
‘El problema no es tumbar a Maduro, sino el día después’: Ron MacCammon
El coronel Ron MacCammon de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos saluda al entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, en Panamá
En entrevista con CAMBIO, el coronel (r) de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, quien fue agregado militar en Venezuela, advierte de las enormes consecuencias que tendría para Colombia una abrupta caída del régimen.
Por: Armando Neira
Ron MacCammon, coronel (r) de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, conoce Venezuela como la palma de su mano: “Estuve varios años trabajando allí. Fui testigo de la llegada al poder de Hugo Chávez y de la metamorfosis que el país vivió a partir de ese momento”, dice.
De hecho, ahora que incursiona en la literatura con Las crónicas de El Místico, la novela es ambientada en Caracas y cuenta la formación de un símbolo rebelde. Con la experiencia de haber sido agregado militar no solo en Venezuela, sino también en El Salvador y Panamá, habla en exclusiva con CAMBIO sobre la presión militar que ejerce el presidente Donald Trump contra el régimen de Nicolás Maduro, y reflexiona sobre lo que puede pasar no solo en ese país, sino también en Colombia en caso de una abrupta caída del régimen.
CAMBIO: Para empezar, ¿quién es usted, coronel?
Ron MacCammon: Hoy, cuando dispongo de tiempo, soy escritor, devoto de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, y observador de las relaciones entre Estados Unidos, mi país, y Latinoamérica.
CAMBIO: ¿Formó usted parte del Ejército de Estados Unidos?
R.M.: Así es. Estuve durante 28 años en el Ejército, en las Fuerzas Especiales, y trabajé seis años con el Departamento de Estado. Fui agregado militar en Venezuela, Panamá, El Salvador, entre otros países.
CAMBIO: Es difícil, por las condiciones de su cargo, que los militares de Estados Unidos hablen de sus misiones. Pero con su experiencia, ¿sí puede presentar un diagnóstico aproximado de lo que se está viviendo con la presión ordenada por el presidente Trump sobre Maduro? ¿Cómo ve la situación?
R.M.: Es una situación complicada. Estados Unidos ha intensificado su presencia con un despliegue de fuerza enorme en el Caribe. Aunque hay una escalada, creo que los movimientos han sido calculados. No se vislumbra, por ahora, una invasión terrestre, solo presión contra redes criminales del narcotráfico.
CAMBIO: Maduro ha ordenado prepararse para la defensa, a militares y civiles, con el argumento de que Estados Unidos va a invadir Venezuela. ¿Es eso posible?
R.M.: Esa es la pregunta del millón. Solo el presidente Trump y, tal vez, el secretario de Estado, Marco Rubio, conocen la respuesta. Los demás solo podemos lanzar hipótesis e interpretar indicios, pero quien diga que sabe qué va a pasar, además de ellos dos, puede equivocarse.

CAMBIO: Lo que es seguro es que la situación es muy tensa.
R.M.: Claro. Washington parece querer mantener el escenario enfocado en acciones puntuales contra el narcotráfico, pero cualquier imprevisto puede cambiarlo todo.
CAMBIO: ¿Como qué?
R.M.: Un ataque equivocado o que un avión venezolano se acerque demasiado a un buque estadounidense y provoque el lanzamiento de misiles podría convertir, en un minuto, esta campaña de presión en una crisis de gran escala.
CAMBIO: Con lo que está sucediendo, se ha recordado la invasión de Panamá. ¿Es posible repetir una acción similar?
R.M.: La situación es muy diferente. Antes de la operación Causa Justa, el 20 de diciembre de 1989, nosotros llevábamos 100 años en Panamá, conocíamos todas sus calles y esquinas; sabíamos adónde nos llevaría cada paso. Venezuela, en cambio, es enorme, su geografía muy variada, su composición militar y su población no tienen nada que ver con lo que era Panamá en ese momento. Además, el contexto internacional es otro. Es una sopa de complicaciones porque hay intereses de Rusia, Irán y China.
CAMBIO: ¿En esa línea es posible entonces una operación quirúrgica contra Maduro o Diosdado Cabello?
R.M.: El régimen no es solo Maduro o Diosdado. Hay muchas fichas: los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge; Vladimir Padrino López. Estados Unidos podría, en efecto, pensar en entrar y extraer a uno de ellos, pero ¿qué hacer con el resto? ¿Con los “enchufados”, los torturadores, los servicios de inteligencia? No veo un cambio fácil ni limpio.
CAMBIO: Pero, ¿entrar solo por Maduro?
R.M.: En el papel, se puede imaginar un grupo pequeño que entre y capture a Maduro, pero en el terreno todo es más complejo: él tiene una estructura amplia de seguridad. No es fácil, por no decir que una acción así es poco realista.
CAMBIO: ¿Cómo es la seguridad de Maduro?
R.M.: Está diseñada y ejecutada por los cubanos. Ellos son los responsables de su protección.
CAMBIO: ¿Desde cuándo?
R.M.: Hay que remontarse a la historia. Yo era agregado militar del Ejército de Estados Unidos en Venezuela. Llegué en mayo de 1999, poco después de que Chávez fue elegido, y salí tras el golpe de abril de 2002. Cuando él llegó al poder, lo buscamos para establecer una línea de comunicación, pero nunca se logró un diálogo real. Se acercó mucho a Fidel Castro y, bajo su influencia, Venezuela cambió de rumbo. Se entregó a La Habana.

CAMBIO: Según esto, entonces, ¿en este instante, además de Venezuela, Cuba también se juega su futuro?
R.M.: Sin duda. Los cubanos temen que, si el régimen cae, ellos también caigan. Desde la partida de los Castro, el gobierno se ha debilitado al punto de que ya no puede ni garantizar el suministro de luz. Imagínese. Sin el apoyo de Venezuela, no creo que el régimen político de Cuba pueda sobrevivir.
CAMBIO: ¿Entonces los cubanos son un blindaje para Maduro?
R.M.: Más que eso. La seguridad cubana no solo protege físicamente a Maduro, sino que creó una vasta red de control social y vigilancia. En mi tiempo en Caracas ya empezaban a llegar. Hoy están en todos lados, incluso viven en edificios con ciudadanos venezolanos que conozco.
CAMBIO: Usted que conoce la vida militar, ¿qué piensa del Ejército venezolano?
R.M.: Tengo un dicho: donde hay tres militares venezolanos, hay una fiesta y una conspiración. Hay desconfianza y divisiones. Mire al general Padrino últimamente: se le ve pálido, nervioso. Aunque dicen mostrarse cohesionados, saben que cualquiera de sus propias tropas los puede traicionar.
CAMBIO: ¿Usted cree que los militares venezolanos realizan acciones fuera de sus fronteras?
R.M.: Los reportes que conozco confirman esta tesis. Indican de manera confiable que tienen presencia en Colombia, Perú, Chile, Brasil e incluso en Estados Unidos. El sistema de inteligencia venezolano está muy activo en el extranjero.
CAMBIO: ¿Pero han hecho operaciones en otros países?
R.M.: ¿A alguien le caben dudas de quiénes fueron los autores del asesinato en Santiago de Chile del disidente Ronald Ojeda, un militar venezolano opositor del régimen que vivía allí como refugiado y que fue sacado de su propia casa y luego hallado muerto?
CAMBIO: ¿Con quién actúan esos militares? ¿Con complicidad de quién?
R.M.: Hay una organización criminal que se ha extendido por todo el continente, incluso llegó aquí a Estados Unidos: el Tren de Aragua. Hay evidencia de colaboración con el régimen. No sabemos su tamaño exacto ni el grado de participación en operaciones, pero son una amenaza. Por eso, el gobierno de Estados Unidos va tras ellos.

CAMBIO: La administración Trump señaló a Maduro de ser el jefe del Cartel de los Soles. ¿Qué piensa?
R.M.: Eso necesita una explicación. No es que Maduro esté en una oficina dando órdenes como un jefe narco al que los capos lleguen a informarle de los embarques y cosas así. No. Lo que sí es cierto es que los narcos necesitan su permiso, pagan por protección y el gobierno mira hacia otro lado. Es una relación simbiótica.
CAMBIO: ¿Qué piensa usted de que el presidente Petro diga que el Cartel de los Soles no existe?
R.M.: Él puede decir lo que quiera. Pero a mí personalmente, como al gobierno de mi país, ahora le interesa más la opinión del Ejército y la Policía de Colombia. Sinceramente, no creo que compartan su punto de vista.
CAMBIO: A propósito de Colombia, ¿por qué cree que el régimen venezolano le dio albergue al ELN, primero a las Farc y luego a las disidencias?
R.M.: Chávez empezó eso y Maduro lo profundizó. Todo tiene que ver con el negocio del narcotráfico. Hay zonas libres en Venezuela donde los narcos controlan el territorio. Y ellos sabían que esos grupos irregulares podían irrigar mucho dinero.
CAMBIO: Usted dice que una invasión a Venezuela o una operación individual contra Maduro es muy difícil. Pero también es cierto que Estados Unidos no puede quedarse todo el tiempo ejerciendo presión. ¿Hasta cuándo durará esta situación?
R.M.: Eso es cierto. Estas operaciones son muy costosas y limitadas. No pueden durar seis meses o un año.
CAMBIO: Pero en Venezuela hay quienes creen que ahora sí van a tumbar a Maduro.
R.M.: Ese es el sueño de varios sectores de oposición, que creo viven más en la fantasía que en acciones concretas.
CAMBIO: ¿Cómo así?
R.M.: Desde hace 25 años he escuchado que la oposición denuncia al régimen y pide un cambio. Pero, ¿qué ha hecho? ¿Cómo se ha organizado? En estos momentos, cuando existe esta presión de Estados Unidos, ¿qué están haciendo allá? Comprendo que luchar contra un régimen es muy difícil y peligroso, pero un país, cualquiera que sea, no puede esperar que otro venga a solucionarle los problemas. Hay una mujer extraordinariamente valiente como María Corina Machado y… ¿los demás?

CAMBIO: ¿Usted cree que la oposición no está preparada para gobernar si, por ejemplo, hoy cae Maduro?
R.M.: Esa es la cuestión. El problema no es que hoy caiga Maduro, sino el día siguiente, especialmente para Colombia, el impacto puede ser caótico y con repercusiones inesperadas.
CAMBIO: ¿Por qué?
R.M.: Venezuela es un país con el 76,6 por ciento de la población en pobreza extrema, viviendo con apenas un dólar con 50 al día; un país con hambre. No tienen comida almacenada en sus casas: muchos dependen del Estado. Si el régimen se derrumba de manera abrupta hoy, no veo a ningún sector con la estructura para garantizar de inmediato el abastecimiento de comida, agua, electricidad y salud a millones de personas, y por un periodo considerable. Los riesgos serían muy peligrosos.
CAMBIO: ¿Como qué?
R.M.: Hoy el régimen lo controla todo y es capaz de cualquier cosa para no dejarse quitar el poder. Podrían, por ejemplo, afectar la represa del Guri, la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, que es la principal fuente de energía eléctrica y de suministro de agua en el país. Yo estuve en El Salvador: no había luz, y sin luz se puede vivir; sin agua, no. Esto no consiste solo en sacar a un gobernante y poner a otro. La situación es muy compleja, y ese es un factor que el chavismo conoce y por el cual hará de todo para resistir.
CAMBIO: En ese escenario, ¿qué pasaría con Colombia?
R.M.: Colombia ya sufrió en muy poco tiempo el éxodo de unos 3 millones de personas que salieron de Venezuela, una tragedia. Ahora se estima que podrían llegar otros 2 millones, pero entre ellos habría muchos delincuentes, cientos de ellos armados, que hoy no son perseguidos por el régimen y que cruzarían la frontera.
CAMBIO: Pero, ¿entonces cuál es el camino?
R.M.: La respuesta la tiene que dar la oposición. Ellos necesitan tener todos esos planes listos desde el primer día, responder a las necesidades del pueblo. Cuando hablo con ellos, me dicen con seguridad: “Ya tenemos los planes, estamos listos para restablecer la democracia en Venezuela”. Es la frase que me han repetido durante años, pero necesitan ser más activos.
CAMBIO: ¿Qué hace ahora, coronel? ¿Se dedica a escribir?
R.M.: Sí. Nunca tuve tiempo antes. Escribí muchos informes para el gobierno, pero ahora escribo por placer. Tenía una historia en mi cabeza desde hace 15 años y, tras el fraude de 2024 en Venezuela, decidí escribir una novela: Las crónicas de El Místico.
CAMBIO: ¿Es una metáfora de la crisis de Venezuela?
R.M.: Es sobre Miguelito, un chico humilde de Caracas que dice: “Basta con el régimen”. Él y sus amigos empiezan a resistir, y el movimiento crece. Es ficción, pero basada en la frustración real que muchos sienten.
CAMBIO: ¿Qué es más dramático: la ficción o la realidad?
R.M.: La realidad. Si Maduro se queda, es muy grave. Si cae y la oposición no tiene un plan estructurado para una transición inmediata, será un desastre.
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