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El mercado opaco de los péptidos en Colombia: productos sin registro, promesas milagro y riesgos desconocidos
La mayoría de estos productos se administran con pequeñas inyecciones subcutáneas, generalmente en la zona del abdomen. Crédito: Reuters
Salud y bienestar

El mercado opaco de los péptidos en Colombia: productos sin registro, promesas milagro y riesgos desconocidos

Los péptidos se volvieron el producto de moda y se venden para adelgazar o para ganar masa muscular. Algunos de ellos ya tienen en alerta al Invima por la falta de registros. CAMBIO investigó cómo opera este negocio en Colombia, cuáles son las sustancias más populares y qué dicen los médicos sobre los riesgos.

Por: Carol Tatiana Gómez

“Yo creí que iba a morir, me las mandé, me inyecté quién sabe qué cosas (...) empecé a despedirme de todas las personas”, confesó Sofía Gonet, una influencer argentina conocida como 'La Reini', y quien comenzó a tener temblores, náuseas, fiebre y confusión después de haberse aplicado una inyección de retatrutida, una sustancia que le ofrecieron para acelerar la pérdida de peso. Ella terminó en el hospital.

Su historia se volvió viral, como se han vuelto virales las promesas que rodean a estas sustancias que se venden como el santo grial de la pérdida de peso. ¿Qué pasaría si un día le dicen que hay una de ellas para cada necesidad? Una para adelgazar, un para tener un cabello perfecto, una para mejorar la apariencia de la piel, una para la ansiedad, una para dormir...

En Colombia se ofrecen productos de este tipo sin fórmula médica y sin registro sanitario, y en algunos casos no hay garantías sobre qué contienen realmente los frascos.

"Yo creí que iba a morir, me las mandé, me inyecté quién sabe qué cosas"

Sofía Gonet, Influencer argentina

CAMBIO rastreó, en TikTok e Instagram, distintas cuentas que promocionan la venta de péptidos en Colombia. Una de ellas respondió por WhatsApp al mensaje: "Hola, buenos días. Estoy interesada en los péptidos”.

"Buenos días, mi reina, ¿cómo estás? Manejo facilidad de pago", respondió la mujer. Segundos después llegó un catálogo con precios (900.000 pesos por un tratamiento de cuatro dosis o 1.500.000 pesos por uno de seis, que incluía masajes, drenajes y radiofrecuencia) y un audio de un minuto explicando cuáles eran los efectos de la tirzepatida y la retatrutida, que las sustancias hacían bajar "entre 3, 6 y 12 kilitos" y que el metabolismo de cada quien "ayuda a bajar" lo demás.

No preguntó por una fórmula médica ni por una historia clínica y en ningún momento de la conversación apareció la palabra "riesgo”. Así opera un mercado que las autoridades sanitarias han empezado a identificar y alertar, pero que continúa moviéndose ampliamente por redes sociales y canales informales.

El Ozempic, la promesa de adelgazar y la puerta de entrada a la popularización de los péptidos

Los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos, muy similares a las proteínas, que el cuerpo humano usa naturalmente para regular funciones como el apetito o la producción de colágeno. La insulina, la oxitocina y el GLP-1 la misma sustancia que imitan farmacológicamente Ozempic y otros medicamentos similares son péptidos que el organismo produce por sí solo. Algunos de ellos sí cuentan con estudios clínicos, aprobación de las autoridades sanitarias y años de uso documentado. El caso más conocido es la semaglutida, el principio activo detrás de Ozempic.

"Como es un péptido y como lo produce el cuerpo humano, se dice que es inofensivo. Pero cuando yo lo administro y lo sintetizo, evidentemente ya lo estoy utilizando como un medicamento", advierte Javier Benavides, jefe del Servicio de Medicina Interna y endocrinólogo del Hospital Infantil Universitario de San José.

La semaglutida fue aprobada originalmente para tratar la diabetes tipo 2, pero con el tiempo se descubrió que también generaba una pérdida de peso significativa en quienes la usaban. Eso la convirtió en un fenómeno global y celebridades de Hollywood admitieron haberla usado para adelgazar, y en TikTok el hashtag #Ozempic acumula millones de reproducciones con videos de supuestas transformaciones físicas.

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Videos de transformaciones físicas asociadas a Ozempic y otros péptidos acumulan millones de reproducciones en TikTok. Créditos: Redes Sociales

Para María Alejandra Velandia, médica cirujana de la Universidad Nacional de Colombia y especialista en medicina estética, ese atractivo tiene una explicación: "Los cambios son impresionantes, las personas bajan de peso muy rápido y son cambios que atraen a pacientes a quienes les da miedo operarse, hacerse una manga gástrica o un bypass gástrico”. Esa promesa de resultados rápidos es lo que ha hecho que muchos busquen atajos fuera del sistema regulado.

En Colombia, el medicamento solo se puede conseguir con fórmula médica, y su precio, que oscila entre 300.000 y 2.000.0000 de pesos según la dosis y la presentación, lo pone fuera del alcance de buena parte de la población. Además de la barrera del precio, acceder a estos medicamentos de forma legal implica pasar por una valoración médica, y no todos los pacientes son candidatos, mientras que, en el mercado informal, no hace falta ni fórmula ni diagnóstico. Con un mensaje de Whatsapp es suficiente.

Ahora, el éxito del Ozempic abrió la puerta a otros péptidos que prometen resultados para la piel, el cabello, la ansiedad, el desarrollo muscular, sin importar si ya terminaron sus fases de investigación, si ya se probaron en humanos, si hay efectos a largo plazo o si hay una fórmula comprobada.

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Ozempic, cuyo principio activo es la semaglutida, fue aprobado originalmente para tratar la diabetes tipo 2.

Una promesa de milagro que se volvió alerta sanitaria

En apenas dos meses, el Invima emitió cuatro alertas sanitarias distintas sobre péptidos. Las primeras llegaron en junio, tras identificar la venta ilegal de productos que usan nombres de sustancias reconocidas o de medicamentos en desarrollo, sin que exista ninguna garantía de que su contenido corresponda a lo anunciado. Entre ellos, tirzepatida inyectable, retatrutida, GHK-Cu, una combinación de LIPO-C con vitamina B12, y NAD+.

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Retatrutida, tal como aparece en el documento de la Alerta 180-2026 del Invima, sin ningún registro sanitario en Colombia. Créditos: Invima

El pasado 19 de agosto de 2026, emitió una nueva alerta, esta vez contra una marca comercial específica, Biotech Peptides, que vendía un listado de 20 péptidos distintos sin registro sanitario entre ellos BPC-157, TB-500, IGF-1 y Semax. A diferencia de los productos señalados en junio, muchos de estos no imitan un medicamento existente, pues son sustancias que nunca han sido aprobadas para uso humano en ningún país, comercializadas bajo la fachada de "research chemicals" (productos químicos de investigación), suplementos o preparados magistrales.

 "Hay una figura en Estados Unidos bajo la cual se acobija la gente: los medicamentos que se comercializan como research chemicals. Cuando tienes una fórmula magistral, es un preparado que se manda a hacer de acuerdo con las concentraciones que se requieran de ciertos productos. Entonces, bajo ese nombre, el producto puede salir de los laboratorios y la gente puede producirlo y venderlo bajo esa etiqueta. Pero, al final, cuando recibes el producto, este indica que todavía está en investigación", explicó a CAMBIO la médica Velandia. 

Esa fachada legal es una de las razones por las que circulan con tanta facilidad. Según el Invima, estos productos se distribuyen principalmente a través de redes sociales, plataformas de comercio electrónico, centros de estética y cadenas de WhatsApp, muchos de ellos impulsados por influenciadores. Como muchos de ellos no tienen registro sanitario, la normatividad vigente los convierte en productos fraudulentos, cuya composición, trazabilidad y condiciones de fabricación no pueden garantizarse.

"No se puede asegurar la esterilidad del producto y pueden llegar lotes colonizados por bacterias, y esa ya es una primera alarma para los pacientes. Si no se cumple con la cadena de frío o la refrigeración adecuada, el producto pierde efectividad y ya no funciona igual. Además, no tener bien regulada la cantidad de producto que se usa, o las dosis que se van escalonando, representa riesgos adicionales para la salud", afirmó Velandia.

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LIPO-C + B12 y NAD+, dos de los productos incluidos en la Alerta 181-2026 del Invima, sin ningún registro sanitario en Colombia. Créditos: Invima

El coordinador del Grupo de Farmacovigilancia del Invima, William Saza, señala que cuando un producto no tiene registro, se desconoce su composición real y los riesgos asociados. La entidad ha recibido reportes de personas que presentaron mareo persistente, episodios de presíncope, alteraciones en el ciclo menstrual, aumento de peso y cambios en el perfil lipídico confirmados mediante exámenes médicos, tras consumir estos productos.

Hay péptidos que ni siquiera están en investigación

Por ejemplo, uno de los más buscados en gimnasios y redes de fitness es el BPC-157, promocionado como "el péptido de la recuperación". "Estos péptidos, por ejemplo, no se han probado en humanos y no tienen aprobación de entidades como la FDA. ¿Qué quiere decir eso? Que su administración no está regulada y representa un riesgo para el paciente", advierte Javier Benavides. "Con ese mismo mecanismo no se ha estudiado si podría existir un riesgo potencial: si al aumentar la vascularización o la regeneración de los tejidos existe la posibilidad de que un tumor oculto aumente de tamaño y se haga evidente”, añadió.

Antes de que cualquier medicamento llegue a una farmacia, existe un proceso regulatorio de varios años: la FDA la agencia de medicamentos de Estados Unidos, cuyos estándares son referencia mundial exige que una sustancia pase por varias fases de ensayos clínicos en humanos, que evalúan progresivamente seguridad, dosis correcta y eficacia, antes de poder aprobarla y autorizar su venta.

Pocos péptidos que circulan en Colombia han llegado si quiera a esa etapa. La mayoría de los que aparecen en las alertas del Invima (BPC-157, TB-500, CJC-1295, Ipamorelina, GHK-Cu, DSIP, entre otros) ni siquiera están en ese camino, pues no hay ensayos en curso hacia una aprobación como medicamento, solo evidencia preliminar en animales o estudios pequeños, sin ninguna ruta regulatoria activa.
 

Así opera el negocio de los péptidos en Colombia

CAMBIO contactó, además, a otras cuentas en redes sociales que ofrecen péptidos en el país. Al preguntarle a una de ellas qué laboratorio fabricaba sus productos, envió un Certificado de Análisis (COA) de un laboratorio estadounidense llamado Freedom Diagnostics, con gráficos de cromatografía y la firma de un químico. El certificado que debía dar confianza tenía una advertencia en letra pequeña: “solo para fines informativos” y el producto no estaba aprobado para uso humano.

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Traducción de un fragmento de la letra pequeña del documento: "Este análisis está destinado únicamente a fines informativos y es específico para la(s) muestra(s) proporcionada(s). Los péptidos analizados están destinados solo para uso en investigación y no están aprobados para uso humano o veterinario, diagnóstico, terapéutico o aplicaciones clínicas". 

"Acá no está aprobado por el Gobierno y no hay certificación", admitió la misma vendedora cuando se le preguntó, y agregó que en el país no existen laboratorios serios para este tipo de productos. Otra captura, de rastreo de envío, mostró el resto de la ruta: el paquete había viajado de Memphis a Miami y de ahí a Bogotá.

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El abdomen es una de las zonas más comunes para la aplicación subcutánea de este tipo de medicamentos.

En otra conversación, una vendedora explicó que comprar el producto y aplicárselo uno mismo sale "a menos de la mitad del precio" de lo que cobra un consultorio por cada aplicación entre 800.000 y 1.500.000 pesos, según dijo. "Aunque yo le vendo a médicos estéticas, le vendo a muchísimos entrenadores personales (...) de salud también, entonces es uno mismo el que se lo aplica en diferentes zonas del cuerpo", afirmó.

Otra forma en la que circulan los péptidos es a través de perfiles de personas que se presentan como “líderes” o “mentores” de estructuras de multinivel, en las que la gente se afilia para vender productos de una marca y ganar comisiones. A través de estas páginas se promocionan productos como GLP-3 RETA, un apodo informal para la retatrutida, la misma molécula que, como ya se mencionó, no tiene aprobación ni del Invima, de la FDA o de la EMA, de Europa.

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Publicidad en redes sociales que promociona el "GLP-3 RETA", un apodo informal para la retatrutida, bajo el respaldo de una marca de mercadeo multinivel.

"Acá no está aprobado por el Gobierno y no hay certificación", admitió una vendedora.

Otro caso muestra cómo se utiliza el lenguaje científico para vender algo sin ningún respaldo real. Una cuenta que promociona el kambo, la secreción de una rana amazónica usada tradicionalmente en rituales indígenas aseguró que esta sustancia contiene "más de 200 péptidos bioactivos", entre ellos BPC-157, TB-500 y Thymosin Alpha-1, con frases como "no es placebo" y "respaldo científico". Aunque sí existen estudios científicos reales sobre los péptidos que produce esta rana, ninguno de ellos corresponde a los que menciona la cuenta. 

Las señales que sí se pueden reconocer, según expertos

Frente a este panorama, la doctora María Alejandra Velandia identifica algunas señales de alerta que cualquier comprador puede reconocer: que el producto no provenga de un laboratorio conocido ni tenga trazabilidad clara, que aparezca en alguna alerta sanitaria, o que quien lo ofrezca no sea un profesional de la salud. "Nadie que no sea médico puede formular estos productos", advierte. "Si yo voy a hacerme cualquier tratamiento inyectable, tengo que exigirle al médico que me diga qué marca y qué laboratorio es; como paciente, tengo el derecho de averiguar si lo que me van a aplicar es legal o no”, agrega.

Por otro lado, el endocrino Javier Benavides dice que el riesgo no es exclusivo de los péptidos sin ningún estudio. Incluso los que sí cuentan con evidencia científica pueden ser peligrosos si se usan sin una valoración médica previa. Es todavía más riesgoso administrarse un medicamento sin que un médico evalúe antes las condiciones de salud del paciente y qué factores pueden contraindicar su uso", explica. Su consejo para quien ya lo esté haciendo sin supervisión es corto: "Que lo suspenda”. 

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