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Maurice Armitage
Puntos de vista

El país que quiero

Dentro de diez días terminará la campaña presidencial más polarizada que me ha tocado vivir desde que tengo uso de razón. Ese domingo 21 de junio, más de veinte millones de colombianos saldremos a votar. Los analistas calculan que seremos alrededor de veinticuatro millones. Algunos depositarán su voto con ilusión, otros con temor y unos más con rabia. A pesar de que en las últimas semanas nos ha tocado presenciar más confrontaciones que ideas, yo votaré con una sola convicción en mi mente: que Colombia salga adelante.

Como ya sé lo difícil que es administrar y gobernar, no creo en fórmulas mágicas ni promesas infalibles, porque la buena voluntad no alcanza para obtener resultados. Lo que sí me parece indispensable es tener la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, pues eso es lo que verdaderamente ayuda a entender la realidad de la gente para tomar decisiones justas.

En ese orden de ideas, quiero un país donde el Gobierno impulse el aparato productivo en vez de ahogarlo; que todas las empresas, sean pequeñas, medianas o grandes, cuenten con las condiciones necesarias para que sean más productivas, se desarrollen y alcancen el éxito, y que ese éxito sea compartido con los trabajadores. Por ende, quiero un país donde la mano de obra sea valorada con salarios dignos, utilidades y oportunidades para progresar. Un país donde exista un grado de confianza tal entre empresarios y empleados, que ambos halen para el mismo lado.

Quiero un país donde los informales no sean perseguidos por el Estado sino respaldados por el mismo; que esos emprendedores tengan acceso a créditos fáciles y rápidos que les permita surgir para formalizarse sin ser víctimas de los ‘gota a gota’ y la incertidumbre de la calle. También quiero un país donde los campesinos no reciban tierras no más; es igual de importante que obtengan asistencia técnica, ayudas financieras concretas y vías rurales en óptimas condiciones para que puedan transportar sus alimentos así llueva, truene o relampaguee.

Quiero un país volcado hacia los más sobados; un país en el que los políticos salgan de su burbuja y trabajen de verdad por reducir la desigualdad. Quiero un país donde la gente no se acueste con hambre, donde los niños de 0 a 5 años se alimenten todos los días de la mejor manera, empezando por el desayuno, para que desarrollen sus cerebros y no se queden rezagados, y en el que tengan la misma educación que han recibido mis nietos. Y un país donde los pacientes no tengan que esperar meses para una cita médica o un tratamiento, y les den los medicamentos inmediatamente después de que el doctor se los haya recetado.

Quiero un país con un Ejército y una Policía fuertes, que infundan respeto y nos hagan sentir más seguros; que tengan muy claro que más importante que dar de baja es respetar los derechos humanos y la vida, y quiero una sociedad que se convenza de que cualquier esfuerzo por conseguir la paz vale la pena.

Quiero un país con un Gobierno pulcro, sin corrupción; un país bien administrado, sin derroche ni opulencia, de puertas abiertas y descentralizado; que entienda que la mejor estrategia para reducir la pobreza es con un capitalismo productivo y un socialismo distributivo. Y quiero, por encima de todo, un Gobierno que no se deba a los políticos ni a ninguna ideología sino a la gente. Que respete a la gente. Este es el país que quiero y por el que votaré dentro de diez días.
 

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