
¿Otra vez el fantasma del apagón? La compleja situación que enfrentará el sistema energético en los próximos meses
La llegada de un nuevo fenómeno de El Niño encuentra al sistema energético colombiano en una situación más frágil que hace tres años. Déficit de energía en firme, deudas millonarias de Air-e con las térmicas, riesgos para el abastecimiento de gas y retrasos en nuevos proyectos han encendido las alertas sobre la necesidad de actuar para evitar una crisis.
Como una especie de déjà vu, Colombia está reviviendo lo que enfrentó hace tres años en materia energética. El país se prepara de nuevo para un fenómeno de El Niño; vuelve a hablarse de la importancia de cuidar el nivel de los embalses, promover campañas de ahorro de electricidad y tomar medidas para permitan evitar, dentro de un año, un apagón.
La diferencia es que hoy el sistema eléctrico enfrenta presiones que no existían en 2023, cuando el país se preparaba para la temporada seca, ni en 2024, cuando millones de ciudadanos vivieron por meses con racionamientos de agua para cuidar los embalses.
Entonces no había un déficit billonario acumulándose a lo largo de la cadena energética; Air-e, la distribuidora que atiende a tres departamentos de la región Caribe, no estaba intervenida ni atravesaba la crisis financiera que enfrenta hoy; el sistema contaba con un margen cercano al 3 por ciento entre la oferta y la demanda de energía, mientras que actualmente registra un déficit de magnitud similar. Además, hace tres años tampoco se advertía que el fenómeno de El Niño que se aproxima podría estar entre los más severos de las últimas décadas.
Y así como ocurrió entonces, Colombia vuelve a sentir los temores del fantasma del apagón. El recuerdo remite a los años noventa, cuando millones de ciudadanos ajustaron sus jornadas a la luz del día y pasaban parte de las noches a oscuras, iluminados por velas, mientras el país enfrentaba una insuficiencia de energía. Fueron once meses de racionamiento, hace ya 34 años, que parecen lejanos para un país que ha logrado mantenerse sin apagones durante más de tres décadas, pero que hoy vuelven a alimentar las alertas sobre la necesidad de actuar a tiempo.
El Fenómeno de El Niño
Desde hace varias semanas la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) viene alertando sobre un nuevo fenómeno de El Niño que experimentará el planeta en los próximos meses, que llegará antes de lo previsto y se espera sea mucho más fuerte que otros fenómenos climáticos previos. A nivel local, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha hecho eco de esas alertas.
La situación es tan compleja, que el ministro Edwin Palma reconoció hace tres semanas que la probabilidad de que el Fenómeno de El Niño comience a sentirse en un par de meses “eleva significativamente” el riesgo de que el sistema nacional pierda capacidades para generar la energía eléctrica que el país necesita en 2027.
Para el sector eléctrico colombiano, un Fenómeno de El Niño fuerte profundizará, seguramente los problemas que ya se vienen cargando. Desde hace cerca de cuatro años el sector viene alertando sobre cómo los balances de energía en firme vienen presentando un margen negativo. Es decir, hoy la oferta de energía no alcanza para cubrir la demanda de energía eléctrica que tiene el país, y en los próximos años tampoco alcanzará.

El déficit de energía en firme para este año se proyecta en 2,3 por ciento, para el próximo en 4,4 por ciento del total de la energía que demanda el país, según datos del operador del mercado XM, analizados por la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), gremio que agrupa a 10 empresas que representan el 74 por ciento de la capacidad de generación que tiene el país.
“Se está configurando una tormenta perfecta. Nos coge una coyuntura de déficit de energía en firme sumado a un fenómeno de El Niño, que será un verano eléctrico o más intenso o más largo, un retraso en la entrada de proyectos de manera sistemática, y se suma a la incertidumbre que tenemos de disponibilidad de gas para generar con las térmicas”, comenta Natalia Gutiérrez, presidenta de Acolgen, quien asegura el país necesita comenzar a tomar medidas.
Según Gutiérrez, es urgente comenzar a cuidar los embalses, que hoy reportan un nivel cercano al 70 por ciento, para garantizar que lleguen a fin de año, por lo menos, cerca al 60 por ciento de su capacidad.
“Tenemos que cuidar los embalses y el agua, como se cuida, con las térmicas. Tenemos que generar energía con anticipación con las plantas térmicas para que los embalses lleguen a diciembre lo más alto posible”, insistió la dirigente gremial.

El problema de las térmicas
Aunque buena parte de la energía que se consume en el país —cerca del 65 por ciento— proviene de fuentes hidráulicas, otra porción importante viene de las plantas térmicas, aquellas que obtienen energía a partir del calor, generalmente quemando combustibles fósiles como el gas natural, carbón, o fuelóleo. Esto es, cerca del 35 por ciento de la energía.
Una porción más pequeña, alrededor del 13 por ciento, se genera con fuentes renovables no convencionales, principalmente paneles solares. Pero en las temporadas secas, las plantas térmicas son las que se hacen cargo del respaldo energético que necesita el país si los embalses no tienen cómo generar energía.
“En el último fenómeno de El Niño la térmica acompañó a la hidráulica en casi 50 por ciento de la generación. En un momento de sequía las vamos a necesitar”, explicó Gutiérrez.
Pero las plantas térmicas hoy enfrentan un problema mayor que podría dejarlas inoperativas en los próximos meses si no se resuelve: el gobierno les debe cerca de 1,5 billones por la energía que le han suministrado en los últimos meses a la empresa Air-e, intervenida por el la Superintendencia de Servicios Públicos desde septiembre de 2024, y están teniendo líos de caja que comprometen su operación.
“Son muy bonitas todas las recomendaciones que ha hecho el gobierno, ahorrar para no apagarnos… El único problema es que se les olvida poner primero el tema financiero, y si no hay plata, no hay como generar energía”, cuestionó Alejandro Castañeda, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), el gremio que representa a los generadores térmicos de energía.
En diciembre de 2024, a pocos meses de la intervención, la Superservicios emitió una circular que reguló los programas de limitación de suministro de las empresas generadoras de energía para Air-e. En palabras sencillas, a pesar de las deudas, esa circular impide que los generadores térmicos dejen de suministrar energía a la empresa.
Esto no es un problema menor. De la operación de Air-e depende la prestación del servicio de energía a 1,3 millones de usuarios —hogares, pequeñas empresas, entidades o industrias— en 57 municipios de Atlántico, Magdalena y La Guajira.
A más de 20 meses de su intervención, la compañía no ha logrado enderezar sus cuentas, sino que van en declive. Según Andeg, la compañía ha acumulado deudas por 2,3 billones de pesos desde que el Gobierno tomó posesión de ella. De ese monto, le debe a los generadores térmicos 1,5 billones.
“Encender las plantas térmicas, a full capacidad, aportando el 50 por ciento del total de lo que consume Colombia, nos cuesta en combustibles más o menos el mismo valor. Estamos entrando a un Fenómeno de El Niño con un equivalente a un mes de falta de caja. Es preocupante”, comenta Castañeda.
Su preocupación, admite, es que el próximo año se agrave la situación y las térmicas no tengan como maniobrar y ahí “el país estaría en riesgo de un apagón, no porque no falte energía, sino porque los térmicos se quebraron".
El lío de las térmicas tiene otra arista, que no tiene que ver con la electricidad que consumen los colombianos, sino con el gas. Aunque el país importa gas natural desde 2016 para, precisamente, generación energía térmica, desde hace año y medio también se usa gas importado para cubrir la demanda de los hogares, los comercios y las industrias.
En los próximos meses, cuando las térmicas requieran usar casi todo el gas que se importa a través de la regasificadora del Caribe —una infraestructura que se concibió para traer el gas que requieren las térmicas —, los usuarios ya no tendrán disponible todo este recurso, y el gas disponible seguramente será más costoso. Este problema se agrava con la crisis internacional por la guerra en Medio Oriente, con la que han venido subiendo también los precios del energético en el mercado internacional.
“Sí o sí necesitamos dos facilidades de importación para el próximo semestre, deben estar las dos plantas. Sino estaremos metidos en un racionamiento de gas, un racionamiento de agua e incluso uno de energía”, advirtió Castañeda.

El dilema del sector energético
La clave para atender esta crisis, al menos en el papel, ya está: prender las plantas térmicas para que los embalses se mantengan llenos en los próximos meses. Pero en la práctica, en un sector tan regulado como el energético, las cosas no funcionan así.
“La llave para prender las térmicas la tienen las hidráulicas: si suben el precio, las térmicas se prenden, porque las plantas se encienden cuando el precio de la energía en el mercado se acerca al precio de escasez”, dice Castañeda.
Pero los generadores hidráulicos no pueden, simplemente, comenzar a guardar agua y dejar de generar energía para que el precio cambie. El presidente Gustavo Petro ha atacado en varias ocasiones a estas empresas, las ha acusado de especular con los precios, e incluso, las responsabilizó por las inundaciones en Córdoba de principios de año.
“Necesitamos señales de política pública”, insistió Natalia Gutiérrez, presidenta de Acolgen, algo con lo que coincide Castañeda, quien insiste en la necesidad de una coordinación institucional liderada por el gobierno.
Para Claudia Navarro, socia de Energías Renovables y Eficiencia Energética de la firma Brigard Urrutia, ante la llegada inminente del Fenómeno de El Niño, las señales regulatorias deben ser, ante todo, de emergencia. “La institucionalidad tiene que recurrir a todas las opciones disponibles y a las lecciones que ha dejado la historia reciente”, comenta la abogada.
Según Navarro, se necesita que las autoridades sectoriales auditen el estado actual de la generación de las plantas con obligaciones de energía en firme y la constitución de los anillos de seguridad, con el fin de determinar con claridad el nivel real de cobertura del sistema.
“Además, deben acompañar a las hidroeléctricas en su afán de alcanzar las cotas máximas permitidas e iniciar programas orientados a preservar los niveles de los embalses”, dice la experta.
En relación a la regulación la abogada advierte que los organismos del sector deben emitir las normas de emergencia que permitan asegurar la operación de las plantas térmicas que generan y garantizar la disponibilidad de gas natural para la generación eléctrica manteniendo, en ambos casos, costos razonables.
La tarea no es sencilla, y menos en un proceso de transición de un gobierno a otro. Independientemente de quién sea el próximo presidente, el gobierno que llegue en los próximos meses a la Casa de Nariño tendrá a su cargo una crisis energética, casi como un déjà vu de lo que vivió el país hace tres años, solo que más complejo.
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