
Daniel Quintero, el del discurso de Petro elevado a la décima potencia
La campaña del exalcalde se ha ‘reseteado’ tanto que casi nadie entiende cómo sigue en carrera. Cada vez que se lo dio por hundido, sacó la cabeza y dijo presente. Tiene el discurso de Petro, pero suficientemente recargado como para plantear un borrón y cuenta nueva. Su campaña se vende como la más fresca, audaz, radical y de bajo costo para ganar terreno a pesar de sus controversias e investigaciones.
Por: Mateo Muñoz
“Parece impávido ante casi todo [...] en la noche entierra los dolores y al otro día amanece intacto”: así describe Diana Osorio a su esposo Daniel Quintero Calle, a quien conoce desde hace 26 años. Según cuenta, tiene la habilidad de caminar en el presente planeando el futuro. Por ello, la misma Osorio pudo ser quien estuviera hoy compitiendo contra Roy Barreras y no Quintero. El exalcalde tenía todo listo para lanzarla al ruedo ante la imposibilidad de seguir siendo candidato.
Pero llegó la resurrección, cortesía del Consejo Nacional Electoral, y a última hora Daniel Quintero no solo apareció en el tarjetón sino en un escenario que no estaba ni en sus mejores sueños. Sin Iván Cepeda y con Roy Barreras como contendor, Quintero pasó de ser el nombre más cuestionado por la izquierda a promocionarse como el único capaz de vencer a las maquinarias de Roy. Ya no es Daniel, el politiquero, pues ese título pasó a su rival de repechaje.
‘Roy está dispuesto a ensuciarse las manos por el poder’, le dijo Quintero a CAMBIO.
La oportunidad de una consulta, que sin querer terminó hecha a su medida, le sirvió al exalcalde para revivir su discurso radical, inspirado en la doctrina de Petro pero llevada a otras proporciones: cerrar el Congreso, cambiar la Constitución, reformar la justicia, la política, “rehacer lo que no funciona bien… que es casi todo”, como dice el mismo Quintero.
Si para alguien las ideas del presidente eran de medias tintas, en la campaña de Quintero encontrará su refugio ideológico.
El ‘neomártir’
Cualquier entrevista con Daniel Quintero tiene la pregunta obligada de la investigación en su contra por el caso Aguas Vivas que lo tiene imputado por la Fiscalía. También es imposible obviar los casos judiciales contra más de 35 exfuncionarios de su administración en Medellín. La respuesta siempre es la misma: persecución. Para él, hay un complot orquestado por la clase política tradicional paisa que ha buscado sacarlo de la carrera y truncar su camino a la Presidencia.
Parece inverosímil que se haya fraguado una conspiración gigantesca solo para frenar una aspiración que todavía es una incógnita. Pero Quintero lo cree y así se defiende. En ese grupo de sus enemigos, el candidato mete a ‘Fico’ Gutiérrez, quien le dio una paliza electoral en 2023, a Abelardo de la Espriella, al Grupo Empresarial Antioqueño y, por supuesto, a Álvaro Uribe Vélez.
Su esposa dice que Quintero no es de odios, que la práctica del taekwondo le enseñó a no ver enemigos sino rivales y respetarlos. “Su furia dura lo que una pelea [...] olvida venganzas sin melancolías”, dice Osorio. Pero la confrontación del exalcalde con la derecha antioqueña parece ir más allá de una batalla y se volvió en su mito fundacional. No solo lo posiciona como un hombre ‘antiestablecimiento’, sino que le sirve para conectarse con la figura de Petro.
“Ambos fuimos alcaldes perseguidos [...] la rabia que me tienen es porque creen que Petro ganó su elección gracias a mí, a que yo hubiera ganado previamente la Alcaldía”, le dijo Quintero a CAMBIO.
Por ello, su propuesta apunta a romper una institucionalidad que, según dice, solo le ha funcionado a los de siempre.
A pesar de esto, el exalcalde evita caer en discursos trasnochados de izquierda y prefiere conectar con estos tiempos. Habla de tecnología, de Inteligencia Artificial, de audacia para cambiar lo que haya que cambiar sin titubear. Escucharlo unos minutos basta para entender que, contrario a las banderas moderadas de Roy Barreras, Quintero ofrece hacer o terminar lo que Petro empezó y no pudo terminar por la incapacidad o el miedo de su gabinete.
Por lo menos, así dice haber conseguido una ‘pequeña fortuna’: apostándole a saltar al vacío y conseguir negocios grandes en tecnología.
El empresario
Una de las facetas que más promociona Quintero es la de emprendedor mutado en empresario exitoso. Lo anterior, según dice, le ha permitido un estilo de vida acomodado:
“Si no me hubiera metido en política sería multimillonario”, apunta.
En la campaña repiten hasta el cansancio que la plata sale de las arcas del candidato, que no hay financiadores oscuros ni nadie a quién deberle. Esto ha generado que el morbo por el patrimonio de Quintero sea voraz pues, a diferencia de Abelardo de la Espriella, son pocos los que saben cuáles son los negocios que le mantienen saneado el bolsillo al exalcalde.
La vida empresarial de Daniel Quintero comenzó en Intrasoft, una empresa que fundó el 12 de julio de 2005 en Bogotá junto con Mariano Jaimes Niño, un coronel santandereano de la Policía que falleció en 2024. Por esa época, Quintero había terminado sus estudios en ingeniería electrónica y se alistaba para ingresar a la Universidad de los Andes a especializarse en finanzas.
En 2013, Quintero cedió una mínima parte de sus acciones a tres personas naturales: Pablo Rojas Cubides, Luz Miryan Moya y Mariana Zabala. Además, la otra parte de la empresa era de Miguel Quintero, su hermano mayor. Esta nueva composición accionaria de cinco personas le permitió a Intrasoft pasar de ser sociedad limitada a sociedad anónima, aumentando la privacidad de las transacciones internas de la compañía.
Al año siguiente, en 2014, Intrasoft volvió a cambiar de socios. Por un lado, desaparecieron los nombres de los hermanos Quintero. Para ese entonces, Daniel aspiraba a la Cámara por el Partido Liberal, aprovechando la fama que le dio la experiencia del ‘Partido del Tomate’. Por su parte, Miguel ya era concejal de Medellín por el Partido Verde y no se salvó de cuestionamientos. Según alertaron en ese momento veedores ciudadanos, supuestamente Miguel Quintero tenía asesores de su unidad de apoyo trabajando en Intrasoft. Es decir, el salario lo pagaba Medellín, pero los asesores trabajaban en Bogotá. Los señalamientos nunca lograron el suficiente respaldo como para generar consecuencias.
El adiós de Quintero a su empresa ocurrió antes de su aterrizaje en altos cargos públicos. En 2015, tres días después de su salida de Intrasoft, llegó como gerente de Innpulsa. Luego, un año después, asumió como viceministro de las Tecnologías.
Pero en la práctica, Quintero nunca dejó de estar vinculado a Intrasoft, pues la compañía lo ha ‘perseguido’ en la mayoría de sus aventuras políticas por cuenta de socios, contratos y exempleados. Por ejemplo, en 2017 la empresa le prestó servicios ⎯por más de 100 millones de pesos⎯ a la campaña presidencial de Humberto de la Calle, en la que Quintero trabajó como asesor.
Lo mismo ocurrió en 2019 cuando Intrasoft prestó servicios de logística a la campaña de Daniel Quintero a la Alcaldía de Medellín. Además, en las elecciones de 2023, la compañía trabajó en la campaña de Juan Carlos Upegui.
Pero Intrasoft también sirvió para que varios cercanos a Quintero alcanzaran la experiencia suficiente para poder integrar su gabinete durante su administración en Medellín. Fueron los casos de Vilner Hoyos, que ejerció como director del Fondo de Valorización de Medellín, Pablo Rojas Cubides, asesor de la Alcaldía, y Esteban Restrepo, secretario de Gobierno y actual mano derecha del candidato.
Según los datos más recientes de Intrasoft, su matrícula se encuentra activa. Su representante actual es Víctor Rueda Piraquive, y los reportes más recientes de ingresos fueron del periodo 2023-2024 por 497 millones de pesos.
Quintero afirmó que Intrasoft es la única compañía que hoy en día le genera ingresos y de eso se sostiene: “Desde que me metí en lo público, cedí el control de mi empresa y ahora lo estoy retomando poco a poco”, dijo el aspirante a la Presidencia.
El de todas las camisetas
El paso de Quintero por la consulta del Frente por la Vida lo transformó es la antítesis de Roy Barreras. Si al exembajador le caben cuestionamientos por camaleón, Quintero dice que nunca ha tenido piel de lagarto. Si Barreras es visto como el rey de las maquinarias, Quintero dice que su apuesta es por el voto de opinión.
Pero fuera de esa confrontación con Barreras, el traje de outsider que Quintero se ha puesto es difícil de justificar. Empezó haciendo política en el Partido Conservador y luego saltó a un sector alternativo del Partido Liberal. Trabajó en el Gobierno Santos y hasta tuvo de jefe a David Luna. Luego apoyó la candidatura presidencial de Humberto de la Calle antes de lanzarse en Medellín como un independiente, por fuera de los partidos.
Su triunfo fue visto como un golpe al establecimiento paisa, pero con el tiempo la administración de Quintero empezó a darle juego a estructuras partidistas, no tan tradicionales, pero al fin y al cabo con carné liberal y conservador.
Julián Bedoya, el cacique liberal de nueva generación, así como Carlos Andrés Trujillo, el godo que domina Itagüi y una parte de La Guajira, encontraron en la alcaldía de Quintero un espacio de poder. Aun así, el exalcalde reafirma que nunca ha tenido jefes políticos y que no podía controlar a quién nombraban sus funcionarios.
Incluso, antes de su renuncia a la consulta del Pacto Histórico de octubre pasado, Quintero alcanzó a cocinar una alianza con Pedro Flórez, el senador cercano al clan Torres que terminó dando una sorpresa en la votación. Allí, el exalcalde demostró que puede bailar al son que le toquen: si le toca competir contra el purismo de izquierda, echa mano del pragmatismo, pero si el rival es el pragmático, usará la carta de la asepsia politiquera.
Quintero, como buen ingeniero, se preocupa porque la tuerca, el botón o el algoritmo funcione sin detenerse a pensar coherencia ideológica. El problema es que el fin termine justificando unos medios que hagan implosionar su idea de borrarlo todo y volverlo a escribir.
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