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María Jimena Duzánnnnn

Petro se juega su reputación de demócrata. Por María Jimena Duzán

María Jimena Duzán, periodista y politóloga colombiana. Crédito: Fotoilustración de Yamith Mariño - CAMBIO.

No están ni tibios quienes piensan que estas elecciones del 8 de marzo van a ser de trámite. No los culpo: con tanta polarización es difícil entender lo que verdaderamente está en juego en estas elecciones. Para que me entiendan: este 8 de marzo no solo vamos a elegir un nuevo Congreso y a votar unas consultas presidenciales.También vamos a medir la madurez de la democracia colombiana, luego de cuatro años del primer gobierno de izquierda.

Por: María Jimena Duzán

CAMBIO reclutó a grandes firmas colombianas de diversas posturas políticas para analizar qué está en juego hoy en estas elecciones. Así respondió María JImena Duzán:

Que este país ha cambiado es innegable: estas elecciones a Congreso son las primeras que se hacen bajo un presidente de izquierda que tiene un índice de aprobación por encima del 50 por ciento, según la última encuesta del Centro Nacional de Consultoría para CAMBIO. La clase dirigente, que está en ascuas, no entiende por qué un presidente como Petro, despilfarrador del gasto, con sendos escándalos de corrupción a cuestas, que le va a dejar a su sucesor un déficit fiscal sin precedentes y un sistema de salud en cuidados intensivos, puede tener un índice de favorabilidad tan alto. 

La respuesta es muy simple: los ejes de la política cambiaron hace rato en Colombia, por si no lo sabían.   

Tampoco saben que tras la firma del acuerdo de paz -que todavía muchos no reconocen-, la agenda nacional cambió. Al desaparecer la amenaza de las Farc, que alimentó el conflicto armado, la preocupación de los colombianos se desplazó hacia temas como la desigualdad y la inclusión. Iván Duque no entendió ese cambio y tuvo que enfrentar una protesta social que repelió con represión y violencia. Petro, en cambio, que ya traía el discurso de la igualdad y de la inclusión, le fue fácil leer al país. En medio del despelote que ha sido su gobierno, Petro logró imponer una agenda social que puso el foco en un sector de la población que nunca había sido vista por el poder. Uno puede cuestionar a Petro por haber concentrado el poder en sí mismo, por gobernar a medias y por dejar que sus amigos más cercanos desvalijen el Estado, pero sería miope no ver que en estos cuatro años los centros de poder cambiaron y que estos ya no pasan por los clubes privados. Eso es un cambio significativo en un país que ha manejado el poder siempre desde el privilegio de una minoría.   

Petro también se juega su reputación de demócrata. Esta es la primera vez que un gobierno de izquierda asume la responsabilidad de hacer unas elecciones transparentes, con garantías para todas las fuerzas. Por eso sorprende que el presidente haya empezado a denunciar un posible fraude electoral que se estaría cocinando en contra de su partido. En su cuenta en X habló de una posible manipulación de los software electorales por parte de la empresa que los maneja, motivo por el cual su partido va a tener en las mesas de votación a sus testigos electorales en alerta máxima.

Es la primera vez que un presidente cuestiona el sistema electoral que lo eligió. Ojalá esa desconfianza que el Gobierno mismo ha sembrado en el sistema electoral, no nos pase factura. Petro está jugando con fuego a sabiendas de que el ambiente ya está cargado. 

Estos vientos huracanados que ha desatado el presidente podrían empañar estas elecciones en las que por primera vez la izquierda va a ir a unas elecciones de Congreso con la idea de sacar más de las 21 curules que sacaron hace cuatro años. Hay quienes hablan incluso de que podrían sacar 34, lo que implicaría casi que un tercio del Congresof, sin duda un triunfo apabullante. Si ese partido logra superar los 20 escaños que tiene hoy en el Congreso, el presidente Gustavo Petro saldría del poder dejando como legado la consolidación de un poderoso partido de izquierda en un país en el que hasta hace poco ser de izquierda era un pecado mortal. 

Si el Pacto Histórico logra consolidarse como la bancada más poderosa, eso puede empujar a la candidatura de Iván Cepeda, el candidato de Petro que va arriba en las encuestas. Cepeda es un curtido político de izquierda que no trina a la medianoche, que piensa antes de hablar, que llega en punto a sus citas y que trabaja como una hormiga.

En estas elecciones, la derecha se juega su esencia. O se moderniza y sintoniza con este país que ya salió de la dicotomía entre la guerra y la paz, o sigue aplicando la receta del pasado, aquella que se nutre de la estigmatización que es la base de la construcción de la tesis del enemigo interno que tanto alimentó el conflicto armado que padeció el país. 

En esta campaña han construido la falsa narrativa de que Iván es el candidato de las Farc y de que Petro es el demonio que acabó el país que ellos van a rescatar. Dos mentiras que en las encuestas carecen de credibilidad, ya que Petro tiene unos índices de aprobación muy positivos y Cepeda sigue imparable en las encuestas. La mejor campaña a favor de Iván se la están haciendo los candidatos de la derecha. Abelardo de la Espriella se refiere a él en todas sus entrevistas y lo señala como su verdadero enemigo y Vicky Davila habla más de él que de sus promesas de campaña. 

En estas elecciones se va a saber en realidad si Colombia ha cambiado sus paradigmas -como muchos creemos- o si por el contrario seguimos siendo el mismo país parroquial, feudal y excluyente que hace 20 años eligió a Alvaro Uribe y a su receta autoritaria por miedo a caer en las fauces de la guerrilla comunista de las Farc.

Yo votaré por los politicos que buscan cambios dentro del marco democrático y por los que han desactivado sus prejuicios.

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