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Juan Camilo Restrepo
Puntos de vista

En defensa del Banco de la República

Para entender la controversia que se ha planteado entre el Gobierno Petro y el Banco de la República es bueno recordar algunos 
antecedentes históricos.

El Banco fue creado en 1923 como una entidad predominantemente privada. La opinión de los banqueros privados, que eran mayoría en la junta, prevalecía. Es celebre la ofuscación del doctor Esteban Jaramillo —en plena recesión de los años treinta— cuando el Banco no le daba la mano al Gobierno para combatir la terrible recesión de entonces. En un debate en el Senado, Jaramillo dijo que debería colgarse un aviso en el Banco de la República que dijera: “Acá no entran sino los banqueros privados”.

Después de mucho forcejeo, don Esteban logró que el Banco le diera un crédito al Gobierno por 15 millones de pesos, el primero en la historia, para combatir la recesión con más gasto público. Aquel fue el origen del Banco manejando la concesión salina por mucho tiempo, pues era la prenda que había tenido que dar el Gobierno por aquel crédito de 15 millones.

En 1965, durante la administración de Guillermo León Valencia, hubo otro encontrón entre banqueros privados (que dominaban la junta del Banco) y el Gobierno. Valencia, en gesto que lo honra, resolvió crear la Junta Monetaria, conformada solo por funcionarios públicos, sacando a los banqueros privados del manejo monetario. La Junta Monetaria gozó entonces de todas las funciones de las que había venido teniendo el Banco controlado por los banqueros privados desde su creación en 1923.
Finalmente, la Constitución de 1991 dedicó al banco central todo un capítulo en la nueva carta política. Lo rodeó de normas que aseguraban su independencia, y dispuso que el ministro de Hacienda presidiría la nueva junta del Emisor para facilitar la coordinación con las políticas económicas del Gobierno. Pero el ministro de Hacienda no es más que uno entre los cinco directores y su voto no es privilegiado.

La razón del desacuerdo reciente entre Gobierno y Banco —debemos recordarlo— fue la decisión mayoritaria tomada por la junta del Banco de elevar 100 puntos de la tasa de interés. ¿Por qué hizo esto el Emisor? Porque empiezan a verse en el horizonte cabeceos inflacionarios preocupantes, y es su deber velar por el mantenimiento del poder adquisitivo de la moneda.

Hasta mediados del siglo XX, la política monetaria se hacía interviniendo directamente sobre las variables del crédito (encajes bancarios que llegaron a ser marginales), es decir, se ahogaba el crédito a la economía. Desde la segunda mitad del siglo XX prácticamente todos los bancos centrales del mundo pasaron a combatir la inflación con lo que se llama “inflación objetivo”, que no es otra cosa que monitorear que la economía converja hacia una meta fijada por el banco central pero no mediante el manejo del crédito, sino a través de la tasa de interés que deben pagar los bancos al utilizar las líneas de liquidez de las que gozan todos los afiliados al banco emisor.

El ministro de Hacienda —haciendo eco de las consignas que le llegan desde la Casa de Nariño— ha llegado a decir que el Banco de la República no debe tener funciones monetarias. ¿Entonces quién las tendría? Nunca se había escuchado un disparate de tamañas proporciones.

Si el ministro Ávila no estuvo de acuerdo con la decisión mayoritaria de la junta del Banco, lo que correspondía es que dejara una constancia en el acta registrando su discrepancia. Así se hace en cualquier junta directiva. Pero nunca salir a montar una rueda de prensa paralela y amenazar con que no volverá a presidir la junta, a pesar de que se lo ordena la Constitución y la ley. A la equivocación le ha sumado el ridículo.

No nos digamos mentiras ni envolvamos esta polémica en el papel celofán de discusiones académicas. La manera como funcionan los bancos centrales en el todo el mundo le dan la razón a la junta: no al ministro ni a Petro.

Esta patraña la montó el Gobierno para, en vísperas de elecciones, tener a quién dispararle ‘diaria y nochemente’: al Banco de la República. Eso vende políticamente. Pero, claro, no contribuye en nada al buen entendimiento ni al respeto debido a las decisiones mayoritarias que adopte la mayoría de los directores del Banco. A quienes nombró Petro, pero que ahora los llamas ‘fascistas’. Vaya usted a saber por qué.

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