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Historia narcos liberados por EE.UU
Internacional

Capturados, encadenados y libres: la historia de los 29 narcos que Estados Unidos no quiso juzgar

Fotoilustración de Yamith Mariño.

Autoridades de Estados Unidos mantienen bajo el mayor hermetismo la liberación de 29 transportadores de cocaína en altamar que fueron arrestados durante una publicitada operación antinarcóticos el año pasado. Dos de los liberados le contaron a CAMBIO y a ‘Univisión Investiga’ sus experiencias.

Por: Iván Serrano, Gerardo Reyes

Raúl Blanco Pérez recuerda que levantó su mirada para hacer una pausa de la lectura de su biografía preferida del emperador Julio César, a bordo de su velero de 45 pies, cuando a lo lejos divisó la silueta de una embarcación.

Navegaba en aguas internacionales del Pacífico, entre las costas de Panamá y Colombia. Eran alrededor de las seis de la tarde del 27 de agosto de 2025. Su experiencia como exteniente de los servicios de inteligencia naval de Cuba lo puso a pensar que podía tratarse de un barco guardacostas de algún país vecino. 

Sabía que el viejo adagio de quien nada debe nada teme no funcionará esta vez. En su velero llevaba más de una tonelada de cocaína con un valor de 80 millones de dólares en las calles de Australia, su destino final. Una cuarta parte del cargamento pertenecía, según él, a un ala disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) el grupo guerrillero que llegó a un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano.

Blanco, de 37 años, sostiene que llevaba meses posando en puertos del Caribe y del Pacifico como uno de esos navegantes adinerados que surcan los mares en sus veleros sin afanes. Su pinta de caribeño acomodado con la piel del color de su apellido, le ayudó a sortear sospechas. Lo acompañaba como ayudante un exmilitar cubano a quien conocía desde su infancia. 

Blanco continuó leyendo Roma soy yo y, en menos de una hora, su intuición le dio la razón: frente a su embarcación se detuvo una lancha patrullera de la Guardia Costera de Estados Unidos que llevaba a bordo una marinera, dos agentes armados y un traductor puertoriqueño.

> “Guardacostas americano, detenga su nave”, escuchó por la radio.

Los guardias querían revisar su velero Beneteau Isla Flotante de bandera polaca. Él dice que los invitó a abordar sin mostrar nerviosismo. 

Los oficiales subieron al yate con herramientas y kits de pruebas químicas de narcóticos. Blanco dijo que mantuvo la calma y preguntó qué estaba pasando. Fue entonces cuando uno de los agentes encendió una tableta y le mostró un video en el que se veía a un grupo de hombres descargando en su velero maletines repletos de droga. En la imagen se veía una lancha rápida desde donde sacaban los narcóticos.

> “Me enseñaron el video satelital en una tablet de la lancha de cómo venían, de cómo le habían hecho todo este seguimiento”, recuerda Blanco. 

Los oficiales estadounidenses descubrieron el compartimento secreto donde encontraron la droga empacada en maletines marca Nike. 

Blanco, radicado en Europa desde hace una década, pensó en ese instante que pasaría el resto de su vida en una cárcel de Estados Unidos.

> “Fue una mezcla entre angustia y decepción. Uno siente que les falló a las personas que más quiere, por dinero, por algo que nunca vale la pena frente a la vida de uno”, recordó.

En cuestión de horas ya era un prisionero más de un intensa operación antinarcóticos en altamar. 

> “Nos llevan a la nave madre. Nos cambian la ropa, nos dan un overol blanco, nos hacen foto de frente y perfil”, recordó. ”Luego nos llevan al helipuerto y nos encadenan por un tobillo a cadenas en el suelo del buque USCGC Venturous”.

Hasta este punto la operación parecía seguir los procedimientos de rutina que el Gobierno de Estados Unidos ha desplegado desde hace décadas en los mares de  países productores y de tránsito de drogas de la región.

Pero la historia dio un giro inesperado que dejó desconcertado a Blanco: 33 días después, ya en tierra firme del estado de la Florida y con las marcas aún frescas en sus muñecas de los grilletes que llevó día y noche en la cubierta de varios buques guardacostas, fue entregado a la autoridades migratorias y luego deportado, explicó. 

No fue acusado de narcotráfico, no le ofrecieron arreglos ni libertad condicional.

Hoy, Blanco está libre y no se explica por qué fue puesto en libertad junto con 28 detenidos más, entre ecuatorianos, mexicanos y colombianos que los guardacostas iban subiendo a las embarcaciones con destino a la Florida durante la operación. Entre ellos tripulantes de un semisumergible y de lanchas rápidas interceptadas en alta mar.

Pero Blanco no pudo celebrar la libertad, dijo.

A los pocos días de estar preso en un centro de imigracion de Estados Unidos se enteró de que los dueños de la droga estaban furiosos. Se lo hicieron saber por teléfono. Él asegura que les contó su versión pero la reacción fue de incredulidad y molestia. Lo acusaron de haberse quedado con la cocaína, relató. 

”Este desapareció con toda la droga, se la robó’, decían”, afirma Blanco al recordar los comentarios de quienes identifican como intermediarios de la guerrilla. “No creen que yo haya estado detenido y liberado. Me acusan de robo. Como no tengo papeles oficiales, hemos tenido problemas y amenazas”.

Blanco sostiene que aunque ha pagado parte del cargamento las sospechas continúan.

Después de pensarlo mucho, concluyó que no tenía otra opción que hacerse visible en los medios de comunicación para que los intermediarios de la guerrilla entiendan que el cargamento está en el fondo del mar —una parte— y la otra probablemente en alguna bodega del Departamento de Justicia.

Un manto de silencio rodea el caso. Las autoridades de Estados Unidos no parecen dispuestas a explicar lo que ocurrió. Los guardacostas respondieron a los periodistas de CAMBIO y Univision Investiga que debían dirigir sus preguntas al Departamento de Justicia, pero en esta entidad no respondieron a una solicitud por escrito. 

Durante la larga travesía en la cubierta de las embarcaciones estadounidenses, Blanco, el único de los detenidos que entendía inglés, se enteró del nombre de la operación: Pacific Viper o Víbora del Pacifico, una ofensiva marítima internacional ampliamente divulgada por el Gobierno federal.

“La Operación Víbora del Pacífico ha demostrado ser un arma crucial en la lucha contra los narcotraficantes y carteles extranjeros en América Latina”, declaró Kristi Noem, entonces secretaria del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. “Ha enviado un mensaje claro de que vamos a interrumpir, desmantelar y destruir sus letales actividades delictivas dondequiera que las encontremos”, agregó.

En la página oficial de la entidad federal todavía están disponibles vídeos de persecuciones cinematográficas, arrestos y hundimientos de embarcaciones en el marco de la operación.

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Guardacostas de Estados Unidos exhiben cocaína confiscada en el marco de la Operación Víbora del Pacífico en agosto de 2025. (Cortesía Coast Guard).

Blanco dijo que en esos videos reconoció los maletines con la droga que llevaba en el velero y el rostro de algunos de los compañeros de viaje arrestados. 

Los comunicados de prensa de la operación hablan de confiscaciones de unas 107 toneladas de cocaína y de la aprehensión de más de 160 sospechosos “que han sido detenidos para ser procesados”.

Los periodistas pudieron constatar que el nombre de Raul Blanco Pérez no aparece en la base de datos oficial del sistema federal de Estados Unidos donde se publican los procesos por narcotráfico. De haber sido enjuiciado, afrontaría una pena de 20 años de prisión a cadena perpetua.   

Blanco sostuvo que, para establecer lo que había ocurrido, contrató al abogado Rocco Lamura, de Estados Unidos. Rocco se negó a hablar del caso.

> “Lo lamento, no puedo revelar información sobre mi cliente sin su consentimiento, pero aun si lo tuviera no doy declaraciones en casos en los que estoy trabajando”, escribió Rocco a través de WhatsApp. 

Blanco mostró a los periodistas un contrato de honorarios con el abogado. Lamura figura como socio fundador y gerente de un bufete con oficinas en Nueva York y Miami. 

La única prueba material que Blanco conserva de su paso por Estados Unidos es un carné del Broward Transitional Center. El documento, expedido por The GEO Group, registra su ingreso a ese centro el 18 de octubre de 2025 y lo clasifica como ERO Detainee, es decir, un detenido bajo custodia migratoria. 

Raul Blanco Pérez

Periplo

Blanco sostiene que zarpó desde España y después de varias semanas de navegación con escalas en San Martín, Aruba y Curazao, tocó Santa Marta y Cartagena, cruzó por Panamá y luego bajó a Ecuador, donde estuvo en Manta, Salinas y Galápagos antes de regresar al corredor del Pacífico en el que debía recibir la carga. Después de algunas demoras recibió el cargamento de cocaína en aguas entre Colombia y Panamá en la madrugada del 27 de agosto. 

El navegante mostró a los periodistas algunas capturas de pantalla de la ruta de la embarcación. 

Desde que fue detenido —agregó—, estuvo inmovilizado.

> “En ese tiempo nos mantuvieron encadenados en cubierta, con comida limitada, exposición al clima, y control permanente”, explicó.

En el camino, la cadena común se fue alargando a medida que agregaban a los detenidos en otros abordajes de la operación incluyendo los tripulantes de un semi-sumergible.

> “Llegamos a ser 29 detenidos”, relata Blanco.

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Captura de video de Guardacostas del abordaje de un semisumergible en el Pacifico como parte de la operación Vibora del Pacifico (Cortesía Coast Guard).

Solo le quitaban las cadenas para ir al baño o ducharse unas dos veces a la semana. Para soportar la espera, les daban libros, cartas y tableros de ajedrez.

Algunos de los oficiales jóvenes del guardacostas, según Blanco, no podían ocultar su inconformidad y frustración con la operación. Se les escapaban quejas por algunas improvisaciones que estaban prolongando su ansiedad por volver a sus hogares.

Después de más de un mes de detención en altamar, la embarcación en la que Blanco resistió los embates del clima aplicando su entrenamiento militar ingresó a Port Everglades. Una furgoneta de ICE y de Seguridad Nacional llevó a los detenidos a una instalación donde fueron interrogados por funcionarios de diferentes agencias federales.

Blanco sostuvo que fue presionado para que declarara que la droga que llevaba en su velero tenía como destino Estados Unidos. Él se negó, dijo.

Terminado el interrogatorio, fue enviado al temible centro de detención del sur de la Florida Alligator Alcatraz. Sería el comienzo de un carrusel de traslados hasta que fue entregado a las autoridades mexicanas en Tabasco.

> “Allí, en la madrugada, nos dijeron ‘son libres’ y nos dejaron salir”, dijo.

¿Fallas de procedimiento?

¿Por qué Blanco y los demás detenidos fueron liberados? Los periodistas se lo preguntaron a dos abogados del sur de la Florida especializados en la defensa de narcotraficantes.

Los abogados, quienes no ocultaron su extrañeza por la insólita liberación, pidieron mantenerse en el anonimato argumentando que preferían no exponerse a discusiones con autoridades federales.

Ambos coincidieron en que el personal de guardacostas a cargo de la operación pudo haber cometido errores de procedimiento en el arresto, cautiverio y traslado de los detenidos, lo cual afectó su judicialización.

Según ellos, es posible que los fiscales que debían asumir el encausamiento de los arrestados, enterados de que las fallas de fondo perjudicarían el procesamiento de los acusados, los dejaron libres. 

Hay algunos detalles de la travesía que, según Blanco, encajaría en ese escenario. Según él, durante el tiempo en que estuvo esposado con grilletes en la cubierta de cuatro buques diferentes de la entidad nunca le leyeron sus derechos. Solo lo hicieron a su llegada a Port Everglades en Fort Lauderdale, Florida.

> “Hasta ese momento no nos leyeron cargos ni derechos, ni llamada, ni abogado. Éramos ‘sospechosos’, así lo repetían”, explicó Blanco.

Otra maniobra que llamó la atención de los abogados es que al pasar por el Canal de Panamá los guardacostas bajaron los detenidos al interior de la embarcación.

“Quizás lo hicieron por cuestiones ópticas: no se ve muy bien un barco estadounidense con casi 30 presos en cubierta, bajo el sol y el agua y en grilletes, pero también podría ser que no reportaron a Panamá que llevaban presos a bordo”, dijo uno de los abogados.

En la travesía, también se presentó un posible caso de isquemia de uno de los detenidos, señala Blanco.

Los periodistas de CAMBIO y Univision Investiga también hablaron con un ciudadano ecuatoriano a quien Blanco presentó vía telefónica como otro de los tripulantes liberados. 

El entrevistado, que pidió el anonimato por seguridad personal, confirmó varios aspectos del relato de Blanco. 

Dijo que fue interceptado el 24 de agosto en aguas internacionales, cuando viajaba en una lancha rápida con otras cinco personas y tonelada y media de cocaína. Según su testimonio, un helicóptero abrió fuego contra los motores de la embarcación. Ninguno de los seis ocupantes resultó herido, pero quedaron neutralizados, hundieron parte de la droga y luego fueron remolcados por una patrulla.

El ecuatoriano contó que después fue movido entre varias embarcaciones, y dijo, al igual que Blanco, que estuvo esposado durante la travesía y cruzó el Canal de Panamá oculto bajo un toldo junto con los demás detenidos. En Miami tampoco compareció ante un juez y el 21 de octubre fue deportado en avión a Guayaquil, donde quedó libre. 

Dijo que, aunque en la operación en donde fue detenido nadie murió, entre cuatro y cinco amigos de él han muerto en interceptaciones similares en altamar.  

Dos días después de su deportación, el presidente Trump afirmó, en la Casa Blanca: “simplemente vamos a matar a las personas que traen drogas a nuestro país”.

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