reconstruyó CAMBIO y Univisión Investiga sobre Libreros. Primero llegaron buscando tratamientos odontológicos; después recibieron advertencias sobre enfermedades que, según dicen, desconocían; finalmente, terminaron aceptando procedimientos cada vez más costosos y, en algunos casos, escuchando promesas de seguros, ayudas o devoluciones que nunca se cumplieron. Entre ellos hay ciudadanos de Estados Unidos, Venezuela, Uruguay y Colombia.

Para algunos, el viaje a Cali había comenzado como una forma de conseguir una sonrisa de película a un precio que parecía inalcanzable en Estados Unidos. Libreros ofrecía diseños de sonrisa por 4.500 dólares, mientras que, según la investigación, un tratamiento semejante en Florida podía llegar a costar 35.000. En las tarifas estaban incluidos el alojamiento y el transporte en Cali. Lo que encontraron después, según sus testimonios, fue otra historia.
Jacqueline Patoka, una uruguaya vinculada al mundo del espectáculo, también llegó a Libreros por redes sociales. El dentista le había hecho un tratamiento a su hija, Deborah, y eso le dio confianza para escogerlo.
Patoka pagó 11.500 dólares por “hueso líquido”. Según cuenta, Libreros le aseguró que el seguro cubriría el procedimiento y que recibiría un reembolso. Patoka se negó a continuar con el tratamiento y el dinero nunca llegó. Según relata, Libreros le decía que ya había ordenado la devolución y que era el banco de ella el que no quería recibirla.
A Jacqueline Patoka también le ofrecieron un aparato de 30.000 dólares para tratar el cáncer. Según cuenta, Libreros llevó a dos personas que intentaron vendérselo con la explicación de que el tratamiento requería introducirle tubos por vía vaginal o anal.
“Supuestamente, era para algo de ozonoterapia, que me iba a curar”, dice. Cuando se preguntó si se refería al cáncer, respondió que sí. Patoka, que había pasado por varias cirugías antes de conocer al odontólogo, dice que él sabía de sus problemas de salud. Al final, desconfió de la oferta del dentista y no la aceptó.
Ahora, lejos de recomendarlo, tanto Patoka como un grupo de personas, entre las que se cuentan ciudadanos de Estados Unidos, Venezuela, Colombia y Uruguay, se declaran víctimas del odontólogo caleño. Han emprendido acciones legales en su contra y activado grupos de víctimas en redes sociales, a los cuales se han unido personas residentes en distintas partes del mundo. También han querido hablar con medios de comunicación, esperando que las autoridades se interesen en el caso y agilicen las investigaciones, y que otras personas tomen precauciones antes de contratar servicios similares.
“Andrés, dime de dónde me salieron tantas enfermedades”
Al parecer, Andrés Felipe Libreros es un experto en marketing digital. “Sabe más de marketing que de odontología”, dice entre risas Jefferson Carrero, un implantólogo que ha hecho varios trabajos para el dentista.

Las fotografías que Libreros publica en redes tienen una cuidada producción y los textos están escritos en inglés. Los pacientes entrevistados son, en su mayoría, ciudadanos de Estados Unidos.
Con este gancho, una excelente imagen y una estrategia dirigida a pacientes extranjeros, decenas de personas han viajado y siguen viajando hasta Cali para contratar los servicios de Libreros.
En las tarifas se incluyen el alojamiento y los transportes en Cali. Un paquete de turismo odontológico que es solo la puerta de entrada a situaciones llenas de costosos imprevistos que, según algunos de estos pacientes, han terminado por arruinarles la vida.

Lina Guerrero llegó al consultorio de Libreros por una muela rota. Según cuenta, el odontólogo le envió un supuesto resultado de biopsia en papel membretado de la Fundación Valle del Lili para advertirle que podía perder todos sus dientes. Después, dice, le habló de un riesgo de cáncer y le ofreció los nuevos tratamientos inyectados.
Presa del miedo y la angustia, la mujer le pagó a Libreros cerca de 70 millones de pesos por su tratamiento. Según su relato, cuando el odontólogo le extrajo una muela, le dañó otra y le cobró diez millones de pesos por un implante en circonio que, tras ser revisado por un odontólogo de Pines Palm Dental en Florida, resultó ser una prótesis adhesiva cuyo valor no superaba los 400.000 pesos. Debajo de esa prótesis, asegura, quedaron restos de la muela extraída durante más de un mes y medio. Empezó a sentir mal olor, inflamación, sangraba y se le filtraban alimentos. Cuando llamaba a Libreros, este le respondía que era normal y que debía esperar a que la encía se adaptara.
Guerrero dice que el diseño de sonrisa quedó mal ajustado, con restos de material y espacios por los que no podía pasar la seda dental. Las caries que supuestamente le había tratado seguían allí. “No puedo comer por el lado izquierdo”, cuenta. Según las valoraciones posteriores que refiere, necesita una cirugía de elevación del seno maxilar, un implante para reemplazar la muela extraída y reparar la pieza vecina. Ella vive en La Florida y está trabajando duro para reunir la pequeña fortuna que vale la nueva intervención en Estados Unidos.
Había ido por una muela rota y terminó convencida de que podía perder todos sus dientes y desarrollar cáncer. Desesperada, le preguntó al hombre que había sido su amigo durante años: “Andrés, dime de dónde me salieron tantas enfermedades”.
Al caso de Lina Guerrero se suma el de Gloria Inés Giraldo, que también terminó en el consultorio de Libreros, aunque su historia comienza mucho antes de hablar de su propia experiencia con el odontólogo: con la de su hermana mayor. Tenía 15 años cuando su padre decidió que lo mejor era quitarle todos los dientes, que consideraba débiles, y ponerle una prótesis. Lo hicieron poco después de su cumpleaños. Su padre incluso le organizó una fiesta y le dijo que comiera todo lo que pudiera porque durante los siguientes 15 días no podría hacerlo.
Gloria también tuvo una pésima experiencia con Libreros, pero cuando habla de su hermana, la historia deja de ser un relato sobre odontología y se convierte en un recuerdo que todavía le cuesta contar sin llorar.

Su hermana, que pidió no ser identificada, vive en Armenia. Acaba de cumplir 80 años. La historia que cuenta Gloria ayuda a entender por qué durante buena parte de su vida ha querido tener dientes que le permitan comer con normalidad. “Unos dientes buenos, unos implantes”, dice. Poder masticar sin tanto esfuerzo un trozo de carne o disfrutar de un asado sin sentirse incómoda.
Hace un tiempo, el techo de su casa se dañó, pero sus ahorros solo le permitían escoger entre dos opciones: arreglar su vivienda o, por fin, ponerse los implantes. “Voy a pensar en mí; no en mi casa. En organizarme, en estar bien presentada”, dijo la señora en una conversación con este medio. Fue así como, por recomendación de un familiar, llegó al consultorio del odontólogo Andrés Felipe Libreros para por fin tener la sonrisa y la mordida que tanto había soñado. La paciente de Armenia asegura que terminó pagando de más por su tratamiento.
¿Hueso liquído?
Otros pacientes accedieron a procedimientos que iban más allá de sus dientes. Gabriel Terra relata que, después de las inyecciones de “hueso líquido”, Libreros le dijo que también necesitaba vitaminas por vía intravenosa. Según su testimonio, lo acostaron en una camilla y unas mujeres, a quienes identificó entonces como una doctora y una enfermera, lo atendieron.
Terra cuenta que se asustó durante el procedimiento. Sintió que iba a desmayarse y pidió que suspendieran lo que le estaban administrando. Después, mareado, regresó al hotel. Tiempo más tarde, dice, encontró información que vinculaba a una de aquellas mujeres con un establecimiento de atención a mascotas. Le envió una captura de pantalla a Libreros y le pidió explicaciones. Según su relato, no recibió respuesta.
Daniela Petit describe otra atención fuera del consultorio odontológico. Libreros, dice, la llevó a un espacio en el mismo pasillo donde una mujer, a quien describe como una “doctora holística”, le aplicó inyecciones de plasma en las encías y un cóctel intravenoso de vitaminas. La explicación que recibió era que esos procedimientos ayudarían a combatir la infección y a fortalecer su sistema inmunitario.
La participación de otras personas es una de las razones por las que Patoka sostiene que detrás de lo ocurrido había una red. En su relato aparecen quienes ofrecían tratamientos, quienes intervenían a los pacientes y quienes recibían los pagos.

Las deudas con quienes hacían los tratamientos
Diana Falla, ceramista dental, trabajó durante un fin de semana para terminar dos encargos de Libreros. Eran las piezas que el odontólogo les pondría a una pareja de pacientes que, contó, debía regresar a Estados Unidos. Entregó las restauraciones y, según dice, quedó esperando un pago de alrededor de 10 millones de pesos.
Después de la entrega comenzaron las dificultades para cobrar. Falla cuenta que Libreros empezó a darle distintas explicaciones: la muerte de un primo, problemas en el edificio donde funcionaba el consultorio. Pasaron cerca de dos semanas y decidió averiguar qué estaba ocurriendo. Buscó información sobre él y habló con personas que conocían el sector. Finalmente, recurrió a una abogada para exigirle el pago.
También fue a buscarlo a su lugar de trabajo. Falla dice que en la recepción le dijeron que el consultorio seguía funcionando y que otras personas habían ido allí a cobrarle. Al momento de la entrevista, asegura, todavía no había recuperado su dinero.

Jefferson, el implantólogo que intervino a varios pacientes de Libreros, describe dificultades similares. Recuerda un trabajo en el que colocó seis implantes, pero solo recibió el pago correspondiente a cuatro. Los materiales, además, habían corrido por su cuenta. Añade que Libreros le envió un comprobante de consignación que nunca se reflejó en su cuenta, por lo que tuvo que ir personalmente a reclamarle el dinero.
En otras ocasiones, dice, el odontólogo justificaba los retrasos asegurando que el paciente se había ido sin pagar o que se le había caído un implante. Jefferson pedía fotografías para revisar lo sucedido, pero no siempre las recibía.
Una exauxiliar, que pidió mantener su identidad en reserva, también asegura que quedó esperando pagos laborales. Cuenta que Libreros la contrató con la promesa de prestaciones de ley, pero nunca le hizo firmar el contrato.
Libreros ante la justicia
Varios pacientes han iniciado acciones legales y denunciado a Libreros en la Fiscalía. También hay reclamos civiles y otras tantas quejas ante el Tribunal de Ética Odontológica del Valle del Cauca. El 26 de mayo de 2026, la Fiscalía recibió una denuncia colectiva de ocho pacientes; otra paciente, Hiomary Alzate, también presentó una denuncia penal por su caso. Lina Guerrero interpuso una demanda de responsabilidad civil que cursa en el Juzgado Quinto Civil de Cali. Libreros no ha asistido a las audiencias a pesar de estar notificado.

Un falso abogado
El pasado mes de mayo, un grupo de afectados se reunió en Bogotá para contratar a un abogado que adelantara sus procesos. Un amigo de una de las víctimas les recomendó a Sergio Delgado, quien se presentó como abogado. Sin embargo, al consultar el Registro Nacional de Abogados y solicitar información a la Universidad Externado de Colombia, de donde decía ser egresado, CAMBIO constató que no figuraba inscrito como abogado ni había estudiado en dicha universidad. Varios afectados le habían consignado una suma que rondaría los 9.000 dólares. De Delgado no volvió a saberse.

CAMBIO y Univisión Investiga buscaron a Andrés Felipe Libreros para conocer su respuesta a estos señalamientos. El odontólogo había aceptado una entrevista para el 11 de septiembre, pero la canceló unas horas antes. El 15 de septiembre le enviamos una nueva comunicación con las denuncias de los pacientes y preguntas sobre los diagnósticos, los tratamientos, las promesas de devolución y los documentos cuya autenticidad ha sido cuestionada. Al cierre de esta publicación, no habíamos recibido sus respuestas.
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