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PELEAR POR CANDIDATOS

PELEAR POR CANDIDATOS
Daniel Samper Ospina
Los Danieles

PELEAR POR CANDIDATOS

Fue en la fila del supermercado donde descubrí que estamos perdidos como nación. Mientras aguardaba mi turno en la fila de la caja, las dos señoras que estaban delante de mí conversaban entre ellas del tema de moda: las elecciones.

—Vamos a perder la democracia —pronosticaba una, la gordita, sombríamente.

—Sí: si elegimos mal, estas van a ser nuestras últimas elecciones —congeniaba la otra: una flaca de lunar en la nariz.

—¿Cómo puede haber medio país dispuesto a elegir a un dictador? —se quejaba la primera.

—¡Y a semejante tipo! —coincidía la otra.

—¡Es un asco! —desaprobó la primera con una mueca de desagrado.

—¡Un verdadero asco! —coincidió la segunda.

El mercado estaba repleto. La demora de la fila era por culpa de una señora que tenía cierto aire a Clarita López, la anunciada ministra de Hacienda en la posible presidencia de Iván Cepeda: la mismísima exnovia de Álvaro Uribe a quien el expresidente sedujo advirtiéndole —como lo hace siempre— que la culebrita estaba viva. La Clarita López de la fila llevaba una bolsa llena de frutas y las pasaba con indignante lentitud, mientras las señoras conversaban.

—Porque solo te digo una cosa —dijo Gorda—: si sube a la presidencia, después se queda…

—No suelta el poder por nada del mundo —asintió Flaca.

—Por nada.

Como si ya fuera ministra en la vida real, a la Clarita López de la caja el mercado la estaba recibiendo mal. Tenía la bolsa a punto de quebrarse. Al menos la bolsa de las frutas. Sacó, pues, con pereza una docena de zapotes que lo mismo habrían servido como gabinete de Abelardo, el candidato que esta semana, miren ustedes, ofreció el ministerio de Justicia a Mauricio Gaona: Papuchini no puede ver a un hombre de barba de candado y blazer blanco sin extenderle un ministerio o proponerle grabar un disco de baladas.

Luego de los zapotes, la falsa Clarita le metió la uña a unos aguacates que estaban como el mismo Abelardo para la presidencia, sin madurar.

—El peligro es la ingenuidad de los jóvenes —dijo Flaca.

—De acuerdo —asintió Gorda—: ¡votan por el primer populista! 

—¡Y mientras más extremista y bestia, mejor! —asintió Flaca.

 

La fila no se movía. Flaca y Gorda terminaron de volverse amigas y se enlazaron en una fluctuante conversación en la que comentaban asuntos de sus hijos, regresaban, ay, a las benditas elecciones y se quejaban del precio de los aguacates. Que sí están caros.

Detesto que me manden al mercado en buena parte por eso, porque no sé elegir aguacates. También porque suelo olvidar la mitad del pedido. En la casa siempre me dicen que lleve una lista, pero el único que sabe hacer listas en el país es el propio Abelardo, que, en una alocución en sus redes sociales, esta semana perfiló a los políticos que, según él, van a comprar votos. Votos a cincuenta mil: ¡está todo tan caro! ¡Los votos, los aguacates! 

Cuando lo dijo, el candidato llevaba puesta la camiseta de la selección y una cachucha, y le faltaba tener un pito colgado en el pecho para que cualquier extranjero pensara que se trataba del DT de la selección nacional anunciando la titular: 

— ¡Carlos Caicedo, Felipe Hernández, Eduardo Pulgar, Euclides Torres, Agmeth Escaf, Musa Besaile… Y en la delantera ¡Luis Fernando Lobo y Mario Fernández Alcócer!

A Ape Cuello no lo volvió a mencionar, pero sería el arquero, porque es experto en tapar. Y Mario Fernández, el primo de Verónica, cumpliría función doble. Porque es hábil Alcocer. Podría ser el modisto de la selección. 

Al menos no llevaba el pito en el pecho para ufanarse de su tamaño, pensé, cuando me trajo de vuelta a la realidad una frase de Flaca:

—¡Si sube el innombrable, me voy! —advirtió.

—¡Nosotros también! —agregó Gorda—. Ya estamos cotizando pasajes a Panamá o botas para atravesar el Darién.

Las comprendí. La verdad es que yo también siento fatiga electoral, siento desánimo. Las dos campañas dejan un delirante borbotón de contenidos sin sentido frente a los cuales uno a veces se pregunta si, gane quien gane, no resultaría más sano huir a un país menos polarizado. Podría ser Perú. Escapar de Cepeda en la tierra de Petro Castillo; del Tigre, en la de la Tigresa del Oriente.

Esta semana, por ejemplo, la campaña de Iván volcó todos sus esfuerzos en capturar el voto k-poper. Los k-popers, para quien no lo sepa, son los seguidores del pop coreano. En la campaña resolvieron entonces que debían hacer lo imposible para despertar su simpatía y volcaron todas las piezas visuales para satisfacerlos: enseñaron al candidato a saludar con el ambiguo signo del corazón k-poper —el dedo índice unido al pulgar, semejante al de “pedir billuyo” —y en adelante toda la campaña subió fotos saludando de la misma manera: ¡incluso mi tío Ernesto se volvió k-poper! ¡Hasta Clarita López, Clarita Popers, para el caso! ¿Por qué lo hacen? ¿Suponen acaso que los dos o tres millones de votos que necesita Cepeda son todos de k-popers?

 Tienen huevo, pensé, como los triple AAA que pasaba Clarita lentamente por la caja, uno por uno, mientras Gorda y Flaca ya parecían íntimas. Hasta que hablaron de la ropa.

—Y lo peor es la pinta —dijo gordis.

—Sí, esas camisas de cuello Nehru son espantosas —recogió flaquis.

—¿Nehru? ¡Yo hablo de Abelardo! —atacó la albóndiga

—¿Cepeda? ¡Cepeda es el que nos va a convertir en otra Venezuela! —riñó la espagueti.

—¡Defensora de paracos! —gritó la una.

—¡Defensora de guerrillos! —gritó la otra.

—¡Quemagatos!

—¡Jorobada!

—¡Narca!

—¡Comunista!

Se quedaron peleando como si los candidatos fueran a pagarles el mercado, mientras yo pasaba por su lado y me las saltaba en la fila. 

A la salida, rocé a Clarita López y la saludé juntando los dedos, como los k-popers. Pero pensó que le estaba pidiendo billuyo para comprarle el voto, caro como un aguacate.

Camino a la casa recordé varios encargos que olvidé por no haberlos anotado. Pero no pienso regresar hasta que pasen las elecciones.

¡BOLETAS PARA CIRCOMBIA EN ELECCIONES!

BOGOTÁ
Sábado 20 de junio (5:00 p.m.) - Auditorio Orígenes de la Universidad EAN

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