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Marisol Gomez
Puntos de vista

Cepeda, más vale tarde que nunca

El pasado domingo, por fin, el candidato presidencial Iván Cepeda se soltó y admitió sin amarres lo que el centro político del país esperaba que admitiera con contundencia mucho antes de la primera vuelta presidencial: los errores del Gobierno de Gustavo Petro y la necesidad de corregirlos si llegaba a ser presidente de Colombia.

“Comprendo las críticas, en muchos casos justas, a lo que hemos hecho en estos cuatro años. Nuestra tarea es, de manera concertada, corregir la plana en lo que haya que hacerlo, y avanzar decididamente en lo que se ha hecho bien”, escribió el candidato en X en un “mensaje al centro político”. Un reconocimiento tardío, pero al fin y al cabo reconocimiento.

Había sido desconcertante escuchar a Cepeda defendiendo al actual Gobierno casi sin matices, a pesar de las evidentes crisis en temas tan sensibles para el país como la seguridad y la salud. El 85,4 por ciento de los encuestados por Invamer en su último sondeo -de mayo pasado- consideró que la inseguridad ha empeorado y el 79,5 por ciento dijo lo mismo sobre la calidad y el cubrimiento de la salud.  

Salvo el reconocimiento explícito y sin peros de la corrupción, en lo demás el candidato de la izquierda daba la impresión de que se contenía de criticar a Petro. Incluso cuando le preguntaban por los problemas del Gobierno, Cepeda solía enfocarse, por ejemplo, en la cifra de “2 millones de colombianos que salieron de la pobreza” en este cuatrienio, en las “700.000 hectáreas de tierra” que sumó para la reforma agraria y en el crecimiento económico del país, pese a las quejas de la empresa privada.

 Permanentemente, el candidato pareció condicionado por la necesidad de no disgustar al presidente y a los sectores más recalcitrantes del petrismo, que han demostrado nula autocrítica. El margen de Cepeda para diferenciarse del Gobierno lució siempre limitado por el temor a fracturar la base electoral oficialista.

Resultaba hasta irritante que un dirigente con trayectoria propia, como Cepeda, evitara cuestionar públicamente decisiones del Gobierno que, con razón, han generado críticas de diversos sectores del país.

Y creo no equivocarme si digo que fue eso lo que llevó a muchos votantes de centro a acompañar en la primera vuelta presidencial a Sergio Fajardo y a Claudia López, a pesar de que las encuestas mostraban que el contendor inmediato de Cepeda iba a ser el extravagante candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, que les despertaba tanto miedo como Petro. Fue lo que escuché en varias conversaciones personales. 

Claro, en los cálculos de Cepeda podría haber estado también la idea de asegurar el voto duro del petrismo, que ha rondado el 40 por ciento. Como es evidente, conservó ese voto en la primera vuelta presidencial -obtuvo el 40,9 por ciento frente al 43,7 por ciento que tuvo De la Espriella-, pero ahuyentó al centro político al que ahora está reconociendo.

Cepeda, un político aplomado y riguroso, sabe de sobra que es posible defender un proyecto político de izquierda y al mismo tiempo admitir que muchas cosas le han salido mal en su primer gobierno. 

Esperamos que el mensaje del pasado domingo a los votantes de centro sea una genuina rectificación política del candidato, y no solamente una estrategia electoral ante la urgencia de votos que tiene para la segunda vuelta presidencial.

“Estoy presto a escuchar con atención argumentos y a buscar alternativas que nos unifiquen como país y nación”, dijo Cepeda en su mensaje. Y no debería olvidar que escuchar y corregir pasa por zafarse de militantes radicales de izquierda que lo habrían hecho cometer varios errores en la campaña para la primera vuelta presidencial y que, “como una guardia pretoriana” habrían impedido que se le acercaran sectores de centro, según denunció en su columna de El Espectador la periodista Patricia Lara.

Pues así como la contención del candidato para criticar abiertamente lo que le ha salido mal a Petro despertó temores en el centro político, los radicales de izquierda que han rodeado al saliente presidente producen espanto entre los votantes de centro.

Personajes como Carolina Corcho, artífice de la fracasada reforma a la salud y que partía del supuesto de que todas las EPS privadas se roban el dinero que les transfiere el Estado; la senadora Isabel Zuleta, rabiosa promotora de una Constituyente para reelegir a Petro, o el confrontativo y pendenciero Carlos Carrillo, director suspendido de la UNGRD, son solo tres ejemplos. Pero personas de talantes similares abundan en el petrismo, según las cuales todo lo malo de su Gobierno ocurrió por haber dejado entrar en él a quienes no eran de izquierda, como ellos, y no a las malas decisiones de Petro y sus funcionarios.

No es seguro que el mensaje tardío de Cepeda al centro político lo lleve a remontar a De la Espriella en la segunda vuelta presidencial, pero sí es posible que mucho votante de centro que hoy está indeciso o que pensaba votar en blanco se decida a apoyarlo ante el pavor que despiertan la arrogancia y el autoritarismo que proyecta De la Espriella.

El centro quiere ver a Cepeda en un debate cara a cara con De la Espriella. Si no le teme a criticar sin ambages lo que le ha salido mal al primer gobierno de izquierda de Colombia y a tomar distancia de furibundos e iracundos izquierdistas, tiene muchas ventajas para atraer votos frente a un candidato de ultraderecha que se desencaja cada vez que se siente como un tigre enjaulado. 

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