
Qué extraños tiempos los que vivimos en los que las noticias parecen capítulos de una novela distópica escrita hace muchas décadas. Asomarse a la realidad diaria nos invita a una infinita incertidumbre en la que los algoritmos manipulan nuestras emociones y decisiones y las máquinas imitan las voces de los muertos y recrean los rostros de quienes ya no están. La contemplación está pasada de moda.
Sin embargo, el papa León XIV recordó un fragmento de J.R.R Tolkien en su primera encíclica Magnifica Humanitas. Al citar al gran Gandalf, el maestro de El señor de los anillos trajo de regreso unas palabras que parecieran escritas para nuestro tiempo, como si Tolkien, hubiera enviado una botella de náufrago hacia el futuro: “No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza”.
Qué pertinente y emotivo resulta que el papa traiga a un personaje de la ficción nacida en la imaginación de un escritor católico para mencionar la obsesión de nuestra época de querer dominar desde la tecnología todas las mareas. El papa nos invitó a reflexionar sobre los desafíos de las humanidades frente al paso avasallador de la Inteligencia Artificial (IA). Uno días antes la escritora polaca Olga Tokarczuk, ganadora del premio nobel de literatura en 2018, admitió el uso de herramientas de IA en su proceso de escritura. Lo que para algunos resultaba una traición al oficio literario y la imaginación para otros tan solo fue reconocer una realidad inherente a las artes hoy. Luego Tokarczuk mencionó que solo reconocía que el uso de la Inteligencia Artificial era una extensión del proceso de consulta e investigación que ha usado los escritores desde siempre: “verifico la información, tal como lo he hecho durante décadas leyendo libros y consultando bibliotecas y archivos”. También explicó, a propósito de la controversia, que sus historias nacen de sus propios sueños, de sus obsesiones, de las imágenes que la acompañan desde hace años. Dijo saber perfectamente qué música escuchan sus personajes, cuáles son sus silencios y sus miedos. Más que temerle a que muy pronto los algoritmos y bytes escriban poemas y canciones memorables me preocupa más que los seres humanos dejemos de vivir experiencias que hacen posible que existan conmovedores poemas y canciones La experiencia humana siempre será la mayor y más sorpresiva aventura.
En ese sentido, la cita del buen Gandalf adquiere una vigencia necesaria. No estamos llamados a controlar todas las mareas del mundo. Tampoco podremos detener el avance tecnológico y la Inteligencia Artificial seguirá creciendo, aprendiendo y transformando nuestras sociedades, pero está en nuestras manos decidir qué lugar ocupa en nuestras vidas y cuál le damos a la poesía, la filosofía, la música, la conversación y la imaginación para que esa experiencia siga siendo el significado central de la vida y del mundo.
Con seguridad las máquinas cada vez serán más inteligentes pero nuestra preocupación hacia el futuro es saber qué clase de seres humanos seremos nosotros en ese provenir dominado por ellas. Quizás la Tierra que dejaremos a las próximas generaciones no estará determinada únicamente por los avances tecnológicos que logremos construir, sino por la capacidad de conservar aquello que nos hace irrepetibles como lo son la compasión, la imaginación, la memoria, la duda, la belleza y el asombro.
Cada época debe identificar cuáles son sus valores irrenunciables para atravesar el presente y llegar al futuro sin perder el alma. Es nuestra tarea saber muy bien cuáles son esos valores que nos permitirán cruzar esta alta marea que nos llena de tantas preguntas sin que nos aniquilen las emociones más antiguas.
“No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo” sino mejor qué podemos hacer para entregar a las próximas generaciones una tierra más amable y tranquila para poder convivir con mayor equidad y cuidado y cuál será el papel de la imaginación en esa tarea. Porque el desafío será no solo cultivar la tierra y cuidar el agua y los recursos naturales, sino cómo sembramos con palabras y emociones nuestras almas y nuestros actos para que esas futuras generaciones encuentren una humanidad capaz de seguirse preguntando por el sentido de la existencia a través de la ciencia y las artes y así, tal cual quería Gandalf, dejar una tierra más limpia para la labranza de los sueños humanos.
2 comentarios









