
Con tal de promover la candidatura de su candidato Iván Cepeda, Gustavo Petro está asumiendo todos los costos populistas que indica el recetario del mal gobierno, hasta el de destruir la economía colombiana.
En vez de grandes teorías, quiero ilustrar con un ejemplo simple el disparate institucional que han planteado Petro y el ministro de Hacienda, anunciando que el Gobierno no vuelve a participar en las reuniones de la junta del Banco de la República.
Supongan ustedes que hay un amago de crisis bancaria y los bancos necesitan tener acceso con urgencia a la liquidez que suministra el banco emisor en momentos de crisis.
Como el Gobierno desbarata el quórum del Banco de la República, no se puede dar la autorización de su junta que se requiere en un caso hipotético como el planteado (autorizaciones de suma urgencia que, como lo muestra la historia, deben darse de un día para otro).-
¿Qué pasaría? Que la estructura financiera del sistema entraría en crisis con cerrazón de puertas y la estantería financiera caería sobre millones de ahorradores y cuentahabientes por no poder tener acceso a los apoyos de liquidez. Que es una de las funciones básicas de todo banco central. Al no poder precaver múltiples liquidaciones bancarias que se seguirían y donde los que más pierden son los ahorradores y usuarios del sistema.
¿Por qué no puede darles el apoyo de liquidez el Banco de la República a los bancos, para evitar una corrida o un pánico financiero? Porque la junta no pudo reunirse oportunamente pues el gobierno desbarató el quórum.
Esa es la barbaridad populista que envuelve el desafortunado anuncio de Petro y su ministro de Hacienda.
A propósito de la descomedida y destemplada reacción de ese ministro con el Banco de la República, debería recordar que por mandato de la Constitución la junta del Emisor es independiente del gobierno de turno.
Y que es gracias a las políticas del banco —en gran medida— por lo que tenemos la inflación controlada en Colombia.
Pretender que el Banco de la República suelte las amarras de sus políticas anti-inflación (y mucho menos ahora que los aumentos de precios como el crudo de petróleo, el gas natural y los fertilizantes están estallando al alza con la guerra de Irán) sería una irresponsabilidad enorme.
El Gobierno de Petro y su ministro de Hacienda están haciendo politiquería barata con cargo al Banco de la República.
Un viejo principio del derecho probatorio afirma que la prueba negativa es imposible aportarla para defenderse en un proceso.
Pues bien, Gustavo Petro, en su incesante afán acusatorio contra todo el mundo (recuérdese que él siempre anda buscando culpables para no reconocer sus responsabilidades), utiliza hábil pero cobardemente una forma lingüística en su discurso en el que nunca aporta pruebas y siempre lanza acusaciones improbadas. Que venden bien políticamente, pero mal en el escrutinio de la verdad.
Cuando Petro acusa de vampiros, de esclavistas, de estar confabulados con grandes intereses privados a un sin número de estamentos sociales sin aportar nunca las pruebas de sus acusaciones, coloca a éstos en el predicamento de probar que NO son vampiros, que No están coludidos con intereses de grandes conglomerados sociales y que NO son esclavistas.
Es una manera habilidosamente de cuestionar, pues coloca a la contraparte en la imposibilidad de probar lo contrario de lo que se le endilga. Por la simple y buena razón de que las proposiciones negativas no se pueden probar.
Con razón dice Montesquieu en su famoso libro El espíritu de las leyes lo siguiente: “Si me tocara probar en un proceso que nunca he entrado en la catedral de Notre Dame, comenzaría mi defensa huyendo”.
Lea los comentarios











