
A estas alturas de la contienda presidencial está muy claro que la derecha colombiana se equivocó al jugársela por una estrategia de campaña basada, esencialmente, en un discurso antipetrista bastante ideologizado.
Así lo demuestra la encuesta hecha para CAMBIO por el Centro Nacional de Consultoría (CNC), publicada el pasado domingo.
La medición indica que, entre enero y febrero, mientras candidatos y precandidatos de la derecha insistían en señalar al abanderado del Pacto Histórico, Iván Cepeda, como un “guerrillero de las Farc” y como el heredero político del “desastroso” Gobierno de Gustavo Petro, ambos personajes —tanto el presidente como el candidato de izquierda— daban un salto significativo en la preferencia de los colombianos.
Según el sondeo del CNC publicado por CAMBIO, entre enero y febrero pasados Petro dio un salto de 5,7 puntos porcentuales en su popularidad, y Cepeda avanzó 7,2 puntos en las preferencias electorales.
De acuerdo con la misma encuesta, en la primera vuelta presidencial del próximo 31 de mayo, Cepeda obtendría el 35,4 por ciento de los votos, mientras que Abelardo de la Espriella, que representa una derecha radical, marcaría un 16,7 por ciento.
Estos datos coinciden con los de la encuesta Invamer divulgada la semana pasada por Caracol Televisión, que también muestra un alza significativa en el respaldo de los colombianos a la candidatura de Cepeda y a la gestión de Petro, que subieron, respectivamente, 5,2 y 11,1 puntos entre noviembre de 2025 y febrero de este año.
Si al comienzo de la actual contienda presidencial todo indicaba que la oposición tenía todas las de ganar por la mala gestión del Gobierno Petro en áreas como la salud, la seguridad y la lucha contra la corrupción, a menos de tres meses de la primera vuelta electoral ha quedado en evidencia que esa oposición tiene mucho que perder y que erró al enfocar su campaña en los múltiples desaciertos del actual Gobierno. Los yerros de Petro parecen no pesar en la opinión pública tanto como sus opositores pensaban.
Candidatos como De la Espriella, Paloma Valencia y Vicky Dávila, y atrás de bastidores el expresidente Álvaro Uribe, creyeron que les iba a funcionar la vieja narrativa de que, con la izquierda, Colombia se encaminaba al despeñadero del chavismo venezolano. Estaban convencidos de que el fracaso de la Paz Total y el desastre petrista en los intentos por reformar el sistema de salud serían un lastre insuperable para Cepeda.
Les falló el cálculo. Si bien puede haber 100 ejemplos de lo que le salió mal a Petro, pasaron por alto que hay una cosa que le ha salido bien: la política social.
Y esto se ha visto con mayor claridad hacia el final de su Gobierno —el primero de izquierda en la historia de Colombia—, pues se han ido acumulando millones de beneficiarios de sus políticas redistributivas.
Por ejemplo, con el aumento del 23,7 por ciento del salario mínimo este año, 2,4 millones de trabajadores colombianos han visto incrementar sus ingresos en 41,65 por ciento en términos reales desde 2023.
Además, desde el año pasado tres millones de adultos mayores reciben un bono pensional de 230.000 pesos. Y 98.000 soldados de las Fuerzas Militares reciben por primera vez, desde enero pasado, un salario mínimo como ingreso base.
Estas ayudas sociales —más allá de que sectores críticos las puedan considerar populistas y hasta “fiscalmente irresponsables”— constituyen un alivio no sólo para quienes las reciben, sino para sus familias. Es decir, tienen un efecto multiplicador y de gran alcance.
Los datos no mienten. Según el DANE, la pobreza monetaria disminuyó 4,8 puntos porcentuales entre el 2022 y el 2024. Y esto se debe, principalmente, al aumento en los ingresos de las familias más vulnerables.
Cuando la gente tiene dinero en sus bolsillos para comer, puede aumentar su tolerancia frente a problemas como la inseguridad y la falta de acceso a la salud, sobre todo cuando estos no la afecten de manera directa. Esto en política marca una diferencia y se manifiesta en lo que se conoce como “el efecto teflón”: nada de lo malo que hace un gobernante parece afectarlo frente a sus seguidores.
Es precisamente lo que está ocurriendo con Petro, en beneficio de la campaña de Cepeda. Además, al diseñar su estrategia electoral la oposición parece no haber tenido en cuenta que desde hace tres años las encuestas muestran una franja de petristas convencidos, que oscila entre el 35 y 40 por ciento.
Esto, a pesar de las erráticas disertaciones del presidente en redes sociales y de escándalos de corrupción como el de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), o de los abruptos cambios en el gabinete ministerial.
En el más reciente aumento de la aprobación a la gestión de Petro pudo influir también el hecho de que el mandatario considerado por la derecha como un “comunista intransigente” se haya dado la mano en la Casa Blanca con Donald Trump. Con eso, la oposición colombiana perdió un arma política que usaba en la campaña: la del mandatario “irresponsable” que se atreve a confrontar con el socio comercial y el “aliado estratégico” más importante de Colombia.
La dedicatoria que le escribió Trump a Petro durante su encuentro en el libro El arte de la negociación: “You are great” (eres genial), terminó siendo un revés para ese enfoque de la derecha. Con esa dedicatoria, ¿cómo Uribe, De la Espriella y similares podían sostener el relato de un presidente antiyanqui que conduce a su país a un precipicio?
Como es obvio, en el plazo inmediato el gran beneficiario de esta nueva realidad política es Iván Cepeda, como también muestran las encuestas.
La derecha colombiana tendrá que replantear su estrategia electoral. Y esto pasa por reconocer —aunque sea en la intimidad de los comandos de campaña— que así como Petro es un mal gestor del aparato público y un gobernante caótico, también supo entender que un grave problema de Colombia es la inequidad y que millones de colombianos se han sentido interpretados por él.
Hay que ver si a las campañas les alcanza el tiempo para reorientar el enfoque antipetrista, si es que les interesa hacerlo.
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