
Sobre la fotografía y la era de la hipersaturación visual: ¿Cómo contrarestarla?
En este escrito, el gestor cultural Joaquín Guzmán reflexiona sobre la hipersaturación de las imágenes y la oportunidad que hay para darle un valor cultural y social a las redes sociales.
Por: Joaquín Guzmán
En 1977, la ensayista y crítica cultural Susan Sontag publicó On Photography / Sobre la fotografía, obra con la que obtuvo el National Book Critics Circle Award y que se convirtió en un referente ineludible para comprender la función de las imágenes en la vida contemporánea. En esta colección de seis ensayos, Sontag reflexiona sobre el poder de la fotografía para documentar, embellecer, manipular y trivializar la realidad. Advertía que la saturación de imágenes podía convertir la experiencia humana en espectáculo y la memoria en archivo visual, hasta el punto en que “vivir” se transforma en “registrar”.

Casi cincuenta años después, sus reflexiones encuentran eco en la hiperproducción de imágenes y contenidos que circulan en redes sociales y la creación de imágenes con Inteligencia Artificial. Si en los años setenta Sontag señaló cómo la fotografía convertía la realidad en objetos de consumo visual, hoy enfrentamos un escenario multiplicado: millones de usuarios documentan su vida minuto a minuto, en un flujo interminable de fotos, videos y transmisiones en vivo que se vuelven parte de la rutina digital global. Millones de imágenes se crean con inteligencia artificial creando un entramado impenetrable de imágenes que confunde. La necesidad de registrarlo todo ha transformado paisajes, vidas y ha creado la que es tal vez la crisis de salud mental más grande de la historia. Hoy se busca la foto “perfecta” a toda costa dejando a un lado la posibilidad de estar, de experimentar, de vivir. Compartir imágenes en redes sociales, y su consumo desmedido y acrítico, hacen que el afán de publicar cada momento en Instagram, TikTok o Facebook convierta la intimidad en escaparate y reduzca la experiencia vital en contenido efímero.
En las últimas semanas han proliferado en redes sociales imágenes de la Bienal de Arte de Bogotá y otra serie de eventos culturales de gran envergadura. Esta es una invitación a ir a estos encuentros culturales a disfrutar, criticar, interactuar, aprender y a hacer un uso investigativo de las redes sociales en este tipo de eventos. Si bien las redes sociales con respecto al arte son también una cloaca donde todo cabe, nada se critica y todo se consume; definitivamente no están condenadas a ser solo un espacio de consumo banal. En ellas también existe un potencial transformador: pueden ser herramientas de acceso a información confiable, de promoción cultural, de visibilización de proyectos con potencia y plataformas artísticas, así como herramientas de comunicación directa entre ciudadanos, organizaciones y creadores comprometidos.

El desafío está en recuperar el sentido crítico del uso de la imagen y en elegir conscientemente cómo y para qué consumimos y producimos contenido digital. Más que simples vitrinas de vanidad, las redes son también espacios de diálogo, cultura y construcción de tejido social. En este contexto, el seguimiento masivo a influenciadores y creadores de contenido inocuo genera una cultura de la distracción: horas de consumo que no aportan y refuerzan una búsqueda inacabable por aprobación a través de “likes” y visualizaciones.
En última instancia, como lo intuyó Sontag, la pregunta sigue vigente: ¿usamos las imágenes para comprender el mundo, o dejamos que ellas lo reemplacen.
La advertencia de Sontag sobre la trivialización de la imagen resuena hoy con más fuerza: cuando todo se registra y todo se comparte, nada permanece y nada impacta. La abundancia visual erosiona la capacidad de asombro y, paradójicamente, empobrece la experiencia humana. En última instancia, como lo intuyó Sontag, la pregunta sigue vigente: ¿usamos las imágenes para comprender el mundo, o dejamos que ellas lo reemplacen.

Comentar este artículo
Aún no hay comentarios




