
‘El presidente Petro está improvisando con las Zonas de Ubicación Temporal’: Eduardo Pizarro
Eduardo Pizarro Leongómez, profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia. Foto: Colprensa.
¿Cuáles fueron los errores que cometió el primer mandatario que, en campaña, hizo la promesa de la reconciliación entre los colombianos y terminará entregando un país con más poderosos grupos armados ilegales, que ahora controlan amplios territorios? Uno de los estudiosos más rigurosos del tema responde este interrogante y analiza el difícil escenario para quien gane las elecciones.
Por: Armando Neira
Eduardo Pizarro Leongómez (Bogotá, 1949), sociólogo, catedrático, escritor, periodista y cronista del conflicto en Colombia, acaba de lanzar el libro El fracaso de la paz total. En esta entrevista con CAMBIO explica el porqué de tan demoledor título, da su punto de vista sobre las controvertidas Zonas de Ubicación Temporal (ZUT), la moral de la tropa y el estado de su equipamiento, incluido, naturalmente, el promocionado fusil Jaguar.
CAMBIO: El título de su libro no deja lugar a dudas: El fracaso de la paz total. ¿Fue así?
EDUARDO PIZARRO LEONGÓMEZ: Si solo tomamos en consideración que, a pesar de la multitud de frentes de negociación de paz o de acogimiento a la justicia abiertos tanto con grupos de origen político (ELN, Estado Mayor Central, Segunda Marquetalia y Frente Comuneros del Sur) como de origen criminal (Ejército Gaitanista de Colombia, Autodefensas de la Sierra Nevada de Santa Marta y las bandas de Buenaventura, Chocó y el Valle de Aburrá), finalmente no haya habido ningún acuerdo de desmovilización, desarme y reintegración (DDR) firmado, basta para afirmar que la paz total no tuvo ningún éxito.
CAMBIO: ¿Cómo queda el escenario entonces?
E. P. L.: Si añadimos que la totalidad de estos grupos muestran un crecimiento en el número de miembros, en el número de municipios en los cuales tienen presencia y en las rentas ilegales que controlan —drogas ilícitas, oro, extorsión y un largo etcétera—, el panorama es muy preocupante.
CAMBIO: Lo veo muy pesimista…
E. P. L.: Mi mayor preocupación es que no se trata solo del fracaso del gobierno actual. En 1990 tuvimos los acuerdos de paz con el M-19; en 1991, con el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL); en 1994, con la Corriente de Renovación Socialista (CRS), y en 2016, con las FARC. Es decir, llevamos 36 largos y eternos años sin lograr alcanzar la paz en el país.
CAMBIO: ¿Cuáles son los factores que llevaron a esta situación?
E. P. L.: Frente a este modelo fracasado de “negociaciones grupo por grupo, escalonadas en el tiempo”, Petro planteó una apuesta más ambiciosa: la paz total, bajo la idea de que, siendo el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, era obvio que todos los grupos —ante todo los de origen político— iban a abandonar las armas para apoyar al gobierno. Y, ante esta ingenua convicción, en vez de diseñar un sólido modelo de negociación, predominó la improvisación.
CAMBIO: ¿Improvisación en qué sentido?
E. P. L.: Basta señalar que terminó el mandato de Petro y nunca fue aprobada la ley de sometimiento a la justicia destinada a los grupos de origen criminal, que los entonces ministros del Interior, Alfonso Prada, y de Justicia, Néstor Osuna, presentaron en un ya lejano marzo de 2023. ¿Quién abandona las armas sin un marco legal aprobado por el Congreso de la República?
CAMBIO: En la discusión pública hay una afirmación según la cual la fuerza pública está debilitada. ¿Usted cree que es así? ¿Cómo influye esto en el fracaso de la paz total?
E. P. L.: Una regla de oro de cualquier proceso de paz, en cualquier nación del mundo, es la necesidad de que el Estado disponga de una clara superioridad militar que les indique a los “actores armados no estatales” (AANE) que es inviable lograr sus objetivos mediante el uso de las armas. Basta mencionar que fue gracias al debilitamiento estratégico de las FARC durante la administración Uribe que se abrieron las puertas para su dejación de armas en 2016. Y lo mismo ocurrió en Gran Bretaña con el IRA (Ejército Republicano Irlandés) en 1998 y en España con ETA (País Vasco y Libertad) en 2011.
CAMBIO: ¿Usted cree que hay un debilitamiento tanto en el equipamiento como en la moral de la tropa?
E. P. L.: Sí, sin lugar a dudas. Todos los indicadores son negativos: ha habido una disminución en el pie de fuerza del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea; el 70 por ciento de los helicópteros tanto de la Fuerza Aérea como de la Aviación del Ejército están en tierra por falta de repuestos o mantenimiento; y los aviones Kfir solo serán sustituidos en cinco años por los aviones Gripen. Es más: dada la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel, se está planteando sustituir los 400.000 fusiles Galil que utilizan todos los miembros de las Fuerzas Militares e, incluso, la Policía Nacional, por un fusil producido por Indumil llamado Jaguar. Ojalá este fusil tenga la calidad requerida.
CAMBIO: El presidente Gustavo Petro viene de una juventud en la guerrilla; su origen político estuvo en las armas. ¿Cómo incidió esta condición en el fracaso de la paz total?
E. P. L.: En su autoimagen ingenua de que, al menos, los AANE de origen guerrillero iban a abandonar rápidamente las armas para apoyar su gestión, como afirmó en una entrevista en la Revista Semana pocos meses antes de su posesión, el 7 de agosto de 2022. Esta ingenuidad lo condujo a debilitar a las Fuerzas Militares, considerando que era innecesario un aparato militar fuerte ante la inminencia de la paz.
CAMBIO: A pesar de que el tiempo del gobierno se agota y de que los resultados son escasos, el presidente Petro acaba de anunciar, en el consejo de ministros de la semana pasada, cinco zonas de ubicación para combatientes de grupos armados de distintas organizaciones. ¿Por qué?
E. P. L.: Se trata, a mi modo de ver, de otra decisión improvisada. La figura de las ZUT fue utilizada por el presidente Uribe para adelantar los primeros acercamientos con las AUC, lo cual tuvo lugar en Tierralta (Córdoba), mediante el Acuerdo de Fátima, en 2004. Aun cuando esta experiencia fue parcialmente exitosa, en el resto de los procesos de paz que ha habido en el país el modelo han sido las “zonas de ubicación” del grueso de los miembros de los grupos guerrilleros —como, por ejemplo, en Santo Domingo, Cauca, en el caso del M-19— para cerrar el proceso de paz, hacer dejación de las armas e iniciar la desmovilización de los combatientes.
CAMBIO: ¿Usted no cree que se dejarán avances concretos?
E. P. L.: A mi modo de ver, a escasas semanas del fin del gobierno Petro va a ser muy difícil que se avance en estas ZUT, ante la incertidumbre electoral, el nombre del nuevo presidente y su modelo de manejo del orden público.
CAMBIO: ¿Cómo se explica que el presidente Petro y el comisionado de paz hayan terminado contradiciéndose respecto a la ida de “Chiquito Malo”, máximo jefe del Clan del Golfo y solicitado en extradición, a una de esas zonas?
E. P. L.: Sin duda, Petro se mueve hoy en un pantano de arenas movedizas. Por un lado, la presión de Donald Trump, exigiendo la extradición de los líderes de los grupos armados comprometidos con el tráfico de drogas ilícitas; y, por otro, los distintos negociadores de paz o de sometimiento a la justicia, presionados por mostrar resultados. Estas contradicciones se van a prolongar hasta el 7 de agosto.
CAMBIO: A propósito, durante un tiempo primó la zanahoria sobre el garrote, pero ahora parece haber un viraje drástico, reflejado en hechos como el bombardeo, junto con el Gobierno venezolano, a un campamento del ELN. ¿Tiene que ver este cambio con la visita de Petro a Donald Trump? ¿Cómo ha cambiado la dinámica de la confrontación en Colombia tras la cita de los mandatarios en la Casa Blanca?
E. P. L.: Sin duda, los gestos imperiales de Donald Trump están causando mucho estrés en distintos gobiernos de América Latina, en particular en los gobiernos de izquierda como Cuba, Venezuela y Colombia. A mi modo de ver, más temprano que tarde el gobierno de Venezuela le va a clausurar al ELN su “retaguardia estratégica” en su territorio, tal como le ocurrió a las FARC en Ecuador tras la Operación Fénix contra Raúl Reyes. Ya existen indicios serios de un lento retorno a Colombia de las unidades no solo del ELN, sino también de las disidencias de las FARC.
CAMBIO: ¿Cómo se explica usted que hoy estemos en semejantes niveles de violencia con personajes como “Iván Mordisco” o “Calarcá”, que bien podrían ser hijos o nietos de Jacobo Arenas o Manuel Marulanda Vélez? ¿Cómo salir de esta espiral de violencia?
E. P. L.: Es impactante constatar el bajo nivel intelectual y político de los actuales mandos de los grupos disidentes o reincidentes de las FARC. Con escasas excepciones, como Iván Márquez —cuyo estado de salud es un misterio—, se trata de antiguos mandos medios o bajos de las antiguas FARC que ingresaron siendo adolescentes a la guerrilla —es decir, gozaron de una muy escasa escolaridad— y que, en muchos casos, han hecho de las armas una forma de vida.
CAMBIO: ¿Y desde su perspectiva eso qué impacto tiene?
E. P. L.: Este es un resultado de los conflictos prolongados, como se observa, por ejemplo, en la República Democrática del Congo. Es decir, hemos pasado de líderes guerrilleros animados por una clara vocación política a “señores de la guerra” (warlords), más involucrados en la acumulación de rentas ilegales.
CAMBIO: ¿Cómo salir de este punto?
E. P. L.: Para salir de la violencia es clave llevar a cabo múltiples tareas, entre ellas un fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, un mayor control del territorio nacional por parte del Estado —aunado a un desarrollo más equilibrado de las regiones—, un debilitamiento de las rentas ilegales y, ante todo, una disminución de la pobreza. Colombia no puede continuar siendo uno de los países más desiguales del mundo.
CAMBIO: Algunos organismos que hacen seguimiento a las acciones armadas señalan que este año se han cometido más masacres que en el mismo período de la última década. ¿Por qué se llegó a este extremo?
E. P. L.: Este fenómeno está íntimamente ligado con la conformación de lo que los expertos han denominado enclaves —o gobernanzas— criminales en las fronteras marítimas y terrestres más vulnerables del país. Allí, los distintos AANE buscan “aconductar”, mediante asesinatos selectivos, a la población local para que acepte sin chistar al “señor de la guerra” de turno. Es impactante constatar que hoy en día la inmensa mayoría de los asesinatos en el país son obra de sicarios.
CAMBIO: ¿Cómo puede leerse eso?
E. P. L.: Que, si bien la tasa de homicidios se mantiene más o menos estable, con un leve crecimiento —26 homicidios por cada cien mil habitantes—, han aumentado los crímenes de alto impacto: el asesinato de líderes sociales y políticos, desmovilizados de las FARC y miembros de la fuerza pública, así como de comerciantes en los centros urbanos, para enviar un mensaje: o pagan la extorsión exigida o pagan las consecuencias.
CAMBIO: A propósito del equipamiento militar, ¿qué piensa usted de la decisión del presidente de fabricar en Colombia armamento como el fusil Jaguar y pistolas?
E. P. L.: Ojalá se trate de una decisión acertada. Existen enormes dudas entre los expertos, dado que en Colombia no disponemos de la calidad de acero que exigen los cañones de los fusiles. El reciente episodio ocurrido durante ejercicios militares para probar el nuevo fusil en la base militar de Tolemaida —con dos soldados heridos— es motivo de preocupación. Creo que es indispensable abrir un debate nacional sobre este tema.
CAMBIO: Durante este gobierno la inteligencia ha estado en el ojo del huracán por múltiples escándalos y falencias. ¿Cómo la ve usted?
E. P. L.: Es muy preocupante el tema de la inteligencia estratégica y la contrainteligencia en el país, pues existen serias señales de que la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) —que impulsó el presidente Santos para reemplazar al DAS— se ha convertido, durante este gobierno, en una institución similar al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), es decir, una inteligencia no de Estado sino de gobierno. Y, en una nación tan afectada en materia de defensa y seguridad nacional, esta derivación de una institución clave hacia una suerte de policía política —como se convirtió el DAS en sus últimos años— es muy grave. Un tema de reflexión urgente.
CAMBIO: Finalmente, ¿qué prevé usted que va a pasar en cuanto a la guerra y la paz, independientemente de quién gane las elecciones?
E. P. L.: El nuevo presidente de la República va a encontrar un país inmerso en un grave deterioro del orden público. Si el nuevo mandatario insiste en el mismo modelo de paz total, sin ajustes de fondo, va a conducir al país al despeñadero. Y si cree que el orden público en Colombia se resuelve únicamente a plomo, llevará al país a un despeñadero similar o peor. En pocas palabras, debemos hacer una profunda reflexión sobre el fracaso, década tras década y gobierno tras gobierno, en el logro de la paz, y construir finalmente un modelo bien estructurado para alcanzar la “paz soñada”.
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