
Si bien Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo terminaron haciendo fórmula presidencial con un poderoso eslogan de tolerancia —“construir juntos desde la diferencia”—, la candidata de la derecha a la Presidencia llegó a esa unión teniendo muy claro que, en un eventual triunfo en las urnas, se hará lo que ella diga. El candidato vicepresidencial, en cambio, luce confundido.
Muy ilustrativa de la claridad que tenía Paloma Valencia cuando se decidió por Oviedo como su fórmula vicepresidencial, a pesar de diferencias profundas con él en temas como el acuerdo de paz con las Farc, fue lo que le dijo al director de CAMBIO, Federico Gómez, en la entrevista del pasado domingo cuando él preguntó sobre una eventual coyuntura de gobierno en la que hubiera que tomar decisiones sobre temas que la dividen de Oviedo.
“Al final depende de lo que la presidenta quiera hacer”, sostuvo Paloma.
Eso indica que, a lo sumo, Oviedo podrá opinar. Solo eso.
Y una de dos: o, con una alta dosis de ingenuidad, el candidato vicepresidencial cree que para el uribismo construir desde la diferencia incluye ceder; o considera suficiente que en un eventual gobierno se respeten sus opiniones sobre el acuerdo de paz, aunque luego no se tengan en cuenta para nada. Él mismo le dio relieve al tema al ponerlo en el corazón del debate público que sostuvo con Paloma antes de concretarse la fórmula presidencial.
Si se tratara del primer caso, a Oviedo —a pesar de su notorio sentido común— se le está pasando por alto que, aunque Paloma ha demostrado ser una política dispuesta a discutir temas controversiales, también ha demostrado que hoy es la cabeza más visible de una corriente ideológica muy definida dentro del uribismo, en la cual, desde hace 10 años, tiene un papel protagónico la oposición al acuerdo de paz con las Farc.
La insistencia de Paloma en que no se reconoció el triunfo del ‘No’ en el plebiscito por la paz de 2016, a pesar de que el acuerdo con las Farc fue renegociado tras ese resultado electoral, es una prueba de su talante ideológico. Y su obstinación con que los militares y policías acusados de delitos atroces tengan un tratamiento judicial distinto al que han tenido otros responsables de crímenes graves, como los exjefes de las Farc, también prueba el peso que la ideología tiene en ella.
Es obvio entonces que la agenda política del uribismo, muy clara y definida, no solo frente al acuerdo de paz sino también frente a otros temas —como el rechazo a que las parejas del mismo sexo adopten hijos—, deja poco margen de maniobra para que Oviedo, una político de perfil técnico e independiente, influya de manera efectiva en las decisiones de gobierno.
Ahora, si Oviedo se resignó a tener voz pero no voto en un posible gobierno con el uribismo, en temas que para él parecían importantes, como la implementación del acuerdo de paz, más desconcertante resulta para quienes votaron por él en la consulta interpartidista de la derecha para elegir candidato presidencial.
Sobre todo, por la vehemencia con la que Oviedo defendió públicamente sus convicciones tras obtener 1,2 millones de votos en esa consulta interpartidista. ¿Terminó por claudicar ante el uribismo?
En Colombia, por Constitución, quien toma las decisiones de gobierno es el presidente o presidenta, y un vicepresidente no tiene funciones propias, sino las que le asigne el mandatario. Sin embargo, la votación que obtuvo Oviedo en la consulta de la derecha constituye un capital político que debería pesar tanto en la campaña como en un posible gobierno del uribismo.
Pero él parece haberse conformado con ser escuchado, aunque sus posturas no se traduzcan en políticas públicas.
Si Oviedo renunció a sus convicciones sobre el acuerdo de paz y otros temas que lo distancian del uribismo, no solo pierde él. También Paloma Valencia, que en su pragmatismo político le apostó a recoger la sorpresiva votación que tuvo él en la consulta interpartidista. Buena parte de los 1,2 millones de votos que obtuvo Oviedo pueden terminar en la fórmula presidencial de Sergio Fajardo y Edna Bonilla.
Y más allá de este hecho, el mensaje de construir desde la diferencia —al que apeló la fórmula Paloma-Oviedo para matizar la polarización que transmite la candidata del expresidente Álvaro Uribe— habrá perdido efectividad en plena campaña por la Presidencia.
Aunque esto último no significa que esa fórmula presidencial vaya a ser derrotada en las urnas, sí deja pérdidas en credibilidad tanto para Paloma como para Oviedo. Y a los dos debería importarles.
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