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Abelardo de la Espriella, el nuevo rey de la derecha: aterrizó a Cepeda, jubiló a Uribe y dejó al petrismo en negación
Elecciones Colombia 2026

Abelardo de la Espriella, el nuevo rey de la derecha: aterrizó a Cepeda, jubiló a Uribe y dejó al petrismo en negación

La histórica votación del abogado, que lo tiene en segunda vuelta, demuestra que la hegemonía del uribismo terminó. Colombia entra ahora en una fase de confrontación política inédita en la historia reciente. Se avecina una disputa cruda entre un petrismo en negación que desafía la institucionalidad y una nueva derecha que cabalga, justamente, sobre el miedo a la continuidad del actual gobierno.

Por: Mateo Muñoz

Hay momentos en la historia reciente de la política colombiana que quedaron en la memoria. La noche en la cual Uribe ganó la primera vuelta con más del cincuenta por ciento, en 2002. La noche en que Santos perdió el plebiscito contra el propio Uribe, en 2016. La noche en que Petro se convirtió en el primer presidente de izquierda de la historia del país, en 2022. Y, por supuesto, la jornada de este 31 de mayo de 2026 acaba de entrar en ese ‘salón de la fama’.

La victoria de Abelardo de la Espriella y la reacción del petrismo desconociendo los resultados anticipan tres semanas de confrontación sin cuartel entre un proyecto político autoritario y antiestablecimiento y otro que, ante la derrota, ha desafiado la institucionalidad y puesto en duda todo el sistema electoral. La materia prima de ambos será el miedo que generan sus caras más visibles. Cepeda representa a Petro y la continuidad de un gobierno sospechoso de intentar cambiar las reglas de juego a su favor (Constituyente) y débil en garantizar la seguridad. De la Espriella representa la derecha más recalcitrante, machista, homofóbica y populista.

La segunda vuelta del próximo 21 de junio no girará en torno a dos proyectos políticos o ideológicos claros. Será una batalla del miedo y ganará el que genere menos.

El fenómeno de Abelardo le cambió los planes a todo el mundo

Nadie esperaba este escenario. Los 10,3 millones de votos de Abelardo de la Espriella en primera vuelta no estaban en los cálculos de ningún analista serio. Aunque en la semana previa a la primera vuelta empezó a ambientarse con más fuerza un resultado optimista para el abogado, las expectativas no llegaban al batacazo que dio hoy. Ganó la elección, con la votación más alta en la historia de las primeras vueltas y quedó por encima de Iván Cepeda, el aspirante que siempre estuvo en la punta de las encuestas.

Así, la campaña de De la Espriella confirmó que su estrategia desde el año pasado ha sido la de tirarle el tablero a sus rivales y, en la confusión, pegar primero. Que lo diga Álvaro Uribe Vélez, quien a finales de 2025 tenía en sus planes pasar a segunda vuelta con Paloma Valencia y en ese momento recoger con tranquilidad y misericordia a Abelardo y sus votantes. Nunca imaginó que, pasadas las 6 de la tarde del día de elecciones, tendría que salir en un video sombrío reconociendo, como muy pocas veces lo ha hecho, una derrota.

“Colombianos: hemos perdido. Asumo humildemente mis responsabilidades”, dijo el expresidente.

Ahora ese mensaje es el primer párrafo del testamento político del expresidente que anoche vio cómo la hegemonía de su partido en la derecha colombiana llegó a su fin. El Centro Democrático no fue capaz de ser leal a su candidata oficial y la mayoría de sus militantes migraron, en el secreto del cubículo, hacia la campaña de De la Espriella.

La debacle de Paloma Valencia fue tal que, con 1,6 millones de votos, apenas consiguió la mitad de los votos obtenidos el 8 de marzo. Además, su alianza con Juan Daniel Oviedo, que nunca convenció a los votantes de derecha ni de centro, se rompió en un instante. La senadora saltó al barco de Abelardo casi de inmediato mientras que Oviedo no quiso seguir a su exfórmula a una aspiración que consideró como “homofóbica”.

Por otro lado, las opciones de centro, que se aferraron al miedo que generaba el abogado para conseguir votos de última hora, se hundieron causando sorpresa en… nadie. Ante el ascenso de De la Espriella en las encuestas y a juzgar por los resultados, gran parte de los votantes de Fajardo y Claudia López prefirieron migrar hacia la campaña de Cepeda que darles un voto simbólico. Sin cifras claras de cuánto tienen y en dónde, a los dos exponentes del centro político les quedará muy difícil imponer condiciones con alguno de los dos finalistas de la carrera. Sin ir más lejos, esto lo confirmaron en sus discursos de reacción ante los resultados tanto Cepeda como De la Espriella.

El mundo al revés

Lo más previsible antes de la jornada de hoy era que los dos candidatos que pasaran a segunda vuelta tendrían que buscar nuevos votos hacia el centro y apelar a la moderación. El pronóstico apuntaba a que Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella ya habían tocado con la mano el rincón ideológico de cada espectro y tenían que remar hacia el otro lado, puliendo las puntas de sus discursos y calmando a los temerosos e intranquilos.

Sin embargo, el presidente Petro puso el nuevo tono al reaccionar primero que su candidato. El jefe de Estado desconoció los resultados del preconteo y volvió a hablar de supuestas irregularidades sin ninguna prueba. La teoría fue respaldada por el senador del Pacto Histórico, quien en su discurso rompió con la serenidad que había tratado de posicionar en los últimos tres meses y se despachó en calificativos contra De la Espriella.

Como si hubieran tirado el manual de campaña a la basura, Petro y Cepeda reafirmaron justamente los temores que el votante real y potencial de Abelardo tienen atravesado en el corazón. Desafió a la institucionalidad al vaivén de la conveniencia política, la incertidumbre total por las actuaciones venideras del gobierno nacional y una sombra de agitación social.

La bandera de ‘acuerdo nacional’ que cargó Cepeda desde marzo quedó escondida ante el shock y la negación del petrismo. No llamó al centro ni disipó temores. Al contrario, profundizó la radicalización y no tendió ningún puente.

“Los alcances y logros en materia social de nuestro gobierno, bajo el eventual mandato de De la Espriella, serán pulverizados”, dijo Cepeda en el Hotel Tequendama.

La respuesta de De la Espriella fue igual de beligerante. “Petro quiere perpetuarse en el poder, desconociendo la libertad del pueblo colombiano [...] estaré al frente de esta batalla, para defender nuestra democracia y hacerme matar por Colombia, si es necesario”, sentenció Abelardo de la Espriella en Barranquilla.

Sin embargo, más allá de las reacciones en caliente, en ambas campañas saben que es indispensable sanar las heridas que están abiertas desde principio de año. El cálculo no solo se está haciendo para ganar el 21 de junio sino también pensando en tener algún margen de maniobra después del 7 de agosto, si llegan a la Casa de Nariño. El Congreso electo no es favorable para ninguno de los dos candidatos que pasaron al balotaje.

Por ello, Cepeda y De la Espriella, quienes mostraron una asepsia política y rechazo a las estructura políticas tradicionales, tendrán que replantear las negociaciones con maquinarias y barones que tienen la capacidad de inclinar la balanza y complementar al voto de opinión que ya mostró casi toda su cara. Por ejemplo, el Caribe será uno de los terrenos en disputa más hostiles.

Tres semanas de terror

Durante los próximos 20 días, Colombia tendrá que decidir cuál de sus dos miedos tolera más. El miedo a la continuidad de un gobierno que cuestionó las instituciones, que no pudo garantizar la seguridad y que esta noche, ante la adversidad electoral, mostró su cara menos democrática. O el miedo a un líder de derecha dura cuyas posiciones sobre derechos, sobre minorías y sobre el ejercicio del poder generan temores profundos en buena parte del país.

Ninguno de los dos miedos es irracional ni una construcción artificial de los medios o del establecimiento. Son miedos fundados en cuatro años de gobierno, en un estilo de campaña y en declaraciones públicas que ambos candidatos hicieron y de las que no pueden deshacerse con un giro discursivo de última hora. 

La diferencia es que uno de los dos candidatos tiene además el problema adicional de que esta noche su propio campo alimentó el miedo más poderoso que existe en la política colombiana: el miedo a que quien llega al poder no esté dispuesto a irse cuando le toque.

Abelardo de la Espriella lo sabe. Y en las próximas tres semanas va a recordárselo a Colombia cuantas veces pueda.
 

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