
¿Y ahora qué? ¿Será posible una reconciliación inmediata entre Paloma y Abelardo?
La guerra entre la candidata uribista y el aspirante de la extrema derecha llegó a tales extremos que sanar las heridas en tan corto tiempo representa un desafío mayúsculo. ¿Lo lograrán a tiempo? A ambos los une su propósito de impedir que Iván Cepeda gane las elecciones.
Por: Armando Neira
En política los tiempos corren de manera distinta, y más cuando hay segunda vuelta. De ser así, las tres semanas que vienen pasarán en un abrir y cerrar de ojos. En esta que inicia, los candidatos asimilarán los resultados; en la siguiente, los ganadores pondrán el acelerador a una campaña de vértigo; y en la última volverá el silencio para que los electores reflexionen. Y llegará la cita en las urnas el 21 de junio.
Si los resultados coinciden con lo que han mostrado las encuestas en los últimos meses —que el candidato de izquierda Iván Cepeda esperará para saber si se enfrenta a la candidata uribista Paloma Valencia o al aspirante de la extrema derecha Abelardo de la Espriella—, surge una pregunta inevitable: ¿alcanzarán a sanar las heridas para reconciliarse y enfrentar al que consideran el enemigo común?
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Son varios los factores de análisis en búsqueda de la respuesta. Los políticos tienen el cuero muy distinto al de los ciudadanos de a pie. Mientras a esta hora se libran peleas en familias o grupos de amigos, ellos mañana, con la mayor aparente tranquilidad, salen a decir que lo que habían afirmado no era así, sino todo lo contrario. “La patria por encima de los partidos”, clamaba Jorge Eliécer Gaitán.
Para la muestra está lo ocurrido en Chile. Se trata de un espejo en el que Colombia ha visto reflejada su realidad en los últimos años: un estallido social, el triunfo de un candidato de izquierda gracias en parte a que se sintonizó con ese movimiento y, luego, unas elecciones en las que la ciudadanía era testigo de cómo se despedazaban los candidatos de derecha entre sí.
Los resultados de la primera vuelta fueron: Jeannette Jara (izquierda oficialista, con carné del Partido Comunista), 26,85 por ciento; José Antonio Kast (ultraderecha) 23,92 por ciento; Franco Parisi (centroderecha populista),19,7 por ciento; Johannes Kaiser (ultraderecha libertaria)13,9 por ciento; y Evelyn Matthei (derecha tradicional) 12,5 por ciento.
Batallas nunca vistas
Aunque se decía que el nivel de confrontación había llegado a extremos nunca antes vistos y que jamás se podrían reconciliar, la candidata Jara no cesó en su intento por invitar a sus seguidores a buscar más adeptos para ganar en primera vuelta porque, en caso contrario, ella temía que en el camino siguiente encontraría un muro en su contra.
Y así fue. Cuando apenas se entregaban los resultados, Kast recibió el respaldo de Kaiser y de Matthei. “Nuestra patria demanda responsabilidad democrática”, dijeron.
Pese al clima de confrontación de la campaña —en la que los bodegueros de las redes sociales del mismo espectro ideológico se atacaron con ferocidad, y se usó inteligencia artificial en batallas que causaban desvelo, optaron por el pragmatismo inmediato para impedir que el proyecto de Gabriel Boric continuara en el poder. Kast fue elegido presidente.
De vuelta a la realidad colombiana, hay dos situaciones. La primera es la pelea personal, de franca animadversión, entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. “Se abraza con bandidos”, dice ella. Y ante la acusación de que sube a las tarima a políticos cuestionados, ella le responde que en su vida todo lo ha hecho a la luz del día y no como él entre las sombras.
La aspirante uribista llegó al punto de comparar a Abelardo con Cepeda, poniéndolos al mismo nivel del riesgo que representan para la democracia del país y de sus instituciones.
Maltrato con sevicia
Y, por si fuera poco, se muestra dolida porque desde el entorno de De la Espriella se ha tratado al expresidente Uribe “con sevicia”. Señaló, por ejemplo, al senador Alejandro Bermeo como uno de los provocadores. La situación pasó todas las fronteras. Incluso el propio Uribe le reclamó a De la Espriella por esos excesos. “Lo que hace la campaña del doctor Abelardo está atentando contra la posibilidad de que la democracia gane”.
En el rosario de quejas, Valencia calificó la campaña de De la Espriella de “absolutamente asquerosa” y cuestionó la ética de su equipo, denunciando el uso de influenciadores y figuras políticas para difundir mensajes “ofensivos y mentirosos”. “Sacan unos videos de inteligencia artificial absolutamente asquerosos diciendo que nosotros estamos manipulando encuestas”.
En las últimas horas la ofensiva escaló. Por no ir a los debates, Valencia y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, usaron sus redes sociales para criticarlo señalando que “quedó desenmascarado”. Y en línea con la candidata, Oviedo también los puso en un mismo nivel. “Los debates no han sido posibles ni con la extrema izquierda que representa Iván Cepeda, ni con la extrema derecha que representa Abelardo de la Espriella”.
“La única opción ética, moral y responsable con este país es la que ofrece nuestra campaña”, dice Paloma. Entre tanto, De la Espriella, impulsado por las encuestas que lo ubican como quien podría pasar a segunda vuelta, se muestra tranquilo y sostiene que para la segunda vuelta contará con más apoyos, incluyendo a los que optaron por los ganadores de la Gran Consulta por Colombia porque “los votos no son de nadie”.
Para él, ni Valencia, ni Uribe pueden asumirse como propietarios del respaldo ciudadano. Y, por eso, cree que hasta ella terminaría votando por él: “No la veo votando por Cepeda”.
La tranquilidad por las encuestas
Su tono de tranquilidad contrasta con los ataques que desde sus redes afines hacen día y noche contra Uribe, Valencia y especialmente Oviedo. Ella insiste en que fue su mejor elección. Una decisión clara para intentar atraer votantes de centro e indecisos que se oponen a Petro y Cepeda, pero que no ven en De la Espriella un candidato decente.
Hasta hace poco, Valencia mantuvo el discurso de que era la única capaz de derrotar a Cepeda en segunda vuelta. Sin embargo, en los escenarios proyectados para una eventual segunda vuelta, el Centro Nacional de Consultoría, en la última encuesta publicada por CAMBIO, mostró una fotografía inédita: De la Espriella alcanzaría el 43,6 % y Cepeda el 40,9 %, un empate técnico.
Aunque la diferencia es mínima, el dato confirma el crecimiento de De la Espriella durante el último tramo de campaña, mientras la candidatura de Valencia perdió fuerza después de marzo. ¿Por qué ocurrió este viraje? “Todo iba muy bien hasta que llegó Juan Daniel Oviedo”, dice en un video el senador electo Daniel Briceño, del Centro Democrático.
Se trata de un mensaje que desde el cuartel de Abelardo se han encargado de viralizar y que recoge la tesis de que la candidatura de Valencia se equivocó al nombrar a una persona de la comunidad LGBTIQ+ para intentar ganar el voto de centro.
En efecto, en sectores rurales y municipios intermedios, la fórmula de una mujer con un hombre gay no es vista como una propuesta de vanguardia, sino como una apuesta que choca con los valores más conservadores de buena parte de la sociedad colombiana.
¿Aborto y cambio de género?
Y, por si esto fuera poco, en este fuego amigo del mismo sector ideológico, en las últimas horas se han amplificado las quejas de Miguel Uribe Londoño, padre del asesinado Miguel Uribe Turbay, el senador que tenía opciones de convertirse en el candidato del uribismo. “No puedo votar por Paloma porque apoya el aborto y el cambio de género en los niños”. Una afirmación que no está en el programa de la aspirante, pero que entre seguidores del candidato ultran lo dan como cierto.
De hecho, ha tomado fuerza la idea de que la campaña de Paloma se está hundiendo —en una maniobra de comunicación impulsada por los influenciadores abelardistas— y que, por eso, se debe optar por el llamado voto útil, que para ellos significa respaldar desde la primera vuelta a lo que llaman El Tigre.
Es decir, mientras De la Espriella trabajaba para pasar a segunda vuelta, Paloma parecía tener la mirada puesta solo en esta etapa y, según las encuestas, podría quedarse sin el pan y sin el queso. Ese error llevó a que la campaña diera un viraje con el ingreso del estratega Danny Quirós, cuya instrucción habría sido una sola: atacar de frente y sin filtro a De la Espriella. Eso explica la subida de tono de Valencia de los últimos días.
En la campaña de Abelardo, en cambio, consideran que lo que está ocurriendo con su candidato es un “fenómeno popular”, según lo define el dirigente Carlos Alonso Lucio, exsenador y exmilitante del M-19, quien paradójicamente militó junto al hoy presidente Gustavo Petro en ese movimiento, y está en la cúpula de la campaña de la extrema derecha. Según su lectura, este es un movimiento que los llevará a la victoria.
En ese proceso aparece un escenario hasta ahora impensable: que con De la Espriella esté surgiendo un nuevo liderazgo para la derecha, capaz de reemplazar a Uribe Vélez. El expresidente y jefe natural del Centro Democrático tiene 73 años, mientras que De la Espriella, de 47.
Sus áulicos dice que él representa una derecha que está sintonizada con los nuevos tiempos que corren desde Estados Unidos con Donald Trump, y Argentina con Javier Milei. Él se muestra más prudente. “A Uribe lo necesitamos en la batalla y yo, donde sea que esté, siempre lo voy a honrar”.
Es pronto para llegar a esa conclusión, pero lo que sí es cierto es que, si alguien sabe de política en este país, es el expresidente Uribe. Y seguramente esta misma noche tomará el teléfono para llamar a De la Espriella y buscar una unidad con la que puedan hacerle frente a Cepeda, el líder de izquierda que lo derrotó judicialmente. Para él sería inconcebible que ahora también lo derrotara políticamente.
No importará que desde esa campaña lo hayan maltratado, lo hayan ofendido o lo hayan comparado con Juan Manuel Santos. Al fin y al cabo, los políticos son distintos a los demás mortales y saben que en política el tiempo corre de prisa. Por eso es posible que, en cuestión de horas, las heridas hayan sanado.
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