
El título de esta columna es el nombre que dimos, hace ya 14 años, a una publicación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en la que se daba cuenta de la historia y el sentido social del Hip Hop en Bogotá. La obra -esmerada en su composición textual y gráfica-, fue una solicitud hecha por la mesa de Hip Hop al sector cultural público, bajo el argumento de que si Rock al Parque tenía un volumen propio, uno que celebraba los quince años de este hito identitario de la ciudad, el movimiento Hip Hop estaba listo y tenía las mismas credenciales para que, desde la institucionalidad, se produjera una primera memoria impresa de este fenómeno sociocultural.
Y no era para menos. Ya en ese 2010, el número de personas vinculadas a todas las formas creativas de esta cultura urbana rondaba las 300.000 personas: hombres, mujeres, niños, niñas, pero principalmente jóvenes, quienes vieron en esa forma de expresión de sentimientos y pensamientos una manera de ser y de estar en Bogotá.
Mateo Nicolás Rico asegura, en su tesis para optar al título de sociólogo y geógrafo de la Universidad Externado de Colombia, que “la acogida del Hip Hop en Colombia, así como sus transformaciones y particularidades, me hacen pensar que los jóvenes y su habitar la ciudad están marcados por la intención de manifestarse frente a lo que conocieron por diferentes vías: la familia, la escuela, la calle, y hacer visible su postura frente a ello. Porque con el Hip Hop se construyen y expresan los sentidos desde los cuales se habita ciudad. Al rastrear las historias de los jóvenes y de los parches en Bogotá, el Hip Hop es mucho más que la música, la pintura, las tornamesas o el baile. Como la ciudad es el lugar donde se hace visible, donde el Hip Hop se materializa y se expresa, entonces la ciudad también se construye y reconstruye con él”.2
No es de extrañar que sean los científicos sociales quienes hayan analizado con mayor ahínco el fenómeno del Hip Hop en las grandes ciudades del país y, muy en particular, en Bogotá. Porque esta cultura, conformada por las manifestaciones de lo que los hoppers llaman los cinco elementos -dijing (Dj); Emcee (rap, rapping, mc); B-boy-B-girl (breaking, breakdance y otras formas de danza urbana); graffiti y conocimiento (knowledge), son tanto expresiones creativas como exteriorización de preocupaciones sociales: generalmente, del inconformismo ante los apremios de los contextos inmediatos.
Por ello, la vitalidad creciente del movimiento excede las estéticas -que también hacen parte de una bella voz de disconformidad- y se sitúa, así mismo, en el espectro de la política. Así lo describió, para Soñando se resiste, el investigador Javier Gil: “Al ser ciudadanías culturales, sus formas de agenciamiento son distintas. Por una parte, su legitimidad viene de las mismas comunidades; por otra parte, sus modos de operación se inscriben tanto en los medios institucionalizados y oficiales como en formas no institucionales, a través de redes de comunicación, de nuevas formas de agrupamiento y organización o de las formas mismas de expresión estética. El arte y lo creativo se tornan constitutivos del ejercicio de ciudadanías. Si el poder se ejerce en la actualidad sobre creencias y deseos, sobre lo que se puede concebir y soñar, en definitiva, sobre la imaginación, también es claro que la acción política desafía lo establecido situándose en ese mismo terreno (…). Así, el trabajo inmaterial y artístico deviene político y resulta esencial para pensarse, sentirse y manifestarse”.
Ahora: ¿cómo surgió y cuándo, el Hip Hop como movimiento sociocultural en Bogotá?
Los investigadores sitúan el surgimiento del Hip Hop en el Bronx, Nueva York, territorio que vio surgir esta expresión creativa en los años 70 como música y danza de nueva protesta hecha por los habitantes marginales y marginados de la capital del mundo. A medida que los jóvenes bogotanos empezaban a interesarse por la música, el baile y el arte callejero producido en los Estados Unidos, se comenzó a gestar el movimiento en la ciudad.
Los primeros elementos que llegaron a Bogotá fueron el breaking y el rap, ambos adoptados y adaptados rápidamente por jóvenes que buscaban formas de expresión alternativa. La cultura se popularizó en fiestas y eventos organizados en espacios públicos donde los practicantes competían y mostraban a los vecinos sus habilidades.
En la investigación Soñando se resiste se señala que hubo varios canales a través de los cuales la música, el baile, la pintura y la poesía propias del Hip Hop llegaron a toda América Latina -y a Colombia- a través de las fiestas de minitecas, el cine y el flujo de emigrantes que, a su regreso al país, trajeron consigo discos y casettes, así como mediante publicaciones especializadas, como la revista Black Beat que se conseguía en las casetas de la avenida 19. También en el centro de Bogotá, la discoteca Rumba Latina -frente al Parque de los Periodistas- promovía el género que se expandió rápidamente a casi todas las localidades de Bogotá. Muchos fueron los grupos fundadores de estéticas y estilos, y cientos los que hoy constituyen no solo núcleos de expresión artística sino, también, espacios de construcción de tejido social y de convivencia pacífica.
Para Zikirla, curador artístico del Festival Hip Hop al Parque, connotado Mc, quien dirigió y presentó el programa Sexto Elemento de la UN Radio y fue cocurador de la exposición Nación Hip Hop, Colombia al ritmo de una cultura del Museo Nacional de Colombia, el Idartes y la Fuga, señala: “el movimiento Hip Hop, más allá de lo netamente artístico, consiguió mostrar al país una realidad que, aunque vive latente en los barrios y contextos de cualquier pueblo y ciudad, muchos desean ocultar. Es la voz de los que no tienen voz, la danza prohibida, la estética que rompe moldes, aquel sonido crudo, no convencional, sumado a los colores que resaltan y embellecen las denominadas zonas calientes, ya sea en el interior o en las costas del país. Ese es el Hip Hop, el que llega a lugares insospechados, en donde en ocasiones falta la esperanza. Nosotros podemos crear esperanza, a partir de una idea, un lápiz y un papel. En zonas remotas, a falta de educación, aparece el Hip Hop, la fuerza de sus elementos que hacen que Colombia reaccione social y políticamente”. 3
Mientras terminaba estas palabras, en días previos a la realización de la versión número 26 del Festival Hip Hop al Parque, que tendrá lugar este fin de semana (sábado 17 y domingo 18 de agosto) en el Parque Simón Bolívar, dos destacados representantes de la escena hopper fueron asesinados en Bosa: Mc Cub- Camilo Sánchez y Camila Ospitia. En su honor y memoria, reproduzco una parte del comunicado de prensa que al respecto emitieron los colectivos de la ciudad: “Los jóvenes que generan cultura no pueden ser víctimas de las violencias que imponen los que se benefician de volver nuestros barrios ollas, imponiendo su voluntad y asesinando la esperanza”. Desde el Idartes trabajaremos arduamente para continuar apoyando los movimientos e iniciativas juveniles que, desde las artes, transforman a Bogotá, y expresamos al movimiento Hopper, a los amigos y familiares de las víctimas nuestro más sincero pésame.
1 Soñando se resiste. Hip Hop en la calle y al parque; Orquesta Filarmónica de Bogotá y Grupo Liebre Lunar; Bogotá, diciembre de 2010.
2 “Habitar el espacio urbano desde el movimiento Hip Hop en Bogotá: la experiencia de parchar en Miércoles de Hip Hop”, Mateo Nicolás Rico Medina, Tesis de grado, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2020.
3 https://museonacional.gov.co/noticias/Paginas/NacionHipHop.aspx.
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