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'In the stars' video de los Rolling Stones.
En el video promocional de la canción 'In the stars' se ven unos Rolling Stones rejuvenecidos por la inteligencia artificial.
Cultura

Las lenguas extranjeras de los Rolling Stones

En un disco sencillo de 12 pulgadas y firmado por un grupo ficticio denominado The Cockroaches (Las cucarachas), salió al mercado el nuevo avance musical de los Rolling Stones. Conocidos, desde finales de los años sesenta como “la banda de ‘rock and roll’ más grande del mundo”, Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood vuelven a la carga con un álbum que saldrá a tiendas y plataformas el 10 de julio de 2026. A continuación, algunas claves de ‘Foreign Tongues’, el título número 25 entre los discos de estudio de un grupo que ya no es un templo de la música sino una basílica.

Por: Sandro Romero

En su libro de memorias, Luis Buñuel cuenta que, en 1955, se encontró con André Breton, el padre del surrealismo. En algún momento, el escritor le manifestó: “Es triste, querido Luis, pero el escándalo ya no existe”. Puede que, en aquel momento, Breton tuviera la razón. Pero, cuando se habla de los Rolling Stones, hay nuevos ingredientes. Es posible que el escándalo haya desaparecido. Sin embargo, ahora hay otras fórmulas. Por ejemplo, el de la indignación. El fuego llega desde las toldas de sus propios fanáticos. No obstante, todo parece indicar que a Jagger y los suyos no solo les gusta provocar, sino que se encantan con la ira de los indignados. 

Los Rolling Stones siguen siendo la eterna juventud, el retrato de Dorian Gray de varias generaciones. 

Hay dos maneras de mirar la historia de la banda. Una, a través de la nostalgia. El ejemplo más reciente es el de la película The session man, hermoso documental sobre la corta vida de Nicky Hopkins, un pianista de estudio (y, cómo no, de conciertos) que tocó en más de 250 álbumes clásicos del rock, entre los que se encuentran los más representativos de la edad de oro de los Rolling Stones (desde Beggars banquet hasta Tattoo you), sin contar otras perlas que se pueden consultar fácilmente en el ciberespacio. La otra forma de mirar a los Stones es a través de lo que se inventan en el presente. Y allí comienzan los problemas. Los fans fundamentalistas alaban sin contemplaciones la obra del grupo hasta 1972. Es decir, hasta el álbum doble Exile on Main Street. De allí en adelante, empiezan los reparos. Que se vendieron, que perdieron su esencia, que la producción, que los invitados, que el grupo se acabó con la salida de Mick Taylor, que Ron Wood, que la muerte de Charlie Watts marcó el fin de la banda, en fin...

Ya no existe el escándalo, inventado por el primer mánager de la banda, mi vecino Andrew Loog Oldham. Ahora, el fuego amigo se encarga de cuestionar cualquier novedad, cualquier sorpresa, cualquier trampa que se salga de la agenda de sus propias sensibilidades. Supongo que a los Stones no les interesan las complacencias sino, a estas alturas del partido, prefieren estimular el desconcierto y la provocación. En 2023 salió al mercado el álbum Hackney diamonds, después de 18 años sin publicar material nuevo, pero concentrados en giras monumentales a lo largo y ancho de un mundo que cada vez les resulta más pequeño. Mick Jagger y Keith Richards, los únicos miembros de la banda que permanecen juntos desde 1962, atravesaron sus 80 primaveras con un nuevo impulso creativo. En los álbumes recopilatorios aparecieron algunos temas inéditos, pero la actividad central de los Stones se mantuvo en las giras. Gracias a esa vocación trashumante, pudimos verlos en Bogotá, en 2016, dentro de la maratón denominada América Latina Olé Tour.

La portada es fea, muy fea. Pero dentro de los criterios de “lo feo” que se inventaron los expresionistas a comienzos del siglo XX. Está diseñada por el pintor estadounidense Nathaniel Mary Quinn.

La muerte del inmenso baterista Charlie Watts marcó un punto de quiebre y un nuevo motivo de indignación para los puristas. Algunos consideraron que Steve Jordan no podía ser el reemplazo del pulso y del ritmo de la banda. Y eso que el mismo Watts lo propuso. En mi caso, yo sí lo acepto. La última vez que vi a los Rolling Stones en vivo fue en el año 2022, cumpliendo el sueño de vivirlos en Londres, en el corazón de Hyde Park. Steve Jordan me pareció maravilloso. Un héroe. Como lo ha sido el bajista Darryl Jones en reemplazo de Bill Wyman, o como lo ha demostrado de sobra el efectivo Ron Wood, quien se puso la camiseta de Mick Taylor y de Brian Jones. Creo que he visto 15 veces a los Stones en vivo (en Nueva York, en París, en East Rutherford, en Barcelona, en Newark y, cómo no, en Bogotá…) y siempre tengo la sensación de presenciar una ceremonia, donde cambian algunos sacerdotes, pero el ritual sigue siendo el mismo. Nunca vi a Brian Jones. ¿Eso me descalifica? Por supuesto que no. Brian Jones se inventó todo este asunto, pero se quedó en el camino en 1969 y el grupo siguió, batallando contra la muerte, y triunfando con decenas de acompañantes: de Ian Stewart a Jack Nitzsche, de Bobby Keys a Jim Price, de Ian McLagan a Chuck Leavell.

Ellos son una inmensa fábrica de la creación, adorada por medio mundo, que corre el riesgo de ser víctimas de la nostalgia. Alguna vez, el pianista Ricardo Ray me dijo que él y Bobby Cruz estaban “condenados” a tocar Jala-Jala y Sonido bestial por el resto de sus días. Los Stones han vivido algo similar y lo han sabido capotear con inteligencia en sus conciertos, mezclando 15 canciones fijas con siete variaciones y uno que otro estreno (en Londres, por ejemplo, interpretaron Living in a ghost town, el tema que compusieron durante la pandemia). Pero hay que entenderlos. Mick Jagger y Keith Richards, el alma y nervio de esta saga, tienen la pulsión de la novedad. “Siempre he odiado la nostalgia, vivir en el pasado”, canta sir Mick en alguno de sus temas en solitario. Y por eso regresaron, primero con Hackney diamonds y, tres años después, con Foreign tongues. ¡Quién dijo miedo! Apenas vio la luz el diseño de la nueva carátula, los fundamentalistas, los que saben de The Rolling Stones más que los Rolling Stones, se fueron lanza en ristre contra la nueva tapa. Y, claro. No existe ya el escándalo, pero sí el lamento iracundo.

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Portada de 'Foreign tongues', nuevo álbum de los Rolling Stones.

La portada es fea, muy fea. Pero dentro de los criterios de “lo feo” que se inventaron los expresionistas a comienzos del siglo XX. Está diseñada por el pintor estadounidense Nathaniel Mary Quinn y logra, a todas luces, su cometido: saltarles la piedra a los que estaban esperando, qué se yo, otra lengua de John Pasche. Reviso las tapas de sus discos: entre 1963 y 1967 se apoyaron en fotógrafos: Nicholas Wright, David Bailey, Gered Mankowitz, Jerry Schatzberg, Michael Cooper. Luego vinieron los grandes diseños: Andy Warhol, Robert Frank, Guy Peelaert, incluso la tapa prohibida de Beggars Banquet. En la mitad del camino han sido invitados significativos artistas visuales como Kazukide Yamazaki (Still life), Francesco Clemente (para el solitario Primitive cool de Mick Jagger) o el ojo infalible de la fotógrafa Annie Leibovitz.

Así que no se me hace rara la portada de Foreign tongues (que emula, según algunos, el célebre mordisco del Love you live diseñado por Warhol en 1977), como ya no me sorprenden los reparos de los furibundos. De las dos canciones nuevas que han aparecido (la traviesa Rough and twisted y la sublime In the stars) ya comenzaron a aparecer los puñales y, en especial, hacia el joven productor Andrew Watt. Yo, por fortuna, soy fanático fundamentalista de los del otro bando: a mí me gusta todo lo que hagan los Rolling Stones. Hasta sus álbumes menos afortunados, hasta sus arrugas, hasta sus desbordados negocios.

Los fans fundamentalistas alaban sin contemplaciones la obra del grupo hasta 1972. Es decir, hasta el álbum doble Exile on Main Street. De allí en adelante, empiezan los reparos. Que se vendieron, que perdieron su esencia, que la producción, que los invitados, que el grupo se acabó con la salida de Mick Taylor, que Ron Wood, que la muerte de Charlie Watts marcó el fin de la banda, en fin...

Pero la batalla es dura. Ahora, con el clip promocional de la canción In the stars llueven los latigazos por el uso de la Inteligencia Artificial. De paso, el video no “está hecho” con IA. Es un recurso que se utiliza en el audiovisual contemporáneo y que ya le está dando sacudidas a la creación del siglo XXI. En este caso, dirigido con ojo maestro por el ya conocido François Rousselet (creador de hermosos clips de la banda para las canciones Angry y Ride ‘em on down…), In the stars parece reconstruir el espíritu de los Rock Dreams que Guy Peelaert se inventó con sus ilustraciones fantásticas a mediados de los setenta: es, de cierta manera, el cielo del rocanrol. O, mejor, el cielo de los Rolling Stones. Que no están rejuvenecidos con recursos digitales sino interpretados por jóvenes de hoy, de mañana. Los Rolling Stones siguen siendo la eterna juventud, el retrato de Dorian Gray de varias generaciones. El clip juega a dicho homenaje, así la canción sea una mezcla de estilos ya conocidos (Biggest mistake, Doom and gloom, Must be hell, Angry, Whole wide world…) ¡Mejor! Que sigan la famosa frase de la novela El gatopardo: “Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”. Por lo demás, el video no es un pastiche vía inteligencia artificial. Al contrario: es una trampa de la realidad. Una hermosa travesura con la que los Stones se celebran a sí mismos y se proponen lanzar una nueva consigna: seguiremos haciendo lo que nos dé la gana. Así que lo mejor no es pedirle a Las Piedras que hagan lo que nosotros queremos sino, todo lo contrario, tratemos de llegar a lo que ellos nos dan. De antemano lo anticipo: Foreign tongues es el mejor disco de los Rolling Stones. Y celebremos. Así sea como dicen en la canción de marras: “Lanzando huesos en un vaso de whisky”.

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