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Cultura

'Porgy and Bess': del Mississippi al Atrato

Neil Nelson (barítono) y Betty Garcés (soprano) interpretaron la versión en concierto de 'Porgy and Bess´, acompañados por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y el Coro Nacional de Colombia.

‘Porgy and Bess’, obra de George Gershwin con textos de su hermano Ira, se presentó en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Los protagonistas fueron los cantantes Betty Garcés y Neil Nelson, acompañados por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y el Coro Nacional de Colombia.

Por: Esteban Bernal

Siempre serán motivo de celebración los conciertos de música clásica en los que se programan obras y compositores por fuera del canon. No reiterar demasiado en nombres mundialmente conocidos contribuye a expandir el horizonte musical de la audiencia y a posicionar, así sea de manera momentánea, repertorio que tiene otro valor al no estar en constante inspección y comentario por parte de la crítica, los medios de comunicación y los entusiastas de la música. Incluso, permite la confección de programas que respondan a la agenda pública del momento y que conecten con una audiencia más amplia que puede encontrar, en la música, maneras de entender e interpretar las circunstancias que la rodean, e incluso, liberarse de ellas a través de la catarsis. Algo en ese sentido ocurrió en uno de los recientes conciertos que ofreció en Bogotá la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.

En relación con el mes de la afrocolombianidad, la Orquesta convocó al Coro Nacional de Colombia, a la soprano bonaverense Betty Garcés y al barítono estadounidense Neil Nelson, para realizar la versión de concierto de la ópera Porgy and Bess en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Esta es una obra importante de la tradición musical estadounidense del siglo XX, al tratarse de un acertado ejercicio artístico que une la herencia europea y la africana presentes en la cultura del país norteamericano; fuentes que no siempre han estado en diálogo pleno y que incluso han marcado dos historias de desarrollo paralelo y desigual entre blancos y negros.

Porgy and Bess, basada en la novela y obra teatral de DuBose y Dorothy Heyward, cuenta la historia de un amor imposible, no por novelescas diferencias de clase social entre el uno y la otra, sino por las condiciones de precariedad de los enamorados: él –Porgy–, un mendigo que vive del rebusque, y ella –Bess–, una mujer sometida física y psicológicamente por su novio, un matón de barrio y abusador, y por un expendedor de drogas. La acción tiene lugar a mediados de la década de 1920 en un pueblo pobre de pesqueros negros y mulatos en la costa este del sur de Estados Unidos. Mientras surge el amor entre Porgy y Bess, los protagonistas terminan involucrados en un entramado de intriga, violencia y muerte del que no pueden escapar a pesar de sus buenas intenciones. El relato trágico se contrasta con momentos de resiliencia de los personajes, quienes acuden a la palabra, al sentido del humor, al baile y a la música festiva para no sucumbir ante la realidad circundante.

La música y letras son de George y Ira Gershwin, dos hermanos judíos cuya obra, ecléctica, se caracteriza por zurcir los hilos de un telar sonoro blanco, negro, marrón y beige, pues toma elementos del “Viejo” y el “Nuevo Mundo” para crear música que podría decirse de carácter universal, pues así lo son la música clásica y el jazz. Ningún purista de uno u otro lado podría decir que Porgy and Bess no es lo uno o lo otro. De inicio a fin de la obra, escrita sobre una base y lenguaje sinfónico, se integran componentes de la música popular estadounidense, tanto por instrumentos como el banyo y la batería como en las armonías y melodías del blues, el canto responsorial al estilo góspel a cargo de un coro (que, a la vieja usanza de la ópera y del teatro griego hace las veces de voz de la conciencia) y, por supuesto, la sección vocal de los solistas, de quienes se espera que conozcan y manejen los dejos propios del canto negro norteamericano.

Betty Garcés es una de las cantantes líricas colombianas de mayor reconocimiento en el mundo y su participación en este concierto demostró el porqué. Es una mujer con una presencia a la vez imponente y delicada, que nada más con aparecer se toma el escenario. Su voz tiene las mismas características, pues proyecta con vigor y cautiva con susurro misterioso, siempre afinada. Llama la atención su vibrato, mesurado y bajo control, que utiliza como recurso expresivo y que no es vicio. También, su habilidad para pasar a la voz de pecho en las secciones graves y llenarlas de sentido blues con un ligero growl o gruñido. Cantó partes de Bess y de otros personajes femeninos, con lo que quedaron claras su versatilidad y destreza, así como el entendimiento de la partitura y del libreto. En sus partes a dúo junto a Neil Nelson fue romántica, sensual, graciosa y melancólica.

Neil Nelson se encargó de darle al recital un aire de mayor teatralidad. A pesar de que la versión de la obra era de concierto y no de ópera, sus gestos, postura e interacción con Garcés, con el director, con la orquesta y con el coro permitieron imaginar la puesta en escena pensada originalmente por los hermanos Gershwin y el matrimonio Heyward. Nelson también es un cantante primoroso con una voz potente y profunda. Un poco más atrevido que Garcés (quizás por el papel que representaba o tal vez por estar cantando música que le es natural), se permitió muchas libertades que resultaron en una interpretación situada entre el jazz y la ópera.

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Neil Nelson y Betty Garcés.

La orquesta y el coro se portaron a la altura. Porgy and Bess no es una obra musicalmente sencilla por los elementos de sincretismo anteriormente anunciados. El trabajo que Yeruham Scharovsky ha realizado como director titular y artístico desde hace un par de años con la orquesta permite ver a un ensamble muy bien acoplado, preciso y en diálogo positivo entre sí y con el portador de la batuta. Lo logrado por las directoras del Coro Nacional de Colombia en el poco tiempo de vida que tiene el proyecto también es digno de aplauso, pues tienen una agrupación que canta con propiedad y profesionalismo.

Bernstein, Copland y Piazzolla

Cuatro apuntes finales: el programa se complementó con tres episodios de danza de la obra On the town de Leonard Bernstein, una composición de orquestación fabulosa que logra unir lo sublime de la sinfónica con la potencia de la big band de jazz, ello alrededor de la imagen de Nueva York como ciudad industrial, cosmopolita, de vida nocturna y de ritmo frenético. También, con la Primavera en los Apalaches, de Aaron Copland, que contrasta con la anterior al evocar la vida del campo en Estados Unidos; una obra bella y tranquila, aunque un poco redundante. Adicionalmente, Scharovsky aprovechó la ocasión de ofrecer un recital dedicado al diálogo entre pueblos y culturas para despedir a un personaje que consagró su vida a ello: le dedicó, al papa Francisco, un arreglo sinfónico del tango Adiós Nonino, de su compatriota Astor Piazzolla. Y finalmente, es de resaltar que este evento, llamado Del Mississippi al Atrato, lleva dicha denominación por la reverberación que Porgy and Bess, con sus luces y sombras, tiene con nuestra realidad colombiana, en nuestra historia y territorio, pero con un eco pronunciado en el Pacífico colombiano, su cultura y su pueblo. La serie de conciertos también incluye un homenaje a la pianista Teresita Gómez y al Grupo Niche con el montaje Niche Sinfónico, ambas, ocasiones para insistir en una conmemoración necesaria.

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