
El angustioso epílogo de las elecciones peruanas. Por Julio Londoño
El excanciller Julio Londoño Paredes analiza el desenlace de las elecciones peruanas, el comportamiento de los candidatos tras los resultados y los compara con lo que podría ser la situación electoral en Colombia.
Las elecciones en el Perú han tenido un desarrollo parecido al de una novela policiaca de Sherlock Holmes, en la que no se sabe quién es el asesino, sino hasta la última página. El triunfador en la segunda vuelta ha ido cambiando alternativamente con el transcurso de los días a medida que se desarrolla el tortuoso conteo de los votos, que contrasta con la rapidez y precisión del sistema electoral colombiano.
Finalmente, todo parece indicar que Keiko Fujimori será la nueva presidenta, no por ochocientos votos, sino por cerca de cuarenta mil. Su victoria no se dio por la votación en el exterior, como se ha dicho, ya que esa mayoría siempre la ha tenido en todas las elecciones en las que ha participado.
Se debió fundamentalmente a que los partidarios de Sánchez, convencidos de su victoria, no acudieron a las urnas con la misma profusión que en la primera vuelta. Además, a que el recurso del sombrero de Castillo, su mentor, no fue suficiente para que ganara. Sus seguidores admiraban a Castillo con su sombrero, no a Sánchez con el sombrero de aquél.
La actitud del candidato perdedor, contrariamente a la de aceptar con grandeza el resultado, fue la de dirigirse al Cusco, una de las principales ciudades del Perú, para agitar a las masas y promover plantones, marchas y protestas en todo el país. Igualmente les pidió a sus seguidores que marchen hacia Lima y se concentren en el denominado “Campo de Marte”. Buena parte de los golpes de estado en el Perú se han iniciado en la provincia y no en Lima. Es posible que mientras allá las “masas” estén actuando, nosotros estaremos en plenas votaciones.
No puede concebirse que, en una democracia, el candidato perdedor, impulsado por su patrocinador, resuelva alegar que hubo fraude y patrocine una marcha “de masas” para coadyuvar el rompimiento de la voluntad popular.
La estabilidad económica que tiene el Perú, que ha servido para evitar su derrumbe, podría verse amenazada por una situación como la que podría asomarse. Una minoría amenazante no puede prevalecer sobre la mayoría que se acercó a las urnas. Naturalmente que allá, como ha sucedido, los militares tendrán la última palabra, ya que afirman que son los guardianes de la compleja constitución.
En Colombia, paralelamente, la pugnaz campaña electoral que estamos viviendo, que tiene los nervios crispados a todo el país, en medio de proclamas, amenazas, noticias falsas y atentados, no puede prolongarse. Sería una injusticia con la enorme mayoría de colombianos de todas las tendencias políticas que quieren un poco de tranquilidad. No es posible que suceda todo lo contrario, por el delito de haber depositado su voto en las urnas.
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