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Maurice Armitage
Puntos de vista

Los salarios dignos sirven para vivir, las utilidades sirven para progresar

La semana pasada distribuimos 2.600 millones de pesos a más de 1.000 empleados de Cementos San Marcos y Sidoc. Esta cifra corresponde a un porcentaje de las utilidades reportadas por ambas fábricas durante el primer trimestre, y es el resultado que más me enorgullece de una filosofía que practicamos desde hace 20 años, pues estoy convencido de que la única forma que Colombia puede prosperar es a través del crecimiento compartido. Porque si a las empresas les va bien, a los trabajadores les tiene que ir mejor.

Pero para que esto sea posible, tiene que haber confianza entre directivos y trabajadores. ¿Y cómo se construye esa confianza? Con la verdad. Cada 90 días nos reunimos con ellos, hablamos con franqueza de lo bueno y lo malo que estamos haciendo y presentamos los balances de las compañías. De esta manera todos sabemos cómo nos está yendo y cuánto se puede repartir. Esto genera un sentido de pertenencia de tal magnitud, que estamos permanentemente motivados a empujar hacia la misma dirección.

No se me olvida, por ejemplo, que las ventas de Sidoc en el segundo trimestre de 2025 no fueron buenas. Sin embargo, los trabajadores lograron ser tan eficientes en sus procesos industriales, que el ahorro que generaron permitió cubrir, en buena parte, el comportamiento del mercado en ese momento.

Lo anterior me lleva a recalcar algo que siempre he cuestionado de los gerentes cuando están alcanzados con las metas comerciales. Generalmente, lo primero que hacen es recortar el personal, atacando al eslabón más débil de la cadena, cuando lo que hay que hacer es todo lo contrario: por un lado, hay que cuidar a los trabajadores; y por el otro, hay que buscar economías en el uso del agua, la energía, la logística y las materias primas. Porque si hay algo que afecta la productividad de una empresa, eso es la inestabilidad laboral.

Pero también debo decir que si una empresa no es rentable, es imposible distribuir utilidades. Eso nos ha ocurrido en el Ingenio del Occidente por culpa de la crisis del sector azucarero. Pero estamos luchando para sacarlo adelante, buscando maneras de volverlo más productivo, para que las 700 personas que viven de este ingenio sigan teniendo trabajo e ingresos.

Ese no es el caso de San Marcos y Sidoc, donde ha hecho carrera la siguiente frase: “Los salarios dignos sirven para vivir, pero las utilidades son las que ayudan a progresar”. Nadie trabaja por gusto no más; todos trabajamos porque necesitamos dinero para vivir. Entonces no es suficiente con devengar un salario digno. Si hay distribución de utilidades, la gente puede montar un emprendimiento para aumentar sus ingresos, comprar moto o carro, pedir un préstamo para tener casa o apartamento y estudiar o pagar la universidad de los hijos. Y como si fuera poco, el dinero circula y mueve la economía porque no hay acumulación de riqueza. Por eso también sostengo que distribuir utilidades también es un buen negocio para todos.

En un país donde todavía hay gente que cree que dar trabajo es hacer un favor, yo pretendo que hagamos todo lo contrario: que aprendamos a valorar al ser humano. Las personas que tenemos la oportunidad de liderar empresas tenemos que ser conscientes de que nuestra prioridad es lograr que los trabajadores cada día estén mejor. Porque sin ellos, las empresas serían pura chatarra.

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