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Juan David Correa
Puntos de vista

Juegos de seducción

Sedúzcanse, amigas y amigos, con un país con garantías y libertades para todas y para todos para los próximos cuatro años; un Gobierno que respete la Constitución y no la cambie a la mitad del partido para reelegirse.

Sedúzcanse por la vida y los cientos de miles que fuimos honrados, justos e incansables trabajadores en este Gobierno; sedúzcanse por la palabra y la buena noticia de que las discusiones públicas sobre ideas regresaron a millones de ciudadanos que no participaban de la democracia; sedúzcanse por un hombre que tiene palabra, compromiso, decencia, tranquilidad y una vida al servicio de lo público, y una mujer que ha renunciado a cualquier privilegio por seguir al lado de sus hermanos y hermanas en el Cauca.

Sedúzcanse por los lugares de este país que hemos conocido o que se han vuelto parte de nuestro paisaje: piensen en Chiribiquete, en el Catatumbo, en Tumaco, en Barbacoas, o en Usme; piensen en El Tambo, en Manaure, o en Piedecuesta, y no lo hagan con los lugares comunes de siempre, aquellos con los que crecimos, pensando en que eran inhóspitos e ingobernables y solo merecen ser fumigados y exterminados, como promueve el candidato que quiere seducir con ideas vagas, ofertas instantáneas y promesas vanas; sedúzcanse pensando en las carreteras llenas de turistas que comenzamos de nuevo a entrar en un país que estaba cerrado para nosotros.

 Sedúzcanse sin miedo: la desconfianza es una tara creada por seres que seducen con la mentira, y beben del temor.

Estamos a diez días de una segunda vuelta en la que se le ha impuesto a la izquierda la difícil tarea de seducir a quienes dudan. Entiendo, insisto, los temores de profesionales y académicos, de clases medias trabajadoras y de sectores independientes, pero hoy, sin duda alguna, quienes debemos seducirnos somos nosotros mismos: estamos ante la amenaza de que este mundo y este país sea gobernado por un imperio del mal que quiere apropiarse de nuestra soberanía y nuestros recursos naturales, y acabar con nuestras culturas sometiéndolas a ser subsidiarias y marginales, para que triunfen quienes pueden pagar y desaparecer a los demás. ¿Es imposible que nos hagamos arte y parte de quienes creemos, con convicción, que no hay ninguna razón por la cual valga la pena votar en blanco o abstenerse frente a este momento crucial?

Sedúzcanse y entiendan que no es a favor de unos que votan, sino en contra de alguien que atropella, agrede, insulta y tiene valores excluyentes: y no porque tenga dinero, sino porque lo ha conseguido estafando a otros.

Sedúzcanse para entender que su voto es a favor de las mujeres y sus luchas. En la seducción hay persuasión y diálogo, en la captación hay miedo y rabia. Sedúzcanse por la idea de no entregarle el país a alguien que considera leer listas de personas como si estuviéramos en los tiempos de la Inquisición, por quien representa los valores de la ‘machosfera’. Ya lo saben las mujeres: no hay negociación posible con seres que han crecido pensando que las “mujeres colombianas son poco agraciadas, pero son muy serviciales”. 

Sedúzcanse sin pensar en que van a entregarle algo a alguien: entréguenselo a ustedes mismas, o a ustedes mismos: háganse el favor de creer que un país no es solo un hombre o una mujer, sino todos los que aquí nos la jugamos.
Sedúzcanse por los animales y las plantas: aquellos y aquellas que han sido sus compañeros y amigos y aquellas que cuidan y riegan y crecen. Sedúzcanse porque lo vivo no pueda ser perforado hasta matarlo. Sedúzcanse con aquellas discusiones en las cuales estaban cansados de que les dijeran cuando viajaban que éramos el país de Pablo Escobar y de la cocaína, y piensen si al elegir a quien ha representado legal y estéticamente a esos capos nos hará más fáciles las conversaciones con el mundo. 

Sedúzcanse y reúnanse y hagan un voto de confianza: voten en secreto, si quieren, pero no dejen que mañana, o en diez días, les pese la vida cuando comience el show que ya han vivido, con sus actuales presidentes, argentinos, ecuatorianos, hondureños, italianos y estadounidenses, entre otros.

Sedúzcanse con la memoria y los libros que han leído; seamos capaces de derrotar los prejuicios, estemos en desacuerdo, hablemos sin miedo, venzamos aquello que nos enseñaron a ser: volvamos a reconocernos y pensemos que también de nosotros depende la solución para este país de desigualdades que ninguno de ustedes comparte.

 Sedúzcanse con la idea de que el salario mínimo vital es para gente que queremos, a quienes conocemos, que trabajan cerca y que alimentan a sus hijos. Sedúzcanse con la promesa de un diálogo, de un acuerdo, de una nueva posibilidad. Pensemos si en estos años han perdido alguna libertad, algún derecho, y se han sentido amenazados o perseguidos. Sí, llegó gente nueva al poder, gente a la que no conocían, que viene de otros lugares, pero muchas y muchos, porque me consta, estuvimos ahí siempre, no cerramos ni una puerta. Dijimos lo que pensábamos: entendimos que el sistema es corrupto y para cambiarlo debe haber un sistema que lo enfrente: ¿No es esa una gran causa que abrazamos todos? ¿No les seduce un plan que les haga frente a quienes siguen pensando que acumular es tener bambas y camionetas blindadas?
Sedúzcanse con la idea de que el privilegio siempre encierra. Piensen en sus estudiantes, grupos de lectura, amigos de otros países, e imaginen si este país sigue creciendo, avanzando, con pausas y desencuentros, con fracasos y con rabias, con impotencia y con ganas de activarse políticamente, pero sin violencia, estruendo, rugidos, destripamientos, masacres, patriarcado, atropellos, chuzadas, amenazas, ejecuciones, bombas, fumigaciones y ese largo etcétera de violaciones a los derechos humanos que comenzamos a considerar normales entre nosotros.

Sedúzcanse por la emergencia de otros sectores de la población, activen su curiosidad, recuerden que las películas, los libros, las obras de arte, la música y el teatro que han visto en los últimos treinta años versa sobre ese oprobio violento al que fueron sometidos miles. Sedúzcanse con la idea de que han podido estar en desacuerdo, enfurecerse, y discutir sus puntos de vista con libertad. Este no es el momento para entender que alguien debe venir a su puerta a darles garantías: es el momento en que ustedes, amigas y amigos indecisos, se unan y las reclamen y las den. Dar, eso es. Perdonar es dar sin pedir nada a cambio. Muchas y muchos de ustedes, que pertenecen a sectores de las clases medias y altas, entienden que hay momentos en la vida en que no se puede pedir nada a cambio, si uno quiere, a su vez, redimir las injusticias que también ha cometido. Estamos juntos en este barco que ha dado tumbos; que nos ha separado, hecho desconfiar los unos a los otros. 

Yo, que navego en este lado, les propongo que se seduzcan, que vuelvan a desear este lugar por el cual han hecho tesis, doctorados, filmado películas, grabado músicas, hecho emprendimientos turísticos, sembrado alimentos ecológicos, fotografiado su indudable hermosura natural. Es el momento de soltar y dejar que el destino sea más complejo, pero más rico. Si nos encierran en que no podemos ser sino una mafia para poder ser gobernados, si nos convencen de que debemos vivir en la omertà para seguir conservando nuestros pequeños privilegios, no olvidemos que un día, sin duda alguna, también vendrán por nosotros y por ustedes. 

No lo duden: la seducción de ‘coronar’ pronto y hacerse millonario sabemos siempre dónde termina. Sé que la mayoría de ustedes, si llegan a escucharme o leerme, han visto las suficientes películas y leído cientos de libros como para saber de lo que hablo. Acá estaré siempre dispuesto: pero no me pidan que los seduzca, llegó el tiempo de que nos hagamos cargo de seducirnos a nosotros mismos: vale la pena, así sea para seguir en desacuerdo.

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