
El domingo 31 de mayo por la tarde, cuando se empezó a revelar la tendencia que muchos temíamos, esto es, que Abelardo de la Espriella superara en votos a Iván Cepeda, me quedé sin palabras. Sin embargo, hay mucho por decir. O, más precisamente, mucho por preguntar. Cuando 10 millones de personas votan por un candidato no podemos quedarnos en la idea simplista de que son una recua de idiotas.
Esta realidad apabullante ha despertado mi curiosidad. Y, más que preocuparme por la existencia de un candidato como Abelardo de la Espriella, me pregunto, con genuina curiosidad, cómo se justifica el discurso que este hombre propone en la mente de sus votantes.
Imaginemos una Colombia donde los ciudadanos tengan derecho a portar armas, tal y como lo propone De la Espriella, quien dice andar armado desde los 20 años. Pregunto desde la más genuina curiosidad: ¿eso los haría sentir más seguros? ¿Saben lo que esto ha provocado en países como Estados Unidos?
John Lott, economista estadounidense y promotor del porte legal de armas, intentó demostrar en su libro Más armas, menos crimen los beneficios de esta política para la ciudadanía y las potenciales víctimas de delitos. Pero otros estudiosos, como Ian Ayres y John J. Donohue III, de Yale Law School, han sostenido lo contrario en su artículo Shooting down the more guns, less crime hypothesis. De nuevo pregunto: ¿queremos más colombianos armados? ¿No hemos visto ya suficientes muertos?
Imaginemos una Colombia con una economía manejada según la “línea que ya ha tirado Milei”, como dice con entusiasmo De la Espriella. ¿Saben los votantes cómo está Argentina en este momento? A tan solo dos años del controvertido Gobierno de Javier Milei, Argentina tiene una de las inflaciones más altas de América Latina; solo la supera Venezuela. Nunca, en las últimas dos décadas, el país austral había alcanzado un nivel tan alto de mora en el pago de créditos. También se ha visto una caída significativa en la actividad industrial, así como en el empleo y el consumo.
El Bank of America aseguró que Argentina era un país riesgoso, y fue necesario un rescate financiero de 20.000 millones de dólares por parte de organismos internacionales para aliviar la presión sobre el riesgo país. Si bien Milei heredó problemas económicos de gobiernos anteriores, su motosierra, sus recortes y sus medidas extremas no los han resuelto por completo.
Con genuina curiosidad pregunto: ¿esta es la economía a la que aspiramos en Colombia? ¿Vivir del prestado? ¿Deberle a Trump dinero que después querrá que le paguemos con territorio o recursos naturales?
En entrevista con The Jheivan News, le preguntanron a Abelardo de la Espriella su posición con respecto al genocidio en Gaza, y dijo: “Yo estoy hoy, mañana y siempre con Israel. Estoy en contra del terrorismo. La peor amenaza para occidente es el islamismo radical con todo lo que identifica. Pero devuélvete un poco; quien comenzó el ataque no fue Israel, quien tiene secuestrados no es Israel, en consecuencia, Israel, su Gobierno, el Estado de Israel, está haciendo lo que debe hacer: defender a su pueblo, defender a su gente a sangre y fuego”. Hay más de una imprecisión en la respuesta del cadidato. Sabemos que este conflicto no empezó el 7 de octubre de 2023: se inició en 1948 y se profundizó en 1967 cuandio Israel tomó el control de la Franja de Gaza y Cisjordania, dando comienzo un periodo de ocupación militar que se vive hasta el día de hoy. Pregunto desde la más genuina curiosidad: ¿10 millones de colombianos creen que lo que sucede hoy en Gaza no es un genocidio? ¿Cómo explican los bombardeos a escuelas y hospitales? ¿Cómo justifican el bloqueo de ayuda médica, alimentos y medicamentos? ¿Qué palabra se usa para lo que los soldados israelitas les hicieron a los tripulantes de las flotillas humanitarias?
Es un hecho que Abelardo de la Espriella persigue periodistas. Él mismo ha dicho que instaura demandas en pueblos o ciudades lejanas para embolatarlos. Inicia procesos legales que para él no representan nada, pero que a los reporteros les restan tiempo, dinero y vida. Le pregunto con genuina curiosidad a sus votantes: ¿no les resulta preocupante? ¿No han pensado que censurar a la prensa mediante este mecanismo es exactamente lo que hacen las dictaduras?
Es un hecho que Abelardo de la Espriella ha cambiado de postura con respecto a la religión, a los derechos de las parejas homosexuales e incluso frente a la posibilidad de ver a un guerrillero en el Congreso en lugar de portando armas. Todos tenemos derecho a cambiar de opinión. Pero ¿dentro de esos 10 millones de votantes no hay mujeres que piensan que solo nosotras tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y que la religión de los demás no debe interponerse en nuestras decisiones? ¿Esos 10 millones de votantes no tienen un familiar, un amigo o un conocido de la comunidad LGBTQ+ que ha luchado por sus derechos y los merece tanto como cualquier otro ciudadano colombiano? ¿En serio creen que lo único que se les puede ofrecer a los grupos armados ilegales es bala y más bala? ¿Acaso eso funcionó en el pasado?
Es un hecho que Abelardo de la Espriella se comporta de manera misógina, intentando opacar y humillar a las mujeres que lo entrevistan, asegurando que su esposa debe esconderse para cambiarse y hablando reiteradamente del tamaño de sus genitales en diferentes espacios radiales y televisivos. Incluso llegó a pedirle a una joven periodista que hiciera zoom a una fotografía en la que se le veía el “paquete”. Pregunto con genuina curiosidad a sus 10 millones de votantes: ¿este es el tipo de hombre con quien puede sostenerse una conversación inteligente? ¿Su trato denota decencia y respeto? Si tanto han indignado este tipo de comentarios y comportamientos cuando provienen de presentadores de televisión hacia sus empleadas, ¿cómo será el trato del presidente de la República hacia sus servidoras públicas? ¿Serán capaces de denunciar? ¿O volverá a reinar el silencio?
Es un hecho que Abelardo de la Espriella apoya el fracking, una técnica que ha demostrado generar riesgos de contaminación de fuentes hídricas y afectar la biodiversidad. ¿Los 10 millones de votantes de la extrema derecha no consideran importante la conservación de la tierra que sostiene la vida?
Es un hecho que Abelardo de la Espriella ha propuesto sacar a Colombia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y de la Organización de los Estados Americanos (OEA). ¿Esto no les preocupa a esos 10 millones de votantes? ¿No han pensado en los millones de víctimas del conflicto armado a quienes se les han vulnerado todos sus derechos? Lo pregunto con genuina curiosidad.
Lo que más me preocupa de que existan 10 millones de votantes para Abelardo de la Espriella es que queda demostrado algo similar a lo que planteó Dietrich Bonhoeffer en sus reflexiones sobre la estupidez. El reconocido opositor al nazismo reflexionó profundamente sobre cómo la estupidez colectiva puede llegar a ser mucho más peligrosa que la maldad.
La reflexión de Bonhoeffer, hecha desde la prisión en la que lo encerró el régimen nazi, no pretendía ofender a los seguidores de Hitler, pues no los consideraba intelectualmente limitados; muchos de ellos eran profesores, científicos o padres de familia respetables. Bonhoeffer procuraba explicar que incluso personas cultas, educadas e inteligentes llegan a abandonar su capacidad crítica al verse absorbidas por un movimiento de masas, en el que el miedo, el resentimiento o la necesidad de pertenencia desempeñan un papel crucial. Como escribió: “La impresión que se obtiene es que la estupidez no es tanto un defecto congénito como algo que las personas adquieren bajo determinadas circunstancias”.
Pregunto con genuina curiosidad a esos 10 millones de votantes: ¿creen que un hombre misógino, machista, clasista, poco ético (él mismo ha dicho que su carrera no tiene nada que ver con la ética), que se enorgullece de ser empresario aunque muchas de sus empresas han quebrado, y que prefiere los insultos personales a los argumentos, está en capacidad de dirigir los destinos de nuestro país? ¿Qué es la firmeza sin decencia ni humanidad?
Cierro con un llamado para quienes votaron en blanco o para quienes no votaron. Y utilizo para esto las palabras del papa León XIV en su carta encíclica Magnifica Humanitas:
“Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta solo con ‘no ser cómplices’. La justicia social exige mirar a las personas y a los pueblos comenzando siempre por los más vulnerables”.
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