
El centro naufraga entre el pulso de los extremos
Con los resultados de la encuesta del CNC para CAMBIO se podría afirmar que el afán ya no es pasar a segunda vuelta, sino alcanzar los números que les garanticen la reposición de votos.
Por: Armando Neira
Sergio Fajardo describía en entrevista con CAMBIO la sensación que experimenta cuando sus interlocutores le dicen que él es el mejor candidato, pero que no van a votar por él porque, sencillamente, no va a ganar.
Una situación similar le ocurre a Claudia López, a quien le han dicho que tanto ella como su programa son insuperables, pero que es una lástima porque no va a ganar. Su situación es el drama de todos los aspirantes del centro político, un espectro que, según los resultados de la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) para CAMBIO, no tiene posibilidades de pasar a segunda vuelta; es más, algunos de ellos podrían no alcanzar siquiera el umbral que les garantice la reposición de votos y evitar así terminar en quiebra económica.

Para la primera vuelta presidencial se exige al menos el 4 por ciento de los votos válidos a nivel nacional para acceder a la reposición. Si un candidato no logra ese porcentaje mínimo, no tendrá derecho a la financiación estatal para cubrir el monto de los gastos.
La fotografía que entrega esta encuesta al día de hoy muestra que, con excepción de Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, los demás se quedan extremadamente cortos. Claudia López (2,5 por ciento en intención de voto), Sergio Fajardo (2,1 por ciento), Roy Barreras (0,1por ciento) y Mauricio Lizcano (0,1 por ciento), aspirantes que han sostenido que el país necesita dejar atrás los proyectos de los extremos para buscar consensos en torno a la unidad, están literalmente naufragando.

De hecho, el candidato del Pacto Histórico los supera a todos por más de 30 puntos. Un punto porcentual en las encuestas, asumiendo una participación del 52 por ciento del censo electoral, equivaldría aproximadamente a 214.000 votos.
Es decir que entre todos ellos obtendrían unos 500.000 votos, una cifra absolutamente marginal para sus proyectos políticos individuales, pero que podría ser decisiva en unas elecciones tan reñidas.
Si los resultados de las urnas de este 31 de mayo son muy similares a la fotografía tomada hoy por el CNC, esos votos se valorizarían, pues representan cerca de cinco puntos que, al inclinarse por una de las campañas, podrían dar la victoria.
En la segunda vuelta del 19 de junio de 2022, Gustavo Petro ganó con el 50,42 por ciento de los votos frente al 47,35 por ciento de Rodolfo Hernández, lo que representó una diferencia de aproximadamente 3,07 puntos porcentuales.
A la pregunta de por quién votará en las elecciones, Cepeda obtiene el 33,4 por ciento frente a Abelardo de la Espriella, que llega al 30,9 por ciento, una diferencia de 2,5 puntos.
Eso explica los movimientos que ya empezaron a darse para el reacomodamiento, en el que paradójicamente el centro vuelve a tener peso en estas horas definitivas y en las que el tiempo corre deprisa. La invitación de la candidata Paloma Valencia (12,6 por ciento) a Sergio Fajardo —aceptada por éste para tomarse un café este sábado en Barranquilla— es el primer paso.
A este punto se llegó porque en las elecciones actuales los extremos son los que dominan la conversación y ponen la agenda, con el combustible de las redes sociales. Estas funcionan con algoritmos en los que se impone quien más levanta la voz, quien lanza las propuestas más audaces por delirantes que sean, y donde se apela más a la emocionalidad que a la racionalidad.


No es un fenómeno nacional sino global. Así llegaron al poder figuras como Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador) y Donald Trump (Estados Unidos), entre otros. Las sociedades están fracturadas y se expresan en blanco o negro, sin espacio para los matices. Por eso no sorprende que en las encuestas el último ítem que le interesa a los ciudadanos sea votar por un candidato que una al país.
Eso explica que todas las figuras de centro que han tenido experiencias de administración de entes territoriales vitales como la gobernación de Antioquia o la alcaldía de Medellín, estén hoy en la encuesta a años luz de un candidato que nunca ha tenido ningún cargo en el sector público pero que no vacila en decir que va a destripar a la izquierda.
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