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Los vinilos de Gaitán.

Los vinilos de Gaitán: ¿cómo la ciencia y el arte lograron rescatar la voz de un caudillo?

Los vinilos de Gaitán. Foto ilustración: Yamith Mariño.

¿Qué hubiera pasado si el 9 de abril de 1948 la voz de Jorge Eliécer Gaitán no hubiera sido silenciada por los disparos de Juan Roa Sierra? Esa pregunta de imposible respuesta adquiere nuevas grietas y luces gracias a la exposición ‘Los vinilos de Gaitán’, en la que, por la gracia de la ciencia y el arte, algunos de sus discursos fueron restaurados y recuperados. CAMBIO le cuenta la trasescena del milagro del rescate de la voz del caudillo del pueblo.

Por: Amalia Tapiero Barreto

Una forma de acercarse a los azares de la historia consiste en pensar, casi obstinadamente, en lo que no ocurrió o en lo que pudo haber sido. Se trata de un ejercicio imaginativo que revisita el pasado desde la disyuntiva, conocido académicamente como historia contrafactual o alterna. Y es justo desde ese margen de duda que interpreto, como tantos otros, el 9 de abril de 1948 en Bogotá: el día que asesinaron al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y quedaron truncados los proyectos de cambio de un país entero. Por ingenuo que pueda sonar, persiste una pregunta: ¿Qué habría sido de Colombia si Gaitán hubiera sobrevivido a los tres impactos del revólver de Juan Roa Sierra?

Cada aniversario del magnicidio reactiva esta conjetura que, más que una simple especulación, es una forma de medir la distancia entre lo que fuimos y lo que no alcanzamos a ser. La pregunta circula —a veces en voz baja, otras con urgencia— en espacios disímiles como aulas, archivos y conversaciones casuales. Esta vez apareció en una sala de exposición.

Cómo escuchar un discurso de 1946 de Jorge Eliécer Gaitán

Los vinilos de Gaitán, una muestra presentada en la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá entre el 9 y el 14 de abril de 2026, suscitó la inquietud desde el sonido de la voz de Gaitán. Allí, entre restauraciones de discursos de 1946 y restos materiales de archivo, una visitante —visiblemente escéptica ante la figura de Gaitán— dejó escapar una frase que condensaba décadas de historia política: “Oiga cómo habla tan despectivamente de las oligarquías; imagínese qué sería de este país si no lo hubieran matado”. Una respuesta fue más una afirmación que una duda: “Ni idea”. Otras —variaciones de la hipótesis—, se sumaron: “Otro país, mejor, ¿probablemente?”, o “El mismo, pero menos herido”.

Más allá de la anécdota, esos murmullos revelan la persistencia de una pregunta aún, y quizá hasta siempre, sin solución. Y es precisamente ahí donde el proyecto de los vinilos cobra sentido. Lejos de responder las interrogantes, las desplazó a otro terreno. Porque en un país que ha privilegiado la historia como archivo o texto escrito, la recuperación de la voz de Gaitán introduce un nuevo giro: la memoria entendida como experiencia sonora.

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Los vinilos de Gaitán. Créditos: ilustración de Kim Vega/ Colprensa.

Lo que comenzó como una inquietud sobre cómo extraer información de unos discos rotos derivó en un proyecto que articula investigación histórica, restauración sonora y creación artística. Detrás de esta iniciativa, desarrollada en la Pontificia Universidad Javeriana, está el docente, músico e ingeniero de sonido Ricardo Escallón, cuya entrada al proyecto se debió a los azares de la vida en una conversación casual e inesperada. 

María Gaitán le había hablado, a título personal, de unos discos dañados tras el asesinato de su abuelo. “Me preguntó si se podía hacer algo con eso”, recuerda Escallón. La respuesta entonces fue incierta. Años después, en 2019, durante una conferencia de la Audio Engineering Society en Lima, encontró un posible camino. Allí conoció a un especialista en preservación sonora vinculado a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. “Le dije: ‘Quiero hablarle de una cosa. Tengo unos discos destruidos que quiero restaurar’. Y me respondió: ‘Eso se puede hacer’”. Esa afirmación, breve y casi técnica, fue un detonante.

El proyecto tomó forma en la Javeriana, donde Escallón es docente del departamento de Música. Aunque no sin obstáculos. En su planteamiento inicial, fue leído como un ejercicio de restauración puntual, sin mayor proyección académica, y hubo que reformularlo: “Nos dijeron: ‘Tiene que haber algo más’”. Ese algo más implicó desplazar el énfasis de la recuperación del soporte hacia la interpretación de su contenido y, finalmente, la creación de una obra. Así, el proyecto se volvió interdisciplinar y vinculó a docentes e investigadoras del departamento de Ciencias Políticas, como Minerva Campion y María Teresa Gutiérrez. 

Los discos, por su parte, no respondían a la lógica de un archivo institucional, sino a un recorrido discontinuo: habían pertenecido a Pascual del Vecchio, tesorero de la campaña Gaitán en 1946. Luego a su hijo, Jorge del Vecchio, y, finalmente, a María, quien los puso en circulación dentro del proyecto. No eran originales intactos ni piezas de colección en sentido estricto; eran fragmentos materiales atravesados por el tiempo y la violencia.

“Cuando los vimos, no eran masters; eran discos grandes, de 16 pulgadas, muchos rotos”, explica Escallón. En total, cerca de 15. Algunos relativamente enteros; otros, apenas legibles. Pero su valor no residía en su integridad, sino en lo que conservaban: los discursos y las huellas del tiempo, muy dicientes de lo que significan la conservación de este tipo de material y el a veces tan precario trabajo de archivo en Colombia. 

Pero su valor no residía en su integridad, sino en lo que conservaban: los discursos y las huellas del tiempo, muy dicientes de lo que significan la conservación de este tipo de material y el a veces tan precario trabajo de archivo en Colombia.

Además de la voz de Gaitán, los discos registran su trayectoria. Según hipotetiza Escallón, estos habrían sido enviados en 1947 a la recién creada ONU en Nueva York y devueltos el 1º de abril de 1949, como lo indica una etiqueta de devolución, con motivo desconocido. “Por la fecha, yo asumo que estaban buscando las grabaciones para conmemorar el primer aniversario de la muerte de Gaitán, pero no me consta”, dice.

De regreso en Colombia, los discos fueron enviados a Pascual del Vecchio, cuya casa fue allanada poco después por la Policía, que decomisó el material. Hacia 1950, Pascual logró recuperarlos, aunque estaban rotos. Y sobre las fundas dejó constancia del agravio: “Así me devolvieron los discos del jefe supremo”. En su momento, esos discursos no eran excepcionales, sino parte de una estrategia de difusión política. “Los discursos de Gaitán, durante su campaña de 1946, se grababan directamente en emisoras de radio sobre discos de laca de 16 pulgadas (40,6 cm) montados en vidrio. Eran registros en vivo que luego se distribuían a distintas emisoras del país”, señala Escallón. Y añade, casi como una glosa al margen: “No son vinilos, en realidad son vidrios… pero Vinilos de Gaitán suena mejor”.

Colombia en las elecciones de 1946

El contexto de esa propaganda electoral era muy profundo. La Colombia de mediados del siglo XX no vivía una ruptura con el orden tradicional, sino su reacomodo. La llamada modernización liberal —particularmente durante la República Liberal (1930-1946)— no desmontó la estructura bipartidista ni el modelo económico primario exportador; pese a sus intentos, terminó reconfigurándolos. Las reformas impulsadas por Alfonso López Pumarejo durante la llamada ‘Revolución en marcha’ habían sido ambiciosas en lo fiscal, lo agrario y lo social, “tal vez demasiado generosamente definidas como una tentativa de revolución burguesa en Colombia”, según Gonzalo Sánchez. Su posibilidad real de transformación, sin embargo, encontró pronto sus límites en un Congreso dominado por las mismas élites terratenientes que debían ser reguladas. 

Ese desfase entre la promesa reformista y la continuidad estructural agudizó las tensiones. Mientras sectores populares campesinos, obreros y sindicales encontraban nuevos canales de interlocución, las élites, liberales y conservadoras, cerraban filas para contenerlos. Para mediados de los cuarenta, la distancia entre las élites dirigentes de ambos partidos y su arquitectura del poder era cada vez menor en la práctica, a pesar de que el discurso insistía en diferenciarlos. Y la coyuntura electoral de 1946 condensó aquel hecho. El Partido Liberal llegaba dividido entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, lo que facilitaba el regreso del conservatismo con Mariano Ospina, cuya elección restablecía el equilibrio entre las élites.

Fue entonces que el gaitanismo desbordó el sistema. Más que ala del liberalismo, fue una interpelación directa a ese pacto bipartidista: nombrando al pueblo como sujeto político y a la oligarquía liberal y conservadora como adversario común, Gaitán recogió las banderas inconclusas del lopismo hasta la confrontación. Su ascenso, sin embargo, supuso el cierre de esas posibilidades, y la respuesta fue la represión por parte del Gobierno Ospina Pérez. Como lo resumió García Márquez, “en ese periodo de violencia política […] organizada desde el poder, los conservadores arrasaban pueblos, poblaciones enteras, armaban las policías y al Ejército y a sus partidarios para aterrorizar a los liberales, […y] mantenerse en el poder”.

La restauración de un archivo sonoro inédito

Durante décadas, los testimonios de Gaitán durante esa importante campaña electoral de 1946 yacieron fragmentados y mudos. Hasta ahora, gracias a esta recuperación sonora. 

Antes de llegar a la instancia técnica de restauración, el proyecto atravesó una pausa inesperada que obligó a reorientar la investigación. Surgía entonces una pregunta más amplia relacionada con los presupuestos de investigación, a veces escasos, a los que se accede en Colombia: ¿qué valía la pena restaurar? Y también apareció una pista decisiva. 

De los casi 15discos, algunos correspondían a registros conocidos; otros, como lo identificó el equipo al cruzar etiquetas con archivos de prensa, se atribuían a la campaña de Gaitán en Barranquilla en 1946. “Ahí fue cuando dijimos: esto puede ser algo nuevo”, recuerda Escallón. Y lo era: los discursos para posicionar a Gaitán en la costa Caribe no formaban parte del archivo sonoro conocido. Dada la restricción de recursos de la primera beca otorgada por la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana, optaron por restaurar y analizar primero fragmentos; con base en ese diagnóstico, buscarían nueva financiación. La estrategia funcionó: una segunda beca del Archivo General de la Nación, entidad adscrita al Ministerio de Cultura, permitió completar la recuperación del material inédito.

Exposición Los vinilos de Gaitán
Una de las grandes novedades de Los vinilos de Gaitán fue recuperar discursos del entonces candidato presidencial en la costa caribe colombiana. Créditos: Amalia Tapiero.

“Entonces llevamos los discos al Northeast Document Conservation Center, en Estados Unidos, donde se utilizó una tecnología llamada IRENE, desarrollada en la Universidad de Berkeley”, explica Escallón. El procedimiento reconstruye el sonido sin contacto físico, a partir de imágenes de altísima resolución de los surcos del disco: “Uno no lo está reproduciendo; está leyendo su superficie. Y de ahí vuelve a aparecer la voz”. Sin embargo, el resultado no es prístino. El sonido conserva las marcas de su deterioro: ruido, rupturas, silencios, hongos, interrupciones, zonas irreparables… Y es precisamente en esa decisión —de no borrar, de no limpiar del todo— donde el proyecto encuentra una de sus apuestas más interesantes. “Esas marcas también dicen algo”, insiste.

Más allá de su novedad, el contenido introdujo matices y a un Gaitán que dialoga con tradiciones de pensamiento social más amplias. Por un lado, cita a Rerum Novarum, la encíclica progresista de León XIII: “Me llamó mucho la atención que retomara eso más de 50 años después”, dice Escallón. Por otro lado, insiste en el papel de la mujer en la política cuando no existía el derecho al voto femenino. Se trata de una estructura argumentativa que, leída hoy, resulta notablemente premonitoria: “Ahí uno empieza a ver que su pensamiento era muy avanzado para su momento”.

El músico Ricardo Escallón.
El músico, profesor e ingeniero de sonido Ricardo Escallón fue pieza fundamental para que Los Vinilos de Gaitán tomara forma y realidad. Créditos: Amalia Tapiero.

Del archivo a la obra: cuando los discursos se vuelven canción

La última operación del proyecto consistió en traducir ese archivo en creación artística. Multicanal e inmersiva, la instalación organizó los discursos como una composición: “Era importante que fuera caótica, como muchos discursos sonando al mismo tiempo”, explica Escallón. En efecto, el visitante percibía una superposición vocal casi indistinguible —ocho Gaitanes sonando en simultáneo— desde el centro del espacio. Pero el caos no era arbitrario, sino que remitía a la morfología musical tradicional, con motivo, desarrollo, clímax y resolución. En esa composición, además, se integraban las marcas del tiempo (ruidos, interrupciones, deterioros…) como algo por comunicar y no como errores: “Se concibió como una obra de tipo de electroacústica, inmersiva, donde todo el material proviene de los discos restaurados […] Está también este sonido que es ese ruido de polvo, de hongos, de rayones, de casi 80 años de los discos guardados en un cajón lleno de moho”.

“Se concibió como una obra de tipo de electroacústica, inmersiva, donde todo el material proviene de los discos restaurados […] Está también este sonido que es ese ruido de polvo, de hongos, de rayones, de casi 80 años de los discos guardados en un cajón lleno de moho”.

La obra se desplegó, entonces, en dos niveles. Primero, el auditivo: desplazarse por el espacio y acercarse a cada altavoz filtraba el ruido; cada parlante permitía aislar un discurso, una entonación y una cadencia. “La idea es pasar del caos a la particularidad”, señala Escallón. Segundo, el material: el investigador seleccionó cinco discos —algunos casi destruidos, otros semiconservados y uno intacto— para mostrar su estado. “También me interesaba darle importancia al soporte. El soporte también tiene algo que decir”, cuenta. Por eso también estaban exhibidas las anotaciones manuscritas de Pascual del Vecchio, las fundas deterioradas y las etiquetas de envío. Como en un libro antiguo glosado, el objeto deja de ser un simple contenedor y empieza a decir otras cosas. 

Así, el proyecto planteó y todavía plantea una pregunta más amplia: ¿qué significa recuperar una voz? Significa traerla de vuelta y entender todo lo que la rodea —los objetos, los contextos, las interrupciones, la mala conservación…—. Porque en esos fragmentos, en esos ruidos, también se juega la memoria y el interés por conservarla. 

Vinilo de Gaitán
Uno de los quince vinilos restaurados para la exposición Los vinilos de Gaitán. Además de recuperar la voz del prócer, el trabajo reflexiona sobre la precariedad del trabajo de archivo en Colombia. Créditos: Amalia Trapiero.

Este trabajo fue posible gracias a la iniciativa de la directora del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, María Gaitán, quien impulsó la restauración y acompañó el proceso; a Jorge del Vecchio, quien conservó durante décadas los discos heredados de su padre, Pascual, y al equipo de investigación: Ricardo Escallón, Minerva Campion, María Teresa Gutiérrez, Ramsey Rojas y Estefanía Toro Duque, docentes e investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), lo mismo que John Krivit, docente en Emerson College (Estados Unidos) y Mónica Gil, realizadora informática y musical en CIRM y GMEM (Francia). A esto se suma el respaldo institucional de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y su Vicerrectoría de Investigación, a través de una beca de investigación-creación, así como la beca de gestión de archivos sonoros colombianos otorgada por el Archivo General de la Nación.

En ese cruce entre voz, objeto y tiempo, la pregunta inicial —esa conjetura persistente sobre lo que pudo haber sido— se desplaza. Ya no se trata únicamente de imaginar qué habría pasado si Gaitán hubiera sobrevivido, sino de atender a lo que, a pesar de todo, quedó como fragmento, como resto, como ruido. Y quizá sea en esa condición incompleta, interferida e insistente donde la historia, en lugar de resolverse, encuentra otra forma de seguir hablando, aun a pesar de los ocultamientos a los que se la somete.

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