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'Distorsiones y Justicia transicional', libro de Luz Marina Bernal. Foto: Pablo David-CAMBIO
'Distorsiones y Justicia transicional', libro de Luz Marina Bernal. Foto: Pablo David-CAMBIO
Cultura

‘Distorsiones y justicia transicional’: el glosario de Luz Marina Bernal contra la impunidad y los mal llamados 'falsos positivos'

“Madre que no es silencio” es una forma correcta de definir a Luz Marina Bernal, mamá de Fair Leonardo Porras, joven víctima de ejecución extrajudicial en Soacha. Así quedó incluida en un ‘libro-fanzine’ que reestructura las palabras manoseadas en la arquitectura de la impunidad.

Por: Alejandra Bonilla Mora

“Las palabras manoseadas, maltrechas, manipuladas no siempre alcanzan la contundencia necesaria para derrumbar hábitos y representaciones. Por eso la necesidad de repensar todo de nuevo”. Las palabras que ocupan el lenguaje de la justicia o de la injusticia, de la larga lucha para evitar la impunidad de los mal llamados ‘falsos positivos’, son el centro del libro que Luz Marina Bernal acaba de publicar.

Mamá de Fair Leonardo Porras, un chico con discapacidad ejecutado extrajudicialmente por el Ejército en Soacha, Bernal ha sido reconocida nacional e internacionalmente por elevar su voz. El libro Distorsiones y justicia transicional (editorial Entrelanzado) es una mezcla de fanzine y de obra de arte. Es un cartel tipográfico y un glosario que busca detectar los desequilibrios de la “justicia transicional”, la “amnistía”, el “perdón”, entre muchas otras. 

CAMBIO: ¿Cómo nace Distorsiones y justicia transicional?

Luz Marina Bernal: Nace de la persistencia e insistencia y de un trabajo conjunto con los compañeros de la editorial Entrelazando, la antropóloga Laura Langa y el documentalista Ariel Arango, quienes ya habían hecho dos fanzines de esta colección Distorsiones. Uno se hizo sobre el caso Salvatore Mancuso, a quien volvieron gestor de paz a pesar de ser uno de los máximos comandantes del paramilitarismo en el país; el otro es sobre don Raúl Carvajal, quien lamentablemente falleció sin obtener justicia por el asesinato de su hijo militar, asesinado por sus compañeros cuando se negó a cometer una ejecución extrajudicial. 

El año pasado, la JEP emitió una resolución en la que concede la renuncia a la persecución penal a Marco Quijano Mariño, Diego Vargas Cortés, Carlos González, Ricardo García Corzo, Richard Contreras Aguilar y Carlos Zapata Roldán, que habían sido condenados en justicia ordinaria a 53 y 54 años por el asesinato y la desaparición de mi hijo. Con esa amnistía de facto comenzamos una serie de acciones para denunciar este hecho tan grave pues ya son más de 700 los que han recibido este beneficio: militares que han asesinado a muchas personas y que, a pesar de ello, les abrieron una puerta salida en la que podrían pasar más de 6.000 comparecientes como los llaman ahora.

CAMBIO: ¿Qué decidió hacer?

L.M.B: El 22 de julio del año pasado hicimos un plantón junto con el Movimiento de Víctimas de Estado (Movice), capítulo Bogotá, con la consigna ‘No vamos a pasar la página’. Queríamos contestar a lo que me dijo el magistrado de la JEP Mauricio García Cadena en la última audiencia antes de otorgarles ese beneficio a los seis militares: ‘Por más doloroso que sea, tenemos que pasar la página’. Pero ¿cómo voy a pasar la página? Yo no podré hacerlo nunca. ¿Cómo voy a olvidar que estos seis militares asesinaron a mi hijo? Eso es imposible. Ahí fue que los compañeros de Entrelazando me invitaron a hacer una residencia artística en su taller tipográfico para componer con letras de plomo algunas de las consignas que me han acompañado en mi lucha estos 18 años para dejarlas plasmadas en un cartel. Luego, hicimos el glosario sobre los conceptos que allí aparecen.  

CAMBIO: ¿Con plomo?

L.M.B: Sí, fue la posibilidad de trabajar con letras de plomo en un país que lamentablemente ha utilizado ese plomo para silenciar voces. Queríamos que, esta vez, nos permitiera denunciar cómo la JEP está finalmente amnistiando a los militares que asesinaron a nuestros hijos, dejando estos crímenes en la más absoluta impunidad. Crímenes que, como el de mi hijo, fueron reconocidos en la justicia ordinaria como crímenes de lesa humanidad.

CAMBIO: Esta obra muestra la importancia del lenguaje, de nombrar las cosas como son, de resignificar palabras que se usan y parecen vacías. ¿Por qué son tan importantes estas definiciones?

L.M.B: Desde la entrada de los acuerdos de paz, el Estado comenzó a hacer suyas nuestras consignas de lucha: se apropiaron de nuestras legítimas demandas, nos dijeron que nos iban a cumplir con nuestros derechos como víctimas, pero lo que hemos visto es que son solo palabras. Por eso necesitamos volver a definir, pararnos a tratar de comprender qué es lo que se esconde detrás de cada una de esas palabras que utilizan. ¿Qué es para la JEP la justicia y la verdad? Porque no pensamos lo mismo.

Además, creo que estas instituciones como la JEP tienen una doble finalidad. Por un lado, que nosotras como víctimas no podamos entender exactamente qué es lo que nos dicen cuando utilizan sus términos legales, que son ambiguos y confusos y que no nos permiten entender la magnitud de lo que se está haciendo con el Caso 03.  Su otro fin es apropiarse de las palabras que veníamos utilizando nosotras las víctimas, con lo cual se hace muy difícil poder desmantelar este sistema de impunidad si primero no trabajamos para volver a nombrar las cosas como son. De ahí la importancia de pararnos a definir qué es lo que entendemos por “reparación”, “verdad”, “impunidad” o “amnistía”…. En el glosario recogemos más de 20 definiciones. 

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Foto: Pablo David-CAMBIO. Editoral Entrelazando.

CAMBIO: ¿Quiénes no son víctimas ni familiares de víctimas, palabras como “amnistía” y “perdón”?

L.M.B: Cuando escuchen la palabra “amnistía”, realmente están escuchando no solo como eluden la responsabilidad de quienes dieron las órdenes y ejecutaron los crímenes, dejándolos en libertad y otorgándoles beneficios, sino también que hay un retroceso en la justicia. También escucharán que hay una eliminación de nuestras luchas previas, las mismas que costaron tanto trabajo al movimiento de víctimas y a los colectivos de abogados. Sufrimos amenazas y algunos hasta el exilio para ver cómo ahora desmovilizaron la agenda de estas luchas.

Recuerdo que me iba a esperar a la fiscal que lleva el caso de mi hijo para pedirle que me explicara cada cosa y lo mismo en los juzgados. Recuerdo el cinismo y las miradas de los militares en las salas. Pero presionamos y estuvimos en la lucha constante y a pesar de que sufrimos amenazas y muchas dilaciones del proceso, conseguimos una sentencia condenatoria.  Con esta nueva justicia, muchas familias jamás tendrán la posibilidad de un juicio como yo lo tuve. 

Pienso que, a pesar de las dificultades en la justicia ordinaria, logramos ver al final ver que se hizo justicia, digámoslo de esa manera, al reconocer el hecho como un crimen de lesa humanidad. Eso se logró en cinco años y sin el apoyo de los medios de comunicación colombianos porque los que presionaron y me acompañaron todo el tiempo en las audiencias fueron los internacionales, a diferencia de ahora que los medios repiten lo que la JEP dice, pero cuando los necesitamos en el pasado, no estuvieron. 

CAMBIO: ¿Y sobre el “olvido”?

L.M.B: Diré que, como madre, no podré nunca olvidar. En cada instante, cada segundo de la vida, uno recuerda con gran dolor y tristeza la forma como le desaparecieron, le torturaron y le asesinaron a un hijo. Eso es difícil de olvidar. Podrá llegar el momento para los que puedan y quieran reconciliarse o perdonar, pero eso es meramente personal y no debería poder imponerse como está sucediendo ahora en la JEP. Los militares están pidiendo perdón porque se lo exigen, es un perdón ordenado, frío, mecánico y calculador que se da a cambio de unos beneficios. Ni siquiera es un perdón, sino un pedido de disculpas a su manera. 

CAMBIO: ¿Cómo definir a la justicia transicional?

L.M.B: Siento que en este país no ha habido una transición real. En estos diez años recorriendo lo largo y ancho del país, codo a codo con muchas víctimas, vemos que desafortunadamente los hechos victimizantes no paran y que en algunas regiones el conflicto se agudizó como nunca. Lo vimos durante el estallido social cuando la fuerza pública asesinó a muchos jóvenes al igual que en el año 2008 cuando asesinaron a mi hijo. Hablar de justicia transicional en este escenario y, especialmente con crímenes de lesa humanidad cometidos por la fuerza pública, es una burla a nosotras las víctimas. 

Yo fui invitada en la primera delegación de víctimas que hubo en La Habana y ahora siento que fuimos conejillos de indias: solo para ver la reacción que íbamos a tener frente a los victimarios. Lo digo de esta manera porque, aunque en primera instancia viví con alegría el proceso de paz, después, analíticamente, pienso que este proceso no era para nosotras las víctimas, sino que era más bien un beneficio que iban a recibir el Ejército responsable de cerca de 10.000 casos de 'falsos positivos'. De verdad que me llena de tristeza porque nos incumplieron. Me siento revictimizada, me siento muy utilizada al haber sido parte del juego de Juan Manuel Santos que ha dejado a sus hombres en libertad. 

CAMBIO: La obra incluye una definición poderosa y dolorosa de usted, de Luz Marina Bernal: “Madre que no es silencio”. ¿Cómo llegó a esta?

L.M.B: Como madre, no puedo guardar silencio. Yo soy una persona que debo exigir mis derechos y denunciar y no solo en el caso de Fair, sino también demostrar que se trató de una política sistemática que afectó a tantas familias. Si yo hubiese guardado silencio no estaría donde estoy ahora, ni el proceso de Fair no hubiese llegado a donde llegó: a ser reconocido como crimen de lesa humanidad y a que el Estado reconociera que desaparecieron y asesinaron a mi hijo, un joven con discapacidad, a sangre fría. Lamentablemente, cuando se me acreditó en la JEP como víctima se dañó un proceso de tantos años y ahora me obliga a exigir más y señalar esta situación de impunidad. Yo parí a mi hijo para la vida, pero el me parió para la lucha buscando la verdad y la justicia. Por eso como su madre no puedo callar en ningún momento, no puedo hacerlo hasta que vea al final del túnel lo que hemos pedido: justicia, verdad y garantías de no repetición. 

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Foto: Pablo David-CAMBIO. Editoral Entrelazando.

CAMBIO: Este libro es libro, es fanzine, es archivo, es memoria. Es más obra de arte que libro. ¿Qué otro objetivo tiene con este proyecto? 

L.M.B: Este es el inicio para sacar otro libro sobre mi historia en el que estamos trabajando con los compañeros de Entrelazando y que esperamos poder lanzar este año. Han escrito muchas cosas sobre mí y ahora nos interesaba poder contarlo de otra manera, en la que las víctimas sí somos el centro. Además, ha sido la posibilidad de hacerlo con mis manos, conocer el proceso artesanal de hacer libros y, sobre todo, la libertad de crear sin límites. Además, el no depender de recursos oficiales nos ha permitido la libertad de expresar todo aquello que queremos decir sin condiciones.  Por eso sabemos también que muchos no van a estar de acuerdo con este trabajo porque estamos señalando directamente a los responsables de la autoamnistía que han recibido las Fuerzas Armadas desde que comenzó a funcionar la JEP. Pero sentimos la necesidad de abrir este debate. Los militares que desaparecieron, torturaron y asesinaron de mi hijo están libres. Su muerte jamás podrá ser reparada porque el asesinato de un hijo es irreparable. Aquí, como siempre, el Estado se salió con la suya, por eso yo no puedo guardar silencio ni pasar página. 

CAMBIO: ¿Qué denuncia quiere hacer sobre el avance de la justicia transicional?

L.M.B: Pienso que cada día que pasa la JEP nos está vulnerando más nuestros derechos como víctimas y se está silenciando a quienes opinamos diferente: no hay debate ni pensamiento crítico sobre lo que está sucediendo. Tuve la suerte de lograr una sentencia en justicia ordinaria. Mi expediente judicial son miles de páginas y hoy a todo eso se le ha dado la espalda: quieren borrar nuestros años de lucha para hacernos creer que el único camino es sustituir justicia por el monólogo de los militares, quienes deciden qué nos quieren contar y qué no. 

Por culpa de estas decisiones, muchas familias a las que el Ejército les mató a sus hijos, hermanos, padres, madres, no van a poder tener acceso a un juicio justo como yo lo tuve. Además, hay que reconocer que la JEP no va a tener la capacidad ni siquiera de buscar eso que dicen que es la “verdad” en los casos que están asumiendo. Insisto en que la JEP pone en el centro exclusivamente la opinión subjetiva de los militares que ahora dicen que, a cambio de libertad, nos van a contar lo que recuerdan y que, por supuesto, no es todo. 

Por eso, también es muy problemática la priorización de casos o la selección de un grupo muy reducido de máximos responsables. Dejamos de ser todos iguales ante la ley. Por eso siempre digo que en Colombia hay víctimas de primera, segunda y tercera categoría. Con esta publicación queremos invitar a la reflexión.

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