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Para la segunda vuelta, ¿qué puede ceder Iván Cepeda?
Elecciones Colombia 2026

Para la segunda vuelta, ¿qué puede ceder Iván Cepeda?

En el histórico de las mediciones, el candidato del Pacto Histórico ha ocupado siempre la primera posición. ¿Mantendrá ese privilegio en la recta final, o habrá tocado un techo que lo obligue a ceder en algunas posiciones?

Por: Armando Neira

Si Iván Cepeda gana la presidencia de la República, su campaña se convertirá en objeto de estudio. El aspirante del Pacto Histórico dejó a un lado todos los manuales de la política tradicional y, hasta ahora, nadie puede discutir que los resultados obtenidos le han salido a la perfección.

Para empezar, Cepeda rompió con la tradición de los políticos que llegaban a la plaza pública, tomaban el micrófono y, con una oratoria espontánea, buscaban emocionar a las masas. El caso más reciente fue el propio Gustavo Petro, quien realizó más de cien discursos con aforos completos durante la campaña de 2022, cerrando cada intervención con una salva de aplausos, como si los asistentes hubieran ido a un concierto.

Cepeda, en cambio, apuesta por la credibilidad y la solidez argumental por encima del espectáculo. Por eso lee los discursos. En ellos incluye datos, cifras, denuncias y referencias legales o históricas. Argumenta que al leer un texto preparado queda un registro claro y literal de sus palabras, lo que dificulta que sean malinterpretadas o sacadas de contexto.

Los textos los escribe él mismo. Sonríe con naturalidad y sencillez al contar que no tiene asesores, a diferencia de las demás campañas. “Y que son bien costosos”, acota el exministro Juan Fernando Cristo.

En la campaña hay satisfacción por el apoyo decidido de más de ocho mil voluntarios que se han ido sumando desde la consulta interna de octubre del año pasado, en coherencia con el trabajo paciente de la izquierda dentro de una estrategia más territorial y de movimiento social que de consultoría profesional.

Tampoco asiste a debates y, aunque tiene amplia experiencia en entrevistas con la prensa y una vasta experiencia en el Congreso, en esta oportunidad optó por ser muy selectivo y ha concedido solo unas pocas. No anda prometiendo el paraíso, no se le ve alzando niños ni comiendo fritanga, y luce siempre sus tradicionales camisas, que se han convertido en su sello personal.

Eso en cuanto a la forma. En cuanto al fondo, no entra a criticar los errores que los demás candidatos machacan monótonamente sobre el gobierno del presidente Petro, pero tampoco exalta con énfasis sus logros, a pesar de ser el candidato de la continuidad.

Estos elementos le han servido para mantenerse en una posición de privilegio. Sin embargo, a partir del comportamiento histórico de las encuestas del Centro Nacional de Consultoría hechas para CAMBIO, hay razones para pensar que Cepeda pudo haber frenado su crecimiento y tocó su techo sin lograr superar el cuarenta por ciento. Eso significa que, con la fotografía actual de las mediciones y a una semana de las elecciones, ganar en primera vuelta —aunque es posible— es realmente muy difícil, lo que lo obligaría a ir a una segunda vuelta. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿cederá en asuntos sensibles? ¿En cuáles?

En la campaña dicen que habrá que esperar para ver las cifras concretas de lo que decidan este 31 de mayo los electores en las urnas. “Claro que nos interesa recoger los votantes de Sergio Fajardo y de Claudia López para que no se queden huérfanos”, dice un miembro de la campaña.

En esa línea, asegura la fuente, no habrá acuerdos burocráticos ni nada por el estilo, porque Iván Cepeda es inflexible en evitar esas transacciones, pero sí habrá más mensajes para reforzar la “institucionalidad”, con señales de “tranquilidad” que generen confianza en esos electores de centro. De hecho, no descartan que en caso de que pase Abelardo de la Espriella, por Cepeda terminen votando seguidores de figuras como Juan Daniel Oviedo.

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Sin duda, el tema más espinoso es el de una constituyente, asunto que le interesa al presidente Petro. Si Cepeda quiere acercarse a otros sectores, deberá poner distancia frente a esa propuesta para convencerlos de que no avanzará en esa dirección. El candidato no se opone a una eventual reforma constitucional, pero insistirá en diferenciarse de Petro proponiendo primero la construcción de consensos amplios antes de hablar de una constituyente.

La postura de Cepeda sobre el tema es matizada y estratégicamente distante de la propuesta presidencial, aunque sin rechazarla del todo. No es su prioridad, pero no la descarta porque, explica, la discusión constitucional no desaparece del debate político, aunque ha precisado el orden de su agenda: la constituyente no es su prioridad.
Prefiere un “acuerdo nacional” con todos los sectores políticos —incluido el Centro Democrático— antes de convocar ese tipo de proceso.

Será una tarea difícil porque sus contradictores insisten en que él llevará al país por ese rumbo. El expresidente Álvaro Uribe, por ejemplo, responde que ese llamado a un “acuerdo nacional” es, en realidad, un camino hacia una constituyente, y para la muestra aduce que en el plan de gobierno de Cepeda se contempla el “fortalecimiento del poder constituyente” como parte de su propuesta de “Revolución Política y Democrática”, bajo el principio de devolver el poder al pueblo organizado.

En otro frente, sus adversarios lo han calificado de comunista y lo han acusado de querer estatizar la economía. Sin embargo, la postura económica de Cepeda es más moderada de lo que su perfil de izquierda podría sugerir. En los días por venir hará énfasis en situarse en una izquierda que apuesta por mayor intervención estatal y gasto social, pero que no busca alienar al sector privado ni a los inversionistas, distanciándose del tono más confrontacional. Este viernes, por ejemplo, insistió en que estaba listo a sentarse a conversar con el Consejo Gremial. Su candidatura propone que si la empresa privada decide hacer una contribución significativa a sus programas sociales, podría beneficiarse con reducciones tributarias.

Cepeda subrayará los mensajes de tranquilidad al empresariado y a la inversión extranjera, insistiendo en la necesidad de “reglas claras”, estabilidad jurídica y diálogo con el sector productivo. Más que una simple continuidad del gobierno de Petro, su proyecto se presenta como una versión ampliada, con énfasis en blindar los avances alcanzados.

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Y una cosa es segura: sea quien sea el que pase a la segunda vuelta —Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia—, le enrostrará día y noche, antes de las elecciones del 21 de junio, lo que consideran el fracaso de la paz total. Por eso, Cepeda tendrá que ser muy preciso al explicar qué va a hacer en esa materia.

Hasta ahora, su posición ha sido reiteradamente la defensa de ese proceso y de su participación en los distintos escenarios de negociación con grupos armados. “Jamás me arrepiento de trabajar por la paz. Es un orgullo haber sido y ser activista de la paz en Colombia”, dice.

Ya dejó claro, además, que insistirá en lograr un acuerdo con la guerrilla más grande y antigua del país, el ELN. Defiende esa propuesta como un compromiso “ineludible” de quienes aspiran a gobernar Colombia, pero propone que cualquier nuevo ciclo de negociaciones esté supeditado a un examen estricto de los avances obtenidos y a la implementación efectiva de los pactos previamente alcanzados. “A la gente no la mata la paz”, dice.

Estos serán los temas que él tratará de explicar en profundidad y de manera tranquila. Eso sí: no va a haber grandes cambios ni bruscos virajes. Esa sería la recomendación natural de los asesores profesionales. Pero como él no tiene, seguirá fiel a su estilo pausado, respetuoso y tranquilo. 

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