
‘Top Show Colombo’, música para la libertad y la inclusión
Este año, en su sexta edición, el festival Top Show Colombo presenta ‘Unlabeled / #SinEtiquetas’, dedicado a mostrar el impacto de artistas LGBTIQ+ en la música. La programación reunirá 18 agrupaciones de Colombia, más de 150 artistas en escena y cinco conciertos en la ciudad.
Por: Eduardo Arias
Uno de los festivales gratuitos que más fuerza y relevancia ha tomado en Bogotá es el Top Show Colombo. En su sexta edición apuesta de frente por la diversidad con la edición Unlabeled #SinEtiquetas, un encuentro que reunirá a 18 agrupaciones y artistas LGTBi+ de Argentina, Chile, Ecuador, México y diferentes regiones de Colombia como Urabá, Cali, Popayán, Mosquera y Bogotá.
Este festival gratuito tiene como meta atraer al menos 20.000 asistentes en las cinco fechas de conciertos y actividades pedagógicas. Se llevará a cabo del 25 de abril al 14 de mayo en el Teatro al Aire Libre La Media Torta, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, el Parque de los Hippies y el Centro Colombo Americano.
La nómina colombiana de artistas estará compuesta por Aguas Ardientes, La Ramona, Mayra Sánchez, Asael Cuesta, La Morena del Chicamocha, LoMaasBello, Milo Mosquera, La Poderosa del Bullerengue, Yela Quim, Lady Arias, Dolores te Canta, Una Nota Perdida y Lola Mento. A esta alineación colombiana se suman La Bruja de Texcoco de México, Kudai de Chile, Kumbia Queers y Amelie Weinhöfer de Argentina y Johann Vera de Ecuador.
El festival también ofrecerá una agenda pedagógica en distintos escenarios de la ciudad con conversatorios, encuentros comunitarios y espacios de reflexión que buscan incidir, desde las artes, en las discusiones sobre derechos culturales y políticas públicas de los artistas de la población LGBTIQ+.

En 2027, el festival estará enfocado en construcción de paz y protección del medio ambiente. El Festival se realiza en alianza con el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) como aliado estratégico. CAMBIO habló acerca del Colombo Top Show con Maricela Vélez, directora cultural del Centro Colombo Americano.
CAMBIO: ¿Cómo se seleccionaron los músicos que participaron en esta edición?
Maricela Vélez: La selección de las agrupaciones partió de reconocer la responsabilidad que implica construir una edición dedicada a visibilizar las luchas y los aportes de la comunidad LGBTIQ+ en Colombia y en América Latina. Para ello, se conformó un comité curatorial integrado por cuatro personas con trayectorias y miradas diversas, tanto en sus identidades como en sus enfoques artísticos.
El proceso no se limitó a una revisión de propuestas, sino que fue, ante todo, un ejercicio de diálogo. Cada integrante postuló artistas desde su experiencia y su relación con distintas escenas musicales, y a partir de ese intercambio se construyó una selección colectiva. El resultado son 18 agrupaciones que no sólo destacan por su calidad artística, sino por las narrativas que encarnan, por su capacidad de interpelar el presente y por su aporte a una representación más amplia y compleja de la música contemporánea.
CAMBIO: ¿Qué llevó a escoger este tema en la edición 2026?
M. V.: La elección del tema responde a una convicción institucional: la cultura no puede desligarse de las condiciones en las que se produce ni de las realidades que atraviesan a quienes la crean. En ese sentido, el proyecto ha entendido cada edición como una oportunidad para poner en el centro discusiones vinculadas con los derechos humanos y con las formas en que estos se expresan en el campo cultural.
En años anteriores, estas conversaciones han girado en torno a comunidades étnicas, mujeres y brechas de género, y al reconocimiento del patrimonio musical de las regiones. En 2026, la decisión fue apostar por una pregunta urgente: cómo imaginar un mundo sin etiquetas. Esto implica pensar en una sociedad que no discrimine, que garantice los derechos de las personas de la comunidad LGBTIQ+ y que no ponga en riesgo sus vidas por decisiones relacionadas con el cuerpo o la identidad.
Al mismo tiempo, esta edición busca reconocer los aportes y las resistencias de estas comunidades en la transformación de las industrias musicales y en la construcción de identidades colectivas. Desde esta perspectiva, la programación no sólo muestra sino que también celebra y posiciona estas experiencias en el centro de la conversación cultural.

CAMBIO: ¿Cuál ha sido el balance de las cinco ediciones anteriores del Top Show Colombo y qué reflexiones ha dejado?
M. V.: El balance de las cinco ediciones anteriores del Top Show Colombo es profundamente positivo, tanto en términos de participación como de impacto artístico y social. A lo largo de este recorrido, que se inicia con una primera edición de convocatoria abierta de bandas y continúa con Urban, folk, Afro y Women, el proyecto ha logrado consolidarse como una plataforma relevante para visibilizar diversas escenas musicales y abrir conversaciones necesarias en torno a la cultura y los derechos.
Más allá de las cifras, el principal logro ha sido sostener en el tiempo un espacio donde confluyen creación, circulación y reflexión en condiciones dignas para las y los artistas. Cada edición ha permitido ampliar el alcance del proyecto, fortalecer la relación con públicos diversos y construir un reconocimiento que trasciende lo estrictamente escénico.
CAMBIO: ¿Qué experiencias les ha dejado el festival?
M. V.: En términos de reflexión, el proceso ha dejado aprendizajes claros. La curaduría se ha entendido como un ejercicio ético y político que implica tomar posición frente a las narrativas que se ponen en circulación. La diversidad ha dejado de ser una consigna para convertirse en un compromiso que exige escucha, diálogo y coherencia. Asimismo, se ha reafirmado que garantizar condiciones justas para las y los artistas es fundamental para hablar de acceso y democratización cultural de manera real.
Finalmente, se ha hecho evidente que existe un público dispuesto a involucrarse con propuestas que van más allá del entretenimiento, que buscan en la cultura un espacio para pensar, cuestionar y transformar. Este recorrido es el que permite proyectar esta nueva edición como una continuidad coherente, pero también como una apuesta más arriesgada en la construcción de futuros posibles desde el arte.
CAMBIO: A propósito de lo anterior, ¿cómo ha sido la respuesta del público en eventos anteriores del Top Show Colombo?
M. V.: La respuesta del público ha sido consistente y significativa a lo largo de las distintas ediciones. Se expresa, por un lado, en la asistencia a los conciertos y a la agenda pedagógica, pero también en la manera en que las audiencias se relacionan con el proyecto. Hay una participación activa, una disposición a escuchar propuestas diversas y un interés genuino por las conversaciones que se abren desde la programación.
Más allá de lo cuantitativo, lo que resulta más relevante es la calidad de esa relación. El público no sólo asiste, sino que reconoce estos espacios como escenarios donde el arte dialoga con problemáticas sociales y culturales. Esto se refleja en las encuestas, en los comentarios y en la continuidad de asistentes que vuelven edición tras edición.
En ese sentido, el festival ha logrado consolidar una comunidad que entiende la cultura como un lugar de encuentro, de reflexión y de construcción colectiva, y que valora el acceso a una programación gratuita sin que esto implique renunciar a la calidad o a la profundidad de las propuestas.

CAMBIO: El Centro Colombo Americano parece tomarse muy en serio su apuesta por, democratizar el arte, hacerlo incluyente y abordar de manera directa problemáticas sociales y culturales. ¿Quisiera complementar esa idea?
M.V.: Esa lectura es acertada y responde a una visión institucional que se ha construido a lo largo del tiempo. Para el Centro Colombo Americano, la cultura es un derecho fundamental, y asumirlo de esa manera implica tomar decisiones concretas sobre cómo se diseñan y se sostienen los proyectos. Esto se traduce, por ejemplo, en una programación permanente, abierta y gratuita, pero también en una curaduría que no evade las tensiones del contexto, sino que las asume como parte del ejercicio cultural. Democratizar el acceso no es únicamente ampliar audiencias, sino también garantizar condiciones dignas para quienes crean, diversificar las voces que ocupan los escenarios y generar contenidos que dialoguen con la realidad del país. En un contexto marcado por desigualdades estructurales, esta apuesta busca no solo acercar experiencias culturales de calidad a comunidades históricamente excluidas, sino también reconocerlas como agentes activos dentro del ecosistema cultural. En ese sentido, más que una línea de trabajo, se trata de un posicionamiento: entender la cultura como un espacio desde el cual es posible incidir, cuestionar y transformar.
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