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País

El uribismo recuperó la calle, pero aún no encuentra su candidato

Simpatizantes del expresidente Uribe en una de las marchas a su favor.

Aunque las movilizaciones de este 7 de agosto fueron concurridas, hay incertidumbre sobre quién capitalizará en las urnas estos respaldos. El Pacto Histórico, por su parte, picó en punta para presentarse unido en 2026.

Por: Armando Neira

Un par de días después de las marchas a favor del expresidente Álvaro Uribe Vélez, condenado a 12 años de prisión domiciliaria por soborno y manipulación de testigos, entre sus seguidores hay tres temas centrales en la conversación: su líder cuenta con un apoyo masivo indiscutible; la dura pena se puede revertir y, finalmente, ¿quién podrá ser la figura para recuperar el poder en 2026?

Sobre el primer punto, el balance entre los uribistas es de enorme satisfacción. En muy poco tiempo, menos de una semana, lograron movilizar a miles de personas en el país. Según el balance oficial de las autoridades, hubo 28 manifestaciones en al menos 21 departamentos.

De acuerdo con la Secretaría de Gobierno de Bogotá, en la capital se movilizaron 29.000 personas. La Policía reportó 55.000 manifestantes en Medellín y unas 10.000 personas en Cali.

En el Centro Democrático (CD), consideran que la lluvia y el intenso frío que marcaron la jornada en Bogotá fueron determinantes para que no saliera más gente. Sin embargo, se sienten satisfechos porque la Plaza de Bolívar se vio llena. Que miles salgan a la calle a respaldar a su líder de manera voluntaria lo entienden como un mensaje político contundente.

“Este 7 de agosto, Colombia vivió una de las jornadas de movilización ciudadana más significativas de los últimos tiempos. Más de medio millón de personas salieron a las calles en una Gran Marcha Nacional en defensa de la democracia, las libertades, el Estado de derecho y para reiterar un mensaje claro: Uribe es inocente”, informó en su balance oficial el Centro Democrático.

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Manifestantes a favor del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Foto: Mónica Hurtado

Tras las marchas, Uribe publicó en sus redes sociales un video de cuatro minutos titulado 'Gratitud', en el que agradece el respaldo ciudadano.

Dura lex sed lex

Así vamos al segundo tema. Desde su perspectiva, el expresidente no ha cometido un delito y debe quedar en libertad. Para sus seguidores, la condena tiene un tinte político y no jurídico, lo cual contradice la evidencia.

“La condena no es una conspiración de un Gobierno de izquierda aliado con una fiscal y una jueza supuestamente radicales, como lo han sugerido algunos aliados del expresidente; por el contrario, han sido jueces y magistrados independientes que, resistiendo presiones, han intentado tomar sus decisiones basados en los hechos y en el derecho, como corresponde”, escribió Rodrigo Uprimny Yepes, quien fue magistrado auxiliar y encargado de la Corte Constitucional.

“¿Que han podido incurrir en errores? Es posible –agrega–, pero Uribe ha contado con las garantías judiciales para cuestionar esos eventuales errores, incluida la posibilidad de apelar su condena ante el tribunal y, eventualmente, recurrirla en casación. Por eso, debemos abstenernos de estigmatizar a estos funcionarios judiciales, quienes valientemente han buscado honrar el principio clave del Estado de derecho: nadie, ni siquiera un poderoso expresidente, está por encima de la ley”, agregó.

En otra orilla ideológica, la expresidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner enfrenta una situación similar. Sus seguidores se movilizaron reclamando su inocencia, pero la Corte Suprema de Justicia confirmó la condena a seis años de prisión y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por el delito de administración fraudulenta en perjuicio del Estado.

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En el Centro Democrático (CD), consideran que la lluvia y el intenso frío que marcaron la jornada en Bogotá fueron determinantes para que no saliera más gente. Sin embargo, se sienten satisfechos porque la Plaza de Bolívar se vio llena. Que miles salgan a la calle a respaldar a su líder de manera voluntaria lo entienden como un mensaje político contundente. Foto: Colprensa.

Kirchner, en prisión domiciliaria por su edad (72 años), fue acusada de otorgar obras viales millonarias a un socio y presunto testaferro durante sus dos gobiernos, entre 2007 y 2015. Aunque ambos lideres tengan miles de seguidores, en ocasiones, dicen los analistas, la justicia se impone. Y eso es un hecho para aplaudir y no para confrontar.

La gratitud de Uribe

Es posible que Uribe comprenda la complejidad jurídica de su caso, que comenzó hace más de una década, cuando el entonces representante a la Cámara Iván Cepeda realizó un debate en el que lo vinculó con la formación de grupos paramilitares.

El expresidente respondió con una denuncia contra Cepeda, en febrero de 2012, ante la Corte Suprema, por calumnia y fraude procesal. Sin embargo, el caso se le devolvió como un bumerán.

Eso explica que, en su mensaje de 'Gratitud', Uribe fue más allá de su caso y puso la mirada en las elecciones de 2026, cuando se renovará el Congreso y se elegirá al sucesor del presidente Gustavo Petro.

Sobre el Legislativo, afirmó que se necesita un Congreso que “anule cualquier expectativa de legalización de la droga y construya los cimientos de la libertad, la educación, el deporte, la cultura y el emprendimiento de los jóvenes”.

En cuanto a la Presidencia, expresó: “Afiancemos la elección de un gobierno que despeje los nubarrones para que brille la libertad en el coliseo de la patria, cuyo único techo es el infinito cielo. Necesitamos un gobierno de transición que proyecte con estabilidad a largo plazo el futuro democrático de la nación; para que no sea la de más criminales, pero sí la de mayor determinación de desarmar criminales; para que Colombia no sea la capital mundial de los narcóticos, sino el ejemplo de dominarlos”.

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“Este 7 de agosto, Colombia vivió una de las jornadas de movilización ciudadana más significativas de los últimos tiempos. Más de medio millón de personas salieron a las calles en una Gran Marcha Nacional en defensa de la democracia, las libertades, el Estado de derecho y para reiterar un mensaje claro: Uribe es inocente”, informó en su balance oficial el Centro Democrático. Foto: Colprensa.

Uribe defendió también “un país cuyo sistema de salud, mixto, privado y solidario, con prevención y atención oportuna, confronte el discurso estatista del neocomunismo, que alarga las filas de espera mientras destruye lo avanzado”.

Además, insistió en “un gobierno que no pretenda gastarse las reservas pensionales de trabajadores, mujeres y jóvenes para compensar el derroche. Construyamos un gobierno que se parezca a las familias de clase media en sus buenas costumbres y en la eficiencia para distribuir sus recursos escasos; que no se despilfarren en burocracias insostenibles ni en sobornos de congresistas”.

Lo urgente es la campaña

En otras palabras, Uribe entró de lleno en la campaña política. Considera que lo que está en juego va más allá de su situación personal: es el modelo de país que se elegirá en las urnas. Y él ya está trabajando, sin tregua, en recuperar el poder.

Y aquí surge el interrogante: ¿quién podrá ser la figura para recuperar la Presidencia en 2026? ¿Y cómo hacer para conformar unas listas fuertes para el Congreso que garanticen gobernabilidad?

En la colectividad preocupa que sus antagonistas, el Pacto Histórico, se hayan adelantado en la definición de su candidato. Ambas vertientes ideológicas participarán en las consultas populares que se realizarán en octubre y son las que dominan la conversación en detrimento, naturalmente, del centro.

La atención hasta ahora está puesta en la consulta de la coalición del Pacto Histórico, en la que competirán Gustavo Bolívar, María José Pizarro, Susana Muhamad, Carolina Corcho, Daniel Quintero, Gloria Flórez y Alí Bantú Ashanti. El ganador tendrá, en buena medida, la legitimidad para recoger las banderas de Petro.

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De acuerdo con la Secretaría de Gobierno de Bogotá, en la capital se movilizaron 29.000 personas. La Policía reportó 55.000 manifestantes en Medellín y unas 10.000 personas en Cali.

Ese será el primer paso para luego ir al Frente Amplio, en marzo, donde posiblemente el vencedor se enfrente con figuras como Roy Barreras, Juan Fernando Cristo, Iván Cepeda, Luis Gilberto Murillo, entre otros. Quien siga adelante habrá tenido una exposición que vale su peso en oro.

En cambio, la campaña del Centro Democrático está en una situación incierta. Sus lideresas más reconocidas –María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Paola Holguín– y otros dirigentes como Andrés Guerra no pueden desplegarse a fondo hasta conocer la evolución del senador y aspirante Miguel Uribe Turbay, víctima de un atentado a bala hace dos meses.

Esperando el guiño

Mientras tanto, otros opositores a Petro y voces que claman por un cambio siguen haciendo campaña por su cuenta o sugiriendo que podrían aspirar. Y todos en secreto, conservan la ilusión de tener el guiño de Uribe.

En esta lista están Vicky Dávila, Mauricio Cárdenas, Abelardo de la Espriella, Juan Carlos Pinzón, David Luna, Daniel Palacios, Enrique Peñalosa, Francisco Barbosa, entre otros.

Así las cosas, Uribe vive días paradójicos. Se empieza a mostrar saludable políticamente, pero jurídicamente condenado.

Según la más reciente encuesta de Invamer, Uribe ya logró revertir la imagen que los ciudadanos tienen de él: un 45 por ciento favorable frente a un 44 por ciento desfavorable, lo contrario a lo que ocurre con los demás expresidentes de Colombia, cuyo índice negativo supera al positivo.

Hubo un tiempo en el que se creía que Uribe debería refugiarse en sus cuarteles de invierno porque ya estaba acabado políticamente.

Terco, como es él, insistió en seguir adelante. Y ahora está presente, otra vez, como una voz decisiva. Esto, sumado a las marchas en las que miles se movilizaron a su favor, constituye un activo político innegable.

El problema es que está condenado, inhabilitado para presentarse a un cargo –aunque se ha especulado con que podría estar en la lista al Congreso– y, hasta ahora, no hay un aspirante sólido que haya tomado la delantera para marcar el punto de partida rumbo a la Presidencia y sacar la cabeza en ese mar de 70 aspirantes.

Por eso, es cierto que las marchas de este jueves 7 de agosto marcaron un hecho político relevante, pero no definitivo. Al contrario, muchos uribistas saben que el camino hacia las urnas empieza a iluminarse, pero hay una sensación de orfandad porque no saben a quién seguir entre esa multitud.

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