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País

Fernando Carrillo: ‘Cuando un gobierno propaga noticias falsas, no acaba con los medios: acaba con la democracia’

Fernando Carrillo Flórez, exministro de Justicia y ex procurador general de la nación.

El exministro y hoy vicepresidente del grupo Prisa reflexiona sobre la confrontación abierta entre el presidente Gustavo Petro y la prensa. Afirma que sí es posible firmar un Acuerdo Nacional a partir de la defensa de la Constitución de 1991. Entrevista.

Por: Armando Neira

Fernando Carrillo Flórez (Bogotá, 1963) tiene dos obsesiones: defender la libertad de expresión y custodiar la Constitución de 1991, de la cual es uno de los artífices, como promotor del movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta, que hizo posible la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente ese año.

Hoy es vicepresidente del grupo Prisa, uno de los conglomerados de medios más importantes del mundo en lengua castellana. El exministro de Justicia y ex procurador general de la nación fue uno de los conferencistas en la celebración de los 130 años de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, realizada este lunes en el norte de Bogotá.

Allí se dieron cita algunos de los más importantes juristas del país, y se analizó en profundidad el momento político y jurídico que atraviesa el país. Las charlas tuvieron lugar cuando aún gravitaban nítidas en el ambiente las palabras del presidente Gustavo Petro, quien en una nueva alocución volvió a lanzar una ofensiva contra los medios de comunicación. En este contexto, Carrillo habló con CAMBIO.

CAMBIO: Se le ve muy preocupado por lo que, dijo en su intervención, está pasando en Colombia. ¿Cómo define el momento que estamos viviendo?

FERNANDO CARRILLO FLÓREZ: Estoy muy preocupado porque estamos en un juego suicida, y es llevar al país a una nueva división: entre la izquierda y la derecha; entre los excesos de la izquierda y los excesos de la derecha.

CAMBIO: ¿Qué hacer entonces?

F.C.F.: Yo creo que el país tiene que apuntar hacia otras salidas. Hay que considerar otras alternativas. Se puede considerar el centro, que creo es otra opción, aunque no necesariamente debe ser esa, pero sí una que sirva de tabla de salvación.

CAMBIO: ¿Salvarnos de qué?

F.C.F.: Del asedio a la democracia. Hay que salir a defender la democracia con principios y valores democráticos, no por ser de izquierda o de derecha. Hay que sacar a la democracia del arrinconamiento.

CAMBIO: ¿Cómo hacer llegar ese mensaje?

F.C.F.: Hace 25 años, en la Séptima Papeleta, decíamos que preguntar a los jóvenes si eran liberales o conservadores era una falta de respeto. Guardadas las proporciones, hoy pasa algo parecido. Esto no es un problema entre izquierda y derecha. No es un problema maniqueo o binario.

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CAMBIO: ¿Por qué?

F.C.F.: Las personas que están en la vida pública se dividen entre quienes creen en la democracia y quienes creen en el autoritarismo, el populismo y el caudillismo. Eso es lo que nos está corroyendo por todas partes, desde México hasta Argentina. Hay populismos autoritarios de izquierda y de derecha. Por un lado y por el otro, ambos son igualmente radicales. Ahí están, y son la muestra de que estamos cayendo en ese maniqueísmo que le hace mucho daño a la democracia.

CAMBIO: El presidente Petro insiste en sus reformas sociales para hacer avanzar al país. ¿Cómo le parece eso?

F.C.F.: Las reformas hay que hacerlas, pero no por ser de izquierda o no, sino por el avance de nuestra sociedad.

CAMBIO: Entonces, ¿cuál es el problema?

F.C.F.: Le repito, hay que hacer las reformas. Pero ahora existe una narrativa en la que la izquierda radical tiene el monopolio de la reforma social, mientras que dicen que las reformas de seguridad son cosa de la derecha. Las reformas del país deben ser el resultado de un acuerdo nacional.

CAMBIO: ¿Coincide con el presidente Petro en el Acuerdo Nacional?

F.C.F.: Ojalá el presidente se sentara de verdad con ecuanimidad, sensatez y tranquilidad a hacer el Acuerdo Nacional. Seguro muchos otros sectores le responderían y se sumarían a ese propósito.

CAMBIO: ¿Dónde está el obstáculo?

F.C.F.: Es muy fácil decir que se necesita un Acuerdo Nacional mientras se insulta, divide y difama. No lo digo solo por él sino por sus contrarios también. Ese no puede ser el punto de partida. Estamos en un momento crucial de la historia del país, y tenemos que sacarlo adelante entre todos.

CAMBIO: ¿Es el momento más difícil?

F.C.F.: Sí, pero no tan grave como otros que hemos superado. Si comparamos el proceso constituyente del 91 con el momento actual, esta situación no es tan dramática como la de entonces, cuando asesinaron a tres candidatos presidenciales. Sin embargo, pudimos sentarnos y concertar, incluso con el movimiento de Alianza Democrática M-19, del cual proviene el actual presidente de la república. Ese es un ejemplo extraordinario de cómo podemos ponernos de acuerdo en Colombia.

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CAMBIO: ¿Por qué ahora nos cuesta tanto?

F.C.F.: Yo creo que el gran déficit de Colombia no es el déficit fiscal, sino el déficit de ecuanimidad. Hemos perdido el norte, estamos radicalizando todas las posiciones y convirtiendo al adversario en un enemigo mortal, algo que solo ocurre en sociedades al borde de una crisis muy profunda. Creo que debemos evitar esa crisis, y no seguir dividiendo al país en dos.

CAMBIO: Ese fenómeno es global, no solo de Colombia.

F.C.F.: Así es. En la Cumbre del Futuro, que comenzó ayer en Naciones Unidas, se está analizando la crisis del Estado de derecho como uno de los puntos de la crisis global. ¿Por qué? Porque uno tiene que tener unas reglas de juego para poder actuar. En ese contexto, hay que defender la democracia, y la gran amenaza de la democracia hoy en día viene por el lado del populismo, el autoritarismo y el caudillismo. Miren lo que va a pasar en las elecciones de Estados Unidos, miren lo que está ocurriendo en América Latina. Hay populismos de izquierda y de derecha: desde el señor Bukele hasta el señor Milei, desde el señor Maduro hasta el señor Ortega. Por un lado y por el otro, ambos son igualmente radicales.

CAMBIO: ¿Cree que Colombia va por ese camino?

F.C.F.: No podemos caer en ese predicamento. Tenemos que condenar, como es debido, el megafraude de Venezuela el 28 de julio, pero también las violaciones de derechos humanos en El Salvador. No se trata de tomar una posición intermedia, sino una postura radicalmente democrática en defensa de los principios y valores de la democracia.

CAMBIO: Usted, doctor Carrillo, tiene una amplia trayectoria como jurista, pero ahora también forma parte de la cúpula del grupo Prisa, uno de los grandes conglomerados en lengua castellana. ¿Se siente aludido cuando el Presidente de la República dice que los medios son sus enemigos?

F.C.F.: Yo creo que hay una retórica contra la libertad de prensa que está haciendo mucho daño. Eso es indiscutible. No se puede descalificar ni generalizar. Hoy soy directivo de medios de comunicación y estoy en el Grupo Prisa buscando darle una visión de interés público a nuestros medios y a nuestras empresas que se dedican al tema educativo, como Santillana. Creo que la clave está en ser ponderado, en hacer un periodismo de calidad, que contraste, verifique y no incurra en la difusión de noticias falsas.

CAMBIO: ¿Por qué es tan grave la desinformación?

F.C.F.: Es muy grave porque afecta la democracia. Lamentablemente, las redes sociales son un terreno fértil para la desinformación, donde se fomenta el odio y la división en la que Colombia está inmersa. Y más grave con lo que se avecina.

CAMBIO: ¿A qué se refiere con lo que viene?

F.C.F.: Me refiero a la inteligencia artificial. Mal manejada, puede causar un daño letal a la democracia, al sistema político y a los acuerdos. Puede dividir aún más la sociedad.

CAMBIO: ¿Cómo evalúa la estrategia del presidente Petro de golpear cada vez más a los medios de comunicación tradicionales, mientras empodera a los influencers?

F.C.F.: Esa puede ser su forma de gobernar, pero uno también debe mirar los antecedentes del grupo que lo llevó al poder. Veo, por ejemplo, las actuaciones de un Antonio Navarro Wolf en la Constituyente, y eso es lo que necesita Colombia en este momento. Lo digo con todo respeto. Ese debería ser el modelo a seguir.

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CAMBIO: ¿Por qué?

F.C.F.: Porque él es equilibrio y sensatez. Eso es lo que requiere hoy Colombia. Les recuerdo que Antonio Navarro y Álvaro Gómez, el primero quien fue jefe del comando que secuestró al segundo, se sentaron en el escenario de la Constituyente y redactaron juntos la Constitución. La Constitución de 1991 es tan progresista porque surgió de un gran consenso. Ese fue el elemento sobre el que se hizo. El Movimiento de Salvación Nacional y el M-19, que eran dos extremos, se sentaron hasta encontrar puntos comunes.

CAMBIO: ¿Se podría decir que usted es un preocupado optimista?

F.C.F.: Soy optimista en el sentido en que, si el presidente tiene la sensatez de sentarse en una mesa y convocar a los grandes actores políticos y sociales, no únicamente a los de su sector, muchos se sumarán. Porque un acuerdo no es tal cuando es “yo con yo”. Los acuerdos no duran si se alcanzan solo con los que piensan igual. Si el presidente Petro convoca a todo el país y es sincero en sus palabras, podremos sacar adelante las reformas. Pero no se puede amenazar, ni literal ni metafóricamente, para forzar a la gente a sentarse a una mesa de negociación. Cualquier tipo de violencia verbal llevará a la violencia física, como nos ocurrió en 1989.

CAMBIO: En su alocución de este domingo, el presidente dijo que había tres alternativas para Colombia: volver al fusilamiento de miles de jóvenes, a centenares de masacres y sangre por doquier; imponer los cambios a la fuerza o lograr la paz dialogando y logrando que los cambios necesarios se hagan de manera dialogada y tranquila. ¿Qué le parecen esas alternativas?

F.C.F.: Todo lo que sea diálogo es la única vía. Hablar de fusilamientos o de una vía armada es un escenario caduco. No estamos en el Parque Jurásico de la historia. Hay que hacer los cambios sociales en democracia y con nuestra Constitución, una Constitución que fue reconocida por el propio partido que está hoy en el poder.

CAMBIO: Usted subraya, una y otra vez, la defensa de la Constitución de 1991. ¿Por qué?

F.C.F.: Porque es la demostración tangible de que la búsqueda de consensos en una sociedad tan fracturada es necesaria. La Constitución es el punto de unión y convergencia que nos une a todos.

CAMBIO: ¿Cómo explicarle a un joven que, si bien este momento es delicado, no es tan grave como lo que vivimos en 1991, cuando hicimos una constitución tras el asesinato de tres candidatos presidenciales y la oleada de narcoterrorismo?

F.C.F.: Estamos perdiendo, y este es un mensaje también para los medios de comunicación, a las nuevas generaciones por falta de conexión. El país está muy desconectado con las nuevas generaciones. Yo creo que las nuevas generaciones, que enarbolan la bandera del cambio, son las que no creen en este radicalismo ni en este maniqueísmo. En un libro que estoy por publicar, he llamado a estas personas “nativos demócratas”: aquellos que nacieron en democracia. Quienes nacieron en 1992 no saben la batalla que tuvimos que librar en 1991, o la que enfrentó toda América Latina contra las dictaduras y los totalitarismos. ¿El señor Bukele qué mérito tiene? Que le pongan una gorra y una charretera. Eso fue lo que hicieron los dictadores de Brasil, de Argentina, Chile o de Uruguay. Hay que comunicarle a las nuevas generaciones cómo ha sido nuestra historia para no ir hacia atrás.

CAMBIO: ¿Por qué cree que es tan importante sentarnos a conversar en este momento?

F.C.F.: Es urgente y en defensa de nuestra democracia. Gobernar es muy complicado, pero gobernar en democracia es aún más complicado. y ese es el reto.

CAMBIO: ¿Para hablar de qué? ¿Es posible entre tanta polarización?

F.C.F.: No solo de qué sino sobre qué. Y eso pasa por nuestra Constitución porque esta representa la herramienta fundamental sobre la cual se pueden construir las reformas sociales. Y claro que se puede. Hay que sentarse a construir el país y elaborar una agenda para 2026, 2030 y 2050. Hay que sentarse en la mesa y respetar la opinión del otro, dejando de lado el lenguaje de desacreditación, división y resentimiento. La gente todavía tiene miedo de sentarse en un escenario así, pero es fundamental ofrecer garantías para que eso ocurra. En la Procuraduría, defendimos mucho a los líderes sociales. ¿Cuántos han sido asesinados desde la firma del acuerdo de paz? En 2024, van 124 líderes asesinados y nadie hace nada. Sectores que antes protestaban por una muerte, ahora guardan silencio. Reitero, no se trata de ser de izquierda o derecha. Se trata de ser demócrata. Aquí en este país no hay que seguir matándonos, hay que sentarnos a hablar.

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CAMBIO: Desde su posición, ustedes están en una campaña muy fuerte para combatir las noticias falsas. ¿Por qué?

F.C.F.: La desinformación es el cáncer de la libertad de prensa. Hoy es un desafío para todos los actores políticos, y tiene que ver con garantizar la libertad de prensa. Hay que combatir las noticias falsas vengan de donde vengan. Cuando un gobierno, por ejemplo, propaga noticias falsas, no acaba con los medios, acaba con la democracia.

CAMBIO: También es cierto que hay periodismo muy malo, muy nocivo.

F.C.F.: Como siempre, el camino fácil es repetir y caer en el sensacionalismo o en el llamado periodismo de alcantarilla, como dicen en Francia. Pero creo que con el periodismo basura pasará lo mismo que con la comida basura. La gente empezará a elegir mejor. Lo que se quiere es un periodismo serio, equilibrado y no ideologizado, que le cuente la verdad a la gente. Y para eso se necesita mucho profesionalismo. De ahí que toda nuestra campaña, particularmente en los periódicos de nuestro grupo, va en esa dirección. ¿Cómo se hace buen periodismo? Es un trabajo basado en verificar, indagar e investigar. No podemos dejarnos llevar por la primera oleada de información, que muchas veces corresponde a una noticia falsa. Caer en las noticias falsas es la muerte del periodismo.

CAMBIO: Usted también habla de los riesgos de las noticias falsas cuando su origen está en el Gobierno.

F.C.F.: Por eso los medios de comunicación no pueden tragar entero lo que les diga una fuente oficial o privada. Deben contrastar y verificar la información. Hay un mandato clarísimo en el manual de estilo del periódico El País, y lo mismo en todos los medios de comunicación de Prisa.

CAMBIO: Finalmente, ¿qué significa para usted este acto y su presencia, que simbolizan los 130 años de la Academia Colombiana de Jurisprudencia?

F.C.F.: Significa mucho en un momento en que el Estado de derecho está más cuestionado que nunca. La democracia está en peligro, la separación de poderes tambalea, el poder judicial quiere ser desconocido, los gobiernos son débiles, los estados son incapaces, los organismos de control están cooptados y la sociedad civil es débil. Estamos viviendo momentos muy difíciles para la democracia, pero sigo siendo optimista. Si logramos sentarnos, como lo hicimos en 1990, a construir un Acuerdo Nacional y un gran consenso, encontraremos una solución. Y la solución no es modificar la Constitución del 91, sino crear una gran alianza para reivindicarla y refrendarla si es necesario en cuanto a su ejecución, haciendo las grandes reformas contra la desigualdad que hay en Colombia.

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