Ir al contenido principal
David Colmenares

Proveer no es cuidar

Cada vez que llega el Día del Hombre me pasa algo raro.

No siento ganas de celebrarlo.

Siento ganas de preguntarme, siendo hombre, qué exactamente estaríamos celebrando.

Tal vez ese es el punto: lo tratamos como una celebración cuando en realidad debería ser una reflexión.

Hace algunos años escribí que, en el fondo, el Día del Hombre se celebra todos los días. Lo decía pensando en los privilegios normalizados y en esa vieja costumbre de ocupar el centro sin siquiera notarlo. Algo de verdad sigue habiendo ahí.

Pero hoy empezaría por otro lugar.

Por una confesión.

Durante muchos años yo también creí en esa versión del hombre que tantos aprendimos sin que nadie tuviera que explicárnosla: la del proveedor incansable. La del que trabaja hasta no dar más. La del que cree que su lugar se gana resolviendo, respondiendo y pagando cuentas.

Yo también creí que eso era cuidar.

Que cuidar era responder.

Que cuidar era proveer.

Que cuidar era no fallar en lo material.

Durante mucho tiempo creí que eso se sentía como amor del otro lado.

No siempre era así.

Con los años entendí algo que nadie me enseñó.

Lo que para mí era amor —responsabilidad, sacrificio, provisión— muchas veces ya no se sentía como amor para quien estaba al frente.

Porque proveer puede ser parte del cuidado.

Pero no es lo mismo que cuidar.

Durante siglos a los hombres se nos enseñó un libreto simple: proveer, proteger y decidir. Durante mucho tiempo creímos que con eso bastaba. El problema es que el mundo cambió y muchos seguimos operando con ese libreto en un escenario nuevo.

Porque si el hombre ya no se define únicamente por proveer, ¿por qué se define?

Durante generaciones confundimos amor con rendimiento.

Pensamos que trabajar más, resolver más y sacrificarnos más era suficiente.

No lo era.

Proveer puede sostener una casa.

Pero no siempre sostiene una relación.

Cuidar es otra cosa.

Es estar.

Es escuchar.

Es hacerse responsable emocionalmente.

Es no esconderse en el trabajo cuando la conversación se vuelve difícil.

Tal vez por eso el Día del Hombre me produce más preguntas que ganas de celebrar.

Todavía no sabemos bien qué estaríamos celebrando.

Durante mucho tiempo creí que mi rol se ganaba trabajando hasta no dar más.

Me equivoqué.

Un hombre no se mide por lo que provee.

Se mide por cómo cuida.

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales