
Ante la evidencia de que se disparó irresponsablemente el endeudamiento público en las postrimerías de su gobierno, Petro ha salido a justificar esta evidencia con dos excusas ridículas.
La primera consiste en decir que como se ha reducido el ritmo del endeudamiento denominado en moneda extranjera, estamos frente a un éxito sin precedentes en el manejo de la deuda pública del país.
Excusa ridícula: el endeudamiento en moneda extranjera ha moderado su ritmo, es cierto, pero básicamente porque el peso colombiano se ha fortalecido con relación al dólar. Cuando el quantum de la deuda externa se traduce a pesos, obviamente su crecimiento resulta moderado. Pero esto no es gracias a la buena gestión del Gobierno: se debe a la evolución de la tasa de cambio. El dólar ha caído de 4.532 a 3.676 pesos en lo que va del Gobierno Petro: a eso se debe que la deuda externa denominada en moneda extranjera haya caído. Lo que no significa que el monto absoluto de la deuda externa haya disminuido: hoy se deben 328.000 millones de dólares, el doble de lo que se debía en dólares al comienzo del Gobierno Petro.
Pero la segunda excusa es mucho más ridícula: el presidente Petro ha suscrito la tesis de un oscuro economista español, según la cual el endeudamiento en pesos (colocaciones de TES básicamente) no es preocupante porque dicha deuda “no es deuda, sino dinero”. Vaya usted a descifrar qué se quiere decir con este retruécano.
Y que cuando el Banco de la República baje las tasas de interés, agrega Petro, desaparecerá como por ensalmo la deuda pública que se ha contraído en pesos. Tal es la conclusión de la extraña excusa con la cual justifica en sus horas agónicas la explosión de deuda interna que estamos presenciando, y que desde agosto de 2022 ha subido 357 billones de pesos.
El conjunto de la deuda pública (tomando en cuenta tanto la denominada en moneda extranjera como la estipulada en pesos) ha tenido un incremento desmesurado en los últimos tiempos.
Son, pues, dos excusas ridículas que se ha inventado la administración Petro para justificar la explosión de la deuda pública. Esta explosión comenzó a partir del momento en que, sin razones válidas, se metió en el congelador la regla fiscal que establecía parámetros de prudencia en la deuda pública mientras el déficit fiscal ha seguido ampliándose.
Pero no solo el monto agregado de la deuda pública se ha elevado hasta llegar a niveles cercanos al 65 por ciento del PIB, más altos que los que se registraron durante la pandemia, sino que los intereses que se están teniendo que reconocer a los acreedores se han incrementado notablemente.
En las últimas colocaciones de TES ha sido necesario reconocer a los suscriptores tasas cercanas al 15 por ciento anual: la más alta de toda la región latinoamericana.
El Gobierno Petro le echa la culpa de todo este desmanejo de la deuda pública al Banco de la República. El hecho de que el Emisor esté cumpliendo con su obligación de preservar el valor adquisitivo de la moneda ante los indicios de una inflación que está dando cabezazos inquietantes, le sirve al Gobierno Petro para utilizarlo como un burladero, a fin de evadir toda responsabilidad propia en la política fiscal que se encuentra en una situación calamitosa.
El nuevo Gobierno -sea éste de izquierda o de derecha- tendrá la grave responsabilidad de olvidar estas excusas ridículas del Gobierno saliente y afrontar las cosas como son. Si no quiere que caigamos por el precipicio de la insolvencia.
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