
Lecciones fundamentales de la historia marica por Manuel Velandia
Si hay alguien esencial para entender e inspirarse con la lucha de 'liberación marica' en Colombia, como él mismo la llama, es Manuel Velandia. Estas fueron las lecciones fundamentales que le compartió a CAMBIO de sus más de 50 años de activismo.
Manuel Velandia estuvo entre los fundadores del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia. Tuvo mucho que ver para que en este país ser marica dejara de ser un delito. Fue uno de los pioneros de la primera Marcha del Orgullo en el centro de Bogotá. Dio en un bar la primera conferencia sobre sida en Colombia. Escribió el manual de apoyo emocional para las personas diagnosticadas con VIH y sida, que hoy es guía de cabecera en muchos países de la región. Fue uno de los redactores del primer proyecto de ley que se presentó en el país para garantizar los derechos civiles de las parejas del mismo sexo. Es sociólogo, sexólogo, docente, artista, poeta, fotógrafo, performer. Tiene 12 posgrados en su haber y recibió los setenta años con el pelo pintado de azul y la dulzura y el humor de los ángeles caídos.
CAMBIO le picó la lengua y el resultado fueron estas memorias y lecciones fundamentales de la historia marica en Colombia.
El Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia tuvo como semilla un chiste
Velandia terminó el bachillerato en el colegio San Pedro Claver de Bucaramanga a los 15 años. A la misma edad entró a estudiar Sociología en la Universidad Cooperativa de Bogotá. A los 16 se anotó en simultáneo a la carrera de Filosofía en la Universidad Javeriana –y, además, estudiaba teatro por las noches–.
Fue en ese contexto de frenética formación intelectual que fue a dar, en una clase de psicología, con un profesor recién llegado de la Sorbona que planteó como proyecto de clase estructurar un movimiento político y social atravesado por la antipsiquiatría.
“Un movimiento sexual”, interrumpió Velandia en chiste. La ocurrencia se convirtió en la semilla del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia cuando Lina Arragocés, compañera de clase, alzó la mano y pidió trabajar con él: ser parte.
Por esos mismos días leyeron un artículo del activista León Zuleta, recién expulsado, por marica, del partido Comunista, en el que el autor afirmaba que ya había en el país un movimiento homosexual con 10.000 miembros. Cuando Velandia lo contactó, entusiasta, febril, Zuleta lo bajó de las nubes y le dejó bien claro que lo de los 10.000 miembros era mentira (¿o chiste?), pero que, conmovido por su entusiasmo, de ahora en adelante haría que los interesados en hacer parte del movimiento lo contactaran.

La gasolina que recibió de Zuleta fue llama y fue incendio cuando su profesor le dio el visto bueno al movimiento sexual marica que ya empezaba a fraguarse y los mandó a leer El deseo homosexual, de Guy Hocquenghem, considerado por muchas la obra inaugural de la teoría cuir. Con Hocquenghem, la reflexión del maestro se hizo enfática en la resistencia política desde el cuerpo y en el sistema de pensamiento de Velandia y su partner, y superar la falocracia, en las relaciones maricas y en las heterosexuales, pasó a ser un imperativo vital y ético. Eso le dio cabida a la idea de la penetración mutua, sin ningún amante con más poder que otro, y a la primera reunión para darle forma al Movimiento de Liberación Homosexual, en la Biblioteca Emmanuel Mounnier, un 9 de abril de 1977.
La primera marcha de Liberación Homosexual fue sindical, el 1° de mayo de 1983
A la primera reunión para armar el movimiento fueron 30 personas, divididas en tres grupos: estudiantes jóvenes que recibían formación política y sexual, maestros e intelectuales y artistas. Aunque desde los 18 años Velandia ya daba una clase en la Universidad Pedagógica, su trinchera y su rincón era el de los artistas. Cuando en razón del Estatuto de Seguridad –que instauró Julio Cesar Turbay el 6 de septiembre de 1978– les fue prohibido reunirse a conspirar y crear en la biblioteca, el grupo se trasladó al Parque Nacional y Velandia pasó a dar clases de acondicionamiento motriz, fonación, técnicas de respiración y vocalización que devinieron en improvisados discursos políticos de emancipación marica en el, hasta entonces, clóset cerrado de los sindicatos.
El 1° de mayo del 83, las disertaciones teóricas del parque se hicieron praxis con la primera expresión de liberación homosexual sindical organizada.
La despenalización de la homosexualidad fue soterrada y subrepticia
El Código Penal de 1936, que solo vino a ser revisado en 1980, castigaba con cárcel las relaciones homoeróticas. En la práctica, en los años de juventud, juerga y activismo de Velandia, la Policía llegaba a los bares en los que las personas con divergencias sexuales solían reunirse, para pedir coimas y hacer arrestos a diestra y siniestra. En el Bar Piscis –el de su preferencia y el primero en la ciudad en contar con un cuarto oscuro–, ubicado en la calle 24 entre la carrera 13 y 13A, había un botón rojo que se prendía cuando se desplegaban las redadas policiales.
“Entonces todos empezábamos a portarnos como heterosexuales”, recuerda Velandia entre risas, “pero como la Policía sabía que éramos todos maricas, nos montaban en un camión para pasearnos por la ciudad. Los que se las chupaban a los policías podían abandonar el camión; mientras que a los que no, nos llevaban hasta La Calera o a Monserrate, nos desnudaban y nos bañaban con agua helada. A las chicas trans las llevaban directo a la cárcel”.

Para desafiar la homófoba violencia estatal y policial, el artista se propuso encontrar, y seducir –infieran ustedes– a los congresistas y senadores maricas. Aquellos encuentros teóricos y eróticos, aunque esto no puede probarlo porque los anales del Congreso fueron deliberadamente eliminados, causaron la eliminación de los artículos que penalizaban, perseguían, y castigaban a los maricas. La salida del clóset -dice-, fue soterrada y subrepticia.
Una vez supo que los artículos ya no figuraban, junto a un amigo, decidieron besarse apasionadamente y bailar cada vez que la circunstancia los ponía frente a frente contra la mirada tan recta de la Policía. Eran ambos muy felices al ver la frustrada reacción de la fuerza de la ley al enterarse que el esquizoide código del 36 ya no aplicaba.
Ni Stonewall ni Harvey Milk: la liberación marica en Colombia no fue inspirada por los gringos
La fuerza emancipatoria marica colombiana, cuyas primeras brasas se prendieron gracias a El deseo homosexual, de Guy Hocquenghem, no tuvo como faro, en contravía de la creencia popular, el reconocido movimiento de resistencia de las divergencias estadounidenses que estalló en Stonewall, el famoso bar gay en Greenwich Village de Nueva York, el 28 de junio de 1969. Y la historia de Harvey Milk, el activista que para muchos es referencia obligada a la hora de rastrear los hitos históricos de sublevación y emancipación homosexual, es para Velandia la historia conservadora de “un político que, cuando lo matan, resulta que es marica”.
Sobre lo que sí leyeron en el país de más al norte fue sobre la Sociedad Mattachine –Matachín en español–, el grupo de defensores de los derechos de los homosexuales que en los años cincuenta, durante la presidencia de Harry S. Truman, fueron ferozmente perseguidos: por comunistas, por artistas, por maricas. La marginalización que signó al grupo fundado en Los Ángeles que le implicó a algunos de sus miembros perder el trabajo e ir a la cárcel, fue un hito político de resistencia y represión que entró en las discusiones del movimiento que se fraguaba en el Parque Nacional, en expreso desafío al Estatuto de Seguridad de Turbay –que entendía las juntazas de más de tres personas como reuniones clandestinas–.
Si hay una marcha del Orgullo que alumbró e inspiró a Velandia fue la de Barcelona, en el 77, de la que recibió fotos por parte de su hermana, que viajó hasta España desde la Unión Soviética –en donde estudiaba un doctorado en Salud Pública–, para hacer parte de la manifestación. “Realmente nuestras fuentes teóricas estaban en Europa. Por ejemplo, la revista El Viejo Topo, teóricamente muy avanzada”.
En la primera marcha del Orgullo en Colombia hubo claveles
En principio, a los 32 activistas –29 homosexuales, dos lesbianas y una mujer trans– que conformaron la primera marcha del Orgullo, la Policía de Bogotá les iba a permitir manifestarse entre la Plaza de Toros de la Santa María y la Plaza de Bolívar. Pero el plan cambió y solo les fue permitido caminar hasta la Plazoleta de Las Nieves, un recorrido de menos de un kilómetro. Allí, en una tarima que les prestó el sindicato de la ETB, dieron discursos León Zuleta, Fernando Alviar y Manuel Velandia.
La única mujer trans que hizo parte de la marcha entregó claveles empapados en agua.
Velandia dio su discurso vistiendo una camiseta que rezaba: 'Madre, si tú amas a tu hombre, déjame amar al mío'. Cuando lo terminó, le entregó un clavel a uno de los 70 policías que resguardaban (¿de qué, de quién?) la manifestación y le dijo: “Sé que usted viene como representante de la contingencia homosexual de la Policía”.

Unos días antes, caminando, Velandia se había encontrado con José Fernández Gómez, el reconocido español que presentaba El Noticiero de las 7 en la Cadena 2, y le informó que, en la tarde del 28 de junio, en la Plaza de las Nieves, ocurriría algo importante.
A las siete de la noche, por el noticiero, su mamá supo para siempre a qué se refería Manuel cuando decía que era feliz. Lloró un rato, y le preguntó a su hija por qué Manuel estaba haciendo lo que hacía.
“En esta casa nos enseñaron a defender las causas en las que creemos”, fue la respuesta.
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