
La "faceta cultural" de Paola Holguín: radiografía de su gestión en 12 años como congresista
Crédito: Martinduquea, WikiCommons, C.C. 3.0 y redes sociales
Nombrada para liderar la "batalla cultural" del Gobierno de Abelardo de la Espriella, Paola Holguín llega a esa cartera sin experiencia previa en política cultural: de los 133 proyectos de ley que impulsó en sus 12 años como senadora, solo 23 tocan el tema, y casi todos se relacionan con monumentos, homenajes y patrimonios concentrados en Antioquia. CAMBIO revisó su hoja de vida y su producción legislativa.
Paola Holguín Moreno –exsenadora, comunicadora y asesora– fue elegida el 17 de julio por el presidente electo, Abelardo de la Espriella, para ser la próxima ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes. Las razones fueron variopintas: ser de “provincia” –es de la segunda ciudad más grande de Colombia, Medellín– y estar comprometida con la identidad nacional.
También se le encomendó crear y fomentar una nueva etapa en la cultura colombiana que se basara en “la libertad creativa, el respaldo a los artistas, la formación de públicos, la formalización de saberes y oficios, y la proyección del talento colombiano ante el mundo”. Pero, en realidad, su misión principal será la de “liderar la batalla cultural por la nación”, porque, según ellos, el Ministerio de la Cultura tiene que dejar de ser “un escenario de preferencias políticas”.
Estas tres ideas –compromiso con la identidad, el fomento de la cultura y un escenario de preferencias políticas– merecen una revisión. CAMBIO se dio a la tarea de revisar cuál ha sido el compromiso de Holguín con la cultura y si la cartera que recibe se convirtió en un lugar con una sola corriente ideológica.
Pero, primero ¿De dónde viene Holguín? ¿Cuál es su pasado? Hay una razón por la que su designación no ha sentado bien: no tiene ni el perfil ni la experiencia suficiente que certifique su idoneidad para manejar la cultura.

Su perfil dice que estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde también hizo una maestría en Estudios Políticos, y otra en Seguridad y Defensa Nacional en la Escuela Superior de Guerra. Además, tiene cursos en la Escuela de Defensa en Washington en esa misma línea: uno en Terrorismo y Contrainsurgencia y otro en Estrategia y Políticas de Defensa.
Su carrera profesional empezó en 2003, cuando llegó al equipo presidencial que comandaba José Obdulio Gaviria. Luego, en 2008, Uribe la enviaría como encargada de asuntos políticos a la Embajada de Colombia en México. Cuando Gaviria dejó la asesoría de seguridad en 2009, Holguín volvió y retomó su posición. Después empezó su carrera en el Congreso, cuando fue elegida senadora en 2014 por el Centro Democrático. Con ese escaño se quedaría desde entonces y hasta 2026. Pero renunció a él cuando pretendió integrar la lista a Senado luego de haber sido precandidata presidencial y el partido se lo impidió.
Parece que no tiene mucha trayectoria
Cuando se anunció su designación, se dijo que Holguín “ha impulsado iniciativas que fortalecen la identidad cultural del país, entre ellas la Ley del Carriel Antioqueño como Patrimonio Cultural de la nación”. ¿Cuáles serían las demás? CAMBIO revisó todos los proyectos de ley en los que participó mientras fue senadora y encontró que, en sus tres períodos legislativos, fue autora o coautora de 133. De esos, si se alarga y estira el término “cultural”, solo 23 pueden ser considerados en ese área. Diez terminaron siendo ley de la república.
Es cierto, Holguín apoyó el proyecto que terminó convirtiendo el carriel en patrimonio cultural. Ahora es la Ley 2139 de 2021. La mayoría de sus ideas y propuestas van por la misma línea. Por ejemplo, de las que ya son norma, fue autora de la Ley 2504 de 2025 que, entre otras cosas, volvió el café bebida nacional. O la Ley 2554 de 2025 que decretó honrar la memoria del expresidente y promotor de La Regeneración, Rafael Núñez, por medio de estatuas y la publicación de toda su obra. Así como de la Ley 2463 de 2025 que homenajea a las sufragistas colombianas o la Ley 2217 de 2022 que conmemoró los 170 años de fundación del municipio de Jericó. Esta última norma ordenó buscar los recursos para ampliar el Museo de Antropología y Artes de Jericó (Maja).
Es decir, la mayoría de sus iniciativas están relacionadas con la memoria de figuras históricas, el patrimonio histórico y cultural de algunos municipios –con especial enfoque en Antioquia–, o con la exaltación de ciertos símbolos, como la Iglesia del Voto Nacional en la Ley 2567 de 2026. En los proyectos que terminaron archivados la tendencia es la misma: hay proyectos para declarar como patrimonio las ferias equinas; para rendir homenaje a Julio César Turbay, Misael Pastrana y Belisario Betancur; y exaltar las prácticas identitarias y ritos ceremoniales de la Hermandad Nazarena del municipio de Santiago de Tolú.
¿Qué tan grande es el sector cultural que recibe?
Para fomentar la cultura se necesita dinero. Según el rastreo, en los últimos diez años, el presupuesto para el Ministerio de Cultura ha aumentado casi de manera sostenida. En 2018, de acuerdo con la página de transparencia del ministerio, el dinero apropiado era de alrededor de 340.000 millones de pesos. Para 2026, el presupuesto que presentó y se adjudicó la cartera correspondía a un poco más de un billón. En otras palabras, en menos de una década el dinero para cultura casi que se triplicó. De acuerdo con las políticas de austeridad y reducción del Estado que promueve el nuevo Gobierno, estos avances podrían verse disminuidos, aunque todavía no hay certeza de ello.

Además del aumento presupuestal, en estos últimos cuatro años hubo una reactivación del sector. En especial, porque se promulgaron nuevas leyes y se intentaron cambiar otras tantas.
Uno de los proyectos que más sonó fue la modificación a la Ley General de Cultura, que rige desde 1997. La radicó la propia ministra Yanai Kadamani en mayo de 2025, en busca de repartir mejor la plata (creando el Fondo Nacional de Cultura), dignificar el trabajo de artistas y gestores, y blindar los derechos culturales de poblaciones que hoy quedan por fuera del sistema de estímulos. Pero ahí se quedó, archivada por falta de trámite legislativo, el mismo destino que ya había corrido la actualización de la Ley de Teatro.
A pesar de que no se pudo modificar la ley, sí se llevó a cabo un empujón de lo que allí se proponía. El Programa Nacional de Estímulos, que sale de la Ley 397 de 1997, es la política que más gente tocó de manera directa en el cuatrienio. Desde 2022 se han entregado más de 5.000 estímulos en todos los departamentos para disciplinas que van del teatro y la música a las artes plásticas, el patrimonio y las industrias creativas.
Lo que sí se convirtió en política tangible fue la Canasta Básica Cultural, sancionada en 2024 con una idea simple: que ir al cine, al teatro o a una biblioteca no dependa de cuánto haya en el bolsillo. Dos años después, esa idea tiene forma de bono. Diez mil jóvenes del Sisbén canjean 60.000 pesos en libros en 138 librerías del país. Con menos ruido, pero no menos peso, avanzó la Ley de la Música: la primera norma exclusiva para el sector en la historia del país. El Congreso la aprobó el 2 de junio y todavía espera la firma presidencial. Crea un fondo propio para reinvertir recursos de la industria en creación y formación, exime de IVA los instrumentos, y exige que el 40 por ciento de los cupos en festivales con plata pública sea para artistas emergentes y mujeres.
Frente a este avance y crecimiento del sector, CAMBIO dialogó con Daniel Carvalho, exrepresentante que estuvo a cargo de la ponencia de casi todos estos proyectos legislativos. Para él, ninguna de estas leyes ni proyectos culturales riñe con la propuesta política del nuevo Gobierno y por eso deberían seguir siendo apoyadas. “Estas leyes promueven la vinculación del sector privado en la circulación de artistas”, dijo Carvalho, y agregó: “Poder llevarle cultura a todo el territorio nacional encaja perfectamente con la visión de ellos, incluso si lo ponen en los términos de ‘batalla cultural’”. En relación a eso y frente a otras políticas públicas, como el Plan Nacional de Lectura, Escritura, Oralidad y Bibliotecas, que existe desde 2002, varios funcionarios del sector público consultados por CAMBIO señalan que los esfuerzos que se hacen no responden "un proyecto de este Gobierno, sino como un proyecto de país", señaló una alta funcionaria de una institución adscrita al ministerio..
¿Qué es la “batalla cultural”? ¿Y qué implicaría para el sector?
La ministra entrante aseguró que la propuesta de “batalla cultural” lo que busca es ampliar la forma en la que se entiende este sector. “La cultura debe entenderse como parte de la identidad de la nación, como el patrimonio que hay que proteger, como las artes, pero también como un puente. No puede ser secuestrada por un solo sector; tiene que representar el alma y el pensamiento de todos los colombianos”, le contó al diario El Colombiano.
A pesar de esa aclaración, el concepto va mucho más allá. Expertos consultados por CAMBIO señalan que, aunque no parezca verosímil, la idea viene de pensadores de izquierda. La “batalla cultural” se trata de la manera en la que se intenta imponer un modelo hegemónico o dominante de la vida.
Todos concuerdan en vincular que el término usado por De la Espriella proviene de proyectos políticos de la región, como Argentina con Milei, Brasil con Bolsonaro o El Salvador con Bukele. “La derecha colombiana finalmente ha comprendido que las cosmovisiones también se forjan en universidades, instituciones culturales y redes sociales. Y creo que su estrategia está consistiendo en reunir malestares dispersos: la frustración de algunos hombres frente al feminismos, la incomodidad de algunos sectores respecto a que personas negras ocupen cargos de poder, etcétera”, explicó William Martínez, periodista cultural, sobre cómo funciona la lucha cultural.
Lo que se decidirá a partir del 7 de agosto, con la posesión del nuevo gabinete, es si esa batalla cultural implica eliminar o reducir los avances que se han logrado en la última década. O si, más bien, el enfoque cultural del nuevo Gobierno tiene que ver más con una visión de privilegiar las industrias creativas –a las que Holguín se refiere constantemente– o, también, a una visión emprendedora, como lo refleja la designación de Silvia Tcherassi como embajadora ad honorem de la Moda, la Creatividad y la Identidad de Colombia. Todo esto esta por verse.
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